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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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sábado, 28 de mayo de 2016

Las reflexiones de un libro como Ceguera moral pueden servir, entre otras cosas, para identificar mejor algunos problemas y, por tanto, para pensar cómo enfrentarse a ellos. Algunos son:

—atención al lenguaje empobrecido. Bauman: «el espacio de la atención humana (…) se ha reducido al tamaño y la duración de mensajes compuestos, enviados y recibidos. La primera víctima de una vida apresurada y de la tiranía del momento es el lenguaje, demacrado, empobrecido, vulgarizado y despojado de los sentidos que presumiblemente transmite. Y los “intelectuales”, los caballeros andantes de las palabras significativas y sus sentidos, son sus bajas colaterales».

—atención a los payasos políticos. Bauman: «Observemos los numerosos payasos políticos que hoy en día adquieren mayor popularidad que cualquiera de los anticuados políticos del tipo burocrático o experto, porque o las “noticias políticas” se someten dócilmente a las reglas del “infoentretenimiento”, o no tienen otra posibilidad que la de ser ofrecidas a un estrecho y normalmente marginado “nicho de audiencia”».

—atención a las mentiras. Donskis: «En un mundo de vínculos humanos intermitentes y de palabras y votos y promesas inflados, la deslealtad no sorprende. Cuando la fidelidad deja de estar en el centro de nuestra personalidad y ya no es una fuerza que integra la identidad de un ser humano, entonces la traición pasa a ser una “norma” y una “virtud” situacional. (…) Solo en las relaciones de verdadera fidelidad tiene sentido el concepto de “traición” y la práctica que deriva de él. Donde no hay lealtad ni fidelidad, la traición no es más que el acto rutinario de romper la palabra dada y mentir, justificado por el cambio constante y dramático en las situaciones (supuesto o real), “nuevos retos” y “circunstancias imprevistas”».

Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis. Ceguera moral (Moral Blindness, 2013). Barcelona: Paidos, 2015; 271 pp.; trad. de Antonio Francisco Rodríguez Esteban; ISBN: 978-84-493-3103-9. [
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BaumanCeguera.jpg
viernes, 27 de mayo de 2016

En Ceguera moral, un diálogo entre Zygmunt Bauman y el sociólogo Leonidas Donskis, subtitulado «La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida», se habla de cómo las redes sociales son una fruta madura caída del cielo para cualquier dictador y sus servicios secretos pues la vigilancia a través de las redes es muy eficaz gracias a la cooperación de las víctimas. Para explicar este aspecto de nuestra sociedad, una sociedad que se somete a una vigilancia voluntaria y autoinflingida, los autores hacen muchas referencias a las novelas Un mundo feliz, 1984 y Nosotros. Más adelante también se remiten a novelas de Houllebecq como Sumisión o La posibilidad de una isla que, por lo que yo sé, no habría que colocar al mismo nivel.

Dice Bauman: «Podría decirse que la visión de Orwell estuvo inspirada menos por la experiencia histórica occidental que por la del Este. Esa visión constituía una anticipación de la forma de Occidente después de ser inundado, conquistado, sojuzgado y esclavizado por el despotismo típico del Este; su imagen central era la bota de un soldado aplastando un rostro humano contra el suelo. La visión de Huxley, por el contrario, era una respuesta preventiva a la inminente llegada de la sociedad consumista, creación eminentemente occidental. Su tema principal era también la servidumbre de los seres humanos despojados de derechos, pero en este caso se trataba de una “servidumbre voluntaria” (término acuñado tres siglos antes por Étienne de la Boeétie, si creemos a Michel de Montaigne) que recurre más a la zanahoria que al palo y que despliega la tentación y la seducción como forma fundamental de proceder, en lugar de la violencia, el dominio manifiesto y la coerción brutal. Hay que recordar, no obstante, que ambas utopías fueron precedidas por Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, en la que ya se había contemplado una mezcla y despliegue simultáneo y complementario de ambas “metodologías de esclavitud”, más tarde elaboradas de forma independiente tanto por Orwell como por Huxley».

