Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
FirthWaddellTuyyo.jpg
sábado, 21 de septiembre de 2019

He actualizado la información y he puesto datos de nuevas ediciones de los álbumes de la serie de Osito de Barbara Firth y Martin Waddell.

Enviar Imprimir
AlexievichRostroMujer.jpg
viernes, 20 de septiembre de 2019

La guerra no tiene rostro de mujer es el primer libro que publicó Svetlana Alexiévich y fue el resultado de sus conversaciones con cientos de mujeres de la URSS que participaron en la segunda Guerra Mundial. En la edición publicada en 2013 añadió pasajes que había quitado en la edición primera, bien por indicación de la censura, bien porque prefirió retirarlos ella misma.

Es un libro del que surge una visión desconocida de la guerra. Primero porque las mujeres desempeñaron todo tipo de ocupaciones. Una de sus entrevistadas, igual que otras, recuerda que se presentó voluntaria porque «así es como nos habían educado, nada debía ocurrir en nuestro país sin que nosotros fuéramos partícipes. Nos enseñaron a amar a nuestro país. Admirarlo. Si había empezado la guerra, nuestro deber era ayudar. Si hacían falta enfermeras, debíamos aprender a ser enfermeras. Si hacía falta manejar cañones antiaéreos, debíamos aprender a manejarlos».

El panorama de la guerra resulta también diferente al que se suele mostrar porque los recuerdos y el modo de recordar de las mujeres son distintos a los de los hombres. «La guerra femenina tiene sus colores, sus olores, su iluminación y su espacio. Tiene sus propias palabras. En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana. En esta guerra no solo sufren las personas, sino la tierra, los pájaros, los árboles. Todos los que habitan este planeta junto a nosotros. Y sufren en silencio, lo cual es aún más terrible».

Hay momentos en los que, afirma la autora, siguiendo la pista «del espíritu humano allí donde el sufrimiento transforma al hombre pequeño en un gran hombre», se deja de ver «el proletariado mudo de la Historia, que desaparece sin dejar huella», y se ve su alma. Como en el testimonio de una sargento, servidora de una pieza antiaérea, que dice: «Me fui al frente siendo una materialista consciente. Una atea. Me fui siendo una buena alumna de la escuela soviética. Y allí… Allí empecé a rezar… Antes de cada combate rezaba mis propias oraciones. Eran palabras sencillas… Mis propias palabras… Siempre decía lo mismo: rezaba por volver con mis padres. No me sabía las oraciones de verdad y no me había leído la Biblia. Nadie me vio rezar. Lo hacía a escondidas. Con mucha precaución. Porque… entonces éramos distintos, la gente entonces era diferente».

Son interesantes, como siempre, las observaciones de la escritora en relación a su trabajo. Así es como lo describe: «No escribo sobre la guerra, sino sobre el ser humano en la guerra. No escribo la historia de la guerra, sino la historia de los sentimientos. Soy historiadora del alma». Acierta cuando señala que tal cosa tiene una gran dificultad adicional, la de «que hablamos del pasado con el lenguaje de hoy. ¿Cómo se podrán transmitir los sentimientos de entonces?». Uno de sus objetivos lo presenta del siguiente modo: «Quiero discernir en esa persona al ser humano eterno. La vibración de la eternidad. Lo que en él hay de inmutable». Para eso, afirma, no atiende a los grandes hombres sino «al pequeño gran hombre. Ultrajado, pisoteado, humillado, aquel que dejó atrás los campos de Stalin y las traiciones, y salió ganador».

En otro momento dice: «Yo me convierto en un testigo. Un testigo de lo que la gente recuerda, de cómo recuerda, de lo que quiere comentar y de lo que prefiere olvidar, encerrar en el rincón más lejano de su memoria. (...) De cómo estas mujeres se desesperan buscando las palabras adecuadas, deseando reconstruir lo desaparecido, con la ilusión de que la distancia en el tiempo les ayudará a hallar el sentido completo de los hechos que vivieron. Ver y comprender lo que entonces no pudieron ni ver ni comprender. Observan y se reencuentran. Muchas veces se han convertido en dos personas: esta y aquella, la joven y la vieja. La persona en la guerra y la persona después de la guerra. Mucho después de la guerra. Me persigue la sensación de que oigo dos voces a la vez».

