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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Los dragones del castillo ruinoso y otros cuentos alocados, de Terry Pratchett, contiene catorce historias escritas y publicadas por el autor cuando era joven, aunque fueron algo corregidas para esta recopilación. Son relatos más bien infantiles o juveniles y tienen el tono bromista y el humor desenfadado típico del Pratchett más popular.

Por ejemplo, hay dos textos titulados «Relatos del pueblo de la Alfombra» y «Otro relato del Pueblo de la Alfombra», que son como una versión menor de El éxodo de los gnomos: en el primero sus protagonistas son los habitantes del pueblo de la Cerilla Caída y están preparándose para partir, pues «la Alfombra se estaba deshilachando»; en el segundo, un audaz explorador llamado Cristóbal Pilajo propone una expedición hacia el Felpudo.

Hay relatos, también, de caballeros arturianos venidos a menos, como el que da título a la recopilación, o de curiosos príncipes de cuentos de hadas como «Edwo, el caballero pelmazo», un sabelotodo insufrible al que le regalan una bota de tres leguas y media, es decir, la mitad de un par de botas de siete leguas, que lógicamente hay que usar a la pata coja.

Uno de los que me ha hecho más gracia ha sido «Hércules la Tortuga», un animal que siempre piensa y habla en mayúsculas, y al que cuando le preguntan por qué lo hace responde con un simple «Lo Hacemos Todas las Tortugas (…). Es Tradicional. Ya Sabes». Otro es «Dok el cavernícola», un tipo que —como el protagonista de Gruñón y el mamut peludo— va inventando incansablemente todo tipo de cosas: la rueda, la barca, el fuego, la calefacción central…, aunque todos los inventos le salen mal.

Terry Pratchett. Los dragones del castillo ruinoso (Dragons at Crumbling Castle and Other Stories, 2014). Barcelona: Montena, 2016; 319 pp.; trad. de Manuel Viciano; ISBN: 978-84-9043-567-0. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 27 de septiembre de 2016

La versión ilustrada por Roberto Innocenti de Cenicienta, de Charles Perrault, es uno de esos libros ilustrados que no había comentado aquí pero que recomiendo siempre que se me presenta la oportunidad. El ilustrador italiano ambienta sus imágenes en los años veinte y las planifica con cuidado. Abre la historia con varias ilustraciones que actúan como un zoom que nos mete de lleno en los ambientes del relato y nos presenta del modo más natural a los personajes; elige muy bien qué momentos de la historia llevarán imágenes para cubrir todo el arco argumental, y también la amplía más allá de lo que cuentan las palabras: añade personajes, coloca detalles de interés en cada ilustración y prolonga la historia con las imágenes de cierre del libro. Luego, es magistral cómo, en el interior de cada ilustración, cuenta varias cosas, gracias al uso de los fueras de campo internos —las cosas que ocurren al fondo de una imagen donde, al menos en principio, uno no se fija—, y gracias al uso de los fueras de campo externos —las cosas que no se ven pero que originan lo que se ve o impulsan la curiosidad del espectador hacia delante—. En esta reseña de hace tiempo hay algunos comentarios más y varias ilustraciones.

Charles Perrault. Cenicienta (Cendrillon, 1697). Texto de Charles Perrault. Madrid: SM, 2012; 30 pp.; ilust. de Roberto Innocenti en 1983; trad. de Luis Alberto de Cuenca; ISBN: 978-84-675-5720-6. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 26 de septiembre de 2016

Cuenta los pájaros, de Alice Melvin, es un libro de números, de uno a veinte. En distintas escenas, que a veces van en una doble página y a veces en páginas simples, van apareciendo un gallo, dos loros, tres patos, cuatro crías, cinco pájaros de tela, etc. Cada imagen se presenta con unos pocos versos que, aunque no conozco los originales, se adivina que suenan muy diferente a los originales ingleses. Las ilustraciones tienen calidad, son graciosas y, algunas al menos, recuerdan las de Pat Hutchins.

Alice Melvin. Cuenta los pájaros (Counting birds, 2009). Barcelona: Corimbo, 2016; 32 pp.; trad. de Ana Galán; ISBN: 978-84-8470-539-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 24 de septiembre de 2016

Acabo de poner en Amazon, de momento solo en Amazon, una segunda edición de Itinerarios lectores.

En ella he rectificado algunas cosas de la primera y he ampliado algunas secciones con libros publicados en los últimos años. Además, he corregido bastantes cosas pequeñas de redacción y he añadido nuevas observaciones y referencias.

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viernes, 23 de septiembre de 2016

Una novela cuyo argumento es deudor de Los europeos es La edad de la inocencia, de Edith Wharton. Se suele presentar como un relato que ataca las convenciones sociales rígidas de la época que describe, y que fustiga la hipocresía de algunas actitudes, en especial las que permiten a los hombres comportamientos que, de ninguna manera, se permitían a las mujeres. Pero es más que eso.

Nueva York, hacia 1870. El joven abogado Newland Archer está prometido en matrimonio con May Welland, cuando vuelve a la ciudad la condesa Ellen Olenska, una prima de May que abandonó a su marido, un noble polaco, situación que acepta la familia Welland aunque de ninguna manera desean que se divorcie. Newland se casa con May pero termina enamorándose de Ellen e incluso está dispuesto a huir con ella. Pero, al final, todo queda como estaba, principalmente debido al deseo de Ellen de no hacer daño a May y a su matrimonio.

La novela es un formidable retrato detallista de los modos de vivir de la época y del ambiente tan particular de las familias de clase muy alta de Nueva York. El título se refiere a la suavidad aparentemente inocente de los modos externos en ese ambiente que, sin embargo, es de una dureza inexorable cuando llega el momento de imponer sus leyes. Es el comportamiento de «una gente que temía el escándalo más que la enfermedad, que valoraba más la decencia que el coraje y que consideraba que nada era de peor educación que una “escena”, salvo el comportamiento de quienes la provocaron».

