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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 20 de septiembre de 2018

Después de la nota de ayer, otra sobre la misma cuestión con uno de los álbumes informativos del año. Igual que hicieron un libro con todo sobre las Abejas, Piotr Socha y Wojciech Grajkowski han publicado ahora otro titulado Árboles que, como aquél, tiene formato grande, da mucha información, bien ordenada y de modo ameno, pero tampoco viene con un índice...

En cualquier caso, se puede considerar que cada doble página es un capítulo. Algunos títulos de los primeros son «El árbol de la vida», «Árboles y no árboles», «Hojas», «Raíces», «Las cuatro estaciones», «Los viajes de los árboles», «Especies endémicas», «Baobabs», «Devoradores de árboles», etc. Y termina con «Árboles para nuestros hijos». En las sucesivas dobles páginas hay una ilustración que ocupa siete octavos de la página y una columna de texto con algunas explicaciones. A veces, en esa columna se dan los nombres de los árboles numerados en la ilustración, y en otras ocasiones, los nombres latinos y los populares, junto con el lugar de procedencia, van al pie de cada planta o árbol o animal dibujado.

Piotr Socha. Árboles (Drzewa. 2018). Texto de Wojciech Grajkowski. Madrid: Maeva Young, 2018; 76 pp.; col. Libros para los que aman los libros; trad. de Katarzyna Mołoniewicz y Abel Murcia; ISBN: 978-8417108595. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Son muchos los libros infantiles que hablan del amor a los árboles. Así, álbumes relativamente recientes acerca del tema, sin buscar mucho, son Árboles, El árbol de la escuela, Las cuatro estaciones desde el gran árbol.

A ellos hay que sumar El despertar del árbol, de Dídac P. Lagarriga y Albert Asensio, un álbum con una pequeña guía de lectura al final. No es tanto una historia como unas escenas para hacer notar la vitalidad y la belleza de los árboles en un bosque, desde que acaba el invierno hasta que vuelve de nuevo. Son magníficas las ilustraciones realistas, cálidas y sugerentes, con niños que juegan entre y con los árboles, como para inducir a los lectores a comportarse igual.

Y otro más, sensacional y muy diferente de cualquiera de los álbumes mencionados, es el hindú La vida nocturna de los árboles, un álbum todo él en papel negro. En las páginas impares, (salvo una vez en que ocurre al revés), van textos, tomados de las tradiciones de la tribu Gond y adaptados por Gita Wolf y Sirish Rao, que hablan de distintos árboles fantásticos, como el Sembar luminoso, habitado por espíritus sagrados, el Dumar, cuyos frutos parecen pajarillos, o el Peepul, el árbol del Creador, cuya «silueta recortada contra el cielo es igual a la de cada una de sus hojas» y «es tan perfecto que cada una de sus partes es igual al todo». Las ilustraciones correspondientes son serigrafías a cargo de tres pintores gond: Bhaiju Shyam, Durga Bai y Ram Singh Urveti. Dan idea de la mente de estos autores las explicaciones de uno de ellos, Bhaiju Shuyam, en El libro de la selva de Londres.

Albert Asensio. El despertar del árbol (2018). Texto de Dídac P. Lagarriga. Barcelona: Akiara, 2018; 36 pp.; ISBN: 978-84-17440-01-5. [Vista del álbum en amazon.es]
Bhaiju Shyam, Durga Bai y Ram Singh Urveti. La vida nocturna de los árboles (The Night Life of Trees, 2010). Pontevedra: Kalandraka-Faktoria K, 2018; 40 pp.; trad. de Chema Heras; ISBN: 978-84-8464-363-0. [
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BaileySabana.jpg
martes, 18 de septiembre de 2018

Tres álbumes de conocimientos que son una buena introducción a los temas que presentan: Un día en la sabana, Un día en la Antártida, Un día en la selva, de Ella Bailey. Los tres tienen igual estructura: en las guardas se dibujan y nombran los animales que aparecerán en las ilustraciones, y luego, a lo largo de los álbumes, se presentan el recorrido de un pequeño león, de un pequeño pingüino de Adelia y de un pequeño mono araña, por los lugares donde viven, mientras interactúan con sus familias y vecinos.