Svetlana Alexiévich. La guerra no tiene rostro de mujer (U voiný ne zhénskoe litsó, 1985). Barcelona: Debolsillo, 2017; 368 pp.; col. Ensayo-Crónica; trad. de Yulia Dovrovolskaia y Zahara García González; ISBN: 978-8466338844. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
HeyerFrederica.jpg
jueves, 19 de septiembre de 2019

Frederica, de Georgette Heyer, pertenece a las llamadas regency novels. Tiene lugar en Londres, en 1818. El protagonista varón es el rico, joven y soltero marqués de Alverstoke, «el mejor partido del Mercado Matrimonial» se nos dirá. Al principio de la novela se muestra su modo de ser egoísta y su agudeza sarcástica cuando habla con dos de sus no menos egoístas hermanas. Luego entra en escena la sensata y resuelta Frederica Merriville, que desea presentar en sociedad a su joven y muy guapa hermana Charis, y que para eso acude a Alverstoke, con quien tiene una relación de parentesco lejana. Y mientras progresa el trato de Alverstoke con las chicas Merriville y sus hermanos pequeños, sucede lo inevitable.

Libro que cuenta con grandes atractivos. Para muchos, el enamoramiento lento y bien conducido de los protagonistas. Para otros, la personalidad bien dibujada de Frederica, «espontánea y mandona», tan poco pendiente de muchas convenciones, y capaz de sostener diálogos ágiles y combates dialécticos de igual a igual con Alverstoke (un modo de ser que no sugiere, ni mucho menos, la cubierta de la edición). Para otros, que los ambientes y escenarios de la época y el lugar estén reconstruidos con cuidado, sin mucha extensión pero de modo preciso —modas, trajes, fiestas y bailes de sociedad, calles y parques de la ciudad, etc.—. Y, por supuesto, la novela muestra bien una forma de trato educado que hoy echamos de menos tantas veces: por ejemplo, de una de las hermanas de Alverstoke se nos dice que «que nunca mostraba emociones inapropiadas como la rabia o el resentimiento».

Georgette Heyer. Frederica (1965). Madrid: Palabra, 2019; 494 pp.; col. Novel; trad. de Almudena Ligero; ISBN: 978-84-9061-822-6. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
SannaMiMiedoYo.jpg
miércoles, 18 de septiembre de 2019

Mi miedo y yo, de Francesca Sanna, se puede considerar una continuación de El viaje. En la primera doble página la niña narradora y protagonista, a quien vemos con amigos y al lado de un pequeño ser fantasmal dice que «siempre he tenido un secreto. Un pequeño amigo llamado Miedo». En la segunda indica que «Miedo cuida de mí y siempre me ha mantenido a salvo» y que «juntos nos hemos atrevido a explorar cosas nuevas y también nos hemos llenado de espanto». Pero, sigue, cuando han llegado a un nuevo país, su amigo ha empezado a crecer y a crecer, cosa que vemos en las imágenes, y ella no logra moverse ni estar con nadie más…

Las ilustraciones planas y cálidas transmiten bien, con realismo pero sin resultar agobiantes, los problemas de la protagonista. Que la figura de Miedo quede perfilada usando el blanco del fondo es un gran acierto. El paso de la cubierta a la contracubierta y el de las guardas del principio a las del final tienen algo de síntesis amable de la narración. Si al tomar el álbum en las manos pensé que, una vez más, tendría delante un relato acerca de la «gestión de las emociones», luego me alegró comprobar que no era así: estamos ante un libro que trata de problemas reales, gráficamente construido con talento y atención a los detalles, de los que puede ayudar a los lectores a entenderse a sí mismos y a entender mejor a otros —en particular a quienes tienen que lidiar con el desarraigo y deben hacerse a un nuevo lenguaje y un nuevo país—, y también a comprender que todos formamos como un gran castillo de naipes en el que no solo dependemos unos de otros sino que nuestras debilidades pueden convertirse también en puntos de apoyo.