Apostilla luego Donskis que «fue Nosotros, de Zamiatin, quien habló de la muerte de lo clásico y de la muerte del pasado. En el sistema educativo del Estado único, los estudios clásicos ya no existen, y las humanidades en general desaparecen. (…) En la distopía de Zamiatin, el pasado se asocia a los bárbaros, cuyos libros primitivos, que amenazan el progreso y la racionalidad, no pueden ser estudiados, mientras que la peor enfermedad en el Estado único es lo que los antiguos griegos denominan alma». Por eso, al preguntarse cuál es la dirección en la que va nuestra sociedad, al lamentar el aislamiento individual y la fragmentación creciente de la sociedad, Donskis teme que «pronto Dante o Shakespeare no significarán nada para nosotros porque ya no experimentaremos los sentimientos y los dramas humanos que dieron origen a sus obras inmortales». (Con otra perspectiva lo mismo decía Allan Bloom: Otra razón más).

Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis. Ceguera moral (Moral Blindness, 2013). Barcelona: Paidos, 2015; 271 pp.; trad. de Antonio Francisco Rodríguez Esteban; ISBN: 978-84-493-3103-9. [Vista del libro en amazon.es]

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KonigsburgArchivos2.jpg
jueves, 26 de mayo de 2016

Siempre es una buena noticia que se publique por fin, en España, un libro históricamente importante dentro de la LIJ, y más todavía si, como es el caso, es uno de esos libros que figuran en todas las listas de preferidos de muchos lectores (norteamericanos sobre todo) desde hace décadas: Los archivos secretos de la señora Basil E. Frankweiler, de E. L. Konigsburg. Por tanto, un libro que conviene no perderse.

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SilversteinRino2.jpg
miércoles, 25 de mayo de 2016

¿Quién compra un rinoceronte barato?, un álbum de Shel Silverstein editado por Lumen hace veinte años, vuelve al mercado español en una nueva edición muy bien traducida. Es un ejemplo perfecto de humor de nonsense llevado al límite. Su autor deja libre la imaginación y piensa y dibuja toda clase de posibilidades disparatadas para usar un rinoceronte: como si un charlatán extraordinariamente convincente te quisiera explicar que, por supuesto, un rinoceronte es la mascota ideal, la más afectuosa y más útil y más fácil de cuidar; en fin, que serías tonto del todo si no tuvieras una en tu casa. Da idea del talento inusual del autor que pudiera hilar todas sus ocurrencias y convertirlas en un libro. (Conviene advertir que si alguien las interpreta literalmente puede ponerse nervioso).

Shel Silverstein. ¿Quién compra un rinoceronte barato? (Who Wants a Cheap Rhinoceros?. 1964). Pontevedra: Kalandraka, 2016; 60 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Miguel Azaola; ISBN: 978-84-8464-918-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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SeussQueLejos2.jpg
martes, 24 de mayo de 2016

Se ha publicado hace poco una edición en castellano de ¡Qué lejos llegarás!, uno de los álbumes más populares del Dr. Seuss, tal vez por lo que tiene de libro de autoayuda entusiasta y un tanto voluntarista.

En él, las palabras le hablan a un personajillo, a quien vemos en las imágenes siempre del mismo tamaño y en medio de distintos escenarios, para decirle lo que le ocurrirá en su vida y para estimularle a luchar cuando se le presenten contrariedades.

Aunque hay que decir que son muchos los aciertos de esta versión en español, vale la pena, una vez más, observar algunos ejemplos de la dificultad que tiene trasladar la sonoridad y el ingenio del inglés al castellano.

Uno, de ánimo (aunque lo de subir como la espuma no lo veo claro), dice: «You'll be on your way up! / You'll be seeing great sights! / You'll join the high fliers / who soar to high heights».. = «¡Subirás como la espuma! / ¡Verás preciosas cumbres! / Serás de los que apuntan / tan alto como las nubes».

Otro, de advertencia (no especialmente animante, la verdad), es este: «You can get all hung up / in a prickle-ly perch. / And your gang will fly on. / You'll be left in a Lurch». = «Tal vez te quedes colgado / de una rama enzarzada. / Los demás se alejarán volando. / Y te dejarán en la estacada».

