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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 24 de enero de 2019

Lo que el infierno no es, de Alessandro D’Avenia, es una novela con dos hilos argumentales. Uno es la vida del sacerdote don Pino Puglisi, que fue profesor del autor en el liceo de Palermo y promotor de labores sociales en el barrio de Brancaccio, hasta que fue asesinado por la mafia en 1993. Otro sigue a Federico, un alumno de don Pino que, el verano del año 1993, cancela un viaje a Inglaterra para echarle una mano en actividades que realiza con chicos y chicas jóvenes; eso le permite conocer a una chica que colabora con el sacerdote, Lucía, de la que se enamora.

La trama contiene muchas reflexiones acerca del sentido de la vida y, como su protagonista tiene un gran interés por las palabras y la literatura, abundan las de tipo poético y literario, sobre los poemas de Petrarca en especial, pero también sobre las novelas de Dostoievski. Otro punto de interés del relato está en las descripciones de las formas de actuar de la Mafia —la de ganarse las voluntades de la gente más eficazmente que Dios, «porque para conseguir el pan nuestro de cada día Dios, a veces, nos hace sudar demasiado», y la de usar una violencia despiadada con quienes no se pliegan a ellos—.

Los capítulos son cortos, algunos muy cortos. Unos los narra Federico y otros cuentan historias de los niños y niñas, y de los mafiosos, con quienes se relaciona. No faltan escenas de crueldad y de gran violencia física. Por momentos, la prosa está un tanto recargada: el mismo narrador indica que su profesor de italiano le dice que tiene «tendencia a la exageración barroca». Al final entiende que «no basta con leer para ser hombres», que «no bastan los buenos pensamientos para ser hombres buenos», que para ser felices lo que más sirve es tener valor.

Con frecuencia la narración remite al título: Don Pino le decía a Federico que «si naces en el infierno necesitas al menos ver un fragmento de lo que no es el infierno para concebir que existe otra cosa. Por eso hay que empezar por los niños, es necesario rescatarlos antes de que los devore la calle, antes de que se forme una costra alrededor de su corazón». Y, después de la muerte de don Pino, es Federico quien se dirige a él: «Quita el amor y tendrás el infierno, me decías, don Pino. Pon el amor y obtendrás lo que no es el infierno. El amor es defender la vida de la muerte. De todo tipo de muerte».

Alessandro D´Avenia. Lo que el infierno no es (Ció che inferno non é, 2014). Madrid: La esfera de los libros, 2018; 357 pp.; trad. de Isabel Prieto; ISBN: 978-84-9164-367-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 23 de enero de 2019

Hace pocos meses se publicó de nuevo ¡Dídola pídola pon! o la vida debe ofrecer algo más, uno de los libros infantiles de Maurice Sendak menos conocidos. El relato habla de una perra sealyham terrier llamada Jennie, que lo tenía todo, incluso un «amo que la quería», pero que decide marcharse de casa porque, dice, «la vida ¡tiene que ofrecer algo más que el tenerlo todo!». Su ambición es llegar a ser «la primera dama del Teatro Mundial de Mamá Oca» cosa que, después de unos cuantos episodios, acaba consiguiendo.

Las ilustraciones en blanco y negro van, al principio de la historia, en las páginas izquierdas y, más adelante, ocupan las derechas y hay imágenes en ambas páginas cuando Jennie actúa en la representación de Dídola Pídola Pon, una nursery rhyme de las Mother Goose's Melodies que, en inglés, dice: «Higglety, pigglety, pop! / The dog has eaten the mop; / The pig's in a hurry, / The cat's in a flurry, / Higglety, pigglety, pop!». Fue algo característico de Sendak tomar pie de una cancioncilla infantil popular, sonora y de contenido confuso, para construir álbumes de argumentos surrealistas y pensados para ser leídos en voz alta.

Uno de los aspectos de interés del libro, que también orienta su interpretación, lo indica Ellen Duthie en este texto sobre Sendak cuando habla de la importancia que tienen para él las ventanas: en la primera imagen vemos a Jennie asomarse a la ventana mientras piensa que "la vida debe ofrecer algo más que tenerlo todo": «tiene claro que ese algo más está al otro lado de la ventana y no a éste. Aquí la ventana sirve de frontera entre lo conocido, rutinario y desesperadamente complaciente y la esperanza de algo mejor, más entretenido, que haga que la vida de la perrita cobre sentido».