Francesca Sanna. Mi miedo y yo (Me and my Fear, 2018). Madrid: Impedimenta, 2019; 36 pp.; col. La pequeña Impedimenta; trad. de Ane Zulaika Centeno; ISBN: 978-8417115852. [Vista del álbum en amazon.es]

Enviar Imprimir
EmmerichsGianoneCualHistoria.jpg
martes, 17 de septiembre de 2019

Me interesó el argumento de ¿Cuál es tu historia?, de Bern Emmerichs y Rose Giannone, aunque no tanto la forma de contarlo. Primero habla de que los primeros australianos fueron, en su mayoría, convictos que llegaban al continente después un largo viaje, y de los aborígenes que vivían entonces allí. Luego aparecen los dos protagonistas: Leonard, un chico al que le gusta dibujar, que sale a pasear y ve a su alrededor un mundo en el que todo le sorprende, y Milba, una chica de la tribu de los eora que también siente curiosidad por los nuevos habitantes de sus tierras.

El álbum cumple bien su función de presentar el choque de mentalidades y estilos de vida: se ve que eso es lo que pretende y entiendo que en su edición original debe ir acompañado de una guía escolar. Las ilustraciones, sobre cerámica, son eficaces, y las figuras de los protagonistas tienen personalidad, pero no son tan vistosas como podrían ser (o como esperaríamos que fueran). Ese punto, y que algunas líneas de la narración parecen innecesarias (algo que suele ocurrir cuando un álbum se concibe y construye para uso escolar), disminuyen un poco el atractivo del álbum. Sea como sea, en nuestro ámbito siempre se ha de dar la bienvenida a un libro de los que abre perspectivas y estimula la curiosidad.

Bern Emmerichs. ¿Cuál es tu historia? (What’s Your History, 2013). Texto de Rose Giannone. Barcelona: Ekaré, 2019; 36 pp.; trad. de Carmen Diana Dearden; ISBN: 978-84-948859-9-0. [Vista del álbum en amazon.es]

Enviar Imprimir
OxenburyPatoGranjero2.jpg
sábado, 14 de septiembre de 2019

He actualizado los comentarios, aprovechando que han salido nuevas ediciones, de tres libros excelentes: El pato granjero, que había puesto hace años en la página pero en su edición inglesa, El cuento sin fin de Martín, nueva edición y traducción de un álbum publicado hace tiempo con el título El libro favorito de Carlitos, y Zlateh, la cabra y otras historias, una nueva edición y traducción de Cuentos judíos de la aldea de Chelm.

Enviar Imprimir
AlexievichZinc.jpg
viernes, 13 de septiembre de 2019

Los muchachos de zinc, de Svetlana Alexiévich, es un libro dedicado a los más de 50.000 soldados que murieron en la guerra de Afganistán (1979-1989): sus cadáveres eran repatriados en ataúdes de zinc. Como para sus otros libros, la autora entrevistó a centenares de personas: soldados supervivientes, enfermeras de los hospitales, madres de los fallecidos... Una de sus ideas es dar voz a quienes no la tienen o a quienes no se la dan las versiones oficiales de lo sucedido y, en esa línea, presta particular atención a los testimonios de las mujeres: una de ellas le dice que «los hombres combaten en la guerra, y las mujeres lo hacemos después… Nosotras combatimos después de la guerra».