En las guardas figuran 43 animales diurnos y 24 nocturnos en la sabana, 19 aves y 16 mamíferos y peces en la Antártida, y, en la selva, 16 animales arborícolas y aves de la selva tropical y 26 aves y animales terrestres y acuáticos. Las dobles páginas normalmente contienen una ilustración salvo en algunas ocasiones en las que hay dos o tres. El texto que las acompaña es escueto. Las figuras, de ojos grandes que les dan expresividad y buscan al lector, tienen formas sintéticas y colores alegres.

Ella Bailey. Un día en la sabana (One Day On Our Blue Planet In The Savannah, 2015). Madrid: SM, 2016; 28 pp.; trad. de Fernando Bort; ISBN: 978-84-675-8511-7. [Vista del álbum en amazon.es]
Ella Bailey. Un día en la Antártida (One Day On Our Blue Planet In The Antarctic Hardcover, 2016). Madrid: SM, 2016; 28 pp.; trad. de Fernando Bort; ISBN: 978-84-675-8514-8. [
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Ella Bailey. Un día en la selva (One Day On Our Blue Planet In The Rainforest, 2017). Madrid: SM, 2018; 28 pp.; trad. de Fernando Bort; ISBN: 78-84-675-9342-6. [
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lunes, 17 de septiembre de 2018

Igual que álbumes anteriores de Ingela P. Arrhenius, Quien busca, encuentra es un libro para prelectores bien compuesto. Son diez dobles páginas, la primera de presentación en la que un niño invita al lector a recorrer algunos establecimientos, y las nueve restantes, con varias solapas que se levantan en cada una, muestran una Panadería, una Pastelería, una Pescadería, la Peluquería Cool, un Museo, un Circo. Las escenas están representadas con claridad y las figuras, con cabezas y caras redondeadas, aparecen todas sonrientes.

Ingela P. Arrhenius. Quien busca, encuentra (Qu’est-ce qui se cache dans cette drôle de ville?, 2015). Barcelona: Combel, 2017; 22 pp.; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-9101-199-6. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 15 de septiembre de 2018

He puesto datos de ediciones más recientes de Konrad, La conferencia de los animales y La historia interminable.

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viernes, 14 de septiembre de 2018

Un ensayo contenido en Breviario de saberes inútiles es «Una idea de universidad», «un humilde homenaje al libro del Cardenal Newman The Idea of a University». En él, Simon Leys se apoya en una frase de Gustave Flaubert —«he procurado siempre vivir en una torre de marfil; pero una marea de mierda está batiendo sus muros, amenazando con destruirlos»—, para explicar cómo entiende la función de la universidad. Bosqueja primero lo que la universidad tiene, o debería tener, de «torre de marfil» y examina luego la «marea de mierda» que bate hoy contra sus muros. Esto lo hace contestando a dos ataques habituales a la universidad: su carácter no utilitario y su carácter elitista. En relación a este último, a la condena del carácter elitista de la universidad en nombre de la igualdad y la democracia, dice lo siguiente:

«La exigencia de igualdad es noble y debe apoyarse plenamente, pero dentro de su propia esfera que es la justicia social. No tiene ningún espacio fuera de ahí. La democracia es el único sistema político aceptable; pero concierne exclusivamente a la política, y no tiene ninguna aplicación en ningún otro campo. Cuando se aplica en cualquier otro sitio, significa la muerte, porque la verdad no es democrática, la inteligencia y el talento no son democráticos, ni lo es la belleza, ni el amor, ni la gracia de Dios. Una educación democrática de verdad es la que prepara a la gente intelectualmente para defender y promover la democracia dentro del mundo político; pero la educación, en su propio campo, debe ser implacablemente aristocrática e intelectual, debe estar enfocada, sin el menor pudor, hacia la excelencia».

