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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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sábado, 23 de julio de 2016

Antes que la biografía de Canavaggio, había leído Miguel de Cervantes: la conquista de la ironía, de Jordi Gracia. En esta completa reseña se indica cómo su autor ha tenido en cuenta los datos conocidos sobre Cervantes y ha evitado en ella polémicas biográficas; sigue un hilo narrativo cronológico y contextualiza bien toda la información que da; explica los problemas económicos que tuvo y se va deteniendo en las obras que publicó, explicándolas y haciendo notar su aprendizaje y maduración como escritor. Como es lógico, habla con detalle de la redacción y el éxito de la primera parte de el Quijote y, después, del extraordinario cambio de paso que supuso la segunda parte, un proceso que se sintetiza en el título: si al principio Cervantes usa la ironía sólo «como guiño y recurso auxiliar y secundario», más adelante la conquistará por completo al crear una novela única.

Pero, dicho lo anterior, conviene añadir que la forma de redactar del autor, que indica un dominio muy grande de las fuentes y del lenguaje, puede no gustar a una buena parte de lectores: por mi parte reconozco que prefiero la redacción más directa y menos intrusiva de Canavaggio. Pongo a continuación un sinuoso párrafo, que se refiere a cuando Cervantes está pensando en continuar la primera parte de el Quijote. Dice así: «No sé no verlo pegado en este verano de 1605 de nuevo a la cama de don Quijote, mientras se recupera del ajetreado regreso y mientras lo cuidan pegajosas y regañonas y el ama y la sobrina, el cura y el barbero; no sé no ver a Cervantes sin retomar a ratos la pluma porque la adicción a escribir existe y la tiene cogida, ansioso de volver al cauce libre de una historia que trata de todo por burlarse, como hace enseguida, de los disparates que proponen tantos arbitristas que pululan por Valladolid con soluciones para todo (como auténticos locos), o para reafirmar una vez más que los libros de caballerías no tratan de personas que “hayan sido real y verdaderamente personas de carne y hueso” sino de fantasía, “ficción, fábula y mentira”».

Está muy bien la idea que da origen al título, la de que Cervantes alcanza una nueva visión irónica de la realidad, aunque algunas formulaciones de la cuestión creo que también podrían ser más claras. Así, cuando habla de la naturaleza simultánea de las contradicciones que se barajan en el Quijote, el autor señala que «tampoco esa duplicidad anula la consistencia del bien ni del mal, ni Cervantes renuncia a sugerir o insinuar un juicio recto y seguro sobre las cosas, pero lo emplaza en el reino de la ironía donde los valores y las apreciaciones de la realidad viven empapados de una sustancial anfibología». Además, como mañana diré, hay quienes piensan que la ironía que conquista Cervantes es mucho más poderosa que una simple «convicción sobre la dimensión plural de la realidad como condición misma de la verdad»…

Jordi Gracia. Miguel de Cervantes: la conquista de la ironía (2016). Barcelona: Taurus, 2016; 467 pp.; ISBN: 978-84-306-1764-7. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 22 de julio de 2016

Desde que el mundo existe fue la primera novela no infantil que publicó Rachel Field. Con ella ganó, la primera vez que se convocó, en 1935, el que llegaría a ser el premio literario más importante de los Estados Unidos, el National Book Award. En español se publicó, hace años, con el título Almas borrascosas.

La narradora es Kate Fernald, una mujer que rememora su vida. Cuando tenía diez años, su madre comenzó a trabajar como ama de llaves en La Extravagancia, la casa de los Fortune, una rica familia de constructores y armadores de barcos a vela y propietarios de grandes extensiones de terreno pobladas por bosques en la costa de Maine. Kate crece con Nat, de diez años también, y Rissa, un año mayor, los hijos del comandante Fortune.

Habrá conflictos debidos a la incapacidad del comandante Fortune para reconocer que los barcos a vapor traían consigo la decadencia de los barcos a vela, lo que le hará tomar erróneas decisiones comerciales. Otros choques se producirán debido a la educación autoritaria que impone a su hijo, a quien desea preparar para que sea marino y a quien impide aprender música, un arte para que el que apunta cualidades excepcionales. Además, también se verá entre dos mundos la narradora: el propio de su extracción social y el de la educación que adquiere al crecer junto a Nat y Rissa.