Una pregunta detrás del trabajo de Alexiévich es «¿cuánto hay de humano en el ser humano? Unos creen que mucho, otros opinan que poco. Debajo de la fina capa de la cultura enseguida aparece la bestia». Y una de sus inspiraciones es Dostoievski, de quien cita Los demonios: «El hombre y sus convicciones son, está claro, dos cosas muy diferentes. Todos somos culpables, todos somos culpables… ¡solo nos falta convencernos de ello!» (aunque, continúa Alexiévich, él decía que esta reflexión no era suya, sino de Vladímir Soloviov). Con todo, dice, «si no hubiera leído a Dostoievski me sentiría aún más desesperada…»

Explica que a ella le gusta el lenguaje oral pues «fluye libremente» y con él es como se pueden reconstruir los sentimientos: «Yo rastreo el sentimiento, no el suceso. Cómo se desarrollan nuestros sentimientos, no los hechos». Afirma también que los grandes acontecimientos ya quedan fijados en la Historia pero que los pequeños, importantes para el hombre pequeño, desaparecen sin dejar huella: «eso es a lo que yo me dedico desesperadamente (libro tras libro): a disminuir la historia hasta que toma una dimensión humana».

Más adelante lo dice así: «los libros que escribo son un documento y a la vez mi visión de los tiempos. Yo recopilo los detalles, los sentimientos, no de una vida concreta, sino del aire del tiempo en su totalidad, de su espacio, de sus voces. No invento, no fantaseo, sino que construyo los libros a partir de la realidad misma. (...) Yo escribo (...) las voces vivas, las vidas. Antes de pasar a ser historia, todavía son el dolor de alguien, el grito, el sacrificio o el crimen. Incontables veces me he hecho la pregunta: “¿Cómo pasar entre el mal sin aumentarlo, sobre todo hoy en día, cuando el mal adopta unas dimensiones cósmicas?”. Antes de comenzar cada libro me lo pregunto. Esto ya es mi carga. Y mi destino».

Svetlana Alexiévich. Los muchachos de zinc (Tsínkovye málchiki, 1994). Barcelona: Debolsillo, 2017; 336 pp.; col. Ensayo-Crónica; trad. de Yulia Dobrovolskaia; ISBN: 978-8466339674. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
PerezKolia.jpg
jueves, 12 de septiembre de 2019

Cuando debo explicar por qué nos gustan las ficciones que nos gustan suelo comenzar por decir que hay relatos que provocan en nosotros una fuerte identificación con algún marcado rasgo personal, como, por ejemplo, que se desarrollan en la propia ciudad o que tratan de una afición que compartimos. Cuando debo explicar por qué no hay grandes novelas o películas sobre deportes, aunque haya grandes excepciones que merecen ser comentadas luego, suelo decir, precisamente, que la identificación que provocan en el lector o espectador aficionado a ese deporte nunca es del todo satisfactoria pues las emociones del deporte contado o filmado nunca pueden equivaler a las del deporte real.

Dicho lo anterior, mi pasado explica en parte por qué me ha gustado Kolia, una novela de Leandro Pérez cuyo narrador y protagonista es un chaval baloncestista, de 14 años, dos metros de estatura, y de Burgos. La novela comienza cuando su equipo gana, gracias a él, la final de España cadete frente al Real Madrid, y le comienzan a llegar posibles ofertas. Luego cuenta las semanas posteriores: celebraciones, final de curso académico, comienzo de su noviazgo, vaivén de discusiones y conjeturas que hacen Kolia, su familia y sus amigos, etc... La novela presenta bien los ambientes propios del baloncesto que algunos hemos seguido en el pasado —aparecen nombres conocidos y anécdotas famosas de grandes jugadores—, y también refleja con acierto las emociones y ansiedades de Kolia, un chico con unos padres acogedores que fueron deportistas de primer nivel, y unos amigos excelentes.

El primer párrafo también quiere decir que veo grandes limitaciones a cualquier descripción escrita de los momentos emocionantes de un partido como los que aquí se cuentan: aunque yo los pueda comprender y «sentir» muy bien, no reflejan ni de lejos la realidad para quienes los conocemos y no es fácil que conecten con muchos lectores que no están familiarizados con ellos. Pero en este caso la narración es buena y tiene frescura: el mismo Kolia dice que se le da bien escribir y lo hace con naturalidad, usando expresiones propias de la prensa deportiva y del lenguaje común —«fijo», «sí o sí», «flipar»…—; además, el hecho de que sea él y no un narrador «experto» quien cuente las cosas, contribuye a que su relato convenza más. Los tramos en los que se suceden diálogos a través de mensajes de texto entre los protagonistas están bien justificados por el desarrollo de la historia. En la construcción de personajes es un gran acierto —para mí el mayor— la figura del padre de Kolia: antiguo jugador croata que habla de forma sincopada y directa, muy graciosa y muy reconocible. Por último, para mí también es un punto a favor de Kolia lo que tiene de novedad en el panorama de los libros juveniles españoles.