Maurice Sendak. ¡Dídola pídola pon! o La vida debe ofrecer algo más (Higglety Pigglety Pop! Or, There Must Be More to Life, 1967). Pontevedra: Kalandraka, 2018; 70 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Agustín Gervás; ISBN: 978-84-8464-408-8. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 22 de enero de 2019

Hay álbumes que, con una estética distinta y cambios argumentales, vuelven a contar antiguas historias.

Un caso: Lejos, lejos de casa, de Sang Miao y Rachel Woodworth. La narradora empieza por decirnos que algunos días está FURIOSA, otros TRISTE (y al fondo vemos, en sombras, a los padres con el hermano pequeño)..., y esos días le gustaría estar muy lejos de su casa, en el bosque salvaje de su imaginación, dice. Después de un tiempo en ese lugar, vuelve a su casa, ya contenta. No hace falta decir que estamos ante una versión más de Donde viven los monstruos que, a diferencia del clásico, subraya explícitamente los sentimientos de la chica. A mí me han gustado las ilustraciones en acuarelas coloristas, un tanto repletas tal vez, pero eficaces y atractivas. La historia está bien, aunque usa expresiones más de adultos que de niña, y aunque se suma a la enorme avalancha de libros sobre asuntos emocionales y sobre niños centradísimos en sí mismos.

Otro caso: Lobitos, de David R. Lorenzo y José Carlos Román. Dos cachorros, Lobito y Lobita, alborotan a los animales del bosque haciendo todo tipo de travesuras. Su padre, al llegar la noche, les hace notar que en los bosque hay peligros y que deben ser cuidadosos. He recordado a Max y Moritz al leer esta historia, pero allí los gamberros recibían un castigo (sarcásticamente desmesurado), y aquí, como es tan habitual en las ficciones de hoy, a los gamberros se les consiente todo y el padre resulta patético (así que no estoy nada seguro del poso que pueda dejar la historia). Los dibujos de los personajes y la composición de las escenas tienen calidad, pero así como las que van sobre fondo blanco funcionan bien no me parece que lo hagan en otros casos, en los que las combinaciones de colores resultan confusas.

Sang Miao. Lejos, lejos de casa (Out, out, away from here, 2018). Texto de Rachel Woodworth. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2018; 32 pp.; trad. de Estrella B. del Castillo; ISBN: 978-84-948848-0-1. [Vista del álbum en amazon.es]
David R. Lorenzo. Lobitos (2018). Texto de José Carlos Román. Madrid: Narval, 2018; 32 pp.; ISBN: 978-84-949282-0-8. [
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lunes, 21 de enero de 2019

Hay álbumes que, de modo sencillo, logran condensar y transmitir a los más pequeños importantes actitudes vitales. Es el caso de Gracias abejas, de la ilustradora Tony Yuly: empieza con un niño que abre las cortinas y aparece un sol radiante, las sucesivas dobles páginas muestran escenas muy sintéticas de la vida cotidiana del niño (un niño de campo podríamos pensar), con textos escuetos y repetitivos —«El sol nos da luz. Gracias, sol», «Las abejas nos dan miel. Gracias, abejas», «La oveja nos da lana. Gracias, oveja», «Las nubes nos dan lluvia. Gracias, nubes», «Los árboles nos dan madera. Gracias, árboles», «El campo nos da plantas. Gracias, campo», «La tierra nos da nuestro hogar. Gracias, tierra»—, y termina con el niño durmiendo de nuevo en su cama. En fin, está bien lo de hacer conscientes a los lectores de las muchas cosas que reciben gratuitamente.

Toni Yuly. Gracias abejas (Thank you, bees, 2017). Barcelona: Corimbo, 2018; 32 pp.; trad. de María Ros; ISBN: 978-84-8470-579-6. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 19 de enero de 2019
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viernes, 18 de enero de 2019

Comentar el libro de un amigo es con frecuencia un problema. Sin embargo, a veces esto es muy sencillo pues el libro se comenta solo. Es el caso de A orillas del Bernesga, de Miguel Ángel Cercas, una colección de frases y aforismos anotados y organizados por el autor mes a mes. Son reflexiones bienhumoradas sobre las actitudes con las que afrontamos las cosas, uno mismo y las personas que nos rodean.

Algunas tienen que ver con el trabajo del autor como asesor financiero: «¿Me asesoras para mi beneficio o me vendes para el tuyo?».