El núcleo de la crítica social que hace la novela se dirige contra la opinión de la madre de Newland, común en su sociedad, de que «cuando “pasan estas cosas”, el hombre ha hecho sin duda una tontería, pero la mujer ha cometido un delito». De hecho, la novela se centra en cómo Archer acaba viéndose a sí mismo frente «al temido argumento del caso particular. Ellen Olenska no era como ninguna otra mujer, él no era como ningún otro hombre; y por consiguiente su situación no se parecía a ninguna otra, y no respondían ante más tribunal que el de su propio juicio». Pero, al final, si su comportamiento no es igual de canalla que el de los amigos suyos a los que tanto había criticado, es gracias a su mujer y a Ellen, que se acaban comportando con notable inteligencia y altura de miras. O, dicho de otro modo, y frente a cualquier visión de la realidad en blanco y negro: si las convenciones sociales pueden ser una tapadera para la hipocresía, también pueden contribuir a que la pasión no tome el mando y al final impere la sensatez.

Edith Wharton. La edad de la inocencia (The Age of Inocence, 1920). Barcelona: RBA, 1994; 224 pp.; col. Obras Maestras de la Literatura Contemporánea; trad. de Manuel Sáenz de Heredia; ISBN: 84-473-0646-1. Otra edición en Barcelona: Tusquets, 1995; 304 pp.; col. Fábula; ISBN: 978-8472238626. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 22 de septiembre de 2016

Otra novela clásica que no había leído hasta este verano pasado: Eugenia Grandet, la novela más popular de Honoré de Balzac. Forma parte de La comedia humana, pero es una narración completa en sí misma, y se suele decir que, después de El avaro, de Molière, en ella figura el avaro más famoso de la literatura.

Se sitúa en la época de la restauración borbónica y se centra en el tío Grandet, un bodeguero provinciano que se hace muy rico gracias a su habilidad y a su dureza. Vive con su mujer, su hija Eugenia, y una fidelísima criada. Eugenia es una chica que vive recluida e ignorante de los manejos de su padre, y que tiene varios pretendientes que buscan, tanto ellos como sus familias, acceder a su futura fortuna. Ella no les hace mucho caso hasta que, un día, llega a su casa, desde París, su primo Charles y ambos se enamoran. Pero, debido a las noticias que le llegan acerca del padre de Charles, el tío Grandet se opone rotundamente a la relación y a cualquier futuro compromiso.

Los dos primeros tercios de la narración muestran el aumento progresivo de la avaricia, y de la habilidad sin escrúpulos para los negocios, de Grandet. Así, al principio se habla de que «financieramente hablando, el señor Grandet tenía algo del tigre y de la boa; sabía tenderse en el suelo, encogerse, observar largo rato su presa, arrojándosele encima, después abría las fauces de su bolsa, engullía una carga de escudos y se acostaba tranquilamente, como la serpiente para digerir, impasible, frío, metódico». Hacia la mitad de la historia Eugenia empieza a mirar a su padre con otros ojos y, poco a poco, el relato mostrará la evolución de su carácter. Al final el narrador dirá que, a pesar de «las mezquindades de su educación y de su vida primera», fue una mujer que demostró una singular grandeza de alma.

Honoré de Balzac. Eugenia Grandet (Eugénie Grandet, 1833). Madrid: Siruela, 2010; 232 pp.; col. Tiempo de clásicos; trad. de Mauro Armiño; ISBN: 978-8498413762. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Se ha publicado de nuevo Vacaciones en Suecia, un libro antiguo de Edith Alice Unnerstad, una escritora sueca popular y premiada hace unas décadas.

El protagonista es Pelle Göran, un chico de seis años cuya madre ha tenido un accidente grave y está ingresada. El médico y su padre deciden que, para tranquilidad de todos, se vaya un tiempo a la granja de su abuela, al sur de Suecia, en Skane. Así que su abuela viene a Estocolmo a por Pelle y, de paso, se lleva con ella también a Kaja, una chica de once años pariente lejana suya. Con buen humor, el libro cuenta la vida cotidiana de Pelle y Kaja en la granja de la abuela y el tío Folke: relaciones con un vecino gruñón que dejará de serlo; trato con unos chicos a los que otros hacen el vacío debido a que, según les dicen, son hijos de un ladrón; incidentes con los animales, etc. Y Pelle se serena, se lo pasa bien, aprende cosas…

Es un relato bien contado, de los que ayudan a comprender ambientes y gentes de otro tiempo y lugar. Es cierto que tal vez se pintan algunas cosas de modo muy amable, pero también lo es que respira realismo cordial y unos buenos modales que ojalá sirvieran de inspiración para muchos.

Otro libro de la autora que se publicó en España hace tiempo fue La armónica de Lars y otros cuentos, tres relatos de vida cotidiana también, amenos, amables y bien escritos. El primero sobre dos amigos, uno experto en arreglar cosas y otro en tocar la armónica, que cambian por un tiempo sus instrumentos. Otro, sobre una niña llamada Gitta y su gato Rosamundus, alterna momentos realistas y momentos de la vida de los gatos. Y Los Kasperson cuenta el sobrecargado viaje, para irse de vacaciones, de una familia que mete de todo en su coche: una lección, por parte de todos, de serenidad, buen humor y espíritu de colaboración.

Edith Alice Unnerstad. Vacaciones en Suecia (Farmorsresan, 1956). Barcelona: Noguer, 1989; 203 pp.; trad. de Doireann Macdermott y Ramón Carnicer; ISBN: 84-279-3301-0. Nueva edición en Madrid: Maeva Young, 2016; 200 pp.; ISBN: 978-84-16690-00-8. [Vista del libro en amazon.es]
Edith Alice Unnerstad. La armónica de Lars y otros cuentos (Lasseman Spelar, 1958; Kattorna Fran Sommarön, 1959; Kasperssons far till landet, 1969). Barcelona: Planeta, 1982; pp.; col. El Alegre arco iris; ilust. de Yiva Kälstrom y Rita Rapp; ISBN: 84-320-6156-5.

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martes, 20 de septiembre de 2016

Esta noticia del zoo que puso en marcha en su momento Gerald Durrell me hizo pensar en que los álbumes más antiguos sobre zoológicos tenían, como finalidad principal, presentar distintos animales. Por ejemplo, Bruno Munari’s Zoo, Mi querido zoo. Luego, que hay álbumes más recientes con otros enfoques. Es el caso de Un día diferente para el señor Amos, sobre amistad entre hombres y animales, o Zoo, de Suzy Lee, donde se plantea con cuidado si algunos animales no estarían mejor en otro lugar.

Y me hizo recordar un álbum, del que no había hablado aquí —porque, a pesar de que sus poderosas ilustraciones merecen ser conocidas, la historia que cuenta me parece muy mal enfocada—, y por el que algunas veces me han preguntado: Zoológico, de Anthony Browne. En él vemos a una familia que visita un zoológico: el padre queda retratado como un energúmeno que se las da de graciosillo, el hijo narrador y su hermano como unos inconscientes irresponsables, los animales como inocentes seres humillados, y la madre como una persona silenciosa y compasiva que, al final, a la vista del comportamiento de su marido y sus hijos, no duda en decir que el zoológico es más para las personas que para los animales.

El autor no ha sabido controlar sus dotes para el sarcasmo y cierra su álbum con una conclusión-moraleja, mal formulada y mal extraída, que no deja salida. Nunca es una buena idea centrar una historia en un personaje impresentable y dirigir hacia él, de un modo tan palmario, las antipatías de los lectores menos críticos. Menos aún se debe hacer esto, pienso yo, en un libro infantil. Por otro lado, si el autor o alguien desease argumentar en contra de los zoos, habría que decirle que nunca se han de apoyar los motivos, para eso o para cualquier otra cosa, en que hay tipos repelentes entre quienes opinan del modo contrario. Decía Tolkien, al leer la propaganda patriotera de su propio país durante la segunda Guerra Mundial, que «no todos los imbéciles están en el otro lado».

Anthony Browne. Zoológico (Zoo, 1992). México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 1993; 28 pp.; trad. de Carmen Esteva; ISBN: 968-16-4272-4. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 19 de septiembre de 2016

Dos como ninguno, de Britta Teckentrup, propone al lector que descubra «una pareja en cada dibujo». En cada doble página hay una ilustración en la que aparecen poco más de una decena de ejemplares del mismo animal, todos ellos muy parecidos menos uno que se repite, y en el texto en verso que va en la página izquierda se plantea el problema: averiguar qué dos figuras son iguales en tamaño, colores, posiciones, etc. Hay aves, camaleones, yaks, perros, gatitos, sapos, peces, libélulas, osos, ardillas, cebras, nutrias, tucanes, escarabajos… En la doble página final, el acertijo es diferente. Como espera cualquiera que conozca otros álbumes de la ilustradora, las figuras son amables y simpáticas y las composiciones son elegantes y ordenadas. Resolver los acertijos visuales no es siempre fácil, así que hace falta echarle al asunto un poco de tiempo.

Britta Teckentrup. Dos como ninguno (Where’s the Pair?, 2015). Barcelona: Flamboyant, 2016; 32 pp.; trad. de Carlos Mayor; ISBN: 978-84-944009-6-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 18 de septiembre de 2016

El fin del “Homo sovieticus”, el primer libro que leo de Svetlana Aleksiévich, es un trabajo periodístico y literario de primera magnitud, como se indica en esta completa reseña. Es una obra que reúne dos series de entrevistas agrupadas en dos partes. Las de la primera, que se titula «El consuelo del apocalipsis. Diez historias en un interior rojo», corresponden a los años noventa: cuando la URSS colapsa, Gorbachov cae y Yeltsin sube al poder. Las de la segunda, titulada «El encanto del vacío. Diez historias en medio de ninguna parte», fueron realizadas durante la primera década del siglo actual.

En ellas, la autora da voz a gente de muy distinta extracción social y preparación intelectual, que le cuentan su pasado, sus pensamientos y sentimientos —de nostalgia, de frustración, de desencanto, de rechazo…— respecto a los acontecimientos que han vivido. Son muchas más que veinte historias, porque, a veces, en el mismo «capítulo» hablan varias personas de la misma familia, o unos cuantos amigos. Aunque los textos tienen mucha edición, como es lógico, las intervenciones de la autora son breves y escasas: para responder alguna pregunta que le hacen o para precisar alguna cosa.

Entre los testimonios estremecedores deja sin aliento el último de la primera parte, «De la sonrisa de un hacha», en el que primero habla la madre, que se lamenta de que su hijo, un piloto del ejército que combatió en Afganistán se dedique al comercio ahora, y luego el hijo, que le cuenta un relato sobre los campos de exterminio que a él le llegó a través de quien iba a ser su suegro. La escritora, en una de sus intervenciones, indica que «me muevo sin cesar por los círculos del dolor. No consigo salir de ellos. Hay de todo en el dolor: tinieblas, triunfos… A veces pienso que el dolor es un puente que une a las personas, un lazo secreto, y otras veces, desesperada, pienso que el dolor es un abismo que las separa».

Svetlana Aleksiévich. El fin del “Homo sovieticus” (Konets krásnogo cheloveka, 2013). Barcelona: Acantilado, 2015; 656 pp.; trad. de Jorge Ferrer Díaz; ISBN: 978-84-16011-84-1. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 17 de septiembre de 2016

El herrero de Wooton Mayor, al igual que Hoja de Niggle, tiene algo de «alegoría autobiográfica» pues encierra una cierta explicación de cómo veía Tolkien su trabajo como cultivador del género de fantasía. Según parece, al principio fue parte de un prefacio que a Tolkien le pidieron para La llave de oro, un cuento de George MacDonald, pero luego creció hasta ser un relato independiente. Decía el mismo Tolkien que era el relato de un hombre viejo, pues tiene algo de balance y de adiós esperanzado, de discurso de reivindicación de su obra y de despedida, o de paso a otros del testigo que llevó durante su vida.

En la aldea de Wotton Mayor se celebra cada veinticuatro años una gran fiesta en la que el Maestro Cocinero, entonces llamado Nokes, hace una Gran Tarta para los niños. La tarta era muy sabrosa y, en su interior, tenía unas estrellas plateadas, de las cuales una, colocada por el aprendiz de Nokes, el joven Alf, tenía poderes especiales. El hijo del herrero comió ese trozo de tarta y, aunque la estrella brillaba en ocasiones en su frente, pocos del pueblo lo notaban, «aunque no resultaba imperceptible para unos ojos atentos, y por lo común no brillaba lo más mínimo». Pero, continúa el narrador, «algo de su luz pasó a los ojos del muchacho; y la voz, que ya desde el momento mismo en que la estrella vino a él había empezado a embellecerse, se hacía cada vez más hermosa a medida que él crecía. A la gente le gustaba oírle, aunque sólo fuesen los “buenos días”. Llegó a ser bien conocido en la región por su destreza en el trabajo, no sólo en su propio pueblo sino en otros muchos de los alrededores. Su padre era herrero, y él continuó el oficio y lo mejoró». Luego se habla de sus viajes al país de Fantasía, de que «cuando tenía tiempo hacía algunas cosas por pura afición; y eran hermosas, porque sabía dar al hierro formas admirables, que parecían tan ligeras y delicadas como un ramo de hojas y flores, aunque conservaban la fuerte consistencia del metal e incluso parecían más duras», y se dice que «solía cantar mientras trabajaba»…