Leandro Pérez. Kolia (2019). Barcelona: Planeta, 2019; 220 pp.; ISBN: 978-84-08-20929-4. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
DesmondElefante.jpg
miércoles, 11 de septiembre de 2019

El oso polar y El elefante, de Jenni Desmond, son dos álbumes de construcción semejante a La ballena azul y, como este, tienen también un carácter introductorio a los temas que tratan, aparte de que se parezcan porque los tres tratan de animales enormes. Son álbumes con dos protagonistas: el animal correspondiente y una niña (en el caso del oso) y un niño (en el del elefante). Al principio la niña o el niño buscan y leen libros sobre sus temas respectivos, y a continuación se van dando informaciones de todo tipo. Es atractiva la mezcla de ilustraciones pictóricas más o menos hiperrealistas —con collages, acuarelas, lápices de colores…—, cuando aparecen los osos o los elefantes, con las basadas en dibujos esquemátivos cuando vemos a la chica o al chico lector —quien a veces está dentro de alguna escena real, como si su imaginación le hubiese conducido allí mientras leía—.

Jenni Desmond. El oso polar (The polar bear, 2016). Madrid: Kókinos, 2018; 39 pp.; trad. de Miguel Ángel Mendo; ISBN: 978-84-17074-63-0. [Vista del libro en amazon.es]
Jenni Desmond. El elefante (The elephant, 2018). Madrid: Kókinos, 2018; 44 pp.; trad. de Miguel Ángel Mendo; ISBN: 978-84-17074-65-4. [
Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
NewmanAstroCatCohetes.jpg
martes, 10 de septiembre de 2019

El profesor Astro Cat y los cohetes espaciales es otro álbum de Ben Newman y Dominic Walliman que se alinea con El profesor Astro Cat y el sistema solar pues es también para primeros lectores. En él hay poca información pero muy bien presentada por los autores y sus narradores habituales de los últimos libros. Los capítulos en los que se divide la información, cada uno en una doble página, son: Viajar por el espacio, ¿Cómo viajamos al espacio?, Cohetes, Historia de los viajes espaciales, Apolo 11, Fases del lanzamiento, Alunizaje, De vuelta a la tierra, Transbordadores espaciales modernos, Transbordadores famosos y sus misiones, Nuestra siguiente misión: Marte y más allá, ¡Cohetes para todos!, Glosario. Para ciertos lectores el libro se podría complementar bien con el magnífico I Want to Be an Astronaut.

Ben Newman. El profesor Astro Cat y los cohetes espaciales (Professor Astro Cat's Space Rockets, 2018). Texto de Dominic Walliman. Albolote (Granada): Barbara Fiore, 2018; 24 pp.; trad. de Enrique Maldonado Roldán; ISBN: 978-84-16985-15-9. [Vista del álbum en amazon.es]

Enviar Imprimir
sábado, 7 de septiembre de 2019

He puesto voces en el diccionario a Liniers, John Le Carré y John Flanagan.

Enviar Imprimir
LivelyVidaJardin.jpg
viernes, 6 de septiembre de 2019

Vida en el jardín, de Penelope Lively, es un libro ameno para todos aquellos que sean aficionados a la jardinería o a ver jardines. También, a quienes estén interesados en los libros que hablan de jardines: de jardines de ficción y de jardines descritos por quienes saben de la cuestión, «los escritorse de jardín» los llama la autora. Yo no sé nada de jardines pero he abordado el libro porque todo lo que firma Penelope Lively tiene calidad, y este libro no es una excepción, y porque, aparte de hacer referencias a muchos libros que conozco, comenta con acierto algunos.