La narración tiene acentos reflexivos, elegíacos y nostálgicos. Basta leer unas pocas páginas para apreciar enseguida que tienen una gran categoría las descripciones de ambientes y escenarios: esto es, con diferencia, lo mejor de la novela y lo que justifica su lectura. Los personajes están bien perfilados aunque, al leer sus historias hoy, algunos de sus comportamientos suenan poco comprensibles e incluso puedan provocar rechazo en ciertos lectores, tanto porque no responden a los estereotipos más habituales de los melodramas como porque la heroína no es precisamente feminista y reivindicativa.

Rachel Field. Desde que el mundo existe (Time Out of Mind, 1938). Madrid: Reino de Cordelia, 2015; 503 pp.; trad. de Susana Carral; ISBN: 978-84-159793-65-2. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 21 de julio de 2016

Abro voces en el diccionario a Olivier Tallec y Guridi.

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miércoles, 20 de julio de 2016

Abro voces en el diccionario a Chris Raschka y a Helen Stephens.

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martes, 19 de julio de 2016

Abro voces en el diccionario a Rosana Faría y Menena Cottin.

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lunes, 18 de julio de 2016

Abro voces en el diccionario a Raphaël Urwiller y Amy Krouse Rosenthal.

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domingo, 17 de julio de 2016

Después de leer la biografía sobre Dickens de Claire Tomalin, pensé que sería una buena idea leer la que publicó sobre Jane Austen, pues tendría un gran trabajo de documentación detrás y estaría estupendamente contada. Y, en efecto, así es, pero mi impresión final fue poco satisfactoria y terminé la lectura pensando en que buscaré otras biografías de Austen para contrastarlas. Me parece que Tomalin se centra demasiado en varios personajes del entorno de la escritora —también porque no hay tantos datos de Austen como para ofrecer un retrato acabado—; y me parece que la interpretación que hace de algunas novelas, Mansfield Park sobre todo, Austen dudosamente las compartiría —es como si la biógrafa no supiera ver a las mujeres del pasado sin su particular filtro feminista de finales del siglo XX—.

De mis notas rescato dos párrafos.

Uno recapitulatorio, semejante a otro que pone al final de su biografía de Dickens, es el que escribe cuando habla de la dificultad de capturar el retrato de Austen e indica que ha intentado acercarse lo más que ha podido «a la niña para quien los libros eran un refugio que le brindaba un mundo que, a veces, tenía más sentido que aquel en el cual tenía que abrirse paso; a la niña cuya imaginación se disparó en direcciones asombrosas cuando empezó a ver las posibilidades de contar historias propias; a la joven vital a la que le gustaba bailar y bromear, y que soñaba con un marido incluso mientras aprendía a escribir novelas con toda la fuerza de su inteligencia; a la joven que, a los veinticinco años, decidió que no le gustaba la gente y que no podía escribir más, que tuvo la tentación de concertar un buen matrimonio, sin amor, y se resistió; a la tierna hermana y tía que siempre encontró tiempo para su familia, aunque a veces hubiera preferido que la dejaran pensar y escribir en paz; a la mujer que se hacía amiga de institutrices y criadas; a la autora de obras publicadas, en medio del resplandor de su objetivo logrado y del dominio de su arte; a la valiente moribunda que, resistiéndose a la muerte, escribió cuando ya la tenía cara a cara; a la persona que, en ocasiones, prefería guardar silencio antes que criticar los pareceres y los hábitos de aquellos que amaba, y que anotaba las opiniones de la gente sobre sus obras para leerlas y releerlas a solas».

Otro elogioso, este comentario de Walter Scott en su diario, escrito diez años después de la muerte de Jane Austen: «El talento de esa joven para describir las relaciones, los sentimientos y los personajes de la vida corriente es, para mí, lo más maravilloso que he conocido. Los brochazos de las grandes escenas clamorosas puedo darlos yo mismo, como cualquier otro, pero la pincelada exquisita que hace interesantes las cosas y los seres más comunes, gracias a la autenticidad de la descripción y del sentimiento, me ha sido negada».

Claire Tomalin. Jane Austen (Jane Austen. A Life, 1997). Barcelona: Circe, 1999; 363 pp.; col. Biografía Circe; trad. de Beatriz López-Buisán; ISBN: 84-7765-159-0. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 16 de julio de 2016

No había leído hasta hace poco la biografía de Cervantes que firmó hace años, y que actualizó para la edición de 2015, Jean Canavaggio. En ella, contra el telón de fondo social e histórico, el autor narra bien lo que se sabe de Cervantes en siete capítulos ordenados cronológicamente: el primero, 1547-1569, con sus años de formación que terminaron con una misteriosa huida a Italia; el segundo, 1569-1580, con su intervención en Lepanto y la cautividad en Argel; el tercero, 1580-1587, en el que trata sobre sus primeras obras, su matrimonio y otros avatares de la vida familiar; el cuarto, 1587-1601, con su estancia en Andalucía y sus trabajos como recaudador; el quinto, 1601-1606, en el que sobre todo habla de la escritura y publicación de la primera parte de el Quijote; el sexto, 1607-1614, con la singularidad y la publicación de las Novelas ejemplares; y el séptimo, 1614-1616, sobre la segunda parte de el Quijote, el Persiles, y su fallecimiento.