Otras son como consejos elementales: «Sonríe, aunque solo sea por dentro».

Otras retratan a personajes que tenemos alrededor: «No ponía buena cara ni al buen tiempo».

Otras hacen notar que, con frecuencia, vivimos en un mundo falso: «Continuamente informado: de nada sabe».

En Pasen y lean hay una selección más extensa.

Miguel Ángel Cercas. A orillas del Bernesga. Aforismos, picaduras y demás (2018). Almería: Círculo Rojo, 2018; 152 pp.; ISBN: 978-84-1304-421-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 17 de enero de 2019

Patrick ha vuelto
es otra buena novela de intriga de Josephine Tey. Su trama no está tan conseguida como otras de la autora pero capta el interés. Una prestigiosa finca con establos de cría de caballos, administrada por la tía Bee desde que falleció el joven matrimonio Ashby dejando huérfanos a sus cuatro hijos, será heredada por el mayor, Simon, al alcanzar la mayoría de edad. Pero unos días antes de ese momento se presenta por sorpresa el gemelo de Simon, Patrick, que todos pensaban que se había suicidado tirándose por un precipicio y dejando una nota, cuando tenía catorce años. Los lectores saben la historia del recién llegado y que no es quien dice ser, pero su parecido con Patrick, sus conocimientos exhaustivos de su pasado familiar, y su dominio notable de los caballos, acaban convenciendo de lo contrario a la tía Bee, a los demás hermanos y a los conocidos de la familia, o eso parece. El narrador es omnisciente pero adopta por momentos el punto de vista de Bee o el del intruso. Todo se desarrolla más o menos verosímilmente y se resuelve con habilidad. La historia interesará, en particular, a los aficionados a los caballos.

Josephine Tey. Patrick ha vuelto (Brat Farrar, 1949). Gijón: Hoja de Lata, 2018; 380 pp.; trad. de Pablo González-Nuevo; ISBN: 978-84-16537-34-1. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 16 de enero de 2019

Hay autores cuyos libros tienen siempre un nivel alto aunque no siempre consigan un acierto completo. Es el caso de Lois Lowry en Los hermanos Willoughby, un relato paródico que prueba la gran versatilidad y el dominio de la escritora, pero cuyo público natural está formado por quienes sean capaces de seguir el juego de romper las expectativas que se ha propuesto Lowry. Su argumento es que unos padres se van de viaje, abandonando a sus cuatro hijos, al cuidado de una niñera, y en la vida de los cuatro (aparentemente) modélicos hermanos Willoughby, de los que se nos dice que están «chapados a la antigua», empiezan a pasar todo tipo de cosas.

El aviso de la portada ya recuerda Una serie de catastróficas desdichas pero, además, el narrador va introduciendo muchas observaciones, según va contando lo que sucede, al modo que se hace en los libros de esa serie: abundan las palabras singulares que a veces explica en la misma narración y cuyo significado, en cualquier caso, se detalla en un glosario con términos como Abyecto, Críptico, Deleznable, Hediondo, Patético, Plañido… El argumento tiene multitud de guiños a historias clásicas de huérfanos e incluso, al final, hay comentarios a varios libros de ese estilo: Ana de las Tejas Verdes, Canción de Navidad, El jardín secreto, Heidi, Jane Eyre, James y el melocotón gigante (Roald Dahl), Las aventuras de Huckleberry Finn, Mary Poppins, Mujercitas, Pollyanna… y otros menos conocidos en España. A mí me interesa todo lo que escribe Lowry y disfruto con estas bromas posmodernas de citar libros, pero dudo de que los lectores de diez u once años tengan igual actitud y gustos que yo.

Lois Lowry. Los hermanos Willoughby (The Willoughbys, 2008). Madrid: Anaya, 2018; 175 pp.; trad. de Jaime Valero; ISBN: 978-84-698-4730-5. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 15 de enero de 2019

Otra historia bedtime del mismo grupo que la de ayer, aunque también se puede incluir entre las de relaciones de los niños con sus juguetes, es Buenas noches, Planeta, un álbum que, igual que otro cómic de Liniers del que hablé tiempo atrás, está inspirado en juegos de sus hijas. En él se cuentan las andanzas nocturnas de un peluche que, cuando su dueña se acuesta, se junta con Elliot, el perro-cachorro de la casa, para ir en busca de una galletita. Pero aparece un ratón que les propone ver la galletita más grande del mundo: y cuando salen afuera, el ratón les señala la luna. El encanto del relato no está tanto en el argumento como en algunas escenas graciosas concretas, y en que son magníficos los dibujos a tinta y acuarela y el desarrollo del relato, como podemos esperar de un gran maestro de las tiras cómicas como es el autor. El título puede resultar desorientador: al principio uno espera otra cosa, y no que el peluche se llame Planeta (por más que la cubierta lo anuncie). Al final figuran fotografías del peluche y del perro en los que se apoya el relato.