Así, El jardín secreto le parece una historia «con una carga de significado demasiado pesada y obvia» que, además, es en exceso sentimental y tiene muchos toques caprichosos. En ella se «nos dice que los niños se comportarán según se les haya tratado, que un trauma puede superarse si se aplica el tratamiento adecuado, que el aire fresco y las actividades en el exterior son beneficiosos para el ser humano». Señala que «ese énfasis en el poder sanador del pensamiento positivo tiene su origen en la ciencia cristiana, movimiento que interesaba mucho» a la autora y que la «importancia crucial que se otorgaba al aire fresco formaba parte del abecé de los cuidados infantiles a principios del siglo XX».

Por contraste, aplaude con entusiasmo El jardín de medianoche, un relato con una voz narrativa pura y directa en el que un jardín soñado resulta ser un «magnífico catalizador de una fantasía sobre la naturaleza del tiempo» y de la memoria. Explica cómo para el protagonista, un niño llamado Tom, llega en la novela «un momento de madurez, una visión de la continuidad y del hacerse adulto», que convierten a El jardín de medianoche en «uno de los mejores libros infantiles de todos los tiempos».

Habla también Lively con calor de Mi Ántonia, para ella la mejor de las doce novelas de Willa Cather, donde se describen los huertos y jardines de los pioneros en la pradera, porque la conquista de la naturaleza tenía un propósito que al principio era práctico pero más tarde se convirtió en estético. Y de La edad de la inocencia, de Edith Wharton, donde una escena en la que se describe un jardín tiene remarca bien el estilo de vida de los personajes y se presenta «la jardinería como demostración de poder y de estatus».

Esta es una excelente reseña.

Penelope Lively. Vida en el jardín (Life in the Garden, 2017). Madrid: Impedimenta, 2019; 220 pp.; trad. de Alicia Frieyro; ISBN: 978-84-17553-05-0. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
sábado, 31 de agosto de 2019

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de agosto.

Un álbum divertido e instructivo: Los problemas de Jirafa. Un álbum revelador: Pueblo frente al mar.

Unos relatos con ilustraciones ricas, que han sido reeditados y que merecen ser conocidos: los de Jill Barklem.

Un buen cómic de vida escolar: Preparada, lista... ¡Bienvenida a clase! Una entretenida novela de aventuras: Un tesoro en la nieve.

Una novela con una narradora inolvidable: Kramp. Un gran libro testimonio: Los náufragos de las Auckland.

Unas citas de valor literario y humano que conviene no perderse son las que he pusto de Henry James y de Italo Calvino.

En Libros para jóvenes: notas del mes de julio.

En medium, durante agosto, he puesto 'La reina Blanca de Castilla', de Regine PernoudUn comentario a 'Antígona'; Pensar bien las consecuencias de lo que uno hace; y recordé 'Un camino entre dos mares', de David McCullough.

AVISO
Este boletín se publica en twitter, facebook y en esta misma página. Además, quienes deseen recibirlo en un correo a través de TinyLetter han de pulsar en Boletín informativo y suscribirse.

Enviar Imprimir
AusterVidaenpalabras.jpg
viernes, 30 de agosto de 2019

Algunas notas tomadas de Una vida en palabras, una larga entrevista con Paul Auster sobre todas sus obras.

Sobre la importancia de usar bien el lenguaje para comprender bien las cosas. «Es interesante observar a la gente cuando practica algún deporte, un partido de béisbol, por ejemplo. Un jugador coge una pelota y la lanza, otro blande el bate, todo el mundo echa a correr a un lado y a otro, la multitud se pone en pie y grita entusiasmada. Hasta que no se aprenden las normas, las palabras de las normas, lo que se ve es un caos. Una vez que se adquiere el vocabulario para articular lo que se ve, se empieza a comprender lo que pasa. Los hechos son los mismos, pero sin el lenguaje resultan incomprensibles».