Simon Leys. «Una idea de universidad» (An Idea of the University, 2006), Breviario de saberes inútiles. Ensayos sobre sabiduría en China y literatura occidental (The Hall of Uselessness, 2011). Barcelona: Acantilado, 2016; 592 pp.; trad. de José Manuel Álvarez-Flórez y José Ramón Monreal; ISBN: 978-84-16748-07-5. [Vista del libro en amazon.es]

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McCann50Consejos.jpg
jueves, 13 de septiembre de 2018

Sin llegar, ni de lejos, al nivel de Correo literario o cómo llegar a ser (o no llegar a ser) escritor, de Wisława Szymborska, puede ser un libro útil para quienes están interesados en estas cosas, 50 consejos para ser escritor, de Colum McCann. Como se indica en esta reseña, el autor tiene gran experiencia como profesor de Escritura Creativa y sabe condensar muchas cosas en pocas páginas. Tal vez ponga mucho énfasis en aspectos poco relevantes, o aplicables solo a los ambientes en los que se mueven él y sus alumnos, y tal vez le sobren frases que convendrían más a libros de autoayuda —tipo: «No hay reglas. Y, si las hay, están ahí para ser dinamitadas»—, que, por otro lado, siempre se compensan con las frases opuestas —«al diablo con la estructura, pero sólo si la has considerado de cabo a rabo tan minuciosamene como para que te permita caminar a través de tu trabajo con los ojos cerrados»—.

Los consejos que da el autor son técnicos, prácticos, pero también humanos. El párrafo que sigue lo ejemplifica, muestra su estilo característico y es el que a mí más me ha gustado (aparte de ser, como dice McCann en su primera frase, el consejo más sabio que conoce):

«Déjame que te ofrezca las tres palabras del consejo más sabio que conozco. No seas capullo. No lo seas en la fiesta. Ni en la librería. No lo seas en la página. Ni en tu propia cabeza. No menosprecies a la gente. No insultes a tus compañeros. No le cuentes a la gente lo grande que eres. No te bebas todo el vino. No te quejes de que no hay nadie escuchando. No ignores a tus amigos. Borra esa sonrisa de suficiencia. No te creas que eres mejor. No descuides tu humildad ni permitas que se convierta en arrogancia. No fumes cuando te han pedido que no lo hagas. No arrojes la cubertería desde el balcón. No chismorrees. No vomites en la alfombra. No insultes al anfitrión. No seas condescendiente. No dejes tirada a tu pareja. No hables de tu contrato. No menciones tu anticipo. No suspires. No bosteces. No te rasques la comezón en público. No ignores a los demás. No examines la habitación. No mientas. No adules. No menciones el nombre de tu editorial. No des la nota. No seas prepotente. No humilles. Simplemente no lo hagas. No. No lo hagas. No seas capullo».

Colum McCann. 50 consejos para ser escritor (Letters to a Young Writer, 2017). Barcelona: Seix Barral, 2018; 224 pp.; trad. de Héctor Castells; ISBN: 978-84-322-3375-3. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 12 de septiembre de 2018

Un relato que me ha sorprendido agradablemente: Gato y los nuevos inquilinos, de Mary Solari. Pensé, al comenzar a leerlo, si sería deudor de Soy un gato, pues es un gato quien observa y cuenta lo que ve y piensa de una familia que se aloja en la que ha sido hasta el momento su casa, pero por suerte no lo es y, sin embargo, sí lo es de El gato que andaba siempre soloel mismo narrador explica que, «salvo raras excepciones, las mujeres tienden a ocuparse más de los animales que los hombres. Todas las generalizaciones son malas, pero podría decirse que los gatos tenemos un cierto atractivo para las humanas de sexo femenino, como bien lo explica Rudyard Kipling en un cuento que tuve oportunidad de oír una vez que una de mis inquilinas se lo leyó a sus hijas».

El gato narrador, un tipo seguro de sí mismo —«no es que yo sea engreído, pero lo cierto es que tengo buen aspecto»—, cuenta cómo se va ganando la confianza primero de los niños de la familia y luego de los adultos, empezando por la madre. Su planteamiento es establecer «una clara y limpia relación de negocios. A cambio de que ellos me mantuviesen, yo proveía compañía, belleza y tema de conversación. Creo que es un trato justo: tanto mis inquilinos como yo salíamos ganando». Así que asistiremos a todas sus maniobras de acercamiento y veremos cómo se da cuenta de las tensiones familiares, pues pasan por apuros económicos debido a un accidente que sufre el padre, y cómo decide entonces actuar de forma sorprendente, no sólo para la familia sino también para los lectores.

