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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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lunes, 27 de junio de 2016

El gato, el perro, Caperucita Roja, los huevos explosivos, el lobo y el armario de la abuelita, un álbum en cuyo interior se dice que es de Christyan Fox, aunque en la cubierta y en otros lugares lo firman él y Diane Fox, es una historia realmente cómica, con un texto hilarante y unas imágenes expresivas aunque simples —dibujos en blanco y negro con toques de color—.

Un gato le cuenta Caperucita a un perro muy preguntón e imaginativo. Cuando el gato empieza diciendo que «es la historia de una niña que siempre se pone una capa roja», el perro dice: «¡Cómo Mooola! Me encantan las historias de superhéroes. ¿Qué poder especial tiene la niña?» El gato le dice que no tiene poderes especiales pero el perro no se lo cree y piensa que Caperucita puede lanzar un Rayo de Amabilidad… El gato se desespera cuando ve que el perro no se aclara y, además, sigue interrumpiéndolo una y otra vez.

La mirada del lector se dirige a los párrafos de texto, que van colocados en distintos lugares de las páginas sucesivas, y en los que la tipografía cambia con el fin de resaltar unas u otras cosas. El relato y los personajes son verdaderamente graciosos… para quien ya conozca el relato y para quien aprecie los golpes humorísticos de las repetidas interrupciones. En este sentido, es un álbum muy eficaz para una lectura dramatizada y mínimamente representada. Al álbum no le falta un toque metafictivo posmoderno más: el gato le explica al perro qué son las guardas de un libro.

Christyan Fox. El gato, el perro, Caperucita Roja, los huevos explosivos, el lobo y el armario de la abuelita (The Cat, the Dog, Little Red, the Exploding Eggs, the Wolf and Grandma’s Wardrobe, 2014). Texto de Diane Fox. Madrid: Bruño, 2015; 24 pp.; trad. de Roberto Vivero; ISBN: 978-84-696-0402-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 26 de junio de 2016

Tiempo atrás puse una breve nota sobre El Bajísimo, la fascinante y singular biografía de san Francisco de Asís escrita por Christian Bobin. He vuelto a leerla y a tomar notas, ahora que conozco un poco más al autor. En realidad, aunque la narración avanza cronológicamente, contando y comentando hechos de la vida de san Francisco, lo cierto es que, como la vida de san Francisco, el libro va de intuición en intuición o de fogonazo en fogonazo. Igual que, dice Bobin, «la voz de Dios está en la Biblia bajo toneladas de tinta, como la energía concentrada bajo toneladas de cemento en una central atómica», también lo está en vidas como la de san Francisco: esto es lo que, a su modo, le interesa subrayar al autor.

Para eso se apoya en algunas escenas bíblicas que comenta de modo inesperado. Así, en el Libro de Tobías se habla de que Tobías se fue con el ángel y el perro le siguió, y continúa Bobin: «no hay muchos perros en la Biblia. Hay ballenas, ovejas, pájaros y serpientes, pero muy pocos perros. Ni siquiera conocemos a ese, que se arrastra por los caminos siguiendo a sus dos dueños: el niño y el ángel, la risa y el silencio, el juego y la gracia. Perro Francisco de Asís».

Se apoya también en comparaciones entre el siglo XIII y el siglo XX, como para facilitar al lector que comprenda la diferencia de mentalidades, y para dibujar un cuadro con luces y sombras muy contrastadas. Apunta que, en el siglo XIII, había mercaderes, sacerdotes, soldados y una cuarta clase formada por los pobres, y, en cambio, hoy sólo hay dos clases, la de los mercaderes y la de los pobres. Señala cómo el siglo XIII era un siglo de constructores de iglesias y de palabras, como santo Tomás, un siglo con «el corazón lleno de esperanza, es lo que da a los rostros de las iglesias románicas esos ojos tan grandes, esos ojos tan redondos»; y cómo el siglo XX, sin embargo, «tiene que aullar, gritar con luces violentas, con colores ensordecedores, con imágenes desesperantes a fuerza de ser alegres, imágenes sucias a fuerza de ser limpias, tan vaciadas de toda sombra como de toda pesadumbre. Imágenes inconsolablemente alegres».

Contrasta los distintos modos que tienen las madres y los padres de acercarse a las cosas de la vida. Dice, por ejemplo, que «las madres tienen a Dios a su cargo», que «incluso las malas madres se hallan en esa proximidad de lo absoluto, en esa familiaridad con Dios que los padres no conocerán nunca, extraviados como están en el deseo de cumplir bien su papel, de ocupar bien su puesto. Las madres no tienen puesto, no tienen papel. Nacen al mismo tiempo que sus hijos». O apunta que «el hombre es quien se halla en su lugar de hombre, quien se halla allí con pesadez, con seriedad, caldeado por su miedo. La mujer es la que no está en lugar alguno, ni siquiera en el suyo, desapareciendo siempre en el amor que reclama, que reclama, que reclama».

Hace distinciones entre los que comprenden y los que no comprenden. Entre los últimos están los profesores que enseñan «a los demás las palabras que ellos mismos han encontrado en los libros»; o los cronistas que, acerca de Francisco, dicen cosas como que «Dios le habla y le detiene en el camino», y así «convierten a los hombres en marionetas y a Dios en un ventrílocuo». En cambio, entre los pobres, entre los leprosos y los miserables, sí que hay quienes «saben lo bastante del mundo para comprender de dónde proceden» los gestos de Francisco, para comprender que no proceden de él «sino de Dios: sólo el Bajísimo puede inclinarse tan profundamente con tal sencilla gracia».

Porque, para Francisco, Dios no es «el Altísimo con su voz de rayo», sino «el Bajísimo que susurra al oído del durmiente, que habla como sólo él puede hablar: en voz muy baja. Un jirón de sueño. El piar de un gorrión». Algo que basta para que alguien como Francisco, «como un perro que ventea la presa», adivine «por instinto que la verdad está mucho más en lo bajo que en lo alto, mucho más en la carencia que en la plenitud». Y así, al apostar decididamente por «la abundancia que ningún dinero puede dar», se acaba convirtiendo en un «maravilloso conductor de júbilo –como se dice de un metal que es buen conductor cuando deja pasar el calor sin pérdida o casi—».

Christian Bobin. El Bajísimo. San Francisco de Asís (Le Très-Bas, 1992). Barcelona: Thassàlia, 1997; 118 pp.; col. El imaginario; traducción de Manuel Serrat Crespo; ISBN 84-8237-082-0.

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sábado, 25 de junio de 2016

Otro libro leído para la segunda edición de La eficacia del optimismo, publicado hace poco fue El universo de Dickens. Una lección de humanidad, de Mariano Fazio. El autor se apoya en los contenidos de las obras de Dickens con la intención de poner en claro algunas de sus creencias de fondo (algo que, por cierto, deja ver la inexactitud de observaciones como las que indiqué al final del comentario de la biografía de Claire Tomalin). El autor, después de una breve biografía de Dickens, habla de dieciocho novelas o relatos suyos. En cada capítulo da el argumento de la obra en la que se fija y, con numerosas citas, suele centrarse luego en los rasgos principales de algún personaje seleccionado.