Sobre los libros de memorias. «Cuando la gente asegura recordar exactamente lo que se dijo entonces, se limita a utilizar las convenciones de la ficción popular para adornar su vida. Esas obras me parecen deshonestas. En realidad, se trata de un problema moral, ¿no cree?, si se miente y se insiste en que se está diciendo la verdad».

Sobre lo que no se dice. «Cuanto más escribía, más comprendía que lo que se deja fuera es tan importante como lo que se pone. En mi experiencia como lector, siempre he encontrado agradable que el autor escriba de tal forma que llegue a involucrarme plenamente. En otras palabras, no debe decirse todo. Ha de haber espacio para que el lector colme las lagunas. Resulta más estimulante. De ese modo, el libro es una colaboración entre escritor y lector y, en cierto sentido, cada libro resultará diferente para cada persona que lo lea. A todo texto que se lea, lleva uno su propio pasado, su propio carácter, su propia historia. Hay autores que le abruman a uno con demasiadas palabras. No hay espacio suficiente. No te dejan entrar».

El cine y la literatura. «El cine es ilusión. Como he trabajado en el cine, siempre he tenido muy presente su irrealidad. Los espectadores ven una película acabada y piensan: “Oh, parece tan real”, pero nada podría ser menos “real” que un film. Es una serie de imágenes proyectadas en un rectángulo bidimensional. La sensación de profundidad que tenemos al ver una película es simplemente un producto de las técnicas fotográficas. No hay profundidad. Cuando se escribe un guion, se está escribiendo para ese rectángulo, mientras que cuando se escribe una novela, se trabaja en tres dimensiones. Se degustan y se huelen cosas, también…, y se tocan. Es una experiencia más plena».

Entrevista de Inge-Birgitte Siegumfeldt a Paul Auster. Una vida en palabras (A Life in Words: In Conversation with I. B. Siegumfeldt, 2017). Barcelona: Seix Barral, 2018; 416 pp.; col. Los tres mundos; trad. de Benito Gómez Ibáñez; ISBN: 978-8432233869. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
McSwigganTesoroNieve.jpg
jueves, 29 de agosto de 2019

Un tesoro en la nieve, de Marie McSwigan, es una buena novela de aventuras infantiles que se ambienta en Noruega el año 1940 y fue muy popular desde su publicación el año 1942.

Poco antes de que las tropas nazis invadan Noruega algunas personas piensan cómo evitar que los invasores se hagan con el oro del país —nueve millones de dólares al cambio— y cómo mandarlo a Estados Unidos sin que los ocupantes se den cuenta. Para eso primero trasladan el oro a una gran cueva situada en la montaña y relativamente cerca del mar. Luego preparan y organizan a unos niños para que, en sus correrías habituales con trineos, mandados por el joven Peter, de trece años, lo vayan llevando poco a poco a un lugar cercano a donde se oculta el barco. A lo largo de varias semanas lo pueden hacer sin grandes dificultades pero, cuando ya queda poco para terminar, un soldado alemán los descubre.

La historia tiene un argumento como el de La isla del tesoro pero al revés: en este caso, en vez de llegar a encontrar un enorme tesoro oculto en una cueva, los protagonistas tienen que retirar un enorme tesoro de una cueva sin que sus enemigos se den cuenta. El relato atrapa pues tiene tensión, no falta el inevitable comandante autoritario a quien satisface mucho burlar, y el incidente final del soldado que descubre lo que hacen los chicos da unos inesperados giros que añaden emoción a la trama.

Por lo que he podido averiguar fue real el traslado del oro noruego a un puerto de los Estados Unidos pero parece ser ficción la intervención de los niños tal como se cuenta, aunque la autora en su momento dijo que tomó pie de algunas noticias de prensa que se referían a ellos para componer su novela.

Marie McSwigan. Un tesoro en la nieve (Snow Treasure, 1942). Barcelona: Invisibles, 2017; 208 pp.; col. El jardín secreto; trad. de Montse Triviño; ISBN-13: 978-8494707032. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo