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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 21 de septiembre de 2017

La lectura de La tigresa y el acróbata, de Susanna Tamaro, está dirigida, desde el comienzo, por los muchos comentarios de prensa que vienen en la solapa: «un cuento adulto para entender el sentido de la vida», «una tigresa que nos recuerda a El Principito», «un camino de formación», «una gran y extraordinaria alegoría moral». Creo que, de todos ellos, conviene quedarse con el más modesto: es una alegoría moral bien contada y construida.

Es un relato que comienza con el nacimiento de Tigrita y de su hermano, Tigrito, en la taiga. La madre les enseña lo que deben saber hasta que llega el momento en que Tigrita, ya la Tigresa del título, se queda sola. Emprende un largo camino hacia Oriente y entra en relación con un Hombre un tanto especial que vive en una cabaña y que le enseña cosas hasta que, un día, es capturada y enviada a un circo. Allí está un tiempo y el acróbata del título, un niño, abre su jaula. Entonces vuelve a emprender su camino.

Todo está contado en tercera persona, entrando algunas veces en el interior de la madre tigre, y más veces, después, en el de la protagonista. La narración es directa, tiene diálogos sugerentes y agudos pero no concluyentes, y las descripciones son sencillas y ricas, sin excesos. El libro se lee con gusto también porque todo se formula de modo prudente. Así, la tigresa ve que «por delante solo había nada. ¿Era ésa la meta de su vida?». O, en otro momento pregunta: «¿por qué no soy capaz de vivir como los demás tigres?», y el Hombre le responde: «a veces pasa: nace alguien que no quiere recorrer el camino que otros trazaron para él».

Quien haya leído Cautivado por la Alegría reconocerá esta respuesta que le da el Hombre a la Tigresa: «la Nostalgia es la impronta que deja lo Eterno en nuestros corazones. Y quien haya leído La última batalla reconocerá mejor el desenlace de la historia.

Susanna Tamaro. La tigresa y el acróbata (La Tigre e l’Acrobata, 2016). Barcelona: Seix Barral, 2017; 222 pp.; col. Biblioteca Formentor; trad. de Julia Osuna Aguilar; ISBN: 978-84-322-3235-0. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Hay álbumes de conocimientos enciclopédicos y los hay que se limitan a estimular la curiosidad del lector, a presentar algunos conocimientos dentro de un marco vistoso en el que se responden algunas preguntas que pueden abrir puertas a nuevas búsquedas. A esta segunda clase pertenece El gran libro de las bestias, de Yuval Zommer y Barbara Taylor.

Contiene 26 capítulos. Después de los iniciales —«Familias bestiales», «Garras y dientes», «Aullidos, gruñidos y olores»—, los hay dedicados a distintos animales: armadillos, leones, puercoespines, hipopótamos, por ejemplo. Cierran el libro tres capítulos más: «Bestias de la edad de hielo», «¡Salvemos a las bestias!», «Bestias en la calle». Se propone al lector el juego de observación de buscar y encontrar huellas en cada página, que se resuelve al final.

Todo se presenta en dobles páginas donde se repite varias veces la figura del animal correspondiente, siempre a media distancia, respondiendo en cada caso alguna cuestión o curiosidad, normalmente cinco o seis. Por ejemplo: ¿Por qué los puercoespines tienen púas? o El puercoespín nunca se queda calvo…, entre otras. No hay detalles en la representación de las figuras ni el ilustrador tiene la intención de ser «realista» pues, por ejemplo, siempre se las ve con los dos ojos, estén en la postura que estén.

Yuval Zommer. El gran libro de las bestias (The Big Book of Beasts, 2017). Asesoramiento de Barbara Taylor. Barcelona: Juventud, 2017; 64 pp.; diseño de Aaron Hayden; trad. de Susana Tornero; ISBN: 978-84-261-4411-9. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 19 de septiembre de 2017

Tres pequeños monos, de Emma Chichester Clark y Quentin Blake, comienza presentando a Hilda Snibbs, una mujer que tenía tres pequeños monos: Tim, Sam y Lulú. Por cuatro veces ocurre algo parecido que se inicia con una doble página que contiene seis escenas: en la primera se ve a Hilda que sale de casa y advierte a los monitos que se porten bien, en las demás se ve a los monitos haciendo de las suyas; y en la siguiente doble página se ve cuando Hilda vuelve y encuentra su casa hecha un desastre. Pero la quinta vez, cuando Hilda regresa, todo está en orden y los monitos no aparecen.

Álbum con una historia graciosa —en línea de otras de Blake con seres estrafalarios como protagonistas— y una realización gráfica muy eficaz, que presenta muy organizadamente a unos personajillos incontrolables. El relato habla bien del cariño que hay que dar y la paciencia que hay que tener con los revoltosos que no saben estar quietos, aunque nada dice de las correcciones que también hay que hacerles y de las medidas que hay que tomar para que las cosas no vayan a más (como, por ejemplo, se ve bien en la serie de David Shannon que comienza con ¡No, David!). En este último sentido el álbum se puede ver como uno de esos relatos sobre niños-monos que piensan tener un inalienable derecho a ser egoístas y que además cuentan con adultos que los respaldan.