La narración está bien llevada y la petulancia de Gato acaba siendo simpática e, incluso, bien justificada por sus numerosos talentos. Las referencias a su pasado, junto con algunos comentarios curiosos que hace, azuzan la curiosidad del lector, que irá satisfaciéndose según avanza la historia. Las ilustraciones realistas atraen y enriquecen el relato.

Mary Solari. Gato y los nuevos inquilinos (2018). Madrid: Narval, 2018; 128 pp.; ilust. de Antonio Zurera; ISBN: 978-84-948765-3-0. [Vista del libro en amazon.es]

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CoppoUnaHistoria.jpg
martes, 11 de septiembre de 2018

Hay relatos que hablan, por un lado, de su misma construcción, y, por otro, del mundo interior del niño que, con su imaginación, construye un mundo propio o, visto de otra manera, de cómo un personaje decide ser protagonista y coautor de su propia historia. Al margen de sus diferencias esto es lo que tienen en común, por ejemplo, Harold y el lápiz morado, Fídibus, The Pencil, Cuando Lía dibujó el mundo, Johanna en el trenChester, o Imagina. Se puede añadir a ellos ahora Una historia, de Marianna Coppo.

«Érase una vez una página en blanco…» es la frase que ocupa la primera doble página, y «…que enseguida dejó de estarlo» es la frase de la segunda, en la que aparecen ya cinco figuras, poco más que siluetas de varios animales. Se acaban dando cuenta de que están dentro de un libro y todos menos el más pequeño, algo así como un conejo, se colocan en la página derecha en espera de que llegue la historia a la que pertenecen. El pequeño conejo, sin embargo, permanece en la izquierda y, como los demás no responden a su propuesta de jugar a algo y se aburre, comienza a dibujar un exuberante mundo a su alrededor, que va creciendo con el paso de las páginas mientras los otros personajes siguen aguardando.

El álbum recuerda, externamente, a otros cuya cubierta se parece a un sobre de correo aéreo (como Lágrimas de cocodrilo), un recurso que tiene sentido por su contenido pero que no es el punto central de su argumento pues al protagonista no le afecta. Lo que más importa, en este caso, es lo indicado más arriba: que se formula bien la idea de cómo un personaje puede fabricarse su mundo y ser protagonista de su historia, y acoger luego en ella a los demás. La autora construye su relato con una notable claridad gráfica y frases sencillas, y lo resuelve muy bien con una última doble página en blanco en la que figura la misma frase del comienzo.

Marianna Coppo. Una historia (Una storia, 2018). Pontevedra: Kalandraka, 2018; 48 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Lola Barceló; ISBN: 978-84-8464-403-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 10 de septiembre de 2018

Se han publicado hace poco las ediciones en castellano de dos álbumes importantes de hace décadas, porque desde su publicación fueron muy populares en el mundo de habla inglesa, y porque ambos son buenos ejemplos de relatos divertidos y bien construidos: Mog, la gata despistada y El caracol y la ballena.

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viernes, 7 de septiembre de 2018

Unas citas de Los desheredados:

Insuficiencia de la información en la web. «La cultura no es un capital que se pueda usar a merced de nuestras necesidades. Solo adquiere todo su valor cuando se transmite y alimenta, de este modo, al que la recibe. Aprender un poema y saber encontrarlo en la web no significa lo mismo, en absoluto: los versos del poema que tengo en la memoria habitan en mi espíritu y, al hacerse eco de las situaciones que atravieso, me acerco a mi propia vida interior. Poder encontrar en algunos clics todas las grandes fechas de los siglos pasados no nos dispensa de aprender la cronología de nuestra historia: porque conocerla es poder situarse en el tiempo; es comprender, tomar consigo, en toda su profundidad, los periodos y rupturas que han contribuido a hacer de nosotros lo que somos, y así comprendernos mejor a nosotros mismos».

La necesidad de ejercitar la memoria. «No hay nada más hermoso que aprender de memoria, es decir, recibir plenamente una parcela de esa inmensa herencia que nunca se agota. La expresión misma, apprendre para coeur, manifiesta de forma luminosa, la unidad de inteligencia y sensibilidad, que crecen de la mano a partir de lo que nos es transmitido. Aprender de memoria es dejar que un texto, una música, un saber, nos habiten, nos transformen, eleven y aumenten nuestro espíritu y nuestro corazón hasta la altura que les es propia. Nuestro mismo ser tiene necesidad de esa maduración».