En la introducción se indica que si a Dickens se le ha acusado a veces de moralista, cosa que no es en sí misma negativa, este libro también lo es y, de hecho, al final de cada capítulo se añade alguna reflexión acerca de las cualidades comentadas. El autor desea hablar de la dignidad de la persona humana por boca de Dickens y apuntar algunas de sus claves antropológicas. Estas, que figuran ya en el primer capítulo, dedicado a Grub el enterrador, personaje de un cuento incluido en Aventuras de Pickwick, son las siguientes: «Encontrar sentido a la vida de todos los días (…); preocupación por todas las personas y en especial por los pobres y humildes; esperanza de una felicidad en el Más Allá que ya se incoa en esta vida a través del don sincero de sí».

Mariano Fazio. El universo de Dickens. Una lección de humanidad (2015). Madrid: Rialp, 2016; 197 pp.; ISBN: 978-84-321-4589-6. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 24 de junio de 2016

En lo que tienen de novelas históricas y de costumbres los libros de El joven samurái tienen aspectos que no parecen muy fiables. Por ejemplo, que los dos únicos jesuitas que figuran en la trama se comporten de un modo tan canalla como podrían hacerlo en una novela de Dumas. Sin embargo, son interesantes los que narran el aprendizaje de Jack: los del conocimiento de las técnicas de combate, los que hablan de las peculiaridades culturales japonesas, y los que constatan su asombro ante los contrastes tan fuertes entre unos comportamientos exquisitos y otros enormemente bárbaros.

Así, se habla de la importancia de la forma de escribir Kanji, una forma de arte que requiere años de instrucción; del significado del origami para un samurai: aprender a ir más allá de los límites obvios y adquirir la capacidad doblarse y plegarse a la vida; de los haikus, que la profesora describe así: «un gran poema haiku debe clavar el momento, expresar su atemporalidad». También se ve cómo Jack ha de aprender numerosísimas reglas, para no ser maleducado en la relación con los demás: algunas pueden parecer o ser excesivas pero, en concreto, es interesante ver el gran valor que se da al hecho de disculparse, pues significa una «aceptación de la responsabilidad de las propias acciones y el deseo de evitar echar las culpas a los demás. Si uno se disculpa y muestra remordimiento, los japoneses están dispuestos a perdonar y no mantener ninguna enemistad».

Luego, en el transcurso de su aprendizaje, a Jack se le transmiten enseñanzas valiosas:

—«el valor no es la ausencia del miedo, sino más bien el juicio de que otra cosa es más importante que el miedo»;

—«siete veces abajo, ocho veces arriba. No importa cuántas veces te derriben: levántate e inténtalo de nuevo»;

—«la venganza es una derrota en sí misma. Te reconcomerá hasta que no quede nada de ti»;

—«no juzgues cada día por la cosecha que recolectas. (…) Juzga por las semillas que plantas».

Pero, eso sí, no faltan enseñanzas contradictorias:

—así, por un lado, «la rectitud, la habilidad para juzgar lo que está bien y lo que está mal es la clave para ser un samurái»; en cambio, por otro, la técnica de los Dos Cielos «no trata sólo de empuñar dos espadas» sino que su esencia «es el espíritu de la victoria: vencer por cualquier medio y con cualquier arma»;

—o bien, por un lado, cuando le explican el tiro con arco, le dicen algo bien concreto: que «como cualquier arte, el secreto se revela a través de la dedicación, el trabajo duro y la práctica constante»; por otro, para que los sentimientos no le afecten a la hora de luchar, le dicen algo bastante más difícil de agarrar: «deja que desaparezcan mientras se forman como letras dibujadas con un dedo sobre el agua».

Chris Bradford. El joven samurai: El camino del guerrero (The Young Samurai. The Way of the Warrior, 2008). Barcelona: Ediciones B, 2008; 300 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafa Marín; ISBN: 978-84-666-3864-7. [Vista del libro en amazon.es]
Chris Bradford. El joven samurai: El camino de la espada (The Young Samurai. The Way of the Sword, 2009). Barcelona: Ediciones B, 2010; 348 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafael Marín; ISBN: 978-84-666-4123-4. [
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Chris Bradford. El joven samurai: El camino del dragón (The Way of the Dragon, 2010). Barcelona: Ediciones B, 2010; 483 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafael Marín; ISBN: 978-84-666-4528-7. [
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jueves, 23 de junio de 2016

Cuando leí estos comentarios busqué los tres primeros libros de la serie El joven Samurái, de Chris Bradford, que, por lo que sé, son los únicos publicados en castellano.

El camino del guerrero comienza en 1611, en las costas japonesas. El joven Jack Fletcher, doce años, es el único superviviente a un ataque de piratas ninjas contra el barco mercante que pilotaba su padre. Es recogido en la casa de un famoso samurái, Masamoto Takeshi, donde comienza su adaptación al país pero, incluso allí, vuelve a ser buscado por los ninjas. Estos desean el cuaderno de bitácora que le dejó su padre, que tiene un gran valor comercial y político pues contiene información sobre rutas de navegación seguras por todo el mundo. Averigua entonces que los ninjas están dirigidos por el temible Ojo de Dragón, un ninja que también asesinó, tiempo atrás, al hijo mayor de Masamoto. Este, pocos meses después, a la vista de las buenas cualidades de Jack, lo envía a la escuela de futuros samuráis que dirige él mismo, la Niteh Ichi Ryû, o Escuela de los Dos Cielos. Allí hace amigos, con apoyo sobre todo de Akiko, una chica que le hace comprender las costumbres japonesas. Su oponente principal en la escuela es uno de los más dotados luchadores, llamado Kazuki, que odia profundamente a los gaijin (o extranjeros), y también, al principio, tiene como rival a Yamato, el hijo de Masamoto.

El camino de la espada narra el segundo año de Jack en la escuela. Van en aumento los prejuicios de algunos compañeros contra él según se propaga, en todo Japón, la persecución contra los extranjeros y los cristianos. Jack aprende nuevas habilidades y se prepara para el desafío al que deberá enfrentarse al término del curso: el círculo de Tres. Esto es importante porque sólo quienes lo pasan con éxito podrán ser entrenados en la técnica de lucha de los Dos Cielos, y Jack piensa que dominarla es su única posibilidad para derrotar a Ojo de Dragón cuando regrese a por él.

El camino del dragón es el tercer año. Jack se prepara para aprender los Dos Cielos: cómo combatir empleando a la vez una espada larga y una corta. Pero el conflicto social va en aumento y a los pocos meses estalla una guerra feroz en la que son alistados los alumnos mayores de la escuela junto con sus maestros. Jack se verá entonces amenazado, no sólo por Kazuki y Ojo de Dragón, sino también por un poderoso y malévolo jesuita que no puede ni ver a los protestantes ingleses. La edición española de este libro se abre con un episodio, titulado El camino del fuego, que cronológicamente corresponde al libro anterior.

Excepto el comienzo del primer libro y la segunda mitad del tercero, el esquema es el mismo. Por un lado, las clases en el interior de la escuela con muchas enseñanzas sobre formas de manejar distintas armas y formas de vida japonesas. El motivo por el que las enseñanzas son tan variadas es que, tal como le dirá a Jack el maestro de Zen en el tercer libro, «una nación que crea una diferencia demasiado grande entre sus sabios y sus guerreros acabará con su pensamiento realizado por los cobardes y su lucha librada por los idiotas». Por otro, se suceden distintos desafíos: unos son personales y están planteados por los enemigos del interior, Kazuki y su banda; otros son los planteados por los profesores, pues algunos no miran con simpatía a Jack; y otros son los colectivos, ya que la Escuela rivaliza con otras escuelas semejantes. Además, no faltan, en cada libro, unos asaltos de los ninjas con Ojo de Dragón al frente. Esto se adereza con los problemas personales que, por distintos motivos, tienen los amigos de Jack, con las extrañas desapariciones de Akiko, y con el misterio de quién es el hombre poderoso al que obedece Ojo de Dragón.