Dr. Seuss. ¡Qué lejos llegarás! (Oh, the Places you’ll Go!, 1990). Barcelona: Penguin Random House, 2016; 52 pp.; trad. de Maria Serna; ISBN: 978-84-488-4478-3. [Vista del álbum en amazone.es]

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lunes, 23 de mayo de 2016

Una pelota para Daisy, de Chris Raschka, es un álbum sin palabras. Se suceden imágenes, varias en cada doble página, en las que vemos a una perrita que juega con una pelota roja. Luego, Daisy sale a la calle y al parque con su dueña, que es quien, al principio, lleva la pelota. Cuando Daisy vuelve a jugar con la pelota entra en escena otro perro, que se hace con ella, lo que a Daisy no le gusta nada.

El autor presenta unas características figuras como sin delinear y compuestas con trazos muy gruesos. Los contornos de Daisy son grises y son negras las orejas, la cola, el hocico, los ojos, el collar… La historia está bien secuenciada y se sigue con interés: al principio a la dueña no se la ve completa y todo se observa como a la altura de Daisy, con lo que al lector le resultan más patentes su satisfacción al jugar y su frustración al quedarse sin pelota… Buen álbum, de los que, a través de un personaje interpuesto, le aportan al lector pequeño un mayor conocimiento de las reacciones interiores que pueden tener él mismo u otras personas.

Chris Raschka. Una pelota para Daisy (A Ball for Daisy, 2012). Barcelona: Corimbo, 2016; 32 pp.; ISBN: 978-84-8470-526-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 22 de mayo de 2016

En Tolkien y la Gran Guerra explica John Garth cómo, entre los años 1914 y 1918, el legendarium de Tolkien «creció en la forma de un enorme complejo de historias entrelazadas, sagas y genealogías, de fonologías, gramáticas y vocabularios, y de disquisiciones filológicas y filosóficas. Si se lo hubiese abandonado a su propia suerte, parece bastante probable que Tolkien nunca hubiera terminado un solo libro en toda su vida. Lo que necesitaba eran fechas de entrega puestas por los editores, y un público entusiasta». Es decir, lo que fueron más adelante sus hijos y sus amigos, en especial C. S. Lewis. La mayor dificultad de Tolkien era, y siempre fue, dice Garth, su «perfeccionismo quisquilloso», del que él mismo se daba tanta cuenta que lo describió en su cuento Hoja de Niggle, un relato cortito escrito hacia 1939 y publicado en 1945, cuando El Señor de los anillos había comenzado a ocupar todo su interés.

Niggle es un pintor, «de esa clase de pintores que hacen mejor las hojas que los árboles», indica el narrador. «Su afán era pintar un árbol completo, con todas las hojas de un mismo estilo y todas distintas». Avanza en su trabajo pero una y otra vez lo retrasa debido a otras ocupaciones de la vida, en especial a las atenciones que tiene con un vecino poco considerado. Con todo, aunque rezonga por lo bajo, las afronta con bondad y abnegación. Además, Niggle sabe que, de un momento a otro, ha de realizar un viaje, pero va posponiendo una y otra vez los preparativos que debe hacer. Un día, un cuadro que había comenzado simplemente como una hoja arrastrada por el viento, se convierte en un árbol que crece y crece... Pero, entonces, Niggle no puede demorar ya más el viaje pendiente y termina, primero, en un hospital, y, después, junto con su vecino, en un ambiente que le recuerda mucho los escenarios que había comenzado a pintar.

En este relato se contiene una especie de descripción de cómo Tolkien se veía a sí mismo, de cómo veía su propio trabajo, de cómo entendía la relación entre la realidad y el arte, y de cómo pensaba que un verdadero arte nos ofrece atisbos de una realidad mucho más rica. Es, también, una formulación sencilla y clara de sus opiniones acerca de que cada hoja es todas las hojas, digámoslo así, y de la importancia de que toda la obra tenga consistencia interna.