La necesidad de aprender a usar bien el lenguaje. «No es la singularidad en las visiones del mundo lo que nos opone: lo que nos aísla, verdaderamente, es la incapacidad de pensar en lo que nos rodea cuando nos falta el vocabulario adecuado». Por ejemplo, «cuando “amar”, “estimar”, “apreciar”, “admirar”, son invariablemente reemplazados por “molar”, el problema no es solamente que la expresión pierda su precisión sino sobre todo que la emoción pierde su riqueza. No es la comunicación; el corazón y la mirada se hacen incapaces de sentir los matices y de percibir la singularidad; se escuchan, se repiten y quedan finalmente aplastados bajo el peso de la uniformidad».

El valor de los libros. «Un libro (...) es un itinerario: requiere tiempo para ser recorrido. Esta es, por otra parte, su gran diferencia con la imagen, que se deja agarrar con la instantaneidad de una mirada. Para recibir lo que podemos encontrar en un texto hay que seguirlo línea a línea». La lectura no es una descarga de datos: su valor «no reside en el hecho de llegar al punto final sino en el camino que se sigue hacia él desde la primera palabra». Es importante tener en cuenta que «el mejor de los libros es el que no se contenta con procurarme un placer, viniendo a satisfacer mis expectativas; al contrario, es el que las sorprende, las supera, me saca de mi estado inicial; y es, al superarme, con su lectura, cuando me aproximo a lo que soy, a lo que pienso, siento y vivo. A través de su obra, el autor no me ofrece solo una diversión: aumenta mi propia libertad, me hace crecer, podríamos decir. Aquí está, por otra parte, el principio mismo de su autoridad: el auctor es aquel cuya particularidad es augere, “aumentar”. Aquello que el autor hace crecer en mí no es solamente un contenido de saber, una cantidad de cultura, un capital a mantener vivo, sino el ser mismo que yo soy».

La forma de leer los libros antiguos. Hoy muchos leen «las obras del pasado para encerrarlas en su pasado, para privarlas de esa actualidad que parecía caracterizarlas». A muchos lectores se les ha enseñado a ponerse delante de esos libros con la actitud de quien está convencido de su superioridad moral: la de quien prohíbe a la obra «que le transmita nada» y la de quien «se prohíbe recibir nada de ella: se sitúa sobre ella para poder juzgarla mejor, en vez de entrar en relación con ella para heredar lo que puede enseñarnos hoy día. Y de este modo la mata, de alguna manera; reduce a la nada, en cualquier caso, la posibilidad de su fecundidad actual, que constituía la razón de nuestro interés por ella. La transforma en fósil».

La importancia y la necesidad del agradecimiento. El reconocimiento es gratuito: no añade nada al acto que lo ha suscitado, pero tiene una gran eficacia pues transforma nuestra acción, igual que lo hace su ausencia. «El hombre contemporáneo se parece al Emilio de Rousseau, que “cree no deber nada a nadie”», como si esto fuera un ideal. Pero «nuestra ingratitud tiene efectos bien reales», como el de «la indiferencia por nuestro patrimonio, por unos tesoros construidos con el fervor de las generaciones pasadas, y que dejaremos que desaparezcan si no tienen suficiente rentabilidad turística o comercial». Además, nuestro patrimonio es también inmaterial: «La ignorancia vuelve mudas las estatuas, indescifrables las imágenes, incomprensibles los textos, los signos que hemos heredado pierden su sentido y, a su vez, su eficacia política y social. Nuestra incultura, que los hace poco a poco artificiales y obsoletos, es el resultado de nuestra ingratitud». La cultura muere de ingratitud.