Un primer juicio global es que son novelas atractivas para muchos lectores, porque sus tramas tienen tensión, los héroes y rivales están bien dibujados, las descripciones de las artes marciales diversas y del uso de sus armas propias son excelentes, e incluso los elementos de tipo místico no suenan exagerados, aunque según avanza la historia van en aumento y la resolución de algunos asuntos es casi propia de novelas de fantasía. Algunos aspectos del interior de la escuela, así como los conflictos personales y colectivos, recuerdan las novelas de Harry Potter, aunque aquí las enseñanzas llegan a mayores extremos de competividad y violencia, que a veces podrían calificarse de enfermizas.

Hay muchos combates espectaculares que, para los no aficionados, tal vez sean excesivos, aparte de que el autor abusa del recurso de cómic de acabar los capítulos en un punto crítico en el que todo parece perdido para los héroes. Luego, como en tantas novelas con peleas terroríficas, no faltan los momentos enfáticos, como cuando se nos dice que Jack, prácticamente vencido en un combate, «experimentó una nada infinita». También hay técnicas de lucha poco creíbles, como la del kiaijutsu, el arte secreto de unos monjes guerreros que vencen a sus enemigos con un grito: el kiai, un alarido que no se trata de que sea muy fuerte sino bien concentrado, pues «la brisa más pequeña puede crear olas en el océano más grande»… Y, aunque históricamente sea cierto que hubo en aquellos siglos una buena cantidad de mujeres samurái, las frases para reivindicar el papel luchador de las chicas suenan demasiado a muchas novelas de ahora: cuando Jack, en un ataque de los ninjas, se sorprende de la enorme habilidad de Akiko en el combate y le pregunta cómo ha podido hacer eso, ella responde indignada: «Las mujeres japonesas no sólo llevan quimonos, Jack».

Chris Bradford. El joven samurai: El camino del guerrero (The Young Samurai. The Way of the Warrior, 2008). Barcelona: Ediciones B, 2008; 300 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafa Marín; ISBN: 978-84-666-3864-7. [Vista del libro en amazon.es]
Chris Bradford. El joven samurai: El camino de la espada (The Young Samurai. The Way of the Sword, 2009). Barcelona: Ediciones B, 2010; 348 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafael Marín; ISBN: 978-84-666-4123-4. [
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Chris Bradford. El joven samurai: El camino del dragón (The Way of the Dragon, 2010). Barcelona: Ediciones B, 2010; 483 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafael Marín; ISBN: 978-84-666-4528-7. [
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miércoles, 22 de junio de 2016

Otro álbum que, como los de ayer y anteayer, habla de convivencia pero no buscando tener un tirón directo entre lectores niños sino intentando tocar el corazón de algunos adultos: Los hilos invisibles, de Matilde Portalés y Montse Torrents. Es un álbum gráficamente cuidado que, de modo poético, trata sobre algunas emociones infantiles. En las sucesivas dobles páginas van pequeños poemas bien acompañados por ilustraciones sobre fondo blanco, claras y bien compuestas. En ellas se van mencionando y mostrando hilos de distintos colores que nos unen: con los padres, con los abuelos, con los hermanos, con los amigos…

Matilde Portalés. Los hilos invisibles (2015). Texto de Montse Torrents. Girona: Tramuntana, 2015; 26 pp.; ISBN: 978-84-943046-3-7. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 21 de junio de 2016

Un álbum que cuenta bien una historia y cumple bien sus objetivos: Nosotros cinco, de Quentin Blake. En él se habla de cinco amigos, Ángela, Óscar, Simona, Mario y Eric. De todos menos de Éric se cuenta que tienen una particular habilidad. Hacen una excursión al monte y van en un autobús cuyo conductor, Miguelón, sube con ellos. Cuando Miguelón tiene un accidente se requerirán las habilidades de todos, incluida la de Éric.

El título del relato, en primera persona, no coincide con el narrador del interior, que cuenta los hechos en tercera persona. La secuencia de los hechos y de las imágenes, a veces varias en cada doble página, fluye con naturalidad. El estilo de Blake, tan suelto y eficaz, no necesita glosas. El relato transmite lo que pretende: que todos somos necesarios, que todos dependemos unos de otros…

Quentin Blake. Nosotros cinco (The Five of Us, 2015). Barcelona: Corimbo, 2016; 32 pp.; ISBN: 978-84-8470-541-3. [
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lunes, 20 de junio de 2016

El narrador de Domingo en el mercado, de Celeste Berlier y José Sanabria, es un niño que un domingo va, con su padre, al mercado del pueblo cercano. Allí hay un monito revoltoso que monta un pequeño escándalo y escapa. Pero luego irrumpe un toro que provoca el pánico y a él se van enfrentando, sin éxito, distintos hombres del pueblo.

Historia que, tanto por su argumento como por el colorido y la vistosidad de las ilustraciones, en las que hay numerosos personajes retratados con viveza, es apropiada para los lectores niños. También es una lectura interesante para quienes desconocen por completo el modo de vida campesino de tantas personas en el mundo.

Celeste Berlier. Domingo en el mercado (2016). Texto de José Sanabria. Barcelona: Ekaré, 2016; 34 pp.; ISBN: 978-84-944291-4-9. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 19 de junio de 2016

Supongo que para opinar bien sobre Trastos, recuerdos. Una biografía de Wisława Szymborska, escrita por Anna Bikont y Joanna Szczęsna, hay que saber mucho más que lo que yo sé, tanto de poesía como de la vida cultural de Polonia en las últimas décadas. Yo lo he leído con interés pues son muchos los poemas y textos de Szymborska que me habían gustado antes. En esta página la había citado en varias ocasiones: Todo nuevo bajo el sol, Lo malo son los poetas, Elogio de la mala conciencia de uno mismo, En el parque, El primer fin del mundo, Una pregunta dolorosa, Alma de pequeño realismo.

En lo que yo entiendo, muchas cosas de Szymborska quedan bien reflejadas: buen humor, discreción, serenidad, amplitud de gustos literarios, atención a las cosas pequeñas de la vida, falta de interés por los premios y reconocimientos públicos, nacimiento y elaboración de muchos poemas; su concepción de la casualidad como «una forma menor del milagro»; su forma de estar en el mundo —«el mundo es tan interesante, la gente es tan interesante, que no vale la pena ocuparse de uno mismo»; su forma de ser anticompetitiva —«jamás me quitó el sueño la preocupación de que alguien fuese mejor que yo»—… 

Pero, por lo que yo veo también, la biografía presenta un perfil pobre de la escritora polaca: está documentada en anécdotas y opiniones varias, pero es superficial a la hora de hablar de las cosas más importantes de una vida. Por ejemplo, se hace un comentario, como de paso, en relación a cuando Szymborska se mostró favorable a una ley del aborto porque pensaba que era peor que no hubiera tal ley, pero no se indica nada más acerca de sus razones o de sus pensamientos al respecto. O bien, parece curioso que, viviendo en Cracovia, la biografía no entre para nada en sus opiniones sobre Juan Pablo II, como Papa o como figura histórica importante para su país. En general, la impresión que yo he tenido es que las biógrafas han elegido no indisponer a su biografiada con una parte importante de sus compatriotas y no han querido, o no han sabido, ir al fondo. Incluso la forma en que se pasa por alto su época juvenil, en la que escribió un poema a la muerte de Stalin, es poco razonable: ¿sólo un comentario sobre lo raro y lo incomprensible que fue aquel tiempo para quienes no lo vivieron? Por otro lado, parece claro que si un poema como ese hubiera sido escrito en honor de algún otro jerarca histórico, pongamos nazi, la consideración que su autora merecería, aunque hubiera renegado de esa ideología como hizo del estalinismo, sería bastante diferente: por supuesto, no hubiera recibido el premio Nobel.