El autor afronta con cautela las muchas cuestiones en discusión sobre la vida de Cervantes y hace notar que hay legiones de exegetas que se ocupan de cada una. Suele comenzar muchos párrafos con interrogaciones —por ejemplo, «¿quiso Cervantes convertirse en defensor de los valores establecidos? ¿O, por el contrario, estuvo en desacuerdo con el tono de su época?»— para normalmente concluir que no podemos contestar a esas y muchas otras preguntas con certeza. Por ejemplo también, comenta que se han dado distintas interpretaciones del gran fervor religioso de sus últimos años, e indica que algunos lo interpretan como si fuera una forma de protegerse frente a los guardianes de la ordodoxia de entonces, y otros como si fuera una concesión a las piadosas mujeres que le rodeaban…, aunque con sensatez concluye lo que parece más evidente y es que «también pudo ser la decisión meditada de un hombre que, en el crepúsculo de su vida, trataba de unir con lazos más estrechos la fe y las obras».

Una de las descripciones que hace de Cervantes, que a mí me gusta, es la de que era «un espíritu abierto, enemigo de prejuicios, aunque respetuoso con el dogma y el culto: un humanista, en el sentido amplio del término, formado muy lejos del polvo de las bibliotecas, en la escuela de la vida y de la adversidad». Y una de las importantes preguntas que se hace es, al hablar de la extraordinaria novedad que supuso el Quijote, si Cervantes sospechó «la amplitud de la revolución literaria que puso en marcha cuando “en su prólogo, declaraba no querer irse “con la corriente al uso”?». Prudentemente, y seguramente con acierto, se responde diciendo que, en aquel momento, «ni él ni sus lectores captaron sin duda su alcance exacto».

Jean Canavaggio. Cervantes (1986, 2015). Barcelona: Espasa, 2015; 430 pp.; col. Austral; trad. de Mauro Armiño; ISBN: 978-84-670-4556-7. [
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viernes, 15 de julio de 2016

Cornetas al atardecer, de Ernest Haycox, otra novela del Oeste llevada en su momento al cine, tiene un hilo histórico —la campaña contra los sioux y los errores que condujeron a la masacre del Séptimo de Caballería en la batalla de Little Bighorn—, y un hilo romántico —el enamoramiento entre Kern Shafter, un tipo de misterioso pasado y caballeroso comportamiento que se alista en el ejército, y una decidida joven con la que coincide primero en el viaje y luego en su destino—.

En la presentación se recuerda que Haycox, junto con Zane Grey y Louis L’Amour fueron los autores más populares del género del Oeste durante las primeras décadas del siglo XX. Entre otros, escribió, en 1937, el relato que John Ford transformó en la película La diligencia. Uno de sus rasgos, se dice también en la presentación, es que sabía mezclar momentos épicos con escenas costumbristas certeras, pues se preocupó de documentarse bien para contar sus relatos.

Aunque mi lectura de la novela no fue muy detenida mi impresión es que tiene interés para quienes, como yo, se sientan atraídos por el género, por más que se alargue más de la cuenta, tenga toques cursis y resulte floja en su lado romántico. Sus aciertos están en algunas escenas de cuartel; en la presentación, que intenta ser equilibrada, del conflicto con los indios; y en la forma en que se acumula la tensión y se van encadenando las situaciones y decisiones que conducen al general Custer y su ejército al desastre.

Ernest Haycox. Cornetas al atardecer (1943). Madrid: Valdemar, 2014; 416 pp.; col. Frontera; trad. de Rubén Martín Giráldez; ISBN: 978-8477027867. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 14 de julio de 2016

Otro relato antiguo, muy popular en su época, al que todavía no había hecho hueco aquí y que acaba de ser reeditado: El maravilloso país de los Snergs, de Edward Augustine Wyke-Smith, un ingeniero inglés que vivió en varios países e inventó esta historia para sus hijos.