Emma Chichester Clark. Tres pequeños monos (Three Little Monkeys, 2016). Texto de Quentin Blake. Madrid: Siruela, 2017; 32 pp.; col. Siruela Ilustrada; trad. de María Porras Sánchez; ISBN: 978-8416964819. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 18 de septiembre de 2017

Buenas noches, de Vladimir Bobri y Charlotte Zolotow, es un elegante álbum bedtime de 1958 que se lee y se contempla hoy igual de bien que ayer y cuyo contenido recuerda el de A Child's Good Night Book. A la izquierda figura un texto en letras mayúsculas grandes y a la derecha una ilustración magnífica. En cada doble página se presenta la forma de dormir de un animal: osos, palomas, peces, polillas, caballos, focas…, y otros seis animales más. La última doble página comienza con «Pero los niños y las niñas…». En la contracubierta se dice que el álbum tiene un texto entrañable y sosegado y así es: no sólo al texto sino a todo el álbum se le pueden aplicar esos calificativos.

Vladimir Bobri. Buenas noches (1958). Texto de Charlotte Zolotow. Barcelona: Alba Editorial, 2017; 28 pp.; col. Cuentos Vintage; trad. de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera; ISBN: 978-84-9065-306-7. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 17 de septiembre de 2017

He puesto datos de nuevas ediciones de Miguel Strogoff, Impresiones irlandesas y Dos años al pie del mástil.

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sábado, 16 de septiembre de 2017

Después de todo lo anterior estamos en condiciones de afirmar que un cuento de hadas genuino, según Tolkien, es aquel que alude o hace uso de Fantasía, cualquiera que sea su finalidad primera: la sátira, la aventura, la enseñanza moral, la ilusión. La misma Fantasía puede tal vez traducirse, con mucho tino, por Magia, pero es una magia de talante y poder peculiares, pues está en el polo opuesto a los vulgares recursos del mago laborioso y técnico. Luego, lo único de lo que no hay que burlarse, si alguna burla hay en el cuento, es de la misma magia: se ha de tomar en serio en el relato y ni se la ha de tomar a broma ni se la ha de justificar. Pero esto requiere comprender bien algunos términos.

En primer lugar, se ha de recordar que la palabra «sobrenatural» es inadecuada para denominar a seres del mundo de Fantasía como, por ejemplo, las hadas, que son «naturales» porque son un producto de nuestra fantasía. Lo sobrenatural es algo que está por encima de nuestra naturaleza, y la fantasía no lo está. Un milagro es algo sobrenatural. La imaginación de un milagro no lo es.

En segundo lugar, la palabra «magia» habría que reservarla para dar nombre a las actuaciones con las que los Magos producen, o pretenden producir, alteraciones en el Mundo Primario. Esa clase de magia no tiene que ver con el trabajo del artista que pretende crear una obra de Fantasía: el artista, en ese caso, no busca engañar ni hechizar ni dominar sino que quiere compartir el enriquecimiento con otros. Sin duda, el artista puede usar mal sus cualidades, incluso las puede aplicar a fines perversos y pueden confundir a la misma mente de la que proceden. Pero ¿de qué empresa humana en este mundo caído no se diría otro tanto?

En cambio, la magia de Fantasía no es en sí misma un fin sino un medio para intentar apagar la sed de algunos deseos humanos primordiales, uno de los cuales es el de recorrer las honduras del tiempo y del espacio; y otro es el de mantener la comunión con otros seres vivientes. O, dicho de otro modo, la Fantasía creativa se basa en el deseo y la intención de no vivir esclavizados por el reconocimiento de que las cosas del mundo son tal cual se muestran y las vemos.

J. R. R. Tolkien. Árbol y Hoja (Tree and Leaf: incluye el cuento Hoja de Niggle y el poema “Mythopoeia”, 1988); Barcelona: Planeta-Agostini, 2002; 152 pp.; prólogo de Christopher Tolkien; trad. de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech; ISBN: 84-395-9786-X.

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viernes, 15 de septiembre de 2017

Aunque una recomendación de Isabel Allende en la portada es, para mí, desanimante, leí este verano, porque que me la aconsejaron, El ruiseñor, de Kristin Hannah. Segunda Guerra Mundial, Bélgica. La narración sigue a dos hermanas: Vianne, felizmente casada, cuyo marido se ha de ir al frente, y en cuya casa se alojarán oficiales alemanes: el primero será muy correcto y el segundo será un animal; e Isabelle, soltera y rebelde, que acaba uniéndose a los partisanos, enamorándose de uno, y participando en operaciones de gran riesgo. Aunque se puede intuir, no se sabe cuál de las dos es la narradora, que cuenta las cosas desde finales del siglo XX, hasta el final. Algunos sucesos están más o menos basados en hechos reales: hubo una red de la Resistencia que sacaba de Francia, por los Pirineos, a los aviadores ingleses y norteamericanos caídos y perdidos. Como es de suponer, son muchas las situaciones tensas y las decisiones cruciales que han de tomar las heroínas. La novela está bien armada para enganchar, por un lado, al público que sigue las ficciones basadas en sucesos de la segunda Guerra Mundial; y, por otro, a los lectores interesados en conflictos emocionales —la relación entre las hermanas y su padre, entre las hermanas entre sí, entre Vianne y sus amigas, entre Vianne y los oficiales alemanes, entre Isabelle y su amante partisano…—. A favor de la novela, que es entretenida y mejor que otras. En contra, que no llevo bien ni la banalización de los acontecimientos históricos que conozco más o menos bien, ni, menos aún, las concesiones comerciales eróticas y melodramáticas típicas de los bestsellers pensados para ser películas hollywodienses.