Liniers. Buenas noches, Planeta (Good Night, Planet, 2017). Madrid: Impedimenta, 2018; 36 pp.; col. El chico Amarillo; ISBN: 978-84-17115-84-5. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 14 de enero de 2019

Además de los citados, otro tipo de álbumes que algunos consideran bedtime son esos que cuentan las cosas que ocurren por la noche mientras uno duerme, como  ¡Qué risa de huesos!, de Janet & Allan Ahlberg, un álbum bien construido y divertido por su argumento y sus dibujos graciosos. Es el primero de una serie protagonizada por tres esqueletos: uno grande, uno pequeño, y un perro-esqueleto. Esta vez los tres abandonan el sótano en el que ¿viven? y salen por la noche dispuestos a buscar alguien a quien asustar, pero como todo el mundo está en la cama, deciden asustarse a sí mismos y jugar con los esqueletos de los animales del zoo, entre otras actividades. A veces, los autores componen sus páginas con viñetas y sus personajes hablan en globos de texto, al modo de los cómics. Los fondos son frecuentemente negros y las palabras de la historia van en blanco. La traducción española es fiel al original e igualmente simpática por más que, por ejemplo, no sea igual la sonoridad de «On a dark dark hill / there was a dark dark town» que la de «En una oscura, oscura colina, / había una oscura, oscura ciudad».

Janet & Allan Ahlberg. ¡Qué risa de huesos! (Funnybones, 1980). Pontevedra: Kalandraka, 2018; 32 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Miguel Á. Diéguez; ISBN: 978-84-8464-385-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 12 de enero de 2019

He puesto datos de nuevas y recientes ediciones de Julie y los lobos, El último trabajo del señor Luna, Cuentos del Oeste, Moby Dick.

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viernes, 11 de enero de 2019

En una conversación con amigos de hace unos meses recordaba que quizás los thriller que leí con más interés en el pasado fueron El espía que surgió del frío, de John Le Carré, La alternativa del diablo, de Frederick Forsyth, y La caza del submarino ruso (o La caza del Octubre Rojo), de Tom Clancy. También hablamos de que las tres novelas fueron referencias en el género: la primera por ir contracorriente al presentar al mismo nivel de inmoralidad a los servicios secretos de Inglaterra y la Unión Soviética; la segunda, porque introdujo a políticos del momento en la trama, con otros nombres pero con rasgos que los hacían reconocibles; y la tercera, que fue la primera de su autor, por dar origen a los que se llamaron tecnothrillers, los relatos que se apoyan mucho en la descripción documentada de las armas más avanzadas. Las tres respondían a la situación de Guerra Fría que se vivía en aquel momento, aunque si la primera resultaba inquietante para el público occidental las otras eran claramente más comerciales y buscaban ser tranquilizadoras. Las dos últimas ejemplifican bien que los autores que supuestamente saben más de lo que hablan no dan en el clavo cuando avanzan el futuro en sus novelas.

Así que, después de aquella charla, las releí para ver qué impresión me causaban hoy.

El espía que surgió del frío se centra en Alec Leamas, jefe del espionaje inglés en Alemania. Cuando todos los agentes que dependen de él son eliminados por su colega de Alemania Oriental, un tal Mundt, vuelve a Inglaterra. De acuerdo con sus jefes monta un teatrillo para pasar por desertor a los ojos de sus oponentes en busca de que, al cabo de un tiempo, el contraespionaje de los países del Este contacte con él: su objetivo es eliminar a Mundt de una forma u otra.