J. R. R. Tolkien. Hoja de Niggle (1945), en Árbol y Hoja (Tree and Leaf: including the poem “Mythopoeia”, 1988); Barcelona: Planeta-Agostini, 2002; 152 pp.; prólogo de Christopher Tolkien; trad. de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech; ISBN: 84-395-9786-X.
John Garth. Tolkien y la Gran Guerra. El origen de la Tierra Media (Tolkien and the Great War. The Threshold of Middle-Earth, 2003). Barcelona: Minotauro, 2014; 505 pp; trad. de Eduardo Segura y Martin Simonson; ISBN: 978-84-450-0207-0. [
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sábado, 21 de mayo de 2016

Una idea que desarrolla muy bien John Garth en su libro Tolkien y la Gran Guerra es cómo, después de las experiencias trágicas de la primera Guerra Mundial, surgieron dos formas literarias de hablar de la guerra: una, la de los escritores clásicos de las trincheras, que fue la dominante en los años posteriores; otra, que florecería tiempo después, la medievalista y romántica de Tolkien, que logra expresar frecuentemente una verdad psicológica de la guerra que los primeros tienden a obviar.

La primera está representada por la poesía realista de autores como fueron Sassoon u Owen y por relatos de memorias como Adiós a todo eso (y, en otro ámbito, por novelas como Sin novedad en el frente). Es una literatura del desencanto que adopta, normalmente, un modo narrativo irónico: según ella, al hablar de la guerra es «ilegítimo» hablar de hazañas, gloria, honor, etc. Pero muchos veteranos mostraron su resentimiento con esa forma de presentar las cosas según la cual cada batalla es una derrota, cada oficial un payaso, y cada soldado un cobarde… Afirma Garth que esa literatura del desencanto se convirtió en una ortodoxia arrogante, intolerante y recriminatoria, un monolito que dominaba entonces la vida académica y cultural.

La de Tolkien, un autor que sabía bien que las circunstancias irónicas existen pero que también pensaba que la ironía, por sí misma, no es una virtud, se apoyaba en que su inclinación natural, según le dijo a W. H. Auden, era disfrazar sus críticas a la vida con ropajes mitológicos y legendarios. Pues bien, sigue Garth, «Tolkien se posiciona en contra del desencantamiento tanto en sentido literal cuanto metafórico, sentidos que, de hecho, no son separables strictu sensu en su obra. La visión desencantada, metafóricamente hablando, es que el fracaso resta sentido al esfuerzo. En cambio, los protagonistas de Tolkien son héroes no por sus éxitos, que a menudo son limitados, sino por el coraje y la tenacidad que muestran a la hora de luchar por ellos. Como consecuencia, el valor de una acción no se mide sólo por el resultado, sino que es intrínseco. Las historias de Tolkien relatan la lucha por mantener valores heredados, instintivos o inspirados —cosas de un valor intrínseco incalculable— en contra de las fuerzas del caos y de la destrucción. Pero el mundo de Tolkien está literalmente encantado. No sólo contiene espadas hablantes, islas móviles y hechizos que adormecen: incluso los objetos y habitantes más “normales” poseen un valor espiritual que no tiene nada que ver con su utilidad práctica. Nadie ha argumentado con más energía que Tolkien que un árbol es más que una fuente de madera. Además, según “la Música de los Ainur”, el mundo es un hechizo continuo, un trabajo de encantamiento; es decir, en sentido etimológico, una magia cantada».

Por otro lado, «Tolkien no es el primer mitógrafo en producir una obra épica grave y pertinente en tiempos de guerra y revoluciones. John Milton y William Blake (…) a este respecto son sus predecesores. Cuando el mundo cambia y la realidad adquiere un aspecto desconocido, prosperan la épica y la imaginación fantástica». No fue tampoco «el único escritor que dio la espalda al realismo por haber visto, como veterano de combate, “algo irrevocablemente malvado”», situaciones más allá de la experiencia humana normal: también Orwell, Vonnegut, o Golding «emplearon diferentes tipos de literatura fantástica porque sentían que las explicaciones convencionales del mal que habían visto resultaban inadecuadas y obsoletas, irrelevantes e incluso parte del propio mal».