Kristin Hannah. El ruiseñor (The Nightingale, 2015). Barcelona: Debolsillo, 2017; 592 pp.; col. Bestseller; trad. de Laura Vidal Sanz; ISBN: 978-8466338400. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 14 de septiembre de 2017

Como en Los amigos, en La Casa del Álamo Kazumi Yumoto vuelve a tratar sobre la muerte de modo sorprendente. Es un relato calmoso, en el que todo discurre con fluidez, y tenso, pues los conflictos interiores de la protagonista y narradora tienen entidad; parece ingenuo y tiene muchos momentos divertidos, unos por las costumbres singulares de sus personajes y otros por los comentarios y las reacciones de la protagonista niña, pero plantea cuestiones de fondo con agudeza y se acerca bien a situaciones duras de la vida.

A una mujer joven, una enfermera que ha dejado su trabajo, según sabremos, le comunica su madre por teléfono que ha muerto la propietaria de la Casa del Álamo, en la que vivió de niña cuatro años. Se dispone a viajar al funeral y, con ese motivo, va recordando aquel tiempo: su padre acababa de fallecer y su madre se había instalado con ella en aquella casa, en la que había otros dos inquilinos. La propietaria era una mujer mayor con la que Chiaki, de seis años, tiene que pasar unas horas cada día cuando enferma: debe quedarse al cuidado de la anciana mientras su madre se va a trabajar.

Es magistral la descripción que nace la narradora de su mundo interior cuando era niña: desearía saber a dónde ha ido su padre y vive con el continuo temor a desaparecer del mismo modo; se imagina que vive en «un mundo negro de alcantarillas sin fondo que Dios podría haber olvidado cerrar» y su ansiedad crece porque «estaba convencida de que no fallar era la única manera de evitar ser tragada por los oscuros agujeros que podían aparecer en cualquier lugar, en cualquier momento». Las cosas comienzan a cambiar para ella cuando la casera le dice que si escribe cartas a su padre, ella se las llevará cuando muera. A pesar de su incredulidad, Chiaki empieza a escribir esas cartas, que siempre termina con un «Adiós, por ahora»: en ellas va manifestando su mundo interior cada vez mejor y, aunque no se da cuenta en el momento, gracias a ellas va recuperando su serenidad perdida.

Lo dicho hasta el momento explica poco de la novela, que contiene varios personajes interesantes como los otros inquilinos permanentes de la Casa, o el hijo de uno de ellos que viene a estar un tiempo, el amable Osamu, un chico de la edad de Chiaki, cuya madre es católica, que le lleva a la iglesia y le explica quién es Jesucristo. Poco a poco la narradora cuenta más cosas de su vida posterior a sus años en la Casa del Álamo hasta llevar su relato a un excelente y también conmovedor desenlace.

Kazumi Yumoto. La Casa del Álamo (Popura no Aki, 1997). Madrid: Nocturna, 2017; 178 pp.; col. Noches blancas; trad. de Rumi Sato; ISBN: 978-84-16858-05-7. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 13 de septiembre de 2017

Los zoquetes, de Paul Fleischman, es un relato escolar divertido en el que unos alumnos espabilados tienen como contrincante a una profesora que recuerda la que tenía Matilda.

De la despótica señorita Quebrantahuesos se dice que «odiaba a los niños. Cada vez que hacía llorar a un alumno, se premiaba a sí misma con una estrella dorada. Confiscar era su especialidad». Hasta que el líder de la clase —«todos me llamaban Einstein porque era un hacha resolviendo problemas»— se propone darle a una lección: «le enseñaría a la maestra de lo que eran capaces unos zoquetes». Y los chicos preparan un sofisticado plan en el que cada uno tiene que cumplir una misión de acuerdo con sus habilidades particulares: uno es experto en trastos, otro en bicicletas, otro en dibujar, otro es una especie de Spiderman, hay una chica que lo sabe todo de películas, Escupitajo es el plusmarquista de la clase, Clips se pasa la vida preparando cadenas de clips, Ciberojos es una maestra del hipnotismo… En fin, que se introducen en una fiesta que da la profesora.

Se sigue con interés todo el proceso, con la satisfacción que siempre da ver un trabajo en equipo tan bien coordinado y una victoria de los débiles frente al poderoso... Son importantes para que una historia tan disparatada funcione las eficaces ilustraciones de David Roberts, que presentan el caso de forma muy ordenadita y caracterizan bien a cada personaje. Se juega bien con la tipgrafía, que cambia y crece cuando grita la profesora.

Paul Fleischman. Los zoquetes (The Dunderheads, 2009). Zaragoza: Edelvives, 2017; 54 pp.; ilust. de David Roberts; trad. de Elena Gallo Krahe; ISBN: 978-84-140-1029-7. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 12 de septiembre de 2017

Este comentario sobre tres álbumes de Akiko Miyakoshi, junto con el pequeño video que lo acompaña, da mucha idea del encanto y la gran calidad que tienen sus ilustraciones a carboncillo.