Tolkien caricaturiza, en las actitudes y gestos de Nokes, a esas personas que no saben nada de la Fantasía, o del País de Fantasía, como gente que recuerda conceptos vagos y que asocia fantasía con infancia: podría estar pensando en algunos críticos literarios que no comprendían nada de su trabajo creativo. Viene a decir que la estrella que acaba llegando al hijo del herrero es algo así como el impulso que permite que algunas personas conecten de verdad con la Fantasía y puedan, gracias a ella, tener una visión más rica de su vida cotidiana. El herrero se parece mucho a Niggle en su modo de ser y actuar, pero en esta historia se puede decir que fantasía y realidad combinan más armónicamente. Hay un momento en el relato en el que al herrero le indican que el enriquecimiento que a él le han supuesto sus viajes a Fantasía no es para quedárselo: hay dones que «no pueden pertenecer siempre a una sola persona, ni ser consideradas como patrimonio familiar. Están en préstamo». Otras personas pueden necesitarlos y «el tiempo apremia».

J. R. R. Tolkien. El herrero de Wooton Mayor (Smith of Wootton Major, 1967), en una edición que contiene también los relatos Hoja de Niggle y El herrero de Wooton Major. Barcelona: Minotauro, 1983; 144 pp.; trad. de Julio César Santoyo y José M. Santamaría; ISBN: 84-350-0346-9.

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viernes, 16 de septiembre de 2016

Una novela que tenía pendiente y que he leído por fin este verano: Los europeos, de Henry James. Me habían dicho, y es verdad, que por ser corta y tener cierto tono de comedia ligera, es tal vez la mejor para un primer contacto con Henry James y disfrutar de la categoría de su prosa. En ella el autor contrasta las formas de afrontar la vida de dos jóvenes europeos con las de los parientes norteamericanos a los que visitan.

Los primeros son el alegre y alocado Félix Young y su hermana mayor, la baronesa Eugenia Münster, que ha sido repudiada por su marido, un príncipe alemán. Los segundos son unos primos que viven cerca de Boston: el señor Wetworth y sus hijas e hijo, Charlotte, Gertrude, y Clifford. Felix y Eugenia son hijos de una hermana del señor Wetworth, cuyo matrimonio con un europeo la llevó lejos de Boston. Los europeos son recibidos por los Wetworth con sentimientos mezclados de satisfacción y recelo. Un rico amigo de los Wetworth, el señor Acton, se siente atraído por la baronesa, mientras que Félix y Gertrude conectan entre sí rápidamente.

Los objetivos del autor son, como la misma narración dice, retratar los modos de ser y las emociones de sus personajes, por medio de diálogos inteligentes y de pinceladas descriptivas certeras, continuamente matizadas. Esto James lo practica en cualquier momento y con cualquier personaje: por ejemplo, de lord Acton dice que «la impresión que producía su sinceridad era casi como llevar un ramo de flores: el perfume resulta muy agradable, pero a veces no se sabe qué hacer con las flores».

Pero, sobre todo, se centra por un lado en «los europeos». Así el narrador afirma que «Felix tenía siempre tantos deseos de combatir la melancolía como una buena ama de casa de tener limpio su hogar». Él mismo indica que no le interesan los grandes problemas de la existencia: «están por encima de mis posibilidades». De su hermana se dice que «era una mujer de intenciones sutilmente entrelazadas y sus propósitos no eran nunca fácilmente detectables»; en otro momento se señala que «nada de lo que la baronesa decía era completamente falso» y, continúa, «quizá haga falta añadir que nada era tampoco completamente cierto».

Por el otro lado, de la familia Wetworh la persona dibujada con más cuidado, aparte del padre, es Gertrude, de la que se indica que «tenía que luchar contra un gran cúmulo de obstáculos, tanto en el orden subjetivo —como dicen los metafísicos— como en el objetivo y, de hecho, la intención de este breve relato es, en buena parte, describir esa lucha. Lo que parecía más importante en esta repentina ampliación de los afectos del señor Wentworth y de sus hijas era la correspondiente extensión del ámbito de los posibles errores; y la doctrina —porque así se la puede llamar— de la terrible gravedad de los errores era una de las tradiciones más queridas de la familia Wentworth».

Henry James. Los Europeos (The Europeans, 1878). Alianza, 1999; 216 pp.; col. El libro de bolsillo; trad. de José Luis López Muñoz; ISBN: 978-8420634661. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 15 de septiembre de 2016

Hay libros que, con el aspecto externo y el tono narrativo propio de un relato infantil, se dirigen más bien a lectores jóvenes y adultos. El bosque de la bruja y los calcetines mágicos, de Jutta Richter, es un ejemplo: en él se habla bien de la sorpresa y la belleza del enamoramiento.

En las primeras páginas, recuadradas con orlas y con una narración que tiene tono de cuento de hadas, se presenta una joven bruja llamada Karla, que vive en un bosque y que viste calcetines rojos porque con ellos se anda mejor que con los marrones. Luego desaparecen las orlas y entra en escena un segundo personaje, Robert, un empleado en una carbonería que vive avergonzado porque siempre tiene las manos manchadas de carbón. Una de sus clientas, una anciana llamada Hermine Schlott, le habla de una bruja que vive en el bosque, cosa que Robert no cree del todo, y le acaba dando unos calcetines de lana rojos que Robert se pone. Así que, un sábado en el que no trabaja, va en busca de Karla. Y, así, contándose historias unos personajes a otros, que van siempre recuadradas con distintas orlas, los dos protagonistas se enamoran…

Tal como se comenta en esta entusiasta reseña, «el libro está escrito con un estilo delicioso (permite a la historia latir en cada línea), la trama está sabiamente armada (la atención no decae un instante), los personajes resultan irresistibles (en verdad irresistibles), las historias intercaladas son también estupendas y el conjunto es de una belleza deslumbrante». A esos elogios se les puede añadir que no faltan en la narración las frases sabias bien traídas a cuento: la señora Schlott le dice a Robert que no todo en las historias es inventado, que cualquier historia «se puede contar de una u otra manera pero la realidad siempre está dentro».