En el país de los Snergs viven una colonia de niños cuya directora es la temible Mrs. Watkins, directora y fundadora de la «Sociedad para el Amparo de Niños Sobrantes»; unos marineros naufragados a cuyo frente está Vanderdecken, el Holandés errante; y los snergs, una raza de gente pequeña, vigorosa y amable. Cuando, después de una travesura, Joe es castigado y encerrado, él y Sylvia escapan y se suceden los incidentes. Encuentran al snerg Gorbo, y luego al bufón Baldry, con los que harán frente al ogro Golitho y a la bruja Muldrum.

La historia, que cuenta con unas estupendas ilustraciones de George Morrow, tiene aires de cuento de hadas por un lado, de aventura cómica con caballeros del Rey Arturo por otro, y reminiscencias de libros populares como Peter Pan. Los personajes tienen momentos buenos pero son poco consistentes: sobre todo, los niños son como figurantes que van de un lado a otro. Está más conseguido Gorbo, cuyo comportamiento oscila mucho entre la torpeza y la sagacidad. A la historia le pesa el tono narrativo demasiado amistoso e infantil, como muy pendiente de hacer gracia y contentar a los niños lectores, aunque el relato es ameno y entretiene. En cualquier caso, los snergs, y Gorbo en particular, siempre tendrán el honor de haber inspirado los hobbits, que Tolkien inventó a la vista del éxito que tuvo la novela entre sus hijos.

Edward Augustine Wyke-Smith. El maravilloso país de los Snergs (The Marvellous Land of Snergs, 1927). Barcelona: Juventud, 2006; 227 pp.; col. Juventud; ilust. de George Morrow; trad. de Marià Manent; ISBN: 84-261-3522-6. Nueva edición en Pontevedra (Cangas do Morrazo): Sushi Books, 2016; 260 pp.; trad. de Rafael Salgueiro; ISBN: 978-8415920892. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 13 de julio de 2016

Un relato tradicional, que me ha recordado esta reseña, y que no había puesto antes en la página: Háry János: las aventuras y embustes del famoso Húsar Húngaro, de Miklós Ronászegi. Trata sobre un húsar veterano que entretiene a sus oyentes, en la taberna del pueblo húngaro de Nagyabony, contándoles sus aventuras: cómo se alistó; cómo acabó siendo el hombre de confianza del emperador; cómo su caprichosa hija, María Luisa, antes de casarse con Napoleón, se enamoró de él.

Personaje y relato picaresco populares en Hungría y Centroeuropa. A partir de un poema humorístico escrito el siglo XIX por János Garay, el famoso compositor húngaro Zoltán Kodály compuso una ópera en 1926, y, en 1980, el escritor Miklos Ronászegi hizo una versión juvenil. Es una historia con acentos ingenuos y jactanciosos en la tradición de los cuentos de embustes como El barón de Munchausen, que tiene algo de reivindicación de las vidas campesinas y hogareñas frente a las urbanas y cortesanas, y un punto de crítica soterrada a los poderosos.

Miklós Ronászegi. Háry János: las aventuras y embustes del famoso Húsar Húngaro (Az a híres Háry János, 1980). Madrid: SM, 1986, 3ª ed.; 173 pp.; col. El barco de vapor; ilust. de Alfonso RUANO; trad. de Edith Sándor; ISBN: 8434813106. [Vista del libro en amazon.es]


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martes, 12 de julio de 2016

Abro voces en el diccionario a Beatrice Alemagna y Anna Llenas.

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lunes, 11 de julio de 2016

Abro voces en el diccionario a Sara Ogilvie y Anna Kemp.

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domingo, 10 de julio de 2016

Pasados bastantes años he vuelto a leer Preguntas sobre Dios, de André Frossard. En capítulos cortitos el autor trata muchos temas que tienen su origen en más de dos mil preguntas que alumnas y alumnos del último curso de bachillerato le formularon por escrito. El esquema de cada capítulo es el mismo: primero se formula la pregunta o la objeción de modo extenso, luego hay un «sin embargo» que remite a una experiencia personal o a un comentario bíblico o teológico, y a continuación viene la respuesta que, normalmente, tiene acentos más bien existenciales y poéticos.

Debo decir que tenía un recuerdo muy bueno de este libro que, por un lado, he visto refrendado pero que también, por otro, se ha redimensionado. Una de las objeciones que ahora veo, aunque ciertamente forma parte del libro, es que Frossard apoya muchas respuestas en sus experiencias personales: en la singularidad de su inesperada y fulminante conversión que, en el libro, detalla en un capítulo titulado «¿Quién es Andrés». Otra es que algunas réplicas, leídas ahora, me parecen incompletas: aunque sin duda la intención es no agotar las cuestiones, uno se queda con la sensación de que, en algunos casos, los comentarios más bien impresionistas son insuficientes.

Con todo, el conjunto es extraordinario y algunas respuestas, o algunas ideas contenidas en las respuestas, son magníficas sin paliativos. Pongo unos ejemplos.

El capítulo «El cristianismo ha fracasado» termina del siguiente modo: «El Evangelio no es una doctrina colectivista. Dios no cuenta a los seres humanos por masas, como los ideólogos o los jefes de batallón; no los mete en barriles como si fueran arenques; Dios no sabe contar más que hasta uno».

«¿Por qué hay tantas religiones?» finaliza con esta observación: «En las cimas del judaísmo, del cristianismo y del islam, los místicos hablan el mismo lenguaje. Los hombres se enfrentan y dan la impresión de servir a religiones incompatibles entre sí cuando no alcanzan aquellas alturas o cuando descienden de ellas para terminar sucumbiendo a las tentaciones del poder, del espíritu de conquista o de cualquier otra forma de ilusión. La paz no reina más que en las cumbres».

Al desarrollar su contestación a «¿Es Dios de derechas o de izquierdas?» indica que a Dios «cuesta imaginarlo en uno u otro partido y valdría la pena preguntarse si no habrá sido Él quien inspirara esta máxima decisiva a Simone Weil, cuyo genio empieza donde acaba el de Pascal: “Hay que estar siempre dispuestos a cambiar de campo con la justicia, esa fugitiva del bando de los vencedores”».

El comentario a «¿De qué sirve creer?» concluye así: «Vemos con claridad para qué sirve no creer: para estar solo en esta tierra, que es el menos fijo de todos los domicilios, y para no oír jamás otra voz que la propia en respuesta a las preguntas que el corazón plantea».

André Frossard. Preguntas sobre Dios (Dieu en questions, 1990). Madrid: Rialp, 1991; 195 pp.; col. Vértice; trad. de José María León; ISBN: 84-321-2731-0. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 9 de julio de 2016

He leído con interés La herencia viva de los clásicos. Tradiciones, aventuras e innovaciones, de Mary Beard, catedrática en Cambridge y editora durante veinte años de temas clásicos en el Times Literary Suplement, por varias razones.

Primero, claro, por su contenido: el libro está dividido en cinco partes —Antigua Grecia; Héroes y villanos en la Antigua Roma; Roma imperial. Emperadores, emperatrices y enemigos; Roma desde el fondo; Arte y cultura. Turistas y estudiosos—, cada una de las cuales contiene varios capítulos basados en ensayos o reseñas que habían aparecido antes en una revista literaria no especializada. Al margen de las cuestiones concretas que se discuten, son reveladores muchos comentarios al paso: por ejemplo que hay biografías que a veces son demasiado vívidas («la suerte sonreía a los macedonios») y que abundan en comentarios sobre sentimientos, emociones y carácter que, en el mejor de los casos, no pasan de conjeturas («Alejandro no podía creer la suerte que estaba teniendo»). O bien, cómo, por regla general, «los historiadores se acusan entre ellos de realizar juicios de valor anacrónicos únicamente cuando sus opiniones difieren».

En segundo lugar, porque la autora explica con claridad y buen humor la necesidad de las reseñas no académicas de los libros de su especialidad. Habla de que esas reseñas sirven como un mecanismo básico de control de calidad —«admito que no es perfecto, pero es lo mejor que podemos conseguir»—; de que son «una parte crucial del continuo debate que hace que merezca la pena escribir y publicar un libro», y son también «el modo de iniciar una conversación que resulte interesante a una audiencia mucho más amplia». Está muy bien, por otro lado, la que llama su regla de oro de las reseñas: «nunca escribo en una reseña lo que no sería capaz de decirle a la cara al autor. “Si no puedes decirlo, no lo escribas” debería ser, desde mi punto de vista, la máxima inquebrantable de un reseñador».

También es oportuna esta observación: «La ironía es que aunque los editores continúan acosando a los críticos literarios para que reseñen sus libros, también se apresuran a tranquilizar a los nerviosos autores diciéndoles que lo que comentan los reseñadores apenas tiene efecto en el número de los libros que se venden. Por decirlo de otro modo, la única persona que sin duda va a leer y a releer con total concentración lo que dicen los reseñadores es el autor del libro en cuestión. Así pues, autores, por muy doloridos que os sintáis respecto a lo que consideráis una crítica injusta, nunca escribáis para quejaros: ¡puede que llaméis la atención sobre algo en lo que nadie más se ha fijado!»

En tercer lugar, por el magnífico capítulo acerca de Astérix. En él se pregunta, entre otras cosas, por qué los cómics de Astérix fueron tan exitosos mundialmente. Aparte de señalar también el mérito de los traductores al inglés (y a otros idiomas) indica cómo Goscinny y Uderzo nunca mostraron especial interés por la respuesta. «Cuando se enfrentaban a entrevistadores que padecían, según ellos, de la “enfermedad de la exégesis”, replicaban con una áspera y rotunda (y espero que irónica) falta de curiosidad. La gente se ríe de Astérix, declaró una vez Goscinny, “porque hace cosas graciosas, nada más. Nuestra única ambición es divertirnos”. En una ocasión, un desesperado entrevistador de la televisión italiana sugirió (sin mucha delicadeza) que el encanto de las luchas de Astérix contra el Imperio romano tenía que ver con el “hombre de a pie que se niega a ser aplastado por el peso de la sociedad moderna”. Goscinny se limitó a responder que, como él no iba en metro al trabajo, no sabía nada de hombres de a pie aplastados por nada».

Mary Beard. La herencia viva de los clásicos. Tradiciones, aventuras e innovaciones (Confronting the classics, 2013). Barcelona: Crítica, 2013; 424 pp.; col. Tiempo de historia; trad. de Julia Alquézar; ISBN: 978-84-9892-616-3. [
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viernes, 8 de julio de 2016

La editorial Valdemar inició su colección Frontera, de novelas del Oeste, con Indian Country, una recopilación de once relatos cortos de Dorothy M. Johnson (1905-1984), una buena elección porque son relatos de calidad y porque, contra la presunción que harían muchos, es interesante ver a una mujer dando lecciones a tantos colegas varones acerca de cómo hablar con categoría literaria de un mundo tan marcado por la violencia. Tiempo después, en la misma colección se publicaron otros diez relatos más de la autora con el título El árbol del ahorcado y otros relatos de la Frontera. Si Indian Country tenía como principales protagonistas a indios o, más bien, a pioneros que chocaban o se relacionaban con los indios, los personajes de esta segunda selección son los típicos tahúres, vaqueros, predicadores, buscadores de oro, etc.

También por la importancia que tuvieron sus versiones cinematográficas —cuya fama me ahorra dar un resumen de los argumentos—, los relatos más conocidos de la primera recopilación son Un hombre llamado Caballo (A Man Called Horse, 1950) y El hombre que mató a Liberty Balance (The Man Who Shot Liberty Balance, 1953), el único en cuya trama los indios no juegan papel alguno. De la segunda recopilación el más destacado es el que le da título, El árbol del ahorcado (The Hanging Tree, 1957); aunque tampoco conviene perderse La hermana perdida (Lost Sister, 1956) —sobre una chica, secuestrada por los comanches cuando era niña, que vuelve a vivir con su gente—.

Como explican las buenas introducciones a los dos libros, vale la pena observar la forma escueta y aparentemente simple, con frases medidas y sin énfasis alguno, con la que la autora retrata y describe personajes y situaciones. También es notable cómo cambia de registro, y de un relato a otro pasa sin problemas de lo trágico a lo humorístico, y cómo sus desenlaces no son previsibles y pueden ser de cualquier tipo. Otro aspecto de interés es lo que podríamos llamar el aspecto documental de estos relatos: la escritora deseaba e intentó pintar con realismo a las gentes que pueblan sus narraciones, blancos e indios y, de hecho, las tribus indias de las que habla son aquellas que vivían en las grandes llanuras de su estado, Montana: Crows, Pies negros, Cheyennes, Sioux.

Dorothy M. Johnson. Indian Country (1953). Madrid: Valdemar, 2011; 264 pp.; col. Frontera; trad. de José Menéndez-Manjón Cueto; introd. de Alfredo Lara; ISBN: 978-8477027126. [Vista del libro en amazon.es]
Dorothy M. Johnson. El árbol del ahorcado y otros relatos de la Frontera (The Hanging Tree, 1957). Madrid: Valdemar, 2013; 304 pp.; col. Frontera; trad. de Gonzalo Quesada Gómez; introd. de Alfredo Lara; ISBN: 978-8477027546. [
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jueves, 7 de julio de 2016

Abro voces en el diccionario a Brandon Mull y Chris Bradford.

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miércoles, 6 de julio de 2016

Abro voces en el diccionario a James Patterson y Chris Grabenstein.

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martes, 5 de julio de 2016

Abro voces en el diccionario a Lucie Felix y Jenni Desmond.

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lunes, 4 de julio de 2016

Si tuviera que optar por dos o tres libros de cada sección, de los seleccionados en las notas de días atrás, mis elecciones serían:

—álbumes para prelectores, Colores y Formas, y Felices sueños, camiones grandes y pequeños;

—álbumes para primeros lectores, La hija del grúfalo, Linterna mágica, y Otto, el perro cartero;

—álbumes para lectores más mayores, Moletown y Akim corrre;

—álbumes de conocimientos, La memoria del elefante y Animalium;

—una novela gráfica: Aquí;

—libros infantiles, Tania Val de Lumbre y Los archivos secretos de la señora Basil E. Frankweiler;

—libros juveniles, El curioso mundo de Calpurnia Tate y Shane;

—libros de tipo popular, La luz que no puedes ver y Flores para la señora Harris;

—libros más literarios, Vida hogareña y Adviento en la montaña;

—un libro histórico-literario, Tolkien y la Gran Guerra;

—un libro sobre álbumes, La trilogía del límite;

—un libro de aforismos, Palomas y serpientes.

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domingo, 3 de julio de 2016

De las novelas publicadas recientemente y citadas en la página, las que me han gustado de los últimos meses son:

   No está solo. Sandrone Dazieri.
   La tierra de los abetos puntiagudos. Sarah Orne Jewett.
   Flores para la señora Harris. Paul Gallico.
   Vida hogareña. Marilynne Robinson.
   La casa del profesor. Willa Cather.
   La tierra que pisamos. Jesús Carrasco.

Otros libros históricos —biografías, reportajes— y de memorias:
 
   C.S Lewis: su biografía. Alister McGrath.
   J. R. R. Tolkien: génesis de una leyenda. Colin Duriez.
   Tolkien y la Gran Guerra. El origen de la Tierra Media. John Garth.
   Lenin. Una biografía. Robert Service.
   Seabiscuit: una leyenda americana. Laura Hillenbrand.
   El diario de Rywka Lipszyc. Rywka Lipszyc.
   El bar de las grandes esperanzas. J. R. Moehringer.
   Memoria por correspondencia. Emma Reyes.

Otros:

   Palomas y serpientes. Enrique García-Máiquez.
   Impresiones provinciales. Cuadernos 2010-2014. José Jiménez Lozano.

Una excepcional novela gráfica:

   Aquí. Richard McGuire.

Luego están algunos libros especialmente buenos sobre ilustradores e ilustración:

   Cartas a Aldo Buzzi, 1945-1999. Saúl Steinberg y Aldo Buzzi.
   Reflejos y sombras. Saúl Steinberg y Aldo Buzzi.
   La trilogía del límite. Suzy Lee.
   Álbum[es]. Sophie van der Linden.

Y, después de la relectura de las novelas y cuentos de Dickens para la nueva edición ampliada de La eficacia del optimismo, una recomendación, para quien no la conozca o la tenga un poco olvidada: Historia de dos ciudades.

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sábado, 2 de julio de 2016

Álbumes «para mayores» que más me han gustado en los últimos meses:

   Akim corre. Claude K. Dubois
   Moletown. La ciudad de los topos. Torben Kuhlmann.
   ¿Cuánta tierra necesita un hombre? Raphaël Urwiller y León Tolstoi.
   El armario chino. Javier Sáez Castán.
   El oso que no estaba. Wolf Erlbruch y Oren Lavie.
   El gran libro de los miedos del ratoncito. Emily Gravett.

Álbumes informativos:

   La memoria del elefante. Un viaje inolvidable por la memoria de Marcel. Jean-François Martin y Sophie Strady.
   Animalium. Katie Scott y Jenny Broom.
   La pequeña inuk. Dàlia Adillon, Darabuc y Francesc Ballón.
   La ballena azul. Jenni Desmond.
   Yo Jane. Patrick McDonnell.
   Loco por los monos. Owen Davey.
   Conocí a un dinosaurio. Chris Sheban y Jan Wahl.

Libros infantiles:

   Tinta. Paula Fernández de Bobadilla
   Los archivos secretos de la señora Basil E. Frankweiler. E. L. Konigsburg
   El niño bisiesto. José Luis Alonso de Santos.
   La microguerra de todos los tiempos. Andrés Barba
   Tania Val de Lumbre. Maria Parr.
   El regreso a los sauces. Jacqueline Kelly.
   El pequeño (y algo chiflado) Frank Einstein. Jon Scieszka y Brian Giggs.
   El loco invento de Frank Einstein. Jon Scieszka y Brian Giggs.
   Los descazadores de especies perdidas. Diego Arboleda y Raúl Sagospe
   Marcelín. Jean Jacques Sempé.

Libros juveniles, incluyendo algunos que no se suelen considerar, o no se han editado como, juveniles:

   El curioso mundo de Calpurnia Tate. Jacqueline Kelly.
   El juego de Christopher. R. J. Palacio
   Charlotte tiene la palabra. R. J. Palacio.
   Las fabulosas aventuras del Profesor Furia y Mr. Cristal. César Mallorquí.
   El capitán Miguel y el misterio de la daga milanesa. Martín Casariego.
   El capitán Miguel y Juan el navegante. Martín Casariego.
   La luz que no puedes ver. Anthony Doerr.
   Pieles rojas y blancos: historias verídicas del viejo Oeste. Owen Wister.
   El collar rojo. Jean-Christophe Rufin.
   Adviento en la montaña. Gunnar Gunnarsson.
   Shane. Jack Schaefer.

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viernes, 1 de julio de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de junio. Libros para prelectores que, los interesados en la cuestión, no deben perderse son los de John J. Reiss y los de Patrick George. Un libro infantil fresco es Tinta. Los dos libros protagonizados por el capitán Miguel son mucho más valiosos que la mayoría de los libros juveniles de los escaparates. Es excepcional la novela gráfica Aquí. Después del Brexit es todavía más imprescindible Pompa y circunstancia.

En Medium no he puesto nuevas notas este mes. No lo haré tampoco en julio y en agosto. Pretendo preparar, a lo largo del verano, unas selecciones de libros por edades más completas que las que he ido poniendo estos meses atrás.

En Primer cuaderno: notas de junio. Son excelentes estos Consejos educativos a contracorriente. Solo ver estas extraordinarias bibliotecas ya da ganas de leer.

En Segundo cuaderno: notas de junio. Han tenido muchas entradas Leer a Donoso Cortés y Libertad enferma. La noticia sobre la apertura del Canal de Panamá me sirve para recomendar una vez más un extraordinario libro.

En Flipboard: una revista con todas las notas de bienvenidosalafiesta del segundo trimestre.

En el mes de julio reduciré mucho mi actividad. Habrá bastantes notas de puesta al día de esta página y no pondré casi notas ni en Primer cuaderno ni en Segundo cuaderno.

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viernes, 1 de julio de 2016

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos meses:

   Colores y Formas. John J. Reiss.
   La hija del Grúfalo. Axel Scheffler y Julia Donaldson.
   ¡Buen viaje, bebé! Beatrice Alemagna.
   Monky. Dieter Schubert.
   Soy un conejo = I am a Bunny. Richard Scarry y Ole Risom.
   Felices sueños, camiones grandes y pequeños. Tom Lichtenheld y Sherri Duskey Rinker.
   Que duermas bien, pequeño tren. Tom Lichtenheld y Sherri Duskey Rinker.
   Nieve. Kaori Tajima.
   El oso y la liebre: ¡De pesca! y ¿Dónde está el oso? Emily Gravett.
   Una pelota para Daisy. Chris Raschka.

Para primeros lectores:

   Otto, el perro cartero. Tor Freeman
   Imagina. Aaron Becker.
   La vaca Victoria. Nono Granero.
   El primer paso. Bob Graham.
   Linterna mágica. Lizi Boyd.
   Poemas de animales. Aquiles Nazoa.
   Después de la lluvia. Miguel Cerro.
   Ojos. Iwona Chmielewska.
   ¿Dos ojos? y Después. Lucie Félix.
   El gato de Matilda. Emily Gravett.
   Sir Nenúfar. Sara Ogilvie y Anna Kemp.
   Una fiesta sorpresa. Pat Hutchins.
   Macavity. El gato misterioso. Arthur Robins.
   El pequeño jardinero. Emily Hughes.
   El barco de Camila. Jirina Marton y Allen Morgan
   ¡Se busca! Lili la liebre, ladrona de libros. Emily Mackenzie.
   El Museo de Tronquito. Ashild Kanstad Johnsen.

También para primeros lectores, ediciones en castellano, o reediciones, de valiosos álbumes antiguos:

   El letrero secreto de Rosie. Maurice Sendak.
   ¿Quién compa un rinoceronte barato? Shel Silverstein.
   El dragón rojo. Max Velthuijs.

Mañana pondré más álbumes: informativos y para lectores más mayores.

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