La merienda en el bosque tiene como protagonista a Kiko, una especie de Caperucita, a quien su madre manda junto a su abuela: al atravesar el bosque acaba en una casa con toda clase de animales, que le dan pasteles y la ayudan a llegar a casa de su abuela. Concierto de piano trata sobre un concierto escolar en el que una niña, Momo, vestida de rojo, debe tocar el piano: pero está nerviosa mientras llega su turno y una ratoncita la llama para que toque ante un público de ratoncitos… Regreso a casa presenta a un pequeño conejo que, cuando vuelve con su madre a su casa, cansado de jugar, al final del día, va viendo los rituales y costumbres de otros habitantes de la ciudad antes de irse a dormir...

Si tanto La merienda del bosque como Concierto de piano pueden dejar la sensación de que sus argumentos se sostienen gracias a las excelentes imágenes —pues nunca son fáciles de resolver bien las historias en cuyo interior se da una transición de lo realista a lo fantasioso—, Regreso a casa, que ya comienza con la ventaja de que sus personajes son animales humanizados, tiene un argumento acabado en el que las imágenes están por completo al servicio de un relato que me atrevo a calificar como de los mejores en el pobladísimo minisubgénero de los álbumes bedtime.

Akiko Miyakoshi. La merienda en el bosque (Mori no Oku no Ochakai e, 2010). Barcelona: Océano Travesía, 2013; 40 pp.; col. Los Álbumes; trad. de Ritsuko Kobayashi; ISBN: 978-607-400-900-2. [Vista del álbum en amazon.es]
Akiko Miyakoshi. Concierto de piano (Piano Happyyoukai, 2012). Barcelona: Ekaré, 2013; 32 pp.; trad. de Mercè Altimir y Kei Kensho Altimir; ISBN: 978-84-941247-8-5. [
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Akiko Miyakoshi. Regreso a casa (2017). Barcelona: Océano Travesía, 2017; 36 pp.; col. Los Álbumes; trad. de Ritsuko Kobayashi; ISBN: 978-6075270876. [
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lunes, 11 de septiembre de 2017

Ingela P. Arrhenius, una conocida diseñadora sueca, es autora de Animales, un libro de gran formato cuyas páginas son como (y pueden ser convertidos en) extraordinarios pósteres de distintos animales. Cada uno va en una página distinta y se nombran con una tipografía coherente con la forma en que se representan: la s de Serpiente es la misma que vemos en su figura, la c de Cerdo es el rabo del cerdo que se representa, las letras de Cebra tienen rayas verticales, etc.

Otros dos libros para prelectores de la autora, en los que se aprecia bien su querencia por el estilo retro de los años 50 y 60, son ¿Dónde está el señor búho? y ¿Dónde está la señora gallina? En ellos, para responder a cada una de las preguntas que se van haciendo distintos animales que miran desde la página izquierda, se ha de levantar un fieltro en la página derecha para ver qué animal se oculta debajo. Finalmente, y como es habitual en muchos libros de esta clase, hay un «espejo» en la última doble página.

Ingela P. Arrhenius. Animales (Animaux, 2015). Barcelona: Coco Books, 2015; 36 pp.; ISBN: 978-84-943746-9-2. [Vista del libro en amazon.es]
Ingela P. Arrhenius. ¿Dónde está el señor búho? (Where’s Mr Owl, 2017). Barcelona: Timun Mas, 2017; 10 pp. en cartoné; ISBN: 978-84-08-16500-2. [
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Ingela P. Arrhenius. ¿Dónde está la señora gallina? (Where’s Mrs Hen, 2017). Barcelona: Timun Mas, 2017; 10 pp. en cartoné; ISBN: 978-84-08-16499-9. [
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domingo, 10 de septiembre de 2017

Los meses de julio y agosto leí otro libro de Svetlana Aleksiévich: Voces de Chernóbil. En él se recogen testimonios de muchas personas afectadas por las explosiones que destruyeron los reactores de la central nuclear de Chernóbil, ciudad ucraniana muy cercana a Bielorrusia, país de diez millones de habitantes para el que las fugas de material radiactivo que llegaron a centenares de kilómetros, supuso un cataclismo.

En su prólogo la autora dice que no es el suyo un libro sobre qué sucedió en la central aquella noche, quién tuvo la culpa, cómo se ocultó la avería al mundo, etc.; que ella se dedica a «la historia omitida», a «la cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras», a «la vida cotidiana del alma»: que «desea contar la historia de manera que no se pierdan los destinos de los hombres…, ni de un solo hombre».

Por esto, en las declaraciones de médicos, extrabajadores de la central, soldados, científicos, residentes ilegales en zonas prohibidas, etc., no se muestra tanto el accidente nuclear como las consecuencias que tuvo en las personas afectadas. Y una de las ideas de fondo de la autora es mostrar que lo que sucedió aquel 26 de abril fue «un salto hacia una nueva realidad» por encima «no solo de nuestro saber, sino también de nuestra imaginación». Eso especialmente se puso de manifiesto, afirma, en las charlas con los viejos campesinos: «gente que vivía sin Tolstói, sin Dostoyevski, sin internet, pero cuya conciencia, de algún modo, había dado cabida a un nuevo escenario del mundo».

Es cierto que el libro puede leerse como un paso más en el derrumbamiento de la Unión Soviética y el comunismo que la inspiraba, pero, para la autora, lo que sucedió en Chernóbil fue «más allá que Auschwitz y Kolimá», «más allá que el Holocausto», tiene algo de punto final. Esto se refleja sobre todo en las declaraciones que ponen de manifiesto la quiebra total de la confianza en la visión racionalista-científica de la sociedad como, por ejemplo, esta: «El hombre ha inventado una técnica para la que aún no está preparado. No está a su nivel. ¿Es posible darle una pistola a un niño? Nosotros somos unos niños locos».