Jutta Richter. El bosque de la bruja y los calcetines mágicos: una historia sobre la felicidad (Hexenwald und Zaubersocken, 1993). Salamanca: Lóguez, 2015; 87 pp.; col. La joven colección; ilust. de Jörg Mühle; trad. de L. Rodríguez López; ISBN: 978-84-96646-81-0. [
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miércoles, 14 de septiembre de 2016

El viaje, de Francesca Sanna, es un álbum que merece ser destacado por la calidad de sus ilustraciones, por su contenido duro pero esperanzador, y también por ser el primero de su autora. Al final, en una breve nota, ella misma explica que, después de las conversaciones que tuvo con inmigrantes de distintas nacionalidades, supo que quería preparar un álbum sobre las dificultades y el dolor de la inmigración.

Un joven narrador o narradora habla de su país en paz, de que luego estalla la guerra y su padre muere, y de que su madre, después de oír a una amiga sobre que mucha gente intenta irse a un país lejano, decide también huir. A continuación se suceden dobles páginas en las que vemos a la madre y los dos niños en distintos escenarios: en la carretera, ante un muro en la frontera, en una travesía por mar, etc.

Es atractiva la realización gráfica. La autora presenta una luminosa ciudad al principio, páginas con predominio del negro cuando estalla la guerra, momentos de color cuando los protagonistas aún están en su casa, y como lenguas de oscuridad amenazantes durante todo el viaje que hacen, mientras la madre intenta transmitir optimismo y seguridad a los niños. Tal vez el argumento es más blando, o está formulado de modo más blando, de lo que la historia requeriría pero entiendo que así llegará más fácilmente al público al que se dirige.

Francesca Sanna. El viaje (The Journey, 2016). Madrid: Impedimenta, 2016; 45 pp.; col. La Pequeña Impedimenta; trad. de Susana Rodríguez Álvarez; ISBN: 978-84-16542-39-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 13 de septiembre de 2016

Hay muchos álbumes sobre la relación entre abuelos y nietos. Algunos hablan de la enfermedad y la muerte —El ángel del abuelo, Mejillas rojas, ¡Buenas noches, abuelo!, Mi abuelo…—; otros hablan de las cosas que se aprenden con los abuelos —como ¿Qué pasa aquí, abuelo?, Mi abuelo es pirata, El abuelo Tomás, No nos podemos dormir, El diario de las cajas de fósforos, Mira como salen las estrellas, El domador de sueños…—.

Otro álbum a sumar a la lista es Un pasito… y otro pasito, de Tomie de Paola (autor también de Abuela de arriba, abuela de abajo). El relato empieza cuando nace Ignacio, cuenta cómo su abuelo Nacho sale a pasear con él y le enseña a caminar: «Un pasito… y otro pasito», igual que hace con él muchas otras cosas. Pero, poco después de que Ignacio cumpliera cinco años, su abuelo se puso muy enfermo…

Las ilustraciones son estáticas pero expresivas. Por otro lado, más que un álbum estamos ante un relato ilustrado: las imágenes recuadradas ocupan una página y muestran lo que cuentan las palabras que o bien figuran en la página izquierda, o bien van debajo de la imagen correspondiente. Es un caso en el que al autor le preocupa más que lleguen al lector su historia y su mensaje, que componer unas imágenes elaboradas.

Tomie de Paola. Un pasito… y otro pasito (Now one foot, now the other, 1981). Caracas: Ekaré, 2013; 48 pp.; trad. de Marianne Delon y Verónica Uribe; ISBN: 978-9802570256. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 12 de septiembre de 2016

Algunas veces he hablado de álbumes con miniargumentos que son propios de una tira cómica o de una revista satírica. Hay otros de los que se podría decir lo mismo pero cuyas tramas parecen nacer de las bromas que un padre o una madre pueden compartir con sus hijos pequeños. Es el caso de Cómo atrapar al monstruo de tu armario en 10 sencillos pasos, de Manu Callejón y Laura Gamero, un álbum que hay que recomendar de modo inmediato a quienes les ocurra lo que se cuenta en Una pesadilla en mi armario. Es un álbum bromista, con unas ilustraciones geométricas y ordenaditas, numeradas y secuenciadas como indica el título, aunque fácilmente habrá lectores a los que se les ocurran variantes. De hecho, es una historia óptima para contar, para dramatizarla un poco, e incluso para ponerla en práctica (por ejemplo, si no funciona el bizcocho que se sugiere para engatusar al monstruo, siempre se puede probar con otro…)

Manu Callejón. Cómo atrapar al monstruo de tu armario en 10 sencillos pasos (2015). Texto de Laura Gamero. Granada: Bárbara Fiore, 2015; 22 pp.; ISBN: 978-84-15208-70-9. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 11 de septiembre de 2016

He leído con interés Insumisos, de Tzvetan Todorov, bien reseñado en Aceprensa. El autor habla de Etty Hillesum, Germaine Tillon, Boris Pasternak, Aleksandr Solzhenitsyn, Nelson Mandela y, en un capítulo final, más breve, de David Shulman y Edward Snowden, a quienes llama insumisos contemporáneos.

En su prólogo, titulado «Motivaciones», habla de su crecimiento en Bulgaria, antes de instalarse en París, y de su interés en «observar más de cerca las vidas que yo no viví, vidas de resistencia moral, no violenta, al orden dominante». Sin duda, los personajes de los que habla son distintos en sus modos de ser y en sus modos concretos de afrontar las causas por las que lucharon o luchan pero, en cualquier caso, son valiosas las consideraciones que hace Todorov al ir contando la historia y las ideas de unos y otros.

Así, a propósito de Etty Hillesum señala cómo «el trabajo moral sobre uno mismo debe preceder y orientar la acción política que apunta a los demás, porque si no en lugar de destruir el mal contra el que luchamos, corremos el riesgo de consolidarlo». En relación a Germaine Tillion apunta su «rechazo de todo espíritu de clan, de tribu, de manada y toda lealtad de grupo que la obligaría a transigir con los principios de lo verdadero y de lo justo». Sobre Solzhenitsyn indica sus palabras a propósito de que la violencia se oculta tras la mentira y que la mentira encuentra su apoyo en la violencia… O, acerca de Snowden, señala cómo, aunque sea difícil y peligroso, es posible actuar con valentía cívica y rebelarse contra situaciones injustas de nuestro mundo.