John Garth. Tolkien y la Gran Guerra. El origen de la Tierra Media (Tolkien and the Great War. The Threshold of Middle-Earth, 2003). Barcelona: Minotauro, 2014; 505 pp; trad. de Eduardo Segura y Martin Simonson; ISBN: 978-84-450-0207-0. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 20 de mayo de 2016

Elmore Leonard fue un conocido escritor de novelas policiacas que también publicó varios populares relatos y novelas del Oeste. Entre ellos están Hombre, uno de los primeros y que parece ser el mejor, y Que viene Valdez, uno de los últimos, que también es valioso aunque sea más tópico. Ambas tienen como protagonistas a personajes marginales y unos desenlaces notables.

Hombre es uno de los nombres que se dan a John Russell, un lacónico tipo que vivió varios años con los apaches. Al comienzo de la historia el narrador indica que su jefe, el señor Méndez le dice: «Echa un buen vistazo a Russell. No volverás a ver otro como él en tu vida». Pues bien, Russell ha de ir a reclamar una herencia y, con ese fin, se sube a una diligencia en la que van el mismo dueño del vehículo, Méndez, el empleado y narrador, un agente indio con mucho dinero y su esposa, una chica joven que también había sido secuestrada por los indios, y un tipo desconocido que a última hora logra de malos modos que le incluyan en ese viaje. A mitad de camino los asaltan y todos han de confiar en Russell, a quien antes habían obligado a viajar en el pescante al enterarse de su condición de indio.

Que viene Valdez tiene como héroe a un mexicano sereno e impasible, sheriff a tiempo parcial en el pueblo. Cuando intenta mediar en un conflicto acaba matando a un hombre, pero luego se da cuenta de que fue un error e intenta que el hombre poderoso que forzó las cosas, Tanner, compense a la viuda india con una cantidad razonable. Tanner se ríe de él y lo despide; Valdez lo intenta de nuevo y la despedida es, esta vez, más humillante. Valdez, entonces, decide volver a pedírselo de un modo que lo entienda.

El narrador de Hombre cuenta lo sucedido después de que todo terminó, con vocabulario sencillo y un tono a la vez crítico y admirativo hacia Russell, un héroe con grandes habilidades pero no invulnerable. También lo hace con acentos graciosos, por ejemplo cuando habla de su temor a mirar al desconocido amenazador: «era como estar con una persona que tuviera una gran nariz o algo parecido. No quieres que te sorprendan mirando la nariz o incluso diciendo la palabra. (Espero que ningún lector narizotas se ofenda. No me estaba burlando de ninguna nariz)».

Que viene Valdez se narra en tercera persona y tiene toques peliculeros, como cuando el héroe deja de ser el cuarentón gris y paciente para volver a ser «el Valdez de otro tiempo», el «Valdez que nadie había visto desde hacía diez años». Además, es amigo y protegido de la dueña del burdel del pueblo, la mujer de su enemigo se va contenta con él, el malvado es extraordinariamente duro y cerril… Con todo, los diálogos son buenos, el argumento engancha, y todo se narra con claridad y simpatía: «La suerte estaba bien cuando se tenía, pero no se podía contar con ella. A veces funcionaba bien y otras mal, pero funcionaba más bien que mal si uno sabía lo que se traía entre manos, si tenía cuidado y prestaba atención a lo que veía y oía».

Elmore Leonard. Hombre (1961) y Que viene Valdez (Valdez is Coming, 1970). Madrid: Valdemar, 2015; 368 pp.; col. Frontera; trad. de Juan Antonio Santos (la primera) y Marta Lila Murillo (la segunda); presentación de Alfredo Lara López; ISBN: 978-84-77027966. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 19 de mayo de 2016
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miércoles, 18 de mayo de 2016

Animales, Pájaros y Océanos, son tres álbumes espectaculares de gran formato firmados por los belgas Francesco Pittau y Bernadette Gervais. En los tres se proponen adivinanzas gráficas, sobre animales terrestres, animales marinos y pájaros. Se hacen preguntas del tipo ¿de quién es esta silueta, o este ojo, o esta huella, o estas escamas, o esas plumas?... Y, al levantar las solapas, vemos a los animales de los que se trata y obtenemos las respuestas. Este recurso y el tamaño, junto con la calidad de las imágenes, los hacen álbumes de contrastada eficacia con cualquier público. Se les podría reprochar que prometen más de lo que dan: en lo que se refiere a los conocimientos que proporcionan se podrían obtener los mismos resultados con álbumes de menor formato. En cualquier caso, son libros magníficos.