A mí, sin embargo, la lectura que más me ha interesado tiene que ver con las actitudes de solidaridad y amor que brotan, o con las reflexiones que surgen acerca de las realidades últimas, como consecuencia de una situación tan extrema. Como estas:

—una voz en el «Monólogo de una aldea acerca de cómo se convoca a las almas del cielo para llorar y comer con ellas»: «Viene gente. Nos hacen películas, cintas que nosotros nunca veremos. No tenemos ni televisor, ni electricidad. Te queda solo mirar por la ventana. Y rezar, claro. Un tiempo, en lugar de Dios, tuvimos a los comunistas, ahora, en cambio, solo tenemos a Dios».

—o esta, en el «Monólogo acerca de que el hombre solo se esmera en la maldad y de qué sencillo abierto está a las simples palabras del amor»: «Solo el hombre se yergue sobre el suelo y alza manos y cabeza hacia el cielo. Hacia la oración. Hacia Dios. La anciana reza en la iglesia: "Señor, perdona nuestros pecados". Pero ni el científico, ni el ingeniero ni el militar se reconocen pecadores. Pues piensan: "No tengo nada de que arrepentirme. ¿Por qué debo arrepentirme?". Ya ve… Mis oraciones son sencillas. Rezo en silencio. ¡Señor, llévame a tu lado! ¡Escúchame! ¡El hombre solo se esmera en la maldad. Pero qué sencillo y abierto se muestra a las palabras sencillas del amor!»

Svetlana Aleksiévich. Voces de Chernóbil (Chernóbylskaia molitva, 1997). Barcelona: 2015, 408 pp.; col. Ensayo-Crónica; trad. de Ricardo San Vicente; ISBN: 978-8490624401. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 9 de septiembre de 2017

Para seguir explicando que el valor de los cuentos de hadas ha de medirse por el arte literario con el que han sido escritos, en Sobre los cuentos de hadas Tolkien precisa primero que llamamos «imaginación» a la capacidad de concebir imágenes; que llamamos «fantasía» al uso de la imaginación con la intención de crear un Mundo Secundario, en el que los hechos son distintos a los que observamos en el Mundo Primario; que llamamos «arte» a la actividad humana que da origen al Mundo Secundario.

«Fantasía», como género literario, es el término con el que, a la vez, intentamos abarcar el arte subcreador y las cualidades de sorpresa y asombro que nos provocan las características y los hechos del mundo subcreado. Esa Fantasía es difícil de alcanzar, pues «la consistencia interna» es más difícil cuanto más ajenas a las del Mundo Primario sean las imágenes y la estructuración del material original. Digamos que con elementos constructivos más sobrios es más fácil lograr un mayor efecto de «realismos».

Es importante no confundir Fantasía con Sueños, un terreno en el que el Arte no existe, ni con los desórdenes mentales o con las visiones y alucinaciones, situaciones donde no se da control alguno. Si la Fantasía se usa con ligereza, como simple decorado, se queda en lo fantasioso, una forma reducida y peyorativa de la Fantasía. Cualquiera puede decir el «verde sol» y muchos pueden figurárselo. Pero eso no es un logro. Crear un mundo en el que sol verde resulte admisible exige una destreza especial. Y cuando alguien lo logra nos encontramos ante un auténtico arte narrativo, ante una verdadera fabulación en su estadio primario y más puro.

Por tanto, una obra de Fantasía aspira a realizar una especie de Encantamiento: generar un Mundo Secundario accesible tanto al creador como al espectador. Cuando lo logra, ese trabajo del escritor es la manifestación más alta del arte humano: precisamente porque creamos a nuestra medida y en forma delegada, porque hemos sido creados; pero no sólo creamos, sino que lo hacemos a imagen y semejanza de un Creador.

J. R. R. Tolkien. Árbol y Hoja (Tree and Leaf: incluye el cuento Hoja de Niggle y el poema “Mythopoeia”, 1988); Barcelona: Planeta-Agostini, 2002; 152 pp.; prólogo de Christopher Tolkien; trad. de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech; ISBN: 84-395-9786-X.

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viernes, 8 de septiembre de 2017

El maestro del juicio final, de Leo Perutz, es una novela policiaca de tipo fantástico que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares incluyeron en una colección de relatos del género que dirigieron pues encaja mucho con sus gustos: tiene alto nivel literario, su desarrollo se apoya en una narración elusiva, su conclusión llega con una irrupción inexplicable de lo misterioso.

Principios del siglo XX, Viena, una reunión de amigos. Un célebre actor se suicida y todo parece indicar que lo ha hecho inducido por el barón Von Yosch. El mismo barón es quien narra las cosas, indeciso y desconcertado, sin saber si fugarse, o si proponerse demostrar su inocencia, o si suicidarse también. Anteriormente, Bischoff, el actor, había narrado a sus amigos la historia de dos suicidios extraños previos, pista que abre un camino inesperado.

Al principio del relato indica el narrador: «Del 26 al 30 de septiembre, no más de cinco días, duró esta fantasmagoría trágica. Cinco días duró la arriesgada caza, la persecución de un enemigo invisible, que no era de carne y hueso, sino un horrible espectro de los siglos idos. Encontramos una huella de sangre y la seguimos. Sin ruido se abrió ante nosotros el portón de los tiempos». Hecha esta presentación despliega su confuso relato de los hechos: su torpeza está justificada no sólo por verse atrapado en una situación que no comprende sino, también, por el giro que darán los acontecimientos.