Tzvetan Todorov. Insumisos (Insoumis, 2015). Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2016; 218 pp.; trad. de Noemí Sobregués Arias; ISBN: 978-8416495832. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 10 de septiembre de 2016

Egidio, el granjero de Ham es un relato cómico de aires medievales, escrito en 1937 y publicado en 1949, y que, junto con Roverandom y El señor Bliss, Tolkien se lo había pasado a su editor cuando este le pidió más historias después del éxito de El hobbit. Es una historia divertida, con argumento y tono parecidos al de El dragón perezoso, de Kenneth Grahame, y a las Historias de dragones, de Edith Nesbit, y con algunas bromas de tipo filológico a propósito del origen de algunas palabras.

El narrador habla de que su relato se desarrolla en «un tiempo de fronteras inestables, cuando los hombres podían medrar o hundirse de la noche a la mañana, y los juglares disponían de material abundante y de un público atento», en «el valle del Támesis, con una incursión al noroeste hasta el límite con Gales». Tambén era un tiempo en el que «aún había gigantes sueltos: gente ruda y sin civilizar, que en ocasiones causaba problemas». Pues bien, el granjero Egidio, del pueblo de Ham, se hace famoso cuando llega un gigante destrozón a su pueblo y, mientras todo el mundo huye intimidado, Egidio le dispara un trabucazo que lo hace huir. Suceden entonces dos cosas. Una, que la fama de Egidio crece mucho y el rey le regala, como premio, una vieja espada: aunque en ese momento Egidio no lo sabe, la espada es Caudimordax o Tajarrabos, y su particularidad es que brilla cuando un dragón se acerca, pues había pertenecido a Bellomarius, el más poderoso exterminador de dragones de todo el reino. Otra, que las cosas que cuenta el gigante, de regreso en su tierra, pican la curiosidad de un dragón cuyo «nombre era Crisófilax Dives, pues era de linaje antiguo e imperial, y muy rico. Era astuto, inquisitivo, ambicioso y bien armado, aunque no temerario en exceso». Así que Crisófilax entra en el Reino Medio y Egidio se da cuenta de que si uno se ha ganado una reputación, ha de hacer lo posible por mantenerla.

Está muy bien lo que la historia tiene de parodia del mundo caballeresco y de la interesada benevolencia del rey con Egidio, con su indirecta crítica social. Pero tal vez el mayor atractivo del relato esté, aparte de que la calidad de la narración es sobresaliente, en el acierto en la caracterización de los personajes, tanto los humanos como los animales.

Así, Egidio es un tipo que, como los hobbits, tiene rasgos de héroe a su pesar y, cuando llega el momento, un comportamiento sensato y astuto. Se podría decir también que sus paisanos reaccionan de modo semejante a cómo lo hacen los de los hobbits: cuando lo ven partir a la caza del dragón se dice que «el molinero sentía envidia. “Nuestro amigo Aegidius está escalando posiciones”, dijo. “Espero que nos conozca cuando vuelva”. “Es posible que no vuelva nunca”, dijo el herrero. “Ya está bien, cara de penco”, dijo Egidio el granjero completamente fuera de sí. “¡A la porra con los honores! Si regreso, incluso la compañía del molinero será bienvenida. Pero aun así produce cierto alivio pensar que voy a dejar de veros por algún tiempo”».

Un personaje importante, para la fama de Egidio, es su locuaz perro Garm: cuando llega el dragón, Egidio no se da mucha cuenta, pero esto Garm lo interpreta a su modo y le falta tiempo para recorrer el pueblo y decir a todos que su amo «se quedó impertérrito y siguió con el desayuno». Pero, en especial, está conseguido el codicioso y pomposo dragón, de «corazón malvado (como todos los dragones) y no muy valeroso (cosa también frecuente)», que recuerda tanto al dragón con el que se relaciona Roverandom como al Smaug a quien engaña Bilbo, y que entra en acción devorando ovejas, vacas, uno o dos niños de tierna edad, e incluso al párroco que, «de forma harto imprudente (…) había intentado disuadirlo de seguir por los senderos del mal».

J. R. R. Tolkien. Egidio, el granjero de Ham (Farmer Giles of Ham, 1949), en una edición que contiene también los relatos Hoja de Niggle y El herrero de Wooton Major. Barcelona: Minotauro, 1983; 144 pp.; trad. de Julio César Santoyo y José M. Santamaría; ISBN: 84-350-0346-9.

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viernes, 9 de septiembre de 2016
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jueves, 8 de septiembre de 2016

Después de Mundo Cruel, dos nuevos álbumes-estuches de Ellen Duthie y Daniela Martagón: Yo persona y Lo que tú quieras. El primero hace preguntas sobre qué es exactamente una persona, por ejemplo, «¿cómo sabes que en realidad no eres un robot?» El segundo hace preguntas sobre la libertad, por ejemplo, «¿Podemos todas las personas hacer lo que nos da la gana al mismo tiempo?»

Igual que había en el primero, en estos hay inteligencia e ingenio en la composición, en la elaboración de los textos y en las imágenes que los acompañan. No son historias, sino textos abiertos, con preguntas que, a los lectores que se acerquen a ellos en solitario, les harán pensar; y a un grupo de lectores que los compartan, les harán opinar y reflexionar. Las grandes posibilidades que ofrecen dependen, luego, de la persona que dirija o active la conversación y sepa conducir los comentarios que surjan a un nivel superior y a lecturas posteriores.

En esta entrevista la ilustradora habla del origen y la confección de estos libros. Es interesante pensar que si un proyecto editorial puede mejorar o empeorar según los libros que vayan incorporándose a su catálogo, en este caso cada libro nuevo mejora el proyecto, que no sólo se enriquece sino que también adquiere cada vez mayor consistencia. Por otro lado, así como decía en mi comentario a Mundo Cruel que se me hacía difícil imaginar la opción de convertir sus contenidos en un juego de mesa (más bien la opción de ponerme yo, o de proponerle a alguien, jugar con ellos), no me sucede lo mismo, por ejemplo, con Lo que tú quieras: a fin de cuentas, cualquier juego de mesa combina siempre libertad, talento, práctica y azar.