Sea como sea, Szymborska es, aparte de una gran poeta, todo un personaje.

Por su autoironía, que se aprecia cuando explica por qué dejó de ir a ciertas reuniones: «al final me cansé de frecuentar los congresos de poetas. Un poeta, muy bien, dos poetas bien, pero cien poetas, es ridículo».

Por la inteligencia de muchas observaciones, como la de que «la mentira no tiene en absoluto las patas cortas. Es ágil como una gacela. Es precisamente la verdad la que se desplaza lentamente sobre sus patitas de tortuga, junto con sus documentos, rectificaciones y precisiones».

Por su graciosa justificación de su condición de fumadora empedernida: «Sobre un mar de café navegó la Comedia humana. En un lago de té el Club Pickwick. En una nube de humo de tabaco nacieron Don Tadeo, El corazón de las tinieblas, La montaña mágica…». «Cuando me cayó encima el Premio Nobel, me di cuenta de que las obras de mis magníficos predecesores, tales como Thomas Mann o Hesse, también nacieron entre nubes de humo. Dudo que un cliché antinicotina sea tan benéfico para la literatura».

Por anécdotas como esta: una vez presenció, en un teatro, una representación dramatizada de sus poemas, y uno de sus amigos contaba después: «Wislawa estaba rabiosa y susurraba: “Mis poemas no son para cantar, ni para bailar, ni para hacer monólogos, son para escuchar y pensar”. Acto seguido se azoró: “Tendré que ir al camerino y dar las gracias”. Más tarde le pregunté: “¿Y qué has dicho?” “Que jamás hubiera imaginado que con mis poemas se habría podido hacer algo semejante”».

Anna Bikont y Joanna Szczęsna. Trastos, recuerdos. Una biografía de Wisława Szymborska (Pqmiatkowe rupiece, 1997). Valencia: Pre-Textos, 2015; 674 pp.; col. Narrativa contemporánea; trad. de Elzbieta Bortkiewicz y Ester Quirós; ISBN: 978-84-15894-81-0. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 18 de junio de 2016

Otro de los libros leídos para la segunda edición de La eficacia del optimismo fue Dickens enamorado, de Amelia Pérez de Villar, un buen ensayo biográfico que cuenta bien y resumidamente la vida de Dickens, pero que pone toda su atención en sus amores. Primero, con Maria Beadnell, la primera chica a la que pretendió y que le rechazó; luego, con Catherine Hogarth, su esposa durante más de veinte años; y, por último, con Nelly Ternan. El libro, útil para entender mejor a Dickens, se apoya en las biografías de Chesterton, Ackroyd, Tomalin, y otros; pero, sobre todo, recurre a la correspondencia que Dickens intercambió con unos y otros.

Se reproducen algunas de las muchas cartas entre Dickens y Beadnell, que dan idea de cómo fue su relación y, también, cuánto pudo trasladar de aquellos sentimientos, en concreto, a la descripción que hace de los primeros amores de David Copperfield. También hay constancia epistolar de que, después de muchos años sin contacto, hacia 1855, Dickens se reencontró de nuevo con Maria Beadnell y, al ver en ella el deterioro del tiempo, sufrió una enorme decepción que reflejaría, con sarcasmo cruel, en escenas de La pequeña Dorrit.

Queda claro que la conducta de Dickens con estas tres mujeres no fue siempre noble, ni mucho menos, pero así como Tomalin es dura cuando trata del asunto, la autora de este ensayo prefiere terminar, en mi opinión con acierto, con una frase comprensiva de Chesterton: «Generoso lo fue siempre; pero el aprendizaje de la vida había sido para él tan difícil que no siempre resultó un hombre de trato fácil. Y si nada jamás desmintió su buen corazón, a veces falló su buen carácter».

Amelia Pérez de Villar. Dickens enamorado: un ensayo biográfico (2011). Madrid: Fórcola, 2012; 189 pp.; ISBN: 978-84-15174-34-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 17 de junio de 2016

El capitán Miguel y Juan el Navegante, de Martín Casariego, comienza, como dije ayer, con una pesadilla de Juan, el hermano menor de Miguel, y con que su padre le cuenta un relato que se inicia en 1538, en Francia. Después de una escaramuza contra unos franceses, el capitán Miguel es capturado y encarcelado en la Torre de la Mala Muerte: el conde De Grasse desea que confiese que una cicatriz que tiene en su pierna es, en realidad, el mapa de un tesoro en el Nuevo Mundo. Después de unos meses de encierro logra salir gracias a su hermano Juan, piloto, a quien no conocía. Viaja con él a América en su barco y se entera de muchas cosas de su propio pasado y de cómo fue posible su liberación. Todo se dirige hacia el momento en el que ambos hermanos se ven involucrados en una demencial expedición para encontrar El Dorado, que tendrá dos momentos culminantes: una batalla cruel entre los europeos y unos feroces guerreros mayas enmascarados de jaguares y de águilas, y luego un juego de pelota entre varios equipos con sus vidas en juego. E, igual que en la novela previa, no falta un elemento de fantasía mágica: los poderes ocultos que tiene un brujo maya.

Esta novela tiene mucha más información que la primera. Por un lado, de cuestiones relacionadas con la navegación, de utensilios y armamentos de toda clase, de todos los productos que los descubridores trajeron de o llevaron a América, etc. Por otro, de los deseos de riquezas, de poder y de gloria, que movían a muchos; y, aunque poco, pues al oyente son temas que le parecen un poco rollo, de las discusiones acerca del modo de tratar a los indios: «en el siglo XXI se habla constantemente de los derechos humanos, y pocos saben que su origen podría situarse allí, en Salamanca, en España, en el siglo XVI…», le dice su padre a Juan. Luego, abundan los datos acerca de las costumbres, profecías y creencias de los aztecas y los mayas, desde su sabiduría como astrónomos hasta la crueldad inhumana de sus sacrificios.

Las figuras heroicas de los dos hermanos, el capitán Miguel y Juan el Navegante, se siguen acentuando igual que se hacía en la primera novela, tanto con sus acciones de combate, como al dar a conocer sus pensamientos nobles, y con las descripciones irónico-serias de su porte —«grave la expresión, dura la mirada, presta la espada»—. Cobra más importancia la figura del escudero del capitán Miguel, Benito Boniato, de quien se subraya mucho, tal vez demasiado, su condición de «alma de cántaro» y cuya forma de hablar repetitiva y palurda es graciosa pero también muy de antiguo relato de cómic. En este género de aventuras ingenuas e imposibles, a lo Capitán Trueno podríamos decir, se podrían colocar también algunas escenas y pasos del argumento.