Uno de los actores del drama, en un diálogo final con el barón, situará la historia en la tradición literaria a la que pertenece: «El temor y la fantasía se hallan ligados indisolublemente entre sí. Siempre los grandes visionarios han sido también presa del miedo y del horror. Piense en E. T. A. Hoffmann, el de los espectros; (...) piense en Edgar Allan Poe».

Leo Perutz. El maestro del juicio final (Der Meister des Jüngsten Tages, 1921). Barcelona: Bruguera, 1983; 80 pp.; col. Club del misterio; trad. de Annie Reney y Elvira Martín; ISBN: 978-84-02-09203-8. Nueva edición en Barcelona: Libros del Asteroide, 2017; 232 pp.; trad. de Jordi Ibáñez; ISBN: 978-8417007010. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 7 de septiembre de 2017

En el mes de julio pasado leí las dos novelas de Lucy Maud Montgomery que continúan Emily, la de Luna Nueva.

Emily lejos de casa presenta a la heroína en sus años de colegio en Shrewsbury viviendo con su rígida tia Ruth —un ave de corral empeñada en educar a una alondra, dice la narradora—. Se suceden los enfrentamientos con ella, Emily afianza su personalidad y sus deseos de ser escritora, atraviesa los líos en que la mete su efervescente amiga Ilse, lidia con la envidia de su compañera Evelyn, tiene sus primeros pretendientes…

Emily triunfa está centrada, por un lado, en los intentos literarios de Emiliy hasta que, después de que le acepten poemas y textos en revistas, publica su primer libro con éxito; por otro, el relato sigue sus (algo desesperantes) vaivenes amorosos: adquiere un compromiso de matrimonio que rompe poco antes de que se celebre la boda; su amiga Ilse se compromete con uno de los amigos de infancia de las dos pero también rompe con él horas antes de la boda...

Ambos libros tienen momentos emocionantes y divertidos, y muchos textos excelentes. Pero son en exceso prolijos: se reproducen demasiadas largas entradas de los diarios de Emily —la narradora indica que si tiene ya textos preparados para qué cambiarlos—, y cansa un poco el énfasis con el que muestra sus entusiasmos líricos por la belleza. Sea como sea, a quienes les hayan encandilado el personaje y su ambiente familiar en la primera novela, seguramente les gustará leer estas otras dos (aunque, como a mí me pasa, no se sienta nada atraído por las portadas y las ilustraciones que acompañan las ediciones). Quien comparta con Emily los deseos de llegar a ser una buena poeta y escritora, en particular, encontrará consejos prácticos y puede ver reflejados en ella una buena parte de sus sentimientos. 

Lucy Maud Montgomery. Emily, lejos de casa (Emily Climbs, 1925). Córdoba: Toromítico, 2015; 347 pp.; col. Clásicos juveniles; ilust. de Sara Lago y Antonio Cuesta; trad. de traducción de Mª Carmen García Bernabéu; ISBN: 978-8415943266. [Vista del libro en amazon.es]
Lucy Maud Montgomery. Emily triunfa (Emily’s Quest, 1927). Córdoba: Toromítico, 2016; 305 pp.; col. Clásicos juveniles; ilust. de Sara Lago y Antonio Cuesta; trad. de Mª Carmen García Bernabéu; ISBN: 978-8415943402. [
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miércoles, 6 de septiembre de 2017

Wendel y los robots, de Chris Riddell, es un álbum divertido: las imágenes del autor tienen mucha chispa y el pequeño argumento, aunque suene conocido (a uno protagonizado por Frank Einstein), también es simpático.

El ratón Wendel, un inventor muy desordenado, crea un robot de limpieza para que lo ayude y lo llama Clanc (en inglés Clunk). Pero Clanc comete algunos fallos así que lo desecha y crea el Wendelbot, otro robot más avanzado. El problema será que resulta ser demasiado concienzudo y al grito «¡Ordenar! ¡Ordenar!» se hace con todo el taller. Wendel huye y se reorganiza, con Clanc y todas las piezas que antes había desechado, para presentar batalla.

Los ricos dibujos expanden la historia en muchas direcciones. A veces hay escenas a doble página pero casi todo el relato se cuenta con varios dibujos por página, normalmente del trabajo de Wendel. De paso, se nos recuerda que no hay que rechazar a nadie porque tenga defectos, y se transmite de modo amable un mensaje de cuidado del entorno y de que también lo que parecía inútil puede cumplir una función.

Chris Riddell. Wendel y los robots (Wendel and the robots, 2015). Sopelana: Fortuna, 2017; 32 pp.; trad. de Javier Valero Martínez; ISBN: 978-8494502774. [Vista del álbum en amazon.es]

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LioniAlex2.jpg
martes, 5 de septiembre de 2017

Álex y el ratón de cuerda, de Leo Lionni, es un relato que se puede alinear con los que hablan de las relaciones entre los juguetes y sus dueños pero su argumento va más lejos.

Cuando hablan y comparan sus modos de vida, el ratón Álex siente cierta envidia de Guille, el ratón mecánico, tan querido por Ana, la niña de la casa. Guille también le cuenta que hay un lagarto que puede transformar a un animal en otro diferente y Álex va a verlo con la intención de pedirle que lo convierta en un ratón como Guille. El lagarto le dice que, para eso, ha de conseguirle una piedra morada y Álex la consigue. Pero entonces ve que a Guille lo han colocado en una caja de juguetes viejos para tirar…

Álbum compuesto con collages alegres y coloristas, como es habitual en el autor, y con un protagonista parecido a Frederick. La historia es bonita y, como hace siempre Lionni en sus álbumes, habla con agudeza de amistad y generosidad, de cómo la verdadera amistad se nota en la generosidad, y también de que las cosas no son del todo lo que parecen.

Leo Lionni. Álex y el ratón de cuerda (Alexander and the Wind-up Mouse, 1969). Pontevedra: Kalandraka, 2017; 30 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Xosé Manuel González; ISBN: 978-84-8464-309-8. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 4 de septiembre de 2017

Elefante y Cerdita son dos personajes creados en 2007 por Mo Willems que han protagonizado una serie de veinticinco libros para prelectores. Se han publicado en castellano hace poco dos: ¿Puedo jugar? y ¡Estamos en un libro! En el primero, una pequeña serpiente les pide a Elefante y Cerdita jugar con ellos a la pelota y al principio no saben cómo solucionar que la serpiente no tenga brazos. En el segundo, Cerdita le hace notar a Elefante que alguien les está mirando: ¡un lector!y a partir de ahí, Elefante va de emoción en emoción.

La primera historia habla bien de amistad y la segunda podría compararse a otras metafictivas semejantes (como, por ejemplo, Sin título, un libro unos años posterior). Está bien definida la personalidad de los dos: por un lado, Elefante tiene gafas de estudioso pero no es brillante y Cerdita es de lo más cooperativa e ingeniosa; por otro, Cerdita es rosa y Elefante es verde, y los globos de texto en los que van sus palabras también tienen los colores respectivos.

Es genial la presentación gráfica de los relatos. Ambos personajes están dibujados con líneas de contorno, sin sombras, y logran contagiar la risa con sus posturas o con las expresiones de ojos y cejas construidas con toques mínimos. Con excepciones medidas, los relatos avanzan dando un paso por página y en cada una las figuras se suelen presentar frontalmente y con el mismo tamaño siempre. No faltan bromas propias del lenguaje del cómic: la idea que se le ocurre a Cerdita en el primer libro se indica con una bombilla de bajo consumo; en el segundo Cerdita se sube a un globo de texto para explicarle a Elefante cómo están leyendo el libro los lectores.

Mo Willems. ¿Puedo jugar?: un libro de elefante & cerdita (Can I Play Too?, 2010). Barcelona: Beascoa, 2017; 60 pp.; trad. de Carolina Venegas Klein; ISBN:978-84-488-4776-0. [Vista del libro en amazon.es]
Mo Willems. ¡Estamos en un libro!: un libro de elefante & cerdita (We are in a Book!, 2010). Barcelona: Beascoa, 2017; 57 pp.; trad. de Carolina Venegas Klein; ISBN: 978-84-488-4775-3. [
Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 3 de septiembre de 2017

Tengo tengo tengo. Los ritmos de la lengua, de José Antonio Millán, habla del ritmo y la música que hay en la lengua que normalmente usamos. Con muchos ejemplos y una notable claridad expositiva —el autor dice que no es el suyo un libro para especialistas sino para todos los que disfrutan con la lengua que usan—, se habla en él de canciones y fórmulas infantiles, de frases con ritmo fácilmente memorizables, de los cantos deportivos y los eslóganes publicitarios, de cantos deportivos y, en fin, de «todas las formas de utilizar pautas en la lengua sin un propósito directamente literario o artístico».

Después de nueve capítulos explicando las pautas rítmicas habituales del lenguaje, se resumen al final las funciones que cumplen todos esos recursos que usamos habitualmente: lúdica —como en los pareados jocosos tipo «¡qué listo, Calixto!», «Orozco, que te conozco»…—, proverbial —como en los refranes—, mágica —como en los conjuros—, de acompasar movimientos —como en las nanas—, de soporte —como en las estructuras de pregones, o en las subastas, o en el rap…—, mnemotécnica —como en la poesía didáctica—, y, por supuesto, también poética.

José Antonio Millán. Tengo tengo tengo. Los ritmos de la lengua (2017). Barcelona: Ariel, 2017; 294 pp.; ISBN: 978-84-344-2567-5. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 2 de septiembre de 2017

Aclarado ya el objeto de los cuentos de hadas y que son relatos de fantasía que no han de ser medidos por la relación que se les atribuye con los niños, llegamos al concepto que Tolkien denomina subcreación (al que Chesterton se había referido ya, como se aprecia en la nota que titulé El trabajo del artista).

El inventor de cuentos, dice Tolkien, «construye un Mundo Secundario en el que tu mente puede entrar. Dentro de él, lo que se relata es “verdad”: está en consonancia con las leyes de ese mundo. Crees en él, pues, mientras estás, por así decirlo, dentro de él. Cuando surge la incredulidad, el hechizo se quiebra; ha fallado la magia o, más bien, el arte. Y vuelves a situarte en el Mundo Primario, contemplando desde fuera el pequeño Mundo Secundario que no cuajó. Si por benevolencia o por las circunstancias te ves obligado a seguir en él, entonces habrás de dejar en suspenso la incredulidad (o sofocarla); porque si no, ni tus ojos ni tus oídos lo soportarían. Pero esta interrupción de la credulidad sólo es un sucedáneo de la actitud auténtica, un subterfugio que echamos de menos cuando condescendemos con juegos e imaginaciones, o cuando (con mayor o menor buena gana) tratamos de hallar posibles valores en la manifestación de un arte a nuestro juicio fallido».

Muchas veces, dice más adelante Tolkien, la posición de los adultos frente a los cuentos de hadas es la de que «suspenden su incredulidad» abandonándose a un estado mental «algo laxo, pobre o sentimental». En esos casos «los retiene y sostiene el sentimiento (recuerdos de la niñez o nociones [sobre lo que imaginan] que debería ser la niñez) y creen que el cuento debería gustarles. Pero si verdaderamente les gustase por sí mismo, no tendrían que dejar la incredulidad en suspenso: creerían sin más». Es decir: el valor de los cuentos de hadas ha de medirse por el arte literario con el que han sido escritos. Para explicarlo mejor son necesarias algunas precisiones más.

J. R. R. Tolkien. Árbol y Hoja (Tree and Leaf: incluye el cuento Hoja de Niggle y el poema “Mythopoeia”, 1988); Barcelona: Planeta-Agostini, 2002; 152 pp.; prólogo de Christopher Tolkien; trad. de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech; ISBN: 84-395-9786-X.

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viernes, 1 de septiembre de 2017

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de agosto.

Lo más destacado del mes, dentro de la LIJ, tal vez sea el ábum informativo Debajo de la tierra y Debajo del agua.

En otro terreno, lo son las tres notas dedicadas a la trilogía Destellos en el abismo.

Igual que la serie, que tendrá nueve notas, sobre la Fantasía como género según Tolkien.

El blog libros para jóvenes ha mejorado con nuevas opciones de búsquedas por autores, ilustradores y géneros.

Sigo publicando en EÑES.algunos textos que salieron tiempo atrás en Medium.

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PerutzDeNoche.jpg
viernes, 1 de septiembre de 2017

De noche, bajo el puente de piedra, de Leo Perutz, tiene lugar en Praga, en el siglo XVI, cuando es rey de Bohemia el loco Rodolfo II. En quince capítulos sucesivos, que al principio parecen relatos independientes, vamos conociendo a distintos personajes: unos tienen relación con la corte del rey, otros la tienen con el prestamista judío Mordejái Meisl. Este, según sabremos en «El pintor Brabanzio», fue tío tatarabuelo del padre del estudiante de medicina Jakob Meisl y este, según se dirá en «La mesa del emperador» y en otros capítulos, es quien se los cuenta al narrador, uno de sus alumnos.

Hay un ambiente de fantasía con sueños y apariciones misteriosas del que se nos avisa en el capítulo titulado «Enrique, el del infierno»: «en la corte de Praga, escribió en una ocasión el embajador de España a su rey, lo extraordinario es cotidiano y a nadie sorprende». No faltan personajes propios de los relatos cómicos y picarescos de la tradición judía: por ejemplo, «El coloquio de los perros» está protagonizado por Berl Landfahrer, de quien «sus vecinos solían decir que, cuando Berl se dedicara al comercio de velas, el sol dejaría de ponerse. Cuando llueven ducados, decían, está en su casa, y cuando llueven piedras le pillan en la calle; no hay estaca con la que no tropiece; si tiene pan le falta el cuchillo, y si tiene ambos, le falta la sal»..

Otras historias encierran una lección al modo de los cuentos jasídicos de Martin Buber pero, eso sí, con una riqueza descriptiva extraordinaria. Así, en la sensacional «La mesa del emperador», a Peter Zaruba, un hombre que se sabe destinado a restaurar la libertad de la nación bohemia y cuya tradición familiar le impone que nunca coma de la mesa del emperador, un mesonero le ofrece una comida de doce platos: primero, «una fina sopa de venado o potage chasseur. Tras la sopa le sirvió dos tipos de tortilla. Una preparada al modo aldeano, la otra con perifollo y cebolleta. Después le presentaron dos entradas más: leche de carpa trufada y un chaudfroid de pollo picado. Tras una pequeña pausa el mesonero le sirvió con gran pompa el primero de los cuatro platos principales: un lucio relleno y mechado. Y a continuación tajadas de riñones à la broche, espárragos en salsa de caldo, guisantes tiernos y un plato frío: lengüitas de ternera y una mano de cerdo rellena. Peter Zaruba pensó con cierta lástima en sus dos compañeros, que debían conformarse con el bofe y los buñuelos de ciruela. Ya no lamentaba que Kapliř no le hubiera invitado a su posada, pues no habría comido tan bien como en aquel lugar. Solo pudo probar un bocado del guiso de faisán con salsa picante que el mesonero le ofreció a continuación. Y entonces llegó el ansiado plato sorpresa: codornices sobre tostadas untadas de tuétano de buey. Para terminar les dieron bolitas de mazapán con baño de azúcar, uvas italianas y queso picante de búfala de Hungría».

Leo Perutz. De noche, bajo el puente de piedra (Nachts unter der steinernen Brücke, 1952). Barcelona: Libros del Asteroide, 2016; 288 pp.; trad. de Cristina García Ohlrich; ISBN: 978-8416213863. [Vista del libro en amazon.es]

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