Ellen Duthrie y Daniela Martagón. Yo persona. Filosofía visual para niños (2016). Madrid: Traje de lobo, 2015; 40 pp., 20 tarjetas, un póster; ISBN: 978-84-943167-2-2. [Vista del libro en amazon.es]
Ellen Duthrie y Daniela Martagón. Lo que tú quieras. Filosofía visual para niños (2016). Madrid: Traje de Lobo, 2016; 40 pp., 20 tarjetas, un póster; ISBN:978-84-943167-4-6.

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miércoles, 7 de septiembre de 2016

Fred. El amigo imaginario, de Oliver Jeffers y Eoin Colfer, cuenta que los amigos imaginarios tienen un problema: que cuando aparece un amigo real ellos tienen que desvanecerse. Fred, un amigo imaginario que flotaba en el aire como una pluma, en espera de que lo necesitasen, deseaba tener un amigo para siempre y eso sucedió cuando lo convocó Sam. Hasta que Sam conoció a Sammi, una chica, y entonces Fred piensa que tendrá que desaparecer.

Relato amable y gracioso, muy bien resuelto gráficamente. Por un lado, todo se cuenta con dibujos sencillos en blanco y negro salvo leves toques de otros colores, y con dibujos en colores suaves de los seres imaginarios, en especial de Fred, que tiene un tono azulado y es como un dibujo tramado y sin contornos. Por otro, en las imágenes se añaden elementos que no se mencionan en la narración con palabras —como, entre muchos otros, que Sam toque el violín y Fred la flauta; o como que aparezcan unas atracciones de feria—.

Oliver Jeffers. Fred. El amigo imaginario (Imaginary Fred, 2015). Texto de Eoin Colfer. Valencia: Andana, 2016; 48 pp.; trad. de Nàdia Revenga García; ISBN: 978-84-16394-26-5. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 6 de septiembre de 2016

Osos, de Sean Taylor e ilustrado por Emily Hughes, es un álbum con unas ilustraciones atractivas en conjunto pero con unas figuras de osos famélicos que algunos encontrarmos poco satisfactorias. La narración con palabras corre a cargo del osito que habla de que, un día muy caluroso, le propone a su padre ir al río a darse un baño. El camino es largo y cuando el osito intenta dar un salto que le sobrepasa, se cae y se lastima. Luego se repone y continúan hasta el río. El relato es escueto y tiene frases repetitivas graciosas. Queda patente la gran amabilidad y disponibilidad del padre. Los escenarios que presenta la ilustradora son ricos, como es habitual en ella.

Emily Hughes. Osos (A Brave Bear, 2016). Texto de Sean Taylor. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2016; 30 pp.; trad. de Estrella B. del Castillo; ISBN: 978-84-944375-6-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 5 de septiembre de 2016

Se ha publicado en castellano La casa durmiente, de Audrey y Don Wood, un popular álbum para dormilones de hace más de treinta años.

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domingo, 4 de septiembre de 2016

Como la figura de Chesterton no se comprende bien sin la de Hilaire Belloc, que tanto influyó en sus ideas sobre la política y la historia inglesa, y que también le ayudó, en un primer momento, a conocer algo mejor el catolicismo, en su momento leí El Viejo Trueno, la biografía sobre Belloc firmada por Joseph Pearce, que ahora se acaba de traducir al castellano y de publicar en España.

Pearce deja claras la versatilidad de Belloc como autor, su calidad como poeta, su fuerza como polemista y, en particular, su categoría como historiador. Señala su carácter extrovertido y ruidoso, y que «era un hombre de acción que no solo soñaba con aventuras sino que él mismo era un aventurero», como prueban sus larguísimos viajes y caminatas. Pone de manifiesto su valentía para expresarse libremente y su claridad para razonar bien lo que opinaba en un entorno social y cultural en el cual las ideas dominantes no eran las suyas, y también su modo agresivo de hacerlo: Belloc no tenía el estilo amigable de Chesterton y decía que si se lucha es necesario atacar, e incluso pegar, a riesgo de crearse enemigos.

Esto sucedió en distintos terrenos. Entre otros, en el de la historia: deseaba combatir la imagen sesgada que daban muchos historiadores del pasado de Inglaterra; en el de la política: fue diputado y acabó harto de los tejemanejes habituales; en el de la economía: rechazaba la mentalidad nanny-knows-best propia de los defensores del estado del bienestar, con lo que no se hizo amigos entre los seguidores de las ideas socialistas, y, a la vez, proponía una redistribución radical de la propiedad, con lo que se ganó la inquina de alguna gente poderosa de su tiempo.

Por otro lado, quien desee ver la forma en que Belloc enfocaba «la crisis cultural de la Modernidad», puede leer un comentario a sus libros más significativos en esta dirección —Europa y la fe, Survivals and New Arrivals, The Great Heresies—, en Cristianos en la encrucijada, de Mariano Fazio. Ahí se indica cómo Belloc «adelanta ideas que se convertirán más adelante en argumentos centrales del debate cultural contemporáneo», se aplaude su «trabajo intelectual lleno de sinceridad y de rectitud de intención», y se ponen de manifiesto, también, sus limitaciones.

Joseph Pearce. El viejo Trueno. Biografía de Hilaire Belloc (Old Thunder: A Life of Hilaire Belloc, 2002). Madrid: Palabra, 2016; 384 pp.; col. Ayer y Hoy de la historia; trad. de Bruno Moreno; ISBN: 978-8490614082. [
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Mariano Fazio. Cristianos en la encrucijada: los intelectuales cristianos en el período de entreguerras (2008). Madrid: Rialp, 2008; 297 pp.; ISBN: 978-84-321-3670-2. [
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sábado, 3 de septiembre de 2016

El señor Bliss fue otro relato preparado por Tolkien para sus hijos a finales de los años veinte y principios de los años 30 y que, como Roverandom, se lo pasó a su editor cuando este le pidió más historias después del éxito de El hobbit. En este caso parece ser que se desechó entonces su publicación por la complejidad que supondría la edición en color de las ilustraciones —dibujos con tinta y lápices de color— que hizo el mismo Tolkien. El manuscrito lo vendió, en 1957, a una universidad norteamericana; igual que otros libros escritos en la misma época, en sus últimos años no le gustaba, salvo como una broma personal, y se opuso a su edición. Se publicó, póstumamente, en 1982.