Martin Casariego Córdoba. El capitán Miguel y Juan el Navegante (2016). Madrid: Anaya, 2016; 318 pp.; ISBN: 978-84-698-0837-5. [
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jueves, 16 de junio de 2016

Igual que ayer, comienzo indicando mis prejuicios. No me suelen gustar las mezclas de géneros y, entre las novelas que las intentan, me suelen defraudar más aún las que son más o menos históricas y tienen seres fantasiosos por medio. Menos aún me atraen aquellas novelas de fantasía en las que los protagonistas rezan invocando a Dios en mundos en los que nadie sabe bien —y el autor muchas veces se ve que tampoco— en qué consiste lo verdaderamente sobrenatural, o en los que lo verdaderamente sobrenatural, exista o no, se presenta en el mismo plano que las invenciones imaginativas, y en ese caso ya casi da igual que estén bien traídas o que sean peregrinas.

A pesar de lo anterior, me han parecido excelentes El capitán Miguel y el misterio de la daga milanesa y su continuación, El capitán Miguel y Juan el navegante, de Martín Casariego. Ambas tienen igual estructura: se inician cuando Miguel, de doce años, en el primer libro, y su hermano pequeño Juan, en el segundo, tienen una pesadilla y acuden a su padre, que les cuenta esos relatos en varias noches sucesivas. Luego, las dos narraciones se interrumpen unas pocas veces debido a preguntas o exclamaciones de los oyentes, las cuáles le sirven a su padre para explicarles algunas expresiones o cosas que no han comprendido: es un buen recurso, tanto para adelantarse a las pegas que podría poner el lector; como para darle al relato más viveza; como para distinguir, a veces, entre invenciones y hechos históricos; y, también, para que los oyentes o  los lectores caigan en la cuenta de aspectos de interés.

En la primera novela, se cuentan aventuras del capitán Miguel, un joven de 18 años, que se sitúan en el pueblo castellano de Piedra de los Caballeros, el año 1537. Alguien dirá que él «fue quien, arriesgando su vida y bajo una lluvia de flechas y arcabuzazos, retiró a Garcilaso de la Vega, malherido en la fortaleza de Le Muy. A eso debe su capitanía, además de a muchas otras heroicidades». Miguel está enamorado de Rosalba, la hija del señor de Monroy, con quien comparte la afición por el ajedrez y con quien intercambia libros. El enigma que habrá de resolver es que varios chicos de catorce años han muerto atacados, de noche, se supone que por un lobo. Encontrará una daga milanesa que le llevará hacia su rival, el misterioso don Esteban de Hambrán, un hombre que se marchó tiempo atrás y regresó recientemente, con una L marcada en la mejilla izquierda.

Son excelentes la narración y la ambientación histórica. El narrador acentúa continuamente la condición heroica de su protagonista con referencias a los contenidos de sus lecturas —se afirma que el cinismo de Maquiavelo indigna a «alguien tan joven y caballeroso como el capitán Miguel»— y a formas expresivas cuya repetición, en esta y en la siguiente novela, tiene un punto de ironía y otro de conexión con héroes de aventuras folletinescas —«avanzaba el capitán por la calle solitaria a buen paso, erguida la espalda, dulce la mirada, el gesto gallardo, presta la espada»—.

Un ejemplo de algo que indico más arriba se da cuando el padre de Miguel hace aparecer en su relato a san Miguel Arcángel, a quien el capitán invoca siempre antes de entrar en combate, y entonces su hijo salta:
«—¿Ahora aparece un arcángel?
—En efecto —dijo su padre—. ¿Estás dispuesto a aceptar que haya hombres que se transforman en lobos, pero no que aparezca un arcángel? Curiosos tiempos, estos que vivimos.
Miguel calló, sin saber qué responder».

En otro momento también le hará ver que «un relato tiene sus propias reglas internas, que pueden crear otra realidad, y mientras esas reglas no se traicionen, es coherente. ¿Entiendes? Miguel reflexionó unos segundos. —Creo que sí. Venga, sigue».

Martín Casariego Córdoba. El capitán Miguel y el misterio de la daga milanesa (2015). Madrid: Anaya, 2015; 205 pp.; ISBN: 978-84-678-7144-9. [
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miércoles, 15 de junio de 2016

Vayan por delante varias cosas. Una: no me gustan nada los premios literarios; menos todavía que un relato reciba un premio llamado Nacional; sólo entendería un poco mejor que se diera un premio con ese nombre a una larga trayectoria. Otra: no me atraen nada los relatos góticos en general y los infantiles en particular; nunca me gustaron y siguen sin gustarme. Otra: invocar olores y sabores repugnantes en un relato infantil, algo que a los niños a veces les atrae, tampoco es plato de gusto para mí, aparte de que con frecuencia sea un recurso que indica poco talento por parte del autor. Otra: no me interesa nada la nueva cocina y estoy a bastante distancia mental y real de la afición de muchos por la cuestión; entiendo los programas televisivos al respecto pero no, en absoluto, los concursos televisivos…, que me incomodan incluso cuando son niños quienes compiten (y no por los niños).

Con todo lo anterior como preámbulo, debo decir que me ha parecido notable el libro Escarlatina, la cocinera cadáver, de Ledicia Costas. El narrador y protagonista es un niño de diez años llamado Román, que recibe como curioso regalo de cumpleaños a Escarlatina, una niña cocinera que deberá recomponer para que cobre vida, y con la que luego viajar luego al Inframundo, donde podrá ver a su abuelo. Una vez allí las cosas se complicarán y deberá superar algunas pruebas para poder volver a su casa.

Lo que me ha gustado del libro es la voz del narrador: simpática, ingeniosa, natural, por más que vaya tan por encima de su edad (algo que casi hay que dar por supuesto en este tipo de historias). También me han parecido excelentes algunos toques de humor negro —por ejemplo, se habla de un tal Trombosio, lógicamente «un señor que había muerto de una cosa que se llama trombosis y que se dedicaba a tocar el trombón en el Inframundo»—.

Luego, la novela enlaza bien con relatos infantiles conocidos —Román ha de viajar en el Mortibús, conducido por una esqueleta encorbatada y que me ha recordado el autobús noctámbulo de Harry Potter; y, como Charlie en la fábrica de chocolate, tiene un encuentro con los Umpa Lumpas—. Conecta también con la afición de muchos el que, antes de cada capítulo, haya una receta completa de platos apetecibles. No tanto, o en cualquier caso no conmigo, el gran despliegue de recursos gastronómicos propios del inframundo.

Ledicia Costas. Escarlatina, la cocinera cadáver (2015). Madrid: Anaya, 2015; 171 pp.; ilust. de Víctor Rivas; ISBN: 978-84-698-0895-5. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 14 de junio de 2016

Después de los dos álbumes de ayer, otros del mismo tipo son los de Patrick George. Hasta el momento yo he visto con calma Formas, Números y, el más reciente, Rescate animal. Todos ellos emplean el mismo recurso: entre cada dos páginas en papel va un acetato casi transparente que, al pasarlo, provoca un cambio.

En Formas vemos, al principio, a un empleado de una empresa de transportes con paquetes de distintas formas —cuadrado, triángulo, rombo, etc.—, y en páginas sucesivas vemos el envío y la entrega de los distintos paquetes.

En Números vemos, en cada página izquierda, unas cuantas moscas, una menos del número que aparece; pero, en la página derecha vemos otra mosca amenazada (por una araña, un pez, una planta carnívora, etc.), de forma que, al pasar el acetato, ya está el número de moscas que se anuncia.

En Rescate animal, al pasar la página transparente queda «liberado» el tigre de la alfombra, el elefante del circo, el oso del zoo, la tortuga de la red del pescador, etc. (Evidentemente, no todas las liberaciones son iguales…).

Los libros resultan atractivos pues el juego que se propone no sólo es divertido para el lector sino que también está muy bien articulado, tanto porque los contenidos están bien pensados como porque las ilustraciones están muy bien compuestas y son claras.

Patrick George. Formas (Shapes, 2011). Barcelona: Juventud, 2012; 48 pp.; col. Mis primeros conceptos; trad. de Elodie Bourgeois; ISBN: 978-84-261-4061-6.
Patrick George. Números (Numbers, 2012). Barcelona: Juventud, 2012; 48 pp.; col. Mis primeros conceptos; trad. de Teresa Farran Vert; ISBN: 978-84-261-3883-5.
Patrick George. Rescate animal (Animal Rescue, 2015). Barcelona: Juventud, 2016; 48 pp.; col. Mis primeros conceptos; trad. de Elodie Bourgeois; ISBN: 978-84-261-4338-9. [Vista del libro en amazon.es]


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lunes, 13 de junio de 2016

Colores y Formas, del norteamericano John J. Reiss, son dos libros, muy populares en los años setenta, que se han publicado hace poco en España por primera vez, en ediciones bilingües (un gran acierto).

En Colores se presentan el Rojo, el Amarillo, el Azul, el Naranja, el Verde, el Morado, y el Marrón, siguiendo un esquema sencillo: primero, una doble página mostrando el color correspondiente, y luego una doble página con seres y objetos de ese color. Se hila el libro con la escena de la primera página, antes de comenzar, en la que se ve una cama vacía, y la de la última página, en la que vemos a una niña y a su gato en aquella cama, cubierta con una colcha con cuadrados de todos los colores.

En Formas aparecen cuadrados, triángulos, círculos, rectángulos, óvalos, y más formas de todo tipo. El esquema constructivo es parecido al anterior: en una doble página un zorrito o un ratoncito presentan la forma correspondiente, luego viene una doble página con objetos que tienen esa forma, y otra en la que vemos la transformación tridimensional de la forma (del cuadrado al cubo, del triángulo a la pirámide, del círculo a la esfera, etc.).

Son álbumes magníficamente diseñados: por el equilibrio de las composiciones y porque todo está bien pensado y colocado al servicio de lo que se desea mostrar y transmitir.

John J. Reiss. Colores (Colours, 1969). Edición bilingüe. Barcelona: Blackie Books, 2016; 32 pp.; ISBN: 978-84-16290-25-3. [Vista del libro en amazon.es]
John J. Reiss. Formas (Shapes, 1974). Edición bilingüe. Barcelona: Blackie Books, 2016; 32 pp.; ISBN: 978-84-16290-23-9. [
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domingo, 12 de junio de 2016

En su libro El paraíso en la puerta, Fabrice Hadjadj escribe: «La Fontaine hacía hablar a los animales para enseñar moralidad humana; hoy día, hacemos hablar a los hombres para inculcar una animalidad inhumana. Los nuevos cuentos para niños pequeños no cesan de moralizar sobre cazadores malvados rodeados de fieras adeptas a la no violencia. El año 1942 remite, a partir de ahora, a la creación de Bambi [la película de dibujos animados de Disney], mientras que la Conferencia de Wannsee, donde se reunieron numerosos enemigos de la vivisección, sale poco a poco de nuestras memorias. El edén ecologista, como asimismo la utopía tecnológica, proyecta una salida radical de la historia y de la cultura. (…) Insinúa otra solución final: los hijos son una carga para el ecosistema».

El autor vuelve a lo mismo en un libro reciente titulado ¿Qué es una familia? En él hay una nota al pie en la que dice: «Antes de haber sido una película de Walt Disney, Bambi. Historia de una vida en los bosques, fue una novela de Felix Salten, cuyo verdadero nombre era Siegmund Salzmann, periodista austriaco, hijo de un ingeniero judío húngaro, y gran admirador de Théodore Herzl. Publicada en 1923, Bambi —el libro— fue prohibido por los nazis en 1936. La amable fábula les parecía una obra peligrosa. Del mismo modo que la aldea de Astérix sería la transposición de un shtetl perdido en algún rincón de Polonia o Ucrania (¿acaso su guionista no es el hijo del rabino polaco Abraham Goscinny?), la aventura del pequeño cervatillo cercado por los cazadores es una “alegoría política sobre el trato a los judíos en Europa”. El hecho de que la página web de la Walt Disney Company silencie ese sentido alegórico y se contente con evocar las “preocupaciones medioambientales” de un “Walt Disney pionero del ecologismo” deja adivinar que hemos llegado a ser lectores mucho menos avispados que los nazis, y que el amor a la naturaleza, entre nosotros, es muy frecuentemente una fuga a ciegas ante los horrores de la historia, un artificio para evadirnos de la condición humana y del nacimiento con su dramática genealogía. En fin, la consecuencia de algún resentimiento que con facilidad se hace cómplice del des-nacer proyectado por el tecnologismo».

[Rectificación: me hace notar Daniel Capó que el autor se confunde pues el rabino Abraham Goscinny no fue el padre sino el abuelo de Goscinny]

Fabrice Hadjadj. El paraíso en la puerta: ensayo sobre una alegría que perturba (Le paradis à la porte, 2011). Granada: Nuevo Inicio, 2012; 498 pp.; col Areópagos; trad. de Sebastián Montiel; ISBN: 978-84-938997-8-3. [
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Fabrice Hadjadj. ¿Qué es una familia? La trascendencia en paños menores (y otras consideraciones ultrasexistas) (Qu’est-ce qu’une famille? Suivi de La Trascendence en culottes et autres propos ultra-sexistes, 2014). Granada: Nuevo Inicio, 2015; 210 pp.; trad. de Sebastián Montiel; ISBN: 978-8494219542. [
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sábado, 11 de junio de 2016

Para preparar la nueva edición de La eficacia del optimismo, uno de los libros que he leído y utilizado, y que comento en el interior, es la biografía de Dickens que firmó Claire Tomalin. En la portada de la edición en castellano se anuncia que esta «vida del mejor escritor inglés, doscientos años después de su nacimiento, se lee como una de sus novelas». Y, en efecto, es una biografía muy amena porque la narración es excelente y, al seguir los pasos de la interesante vida de Dickens, se pone bien de manifiesto su fascinante personalidad.

Al contar pormenorizadamente los hechos conocidos de la vida de Dickens, Tomalin sigue dos líneas con especial interés. Una es la de la enorme generosidad de Dickens al implicarse personalmente y sin regatear medios —dinero, tiempo, preocupación— para resolver necesidades concretas de muchas personas necesitadas: en particular, se detiene a explicar su esfuerzo para sacar adelante un hogar de rehabilitación de prostitutas, con la gran ayuda económica de la baronesa Angela Burdett-Coutts. Otra es la de las relaciones que tuvo con su mujer, amorosas y cordiales durante muchos años, y ásperas e injustas cuando se divorció de ella; y las equívocas relaciones que mantuvo con Nelly Ternan (sobre quien Tomalin ha escrito también un libro). La gran simpatía que la biógrafa siente por Dickens no le impide criticar su comportamiento: por un lado, su trato con las mujeres —«es más fácil apreciar a Dickens excluyendo a las mujeres que hubo en su vida»—; y, por otro, aunque fue siempre muy amigo de sus amigos varones, su trato implacable e incluso vengativo con las personas que no actuaban según su criterio, no siempre certero —sus propios hijos, familiares, editores, amistades, etc.—.

Resulta sorprendente que, tan escrupulosa como es cuando intenta fijar qué sabemos con certeza y qué cosas son puras especulaciones, y tan respetuosa cuando reproduce sin críticas afirmaciones de Dickens de todo tipo, Tomalin manifieste su incredulidad acerca de que las creencias religiosas de Dickens fueran las que decía tener. De acuerdo con los datos que se poseen, afirma que Dickens despreciaba las exhibiciones de devoción pero que mantuvo toda su vida una actitud reverente hacia la idea de Dios. Sin embargo, no se atiene a los datos disponibles cuando asegura que Dickens no se creía las frases de consuelo y esperanza cristianas que escribe en sus novelas y en su correspondencia.

Claire Tomalin. Charles Dickens (Charles Dickens. A Life, 2011). Madrid: Aguilar, 2012; 565 pp.; trad. de Begoña Recasens; ISBN: 978-84-03-01255-4. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 10 de junio de 2016

En 1989, el ilustrador norteamericano Richard McGuire publicó una historieta de seis páginas en una revista y causó un gran impacto en los autores de narraciones gráficas. El año pasado publicó la esperada versión expandida de aquel experimento narrativo: Aquí, una novela gráfica compuesta con inteligencia, sin personajes principales, sin más argumento que el de representar el paso del tiempo en un mismo sitio. El título señala que el relato desea mostrar lo que ocurre en un lugar, desde que es pura naturaleza hasta que, en ese punto, se construye una casa en 1902 —y entonces las imágenes muestran siempre la misma sala de estar—, que se incendia el 2029… Pero, eso sí, desea mostrarlo no como si una cosa viniera después de otra, sino como si los lugares tuvieran una memoria mezclada de todo lo que sucedió en ellos.

Lo anterior no se cuenta de modo cronológico sino por medio de una sucesión de dobles páginas en las que vemos el mismo lugar a lo largo de miles de años, aunque la mayoría de momentos pertenezcan al siglo XX, cuando en ese lugar había una sala de estar de una vieja casa norteamericana. El lector puede orientarse porque, en la parte superior izquierda de cada imagen, figura el año al que corresponde lo que se ve; pero además, en el interior de la ilustración de fondo de cada doble página, hay también recuadros en los que se reproduce algo que ocurrió, justo en ese lugar, pero en otro año.

Es fácil suponer que el libro debió ser un buen rompecabezas para el autor: hay un gran trabajo de documentación detrás para que la decoración y los comportamientos de los personajes que aparecen sean los que podemos esperar del año que se indica. Pero también lo es para el lector: él es quien, si lo desea, puede seleccionar imágenes del mismo año y ver cómo se combinan; a él le corresponde descubrir claves como, por ejemplo, la de que el libro comienza el año en que nació el autor. En cualquier caso, fácilmente pensará en su propia vida, en qué gentes han vivido y vivirán, y qué cosas han ocurrido y ocurrirán en los lugares en los que vive o ha vivido. Y, junto a todo eso, también puede pensar en otras cosas, claro, en las que la novela no se fija.

Richard McGuire. Aquí (Here, 2014). Barcelona: Salamandra, 2015; 304 pp.; trad. de Esther Cruz Santaella; ISBN: 978-84-16131-16-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 9 de junio de 2016
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miércoles, 8 de junio de 2016

El armario chino, es otro álbum singular de Javier Sáez Castán, en el que la sofisticación aparente sirve para vestir un concepto que parece fácil de comprender pero que, como vemos alrededor, no es tan fácil de aplicar.

Se puede leer empezando por el armario rojo que vemos en portada o por el armario azul que vemos en la otra portada. En cada caso seguiremos la narración en viñetas que corre por la parte inferior del álbum —toda ella en rojo o en azul excepto el armario rojo o azul— y no haremos caso de las imágenes que se ven, al revés, en la parte superior de las páginas. El relato es igual en ambos casos: un matrimonio al lado del fuego de la chimenea que se pregunta por el niño al que vemos en la viñeta contigua, en una habitación en la que está el armario chino de la portada. Todo lo que ocurre es observado por un gato negro. Ambas narraciones con imágenes se abren con un mismo texto de 1911 en el que algunas letras, que van en un caso en azul y en el otro en rojo, y que no se distinguen del todo bien, componen dos mensajes para que un lector paciente los reconstruya.

La historia es enigmática en apariencia pero luego es sencilla. Por un lado, habla de esos mundos propios en los que un niño se puede introducir —el armario sólo se abre por dentro—, que pueden alarmar a los padres cuando comprueban que luego el niño no sale como ellos pensaban que debía salir. Por otro, hace pensar en el hecho de que la narración es exactamente igual en ambos casos y, sin embargo, los adultos no perciben esa uniformidad, que no les preocupa, pero la diferencia de color sí la notan y sí que les inquieta.

Javier Sáez Castán. El armario chino (2016). Barcelona: Ekaré, 2016; 40 pp.; ISBN: 978-84-944291-5-6. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 7 de junio de 2016

Mundo loco, de Atak, es un álbum sin palabras con la excepción de que, muy apropiadamente, se inicia con el texto de la canción infantil «Vamos a contar mentiras». Se suceden a continuación dobles páginas, a las que da continuidad un observador ratoncillo, en las que vemos un conejo que dispara al cazador, un caballo que monta en su jinete, un bombero que arroja fuego a una inundación, un tipo andrajoso de aire punk que da dinero a un tipo encorbatado que pide limosna, etc.

Estas situaciones carnavalescas y absurdas, que hacen pensar en un mundo al revés, se muestran en ilustraciones coloristas y enérgicas, con un estilo expresionista y naif a la vez. Abundan en ellas citas de la historia del arte y, según parece, referencias a otras obras del autor, un conocido historietista alemán.

Atak. Mundo loco (Verrückte Welt, 2009). Logroño: Fulgencio Pimentel e Hijos, 2014; 32 pp.; ISBN: 978-84-16167-07-4. [Vista en amazon.es]

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lunes, 6 de junio de 2016

El oso y la liebre: ¡De pesca! y ¿Dónde está el oso?, son dos álbumes nuevos de Emily Gravett. En el primero los dos amigos van de pesca con cañas y reces: lo intentan una y otra vez con poco éxito… En el segundo juegan al escondite: el oso no es muy hábil en sus intentos de ocultarse y, en cambio, sí lo es la liebre… Son dos álbumes amables, sin la sofisticación posmoderna o el humor más sarcástico de otros álbumes de la autora, que se apoyan en unos extraordinarios dibujos, en la simpatía que desprenden los personajes, y en unos desenlaces satisfactorios para los más pequeños.

Emily Gravett. El oso y la liebre, ¡De pesca! (Bear and Hare Go Fishing, 2015). Barcelona: Picarona, 2016; 32 pp.; ISBN: 978-8416117833. [Vista en amazon.es]
Emily Gravett. ¿Dónde está el oso? (Bear and Hare: Where’s Bear, 2015). Barcelona: Picarona, 2016; 32 pp.; ISBN: 978-8416117840. [
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domingo, 5 de junio de 2016

Ya que he citado hace poco unos comentarios de Zygmunt Bauman a propósito de Un mundo feliz, 1984 y Nosotros, pongo unos comentarios, apoyados en las mismas novelas, que hace Fabrice Hadjadj en La profundidad de los sexos, un libro singular bien comentado en esta reseña.

Ahí apunta que le parece muy notable que esas tres novelas de anticipación «tengan como motivo central el esfuerzo del poder por negar toda profundidad a la unión de los sexos. En cada uno de los totalitarismos imaginados, la utopía del progreso lleva a cabo una desconexión radical entre la relación sexual, por un lado, y la fidelidad amorosa y la procreación por otro: la primera se reduce a una cuestión de higiene, la segunda aparece como un peligro frente a la lealtad exclusiva al Partido, la tercera es trabajo exclusivo de los genetistas. Y, en cada una de las tres intrigas novelescas, es siempre el deseo incalculable de un hombre por su amante lo que tensa el arco capaz de arrancarlos del sometimiento».

En otro momento Hadjadj explica cómo también los niños pueden liberarnos del sometimiento a reglas que con facilidad damos por supuestas. Lo dice del siguiente modo: «El niño nos atrae a una isla virgen fuera del continente civilizado. Nos descondiciona. Afloja las cadenas que nos someten a las reglas de una época y de un país, nos retira de las preocupaciones mundanas, de las complicaciones del decoro, de la angustia sexual. Se puede uno largar con él y volver a lo fundamental: ¿Por qué hay algo en lugar de nada? O también: ¡Qué increíble, un tenedor de persona grande! (...) Nos permite tomar cierta distancia respecto de las leyes y ambientes, cuya pertinencia se ve así cuestionada, desacreditada o verificada. El niño prohíbe al mundo cerrarse tanto en sus satisfacciones chatas como en sus engreídas ansiedades».

Fabrice Hadjadj. La profundidad de los sexos (por una mística de la carne) (La profondeur de sexes (Pour une mystique de la chair), 2009). Granada: Nuevo Inicio, 2010; 304 pp.; Publicaciones del Instituto de Teología “Lumen Gentium”; trad. de Francisco Javier Martínez y Sebastián Montiel; ISBN: 978-84-936102-2-7. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 4 de junio de 2016

Acabo de poner en Amazon una segunda edición muy ampliada y (creo que también) muy mejorada de La eficacia del optimismo.

Después de una relectura de sus novelas y cuentos, he preparado unas reseñas más extensas de las obras de Dickens. Además, aparte de apoyarme mucho en Chesterton, como se anuncia en la cubierta, he recurrido a varios libros sobre Dickens que no había leído cuando escribí la primera edición, y que iré citando en esta página más adelante.

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viernes, 3 de junio de 2016

Pompa y circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura inglesa, de Ignacio Peyró, es un libro inclasificable. En esta reseña se lo califica de «asombrosa miscelánea sobre la cultura inglesa en su sentido más amplio y exquisito», que se puede abrir por cualquier lado —Barbour, cabinas telefónicas, Rolls Royce, Robin Hood, William Hogarth, Oxford…—, o bien leer ordenadamente. En esta otra se propone preparar un libro aparte con «todas las entradas sobre tiendas, mermeladas, vinos y tweed» y llamarlo «La guía del dandy con dinero en Londres». En esta entrevista, su autor dice que ha «querido un libro amable, ameno, con no poco anecdotario, que guste al profano y no ofenda al cátedro». Y, en este comentario, se lo presenta, con razón, como un gran «homenaje a la cultura y a las instituciones inglesas» y gran reivindicación de un pueblo amante de la libertad, la tolerancia, la deportividad, el sentido de la privacidad, el respeto a la ley, la estabilidad de las instituciones...

Las ausencias que uno puede detectar en un libro así se relacionan con los territorios que uno conoce más —en mi caso, por ejemplo, echo de menos voces relacionadas con la literatura infantil— pero, a la vez, la lectura deja claro enseguida que cualquier observación resulta insignificante ante un despliegue de conocimientos y de anécdotas inteligentes tan enorme. De estas últimas, por ejemplo, el comentario acerca de Churchill de que «siempre fue —como se dijo— un hombre de gustos muy sencillos: tan sólo se conformaba con lo mejor»; o el de que Hitchcock «dejó dicho que todo metraje ha de estar conforme con los límites y resistencias de la vejiga humana». En fin, hay un comentario que figura en la voz sobre John Lukakcs, que es como el poso que deja la lectura de este libro y que también coincide con mi (poca) experiencia personal: el de que «los ingleses, al contrario que otros pueblos, mejoran cuando uno los ve de cerca».

Ignacio Peyró. Pompa y circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura inglesa (2014). Madrid: Fórcola, 2014; 1061 pp.; col. Periplos; ISBN: 978-84-15174-90-5. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 2 de junio de 2016

He puesto datos de nuevas ediciones de Juul, Danny, campeón del mundo, Vigo es Vivaldi.

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miércoles, 1 de junio de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de mayo. Un álbum: Linterna mágica. Un libro infantil antiguo pero publicado en España recientemente: Los archivos secretos de la señora Basil E. Frankweiler, Un libro para todas las edades: Marcelín. Un libro histórico-literario muy rico: Tolkien y la Gran Guerra.

En medium, tres notas en mayo: 20 libros de memorias de infancia, 20 novelas cortas para lectores jóvenes, 20 libros para lectores de unos ocho o nueve años.

En Primer cuaderno: notas de mayo. Puestos a destacar una, de las pocas notas que he puesto este mes, lo haría con Adultos que aprenden de las películas infantiles.

En Segundo cuaderno: notas de mayo. Ya que cité, más arriba, Marcelín, recomiendo la entrevista con su autor, Jean Sempé, que enlacé con el título Respuestas escuetas y potentes. Otros enlaces muy valiosos son los de Una niña llamada esperanza.

Después de una relectura de las novelas y cuentos de Dickens, en el último año y medio, acabo de poner en Amazon una segunda edición muy ampliada y (creo que también) muy mejorada de La eficacia del optimismo.

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miércoles, 1 de junio de 2016

Tinta, de Paula Fernández de Bobadilla, es un pequeño perro que vive con los padres de la narradora. El relato narra escenas cortitas protagonizadas por él, varias en cada una de las cuatro secciones que se titulan como las estaciones. Los incidentes son mínimos: algunos sobre la rivalidad entre Tinta y el gato, otros sobre sus relaciones cautelosas con otros animales, otros sobre las travesuras propias de un pequeño irracional al que, por más que le riñas, sigue sin comprender nada.

Son momentos de vida cotidiana bien contados y capturados, en los que se pone de manifiesto que Tinta va completamente a su aire, por más que la narradora deje caer suposiciones sobre por qué él, o el gato rival, se comportan como lo hacen. Las ilustraciones, que ocupan la doble página al comienzo de cada sección. y luego normalmente una página de cada dos, son dibujos acuarelados que transmiten bien el talante aparentemente inocente pero vivaz y revoltoso de Tinta.

Paula Fdez. de Bobadilla. Tinta (2015). Madrid: Anaya, 2015; 64 pp.; col. Sopa de Libros; ilust. de Ximena Maier; ISBN: 978-84-678-7138-8. [
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