La alternativa del diablo se desarrolla en muchos escenarios, todos descritos con detalle. Hay escasez de trigo en la Unión Soviética, se anuncian revueltas, y puede ocurrir que haya un golpe interior que lleve al poder a los halcones del Kremlin, dispuestos a invadir Europa. Los gobiernos de Inglaterra y Estados Unidos cuentan con una persona infiltrada en el mismo Kremlin que les suministra información clave de lo que ocurre. Entretanto, un grupo de terroristas ucranianos da un golpe al régimen soviético, que primero es el asesinato del jefe de la KGB y luego un secuestro de un avión ruso que desean llevar a Israel: si todo sale como los terroristas piensan, también los halcones del Kremlin se harían con el poder.

La caza del Octubre Rojo cuenta la huida a Estados Unidos del submarino más avanzado de la Unión Soviética. El relato sigue, por un lado, las acciones del experto comandante del submarino; por otro, los pasos que dan los rusos para evitarlo; por otro, las conjeturas de los servicios de inteligencia occidentales para intentar adivinar lo que está pasando y luego para facilitar las cosas al submarino soviético. Además del contenido de las reuniones, en la CIA, en la Casa Blanca y en Kremlin, la novela cuenta con detalle las operaciones militares, en submarinos, barcos y aviones que tienen lugar alrededor del Octubre Rojo. Tiene un papel destacado el analista de la CIA Jack Ryan, que más adelante protagonizará otras novelas del autor.

La novela más duradera de las tres es la de Le Carré: por ser más limitada en sus escenarios es más comprensible y por estár más centrada en los conflictos humanos es más cercana. Una de las fortalezas de las otras dos fue circunstancial y hoy es un lastre: las muchas informaciones técnicas que ya no están vigentes. En la novela de Le Carré hay tal vez un exceso de cinismo —no es que las cosas no puedan ser así sino que todo está muy enfocado para dejar ese sabor de boca desencantado en el lector—. En las otras hay un exceso de triunfalismo, como si sus autores quisieran convencer al público de que los gobernantes de la época eran al fin buena gente, o que en ambos había buena gente —para Forsyth los de los dos lados, para Clancy los occidentales— y para dejarlo tranquilo pues quienes velaban por la seguridad de Occidente hacían bien su trabajo.

Lo mejor de las tres es su maestría técnica: las tramas están medidas al milímetro y todo encaja de modo perfecto, la tensión se apoya en unas huidas y persecuciones muy bien contadas, y se transmite en todo momento al lector la sensación de que los autores son fiables y saben de qué hablan. Una reflexión que me hacía al leerlas ahora es la de que los hilos argumentales se tensan continuamente de un modo que sería imposible actualmente: las demoras que se van dando, debido a que muchos mensajes tenían que transmitirse personalmente o por medios tecnológicamente anteriores a los nuestros, resultan, por escrito, poco imaginables o difíciles de soportar para quienes usan móviles e internet desde pequeños.

Un párrafo que aclara por qué El espía que surgió del frío sigue teniendo interés humano ahora lo tenemos en las justificaciones del jefe de Alec Leamas, al que se llama Control, para obrar como lo hacen: «Hacemos cosas desagradables para que la gente corriente, aquí y en otros sitios, puedan dormir seguros en sus camas por la noche. ¿Es eso demasiado romántico? Desde luego, a veces hacemos cosas auténticamente malvadas —hacía muecas como un colegial—. Y, al contrapesar asuntos morales, más bien nos metemos en comparaciones indebidas: al fin y al cabo, no se pueden comparar los ideales de un bando con los métodos del otro, ¿no es verdad?».

Un párrafo que pone de manifiesto una de las fortalezas de La alternativa del diablo en su momento, pero que ahora nos hace sonreír, es el elogio del narrador a Margareth Thatcher: de uno de los personajes se indica que «había trabajado con tres primeros ministros, y el último era, con mucho, el más exigente y expeditivo. Durante años había circulado el chiste de que el partido en el Gobierno estaba lleno de viejas de ambos sexos; afortunadamente, ahora era regido por un verdadero hombre. Se llamaba mistress Joan Carpenter».

Una sentencia que podríamos encontrar en muchas novelas del género, pues supuestamente pretende revelar el mundo propio del espionaje político, es este de La caza del Octubre Rojo: «usted conoce muy bien la Primera Regla de Seguridad: la probabilidad de que un secreto trascienda es proporcional al cuadrado del número de personas que lo conocen».