La historia cuenta, con texto a mano e imágenes complementarias, el primer viaje del señor Bliss en su nuevo coche cuando decide ir a visitar a los Dorkins. Se suceden incidentes propios de una película cómica. Unos, debidos a la torpe forma de conducir del señor Bliss, que arrolla al señor Day y su carretilla con coles, y a la señora Knight y su carrito con plátanos. Otros, debidos a que aparecen en el camino unos osos —inspirados en los osos de peluche de los hijos del autor—, que deciden comer coles, plátanos y quedarse con el automóvil…

Relato cómico por sus personajes y por sus incidentes. En él hay escenas que podrían alinearse con algunas de Edward Lear, quien podría haber inventado el Jirafanejo, el animal que tiene Bliss en su casa. Según parece, Tolkien se inspiró en un coche con el que jugaban sus hijos, aunque otros afirman que la historia tiene su origen en los incidentes que tuvo el mismo Tolkien con su coche, comprado en 1932.

Aparte de por su gracia, el relato tiene interés porque trata de ambientes y situaciones distintos de los habituales en Tolkien. También, porque varios apellidos de personajes de esta historia serán los de futuros hobbits, como Gamgee y Boffin. Y, por supuesto, por lo que revela de su talento para la ilustración y para la combinación certera de palabras e imágenes. Estas últimas se comentan con cierto detalle en un apartado del libro J. R. R. Tolkien: artista e ilustrador.

J. R. R. Tolkien. El señor Bliss (Mr. Bliss, 1937). Barcelona: Minotauro, 1999, 3ª reimpr.; 112 pp.; trad. de Rubén Masera; ISBN: 84-450-7047-9.

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viernes, 2 de septiembre de 2016

El minero no parece ser una de las mejores novelas de Natsume Sōseki pero sí es una novela singular dentro de su producción. En el posfacio se cuenta su origen —que un chico desconocido le contó al autor la historia de su fuga de casa y luego él la ficcionó— y se hace referencia a su carácter experimental.

El relato, de lectura un tanto ardua, es un largo monólogo que da comienzo sin explicaciones del pasado: sabemos que el narrador es un universitario de Tokio que está huyendo, que pensó en suicidarse debido a un incidente amoroso, y nada más. Un tipo que encuentra en su camino le propone llevarle a trabajar a una mina y él accede. Trabaja un tiempo allí, en circunstancias muy lamentables, hasta que un día decide volver: ahí termina la narración que, según se afirma en su frase última, «jamás debería considerarse una novela».

Hay tramos que tienen algo de flujo de conciencia, confuso e incoherente. Otros recogen los lacónicos diálogos entre los personajes. En conjunto, la historia tiene tonos pesadillescos, se ve que por el interés del autor en distanciarse del naturalismo de moda en su época. Con todo, el relato tiene un punto de denuncia pues pone de manifiesto las duras condiciones de vida de los mineros. Lo que no tiene son acentos de novela de maduración: el protagonista es muy pasivo y nada de lo que le ocurre parece cambiarle significativamente.

Natsume Sōseki. El minero (Kŏfu, 1908). Madrid: Impedimenta, 2016; 187 pp.; trad. de Yoko Ogihara y de Fernando Cordobés; postfacio de Michiyo Kawano; ISBN: 978-84-16542-44-4. [
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jueves, 1 de septiembre de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de agosto. Entre los libros publicados recientemente que he comentado este mes destacaría dos álbumes de conocimientos, El libro de los bichos y Teatro, y una de las novelas del Oeste que vengo poniendo, como El trampero.

En Primer cuaderno: notas de agosto. Son más que notables dos entrevistas: esta con Inger Enkvist y esta con Francesco Tonucci.

En Segundo cuaderno: notas de agosto. Aquí subrayaría una entrevista con Svetlana Alexiévich y el enlace a un comentario de Milton Glaser sobre los logos de los Juegos Olímpicos.

En septiembre volveré a poner notas en Medium, como dije, con selecciones de libros.

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jueves, 1 de septiembre de 2016

El campeón ha vuelto, de J. R. Moehringer, es un reportaje periodístico que hizo el autor hace años acerca de un viejo y gran boxeador llamado Bob Satterfield, «el mejor noqueador de todos los tiempos». Todo comenzó en un momento de gran insatisfacción profesional en el cual le hablaron de que Satterfield era, en aquellos momentos, un mendigo. Lo buscó, se hizo su amigo, averiguó su pasado, se documentó sobre su historia, y acabó sospechando, y al fin averiguando, que estaba tratando a un impostor. La narración sigue las investigaciones del periodista por un lado, el pasado como boxeador de Satterfield por otro, y, luego, quién era de verdad el mendigo y cómo y por qué llegó a suplantar a Satterfield.

El relato tiene apuntes literarios certeros: el narrador visita una ciudad del Medio Oeste «donde todas las calles parecen cuadros de Edward Hopper derritiéndose y el cielo es como un mar batido por la tormenta». Tiene también buenos toques característicos de la narrativa deportiva: «un viejo experto en boxeo dijo una vez: “Hasta que estás cansado no aprendes nada”». En la misma línea de algunos autores del pasado que trataron del boxeo, elogia ese ¿deporte? señalando que nos enseña «una verdad palpable sobre la masculinidad: a veces golpear a un hombre es la respuesta más satisfactoria al hecho de ser hombre. Perturbador, tal vez, pero ahí está». Yo nunca discutiría lo de «palpable» pero sí discutiría lo de «verdad»…

Diría también que Moehringer se enreda un tanto con la relación entre la práctica del boxeo y la búsqueda del padre ausente, aunque respecto a esto último escriba párrafos de interés: «Como hombre, necesitas que alguien te instruya en las verdades masculinas. Tu primera opción es tu padre, pero si éste te falla, te buscas a otro. Si no tienes cuidado, esa búsqueda se apodera de tu mente y cualquiera se convierte en candidato, desde un vagabundo hasta un boxeador muerto. Si no tienes cuidado y además tienes mala suerte, esa búsqueda te devora. El doble te devora».

J. R. Moehringer. El campeón ha vuelto (Resurrecting the Champ, 1997). Barcelona: Duomo, 2016; 112 pp.; trad. de Juanjo Estrella; ISBN: 978-84-16634-00-2. [Vista del libro en amazon.es]

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