La mayor generosidad del educador. «El encuentro con la autoridad, lejos de reducir, aumenta en el niño su propia libertad». «La auténtica generosidad del educador (…) no consiste en dejar al niño solo para preservar su independencia; ni siquiera sabría identificar con qué deseos podría realizarse. Dicha generosidad apela, por el contrario, a transmitir lo mejor de aquello que hemos recibido para generar una auténtica libertad. No hay acto de amor más grande que el acto de la autoridad». La experiencia tan común de que, con el paso del tiempo, terminamos amando más a quienes más nos exigieron significa que, «al transmitirnos con autoridad lo mejor que querían ofrecernos, nos revelaron a nosotros mismos nuestro propio valor y el que teníamos a sus ojos». La autoridad «no significa “ser amado por el niño” sino amarle, y amarle lo suficiente como para transmitirle los saberes, las fronteras, las aprobaciones y las prohibiciones que le mostrarán hasta qué punto apreciamos su propia libertad. En efecto, esta autoridad que hoy le ofrece referencias le permitirá escapar para siempre de la inmediatez del instinto, y así le prepara para convertirse él mismo en un adulto».

François-Xabier Bellamy. Los desheredados. Por qué es urgente transmitir la cultura (Les déshérités ou l’urgence de transmettre, 2014). Madrid: Encuentro, 2018; 172 pp.; trad. de Eduardo Martínez Graciá; ISBN: 978-84-9055-922-2. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 6 de septiembre de 2018

Los desheredados o Por qué es urgente transmitir la cultura, del filósofo francés François-Xabier Bellamy, es un gran libro. El autor, que se propone dar una visión de la cultura y de la educación y no dar consejos de pedagogía, afirma que las razones del fracaso actual de la educación están en que «hay una generación que desiste de transmitir a la siguiente lo que debería darle, es decir, el conjunto del saber, de los puntos de referencia, de la experiencia humana inmemorial que constituye su herencia».

Articula su libro con una introducción, una primera parte titulada «Tres sacudidas en un seísmo» —en la que expone ideas de autores que, de distintos modos, plantearon una «crítica radical de la transmisión», como fueron Descartes, Rousseau y Pierre Bourdieu—, una segunda parte para explicar que debemos «Refundar la transmisión», y una conclusión acerca de «La urgencia del reconocimiento».

En la segunda parte indica que «esta crisis no es un problema de medios ni de organización: es una cuestión de finalidades». Habla de que hoy abundan las fórmulas pedagógicas que resuenan en el vacío y que, en cambio, lo que la escuela tiene que hacer es «transmitir una cultura», «una cultura particular, con su lenguaje, historia, figuras y referencias singulares», pues es «a través de cada una de esas figuras particulares, en la singularidad del universo cultural en el que han nacido y que han marcado con su huella», como recibimos una enseñanza de alcance universal que nos permite comprender y estimar la singularidad del resto de tradiciones que podamos encontrar. «No creo en el choque de culturas sino en el choque de inculturas», afirma el autor.

Al final señala que es necesario actuar rápido si no queremos comprobar que, como decía Paul Valery, «las civilizaciones son mortales»: la cultura, por desgracia, no siempre impide que el hombre sea inhumano pero la incultura sí que le impide ser humano, y «el empobrecimiento cultural de cada vez más personas aumenta el embrutecimiento del mundo».

El autor de esta buena reseña indica que estamos ante «uno de los libros sobre educación más valiosos que se han escrito en lo que llevamos de siglo». Y el autor de esta elogiosa columna —citando a Bellamy en una entrevista—, subraya que «los jóvenes necesitan verticalidad, algo que los eleve con respecto a su condición, que los supere, que sea mayor que ellos», en lugar de pretender ayudarlos con «la abolición de la autoridad y de todo lo que creemos que es demasiado difícil para ellos».

Mañana pondré unas citas.

François-Xabier Bellamy. Los desheredados. Por qué es urgente transmitir la cultura (Les déshérités ou l’urgence de transmettre, 2014). Madrid: Encuentro, 2018; 172 pp.; trad. de Eduardo Martínez Graciá; ISBN: 978-84-9055-922-2. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 5 de septiembre de 2018

Rosa a pintitas, de Geneviève Godbout y Amélie Callot, es un álbum que cuenta un relato romántico y que, por tanto, se dirige más bien a un público juvenil e incluso adulto (pues los protagonistas ya no son muy jóvenes). Cuenta la historia de Adèle, una chica muy amable que lleva un café de un pueblo, y de Lucas, el chico que cada miércoles pone un puesto de verduras en el mismo café. Se ve que Adéle no lleva nada bien la lluvia, pues prefiere con mucho el sol. Luego se suceden algunos detalles de atención con Adèle, que ella no sabe de quién proceden, pero cualquier lector sí.