Por último, unas consideraciones que hace Ursula Le Guin cuando habla de la importancia de que un escritor cultive y ponga en práctica las reglas del género en el que se sitúa su novela: «el principal motivo de la tozuda popularidad de las novelas románticas, las historias de misterio, la ciencia ficción y los wésterns, pese a las décadas de negligencia y desprecio crítico y académico» está en que respetan las convenciones propias de su género. «Una novela de género cumple con ciertas obligaciones genéricas. Una novela de misterio proporciona alguna clase de acertijo y su resolución; una fantasía rompe las normas de la realidad de un modo significativo; una novela romántica ofrece el impedimento y la consumación de una historia de amor. En el plano más bajo, el género brinda la clase de fiabilidad que ofrece una cadena de hamburgueserías».

John Le Carré. El espía que surgió del frío (The Spy Who Came in from the Cold, 1963), Barcelona: Debolsillo, 2016. [Vista del libro en amazon.es]
Frederick Forsyth. La alternativa del diablo (The Devil's Alternative, 1979), Barcelona: Debolsillo, 2017. [
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Tom Clancy. La caza del Octubre Rojo (The Hunt for Red October, 1984), Barcelona: Plaza & Janes, 1987. [
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El texto de Ursula K. Le Guin está en Contar es escuchar: sobre la escritura, la lectura, la imaginación (The Wave in the Mind: Talks and Essays on the Writer, the Reader, and the Imagination, 2004). Madrid: Círculo de Tiza, 2017; 402 pp.; trad. de ; ISBN: 978-84-947707-0-8. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 10 de enero de 2019

Unos párrafos de Ursula Le Guin sobre las diferencias entre leer y visualizar:

«Leer es un acto sumamente misterioso. En absoluto ha sido reemplazado ni lo será por ninguna forma de visualización. Visualizar algo es una tarea totalmente distinta, con otras recompensas. Un lector crea el libro al leer, le confiere significado al traducir símbolos arbitrarios, letras impresas, en una realidad interior y privada. Leer es un acto creativo. Visionar es algo relativamente pasivo. El espectador que ve una película no crea esa película. Ver una película es dejarse llevar por ella, participar en ella, pasar a formar parte de ella. Quedar absortos. Los lectores devoran libros. Las películas devoran a los espectadores».

«Leer es una transacción activa entre el texto y el lector. El texto está bajo el control del lector, que puede saltar, demorarse, interpretar, malinterpretar, volver atrás, reflexionar, plegarse a la historia o negarse a hacerlo, juzgar, modificar sus juicios; que tiene el tiempo y el espacio necesarios para interactuar genuinamente. Una novela es una colaboración activa y continua entre el escritor y el lector. Visualizar supone una transacción diferente. No es un acto colaborativo. El espectador consiente en participar y cede el control al director o al programador. En un sentido psíquico, ante una narración audiovisual no hay tiempo ni espacio para otra cosa que no sea el programa en curso. Para el espectador, la pantalla o el monitor es por un momento el universo».

Ursula K. Le Guin. Contar es escuchar: sobre la escritura, la lectura, la imaginación (The Wave in the Mind: Talks and Essays on the Writer, the Reader, and the Imagination, 2004). Madrid: Círculo de Tiza, 2017; 402 pp.; trad. de Martín Schifino; ISBN: 978-84-947707-0-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 9 de enero de 2019

Mary, que escribió Frankestein, un relato de Linda Bailey ilustrado por Júlia Sardà, es un buen libro que ejemplifica bien un problema del «género álbum» o, si se quierre, de algunos libros ilustrados de hoy. En él se cuenta cómo Mary Shelley llegó a componer su novela Frankestein y destaca el mérito de que una chica de 18 años escribiera un relato cuyo reconocimiento e impacto popular superará, con mucho, las obras de los varones de su entorno, buenos escritores y poetas. Tiene, también, unas imágenes eficaces, aunque cabría pensar si no exageran el componente gótico: como si los tonos de la vida de la autora fueran casi exclusivamente los que a nosotros nos sugiere la novela y las películas derivadas de la novela.

El problema al que me refiero arriba es, primero, si los contenidos del relato son apropiados para un público lector joven que, seguramente, busca o desea algo más que una historia simplificada (opinión en la que mi propia vida como lector joven seguramente influye). En cuanto a quienes siguen el «género álbum» tal vez pensarán que las imágenes están confeccionadas para mostrar momentos de la narración o puntos que se mencionan en ella pero no para «construir» un álbum; es decir, no verán en ellas el elemento diferencial propio de un álbum. Así que me pregunto si una historia como esta no pide, en vez de un libro con formato de álbum, un relato biográfico más extenso y más elaborado, que puede hacerse más atractivo con unas buenas ilustraciones; es decir, un libro que, ya desde su aspecto externo y su presentación, no pretendiese pasar por libro-álbum sino ser un libro bien ilustrado.

En cualquier caso, como digo, buen libro, que al final contiene una nota biográfica sobre Mary Shelley y una bibliografía sobre ella. En castellano se puede leer la excelente biografía que preparó Muriel Spark.

Linda Bailey. Mary, que escribió Frankestein (Mary Who Wrote Frankestein, 2018). Madrid: Impedimenta, 2018; 56 pp.; col. La pequeña Impedimenta; ilust. de Júlia Sardà; trad. de Raquel Moraleja; ISBN: 978-84-17115-90-6. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 8 de enero de 2019

De modo parecido a lo que decía en la nota de ayer, hoy se componen muchos libros infantiles con propósitos educativos explícitos, y se ofrecen menos que, simplemente, presentan una historia real, desconocida, divertida e interesante para todos los públicos, como es El taxidermista, el duque y el elefante del museo, de Ximena Maier.

Se cuenta en él la historia de un elefante africano que pueden admirar los visitantes del Museo de Ciencias Naturales de Madrid desde 1930. Todo comienza cuando lo cazó el Duque de Alba en 1913 y envió su piel al Museo para que tuvieran allí un ejemplar disecado. Después de algunos retrasos, Luis Benedito, el taxidermista del museo, que nunca había visto un elefante africano, empezó su trabajo no sin antes documentarse bien. En 1930 el elefante ya terminado fue mandado al Museo en una extraña procesión, Castellana arriba, y colocado en el sitio que sigue ocupando hoy.

La narración atrae porque se basa en una buena anécdota histórica, bien documentada; porque la secuencia de las cosas que van pasando y del trabajo que han de hacer Benedito y sus ayudantes se muestra con orden y buen humor; porque las figuras resultan cercanas y las distintas escenas, de trabajo o de vida urbana de Madrid, atrapan bien la sensación de «bien pudo ser así». Son toques constructivos hábiles el Dramatis personae con el que comienza el libro, pues divierte y estimula el interés, y la relación final de «Materiales que se usaron» con el importe de cada uno, una excelente doble página conclusiva que pica la curiosidad. Y, ni que decir tiene, resulta gracioso el inesperado desenlace del relato, tan bien comentado en este artículo, donde además se resalta que la historia es un homenaje «al trabajo callado, persistente, vocacional y —también hay que reconocerlo— muy imaginativo».

Ximena Maier. El taxidermista, el duque y el elefante del museo (2018). Madrid: Nido de ratones, 2018; 64 pp.; ISBN: 978-84-947986.

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lunes, 7 de enero de 2019

En muchos álbumes se nota que los autores han pensado en buscar el aplauso del público adulto y se han olvidado de un punto básico: divertir a los niños, que se lo pasen bien. Hay autores del pasado, sin embargo, que no lo pierden de vista y sus historias, mejores o peores, siempre tienen chispa. Es el caso de Roger Duvoisin, del que se ha publicado hace poco Verónica, un álbum de 1962 sobre una hipopótama joven que deseaba llamar la atención pero no podía porque vivía con una gran familia de hipopótamos y, suspiraba, «aquí nadie sabe que existo». Así que decide dejarlos e irse a una ciudad llena de hombres donde, para su satisfacción, comprueba que NO HABÍA NI UN SOLO HIPOPÓTAMO A LA VISTA y allí donde va destaca...

Como es habitual en el autor, los dibujos son excelentes y abundan los momentos narrativos que, visualmente, resultan muy cómicos. La figura y expresiones de Verónica son graciosas. Es excelente la secuencia de dobles páginas, que alternan escenas en color con otras en blanco y negro. Es fácil la lectura porque los párrafos van prácticamente siempre sobre fondo blanco. No es necesario sacar ninguna lección del album sobre los problemas de la fama o la importancia de saber donde te metes…, aunque tal vez haya que advertir a los lectores más crédulos que no todos tienen tanta suerte como Babar o Verónica, que acaban encontrando en su camino una amable anciana que los saca de los líos en los que se meten.

Roger Duvoisin. Verónica (Veronica, 1962). Barcelona: Alba, 2018; 33 pp.; col. Cuentos Vintage; trad. de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera; ISBN: 978-84-9065-468-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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