El título tiene que ver con el entusiasmo de Adèle por el rosa y porque los regalos que va recibiendo son de ese color. El gran atractivo del álbum está en la calidad de las ilustraciones, muy bien compuestas y que se basan en unos dibujos excelentes, que bien podrían ser de figurines de moda y que emplean unos colores dulces en tonos suaves que transmiten calidez. La historia está bien llevada: presentación de los protagonistas, una en primer plano y otro en segundo plano, planteamiento del miniconflicto de Adéle con la lluvia, acciones posteriores, y un satisfactorio desenlace plenamente de acuerdo con el género y el enfoque.

Geneviève Godbout. Rosa a pintitas (Rose à petits pois, 2016). Texto de Amélie Callot. Madrid: Impedimenta, 2018; 74 pp.; col. La pequeña Impedimenta; trad. de Ane Zulaika Centeno; ISBN: 978-84-17115-40-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 4 de septiembre de 2018

No soy buen juez de las composiciones poéticas, y menos de las más libres, como son las de Ciudades, unos cuarenta textos de Fran Alonso sobre sensaciones o aspectos propios de la vida urbana (en una ciudad costera y lluviosa), varias acompañadas de ilustraciones de Marc Taeger. De todas ellas me han gustado los textos más sencillos, como la historia de Bartolo, el loco de los semáforos, y comparaciones o imágenes, como la de la lluvia que «parece de fideos». En conjunto me han resultado más atractivas, debo decir, las ilustraciones simbólicas y sugerentes de algunos poemas.

Fran Alonso. Ciudades (2018). Pontevedra: Kalandraka, 2018; 64 pp.; col. Orihuela; ilust. de Marc Taeger; ISBN: 978-84-8464-386-9. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 3 de septiembre de 2018

Al leer ¡El lobo no nos morderá!, de Emily Gravett, me vino a la cabeza enseguida un álbum de argumento semejante: Comer un lobo, de Vincent Bourgeau y Cédric Ramadier. Gravett presenta tres graciosos cerditos, uno vestido como domador, otra como bailarina y otro como mago de circo, que presumen de lo bien entrenado que tienen a su lobo: lo hacen subirse a un taburete, le colocan un lazo enorme, lo hacen pasar por un aro, etc. Y alardean de que pueden conseguir que el lobo haga cualquier cosa pero que no les morderá.

La idea es buena, pues está bien advertir a los cerditos que los lobos son lobos, pero argumentalmente no es el mejor álbum de Gravett, pues no añade nada nuevo al juego de invertir papeles en los cuentos populares, o al de fingir que los inviertes. Pero los dibujos son tan simpáticos como cualquiera que conozca a la ilustradora puede suponer, la secuencia de imágenes está medida pues la estructura en episodios lo facilita, las guardas inicial y final sintetizan bien el contenido, y es excelente la forma de componer cubierta y contracubierta para que formen una unidad y sean el punto de partida del libro.

Emily Gravett. ¡El lobo no nos morderá! (Wolf Won't Bite!, 2018). Barcelona: Picarona, 2018; 32 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-8416648245. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 1 de septiembre de 2018

En bienvenidosalafiesta: notas de agosto.

De los libros infantiles comentados este mes es un gran álbum antiguo Paso a paso, es divertido El garaje de Gus, son excelentes cómics infantiles los de Ariol, y es un magnífico álbum para cualquier edad Mi barco.

De los libros de otro tipo reseñados últimamente recomendaría especialmente Comunicación efímera y Juan Sebastián Elcano. La mayor travesía de la historia.

Vuelvo a publicar reseñas en Libros para jóvenes en el mes de septiembre.

En medium he publicado, algo corregidos, unos comentarios antiguos a Gilead, En casa y Lila y a varias novelas de Evelyn Waugh, y otro más a Destellos sobre el abismo, tres trilogías que tienen en común que tratan de padres e hijos, aunque también hablen de otras cosas. También he puesto una nota sobre Las entradas más visitadas y otra que he titulado Una especie de índice de notas: ambas las iré actualizando en el futuro.

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