Francesco Pittau y Bernadette Gervais. Animales (Axinamu, 2008). Madrid: SM, 2011, 2ª ed.; 24 pp.; trad. de Teresa Tellechea; ISBN: 978-8467528862. [Vista del álbum en amazon.es]
Francesco Pittau y Bernadette Gervais. Pájaros (Oxiseau, 2010). Madrid: SM, 2011; 12 pp.; trad. de Teresa Tellechea; ISBN: 978-8467541250. [
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Francesco Pittau y Bernadette Gervais. Océanos (Naceo, 2012). Madrid: SM, 2013; 22 pp.; trad. de Teresa Tellechea; ISBN: 978-8467556667. [
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martes, 17 de mayo de 2016

El barco de Camila, de Jirina Marton y Allen Morgan, es un relato amable y sugerente, apto para leer, para mostrar y para compartir. A Camila su padre le cuenta una historia justo antes de dormir. En ella, una niña llamada Camila sale a navegar por el río, al final del día, y encuentra por el camino a un cuervo, una vaca, unos gatitos, y cada uno aporta algo al viaje hasta que llegan al mar. Las ilustraciones son eficaces y evocadoras. Las repeticiones, en las escenas y en los diálogos, son recursos que hacen más familiar la historia y ayudan a fijarlo y recordarlo mejor. Lo explica bien esta reseña extensa que, además, hace otras sugerencias para sacarle más partido aún al álbum.

Jirina Marton. El barco de Camila (Nicole’s Boat, 1987). Texto de Allen Morgan. Barcelona: Ekaré, 2016; 22 pp.; trad. de Clarisa de la Rosa; ISBN: 978-84-944291-6-3. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 16 de mayo de 2016

Linterna mágica, de la norteamericana Lizi Boyd, es un álbum sin palabras de concepción tan brillante como sencilla.

En sucesivas ilustraciones a doble página vemos el paseo nocturno de un niño que sale de su tienda de campaña y va descubriendo el bosque con su linterna. Luego tropieza y la linterna cae en manos de distintos animales que, a su vez, proyectan el haz de luz en otros rincones. Hasta que, en la última doble página, vemos al chico ya de regreso en su tienda.

Todas las ilustraciones son dibujos de línea sobre un fondo negro excepto cuando presentan los seres y lugares que ilumina la linterna: murciélagos, búhos, un zorro, un ciervo…, y plantas, árboles, etc. Unos pequeños troquelados, en algunas páginas, dan más profundidad a las imágenes y subrayan la idea de aprender a mirar debajo o detrás de lo que no apreciamos a simple vista.

Lizi Boyd. Linterna mágica (Flashlight, 2014). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2015; 34 pp.; ISBN: 978-84-944160-5-7. [
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domingo, 15 de mayo de 2016

Tolkien y la Gran Guerra. El origen de la Tierra Media, de John Garth, es un libro bien documentado y muy sugerente acerca de la vida y la obra de Tolkien en los años 1914 a 1918. Naturalmente, uno de sus hilos es el de los hechos externos de su vida: último año en Oxford; sus amistades allí, tan capacitadas para la seriedad intelectual, dice Garth; su tardía incorporación a filas; su estancia en el regimiento número 11 de los Fusileros de Lancashire y su participación en la batalla del Somme; las heridas que obligaron a evacuarle, su matrimonio, y el fin de la guerra.

Otro, entrelazado estrechamente con el anterior, es el de su vida intelectual: el intercambio de opiniones y ánimos sobre su trabajo con los amigos que sintonizaban especialmente con él; la invención de su primer idioma élfico en 1914 y, luego, del idioma que llamó qenya; los descubrimientos que propiciaron el imparable crecimiento de su mitología formulada en los relatos que, muchos años después de su muerte, se publicaron con el título El libro de los Cuentos Perdidos, y que son el antecedente de El Silmarilion.

Un tercero es la misma evolución de todas esas historias, que fue poniendo por escrito y corrigiendo una y otra vez en toda esa época, y, gracias a ese trabajo, el surgimiento de las ideas y sentimientos nucleares de su obra posterior. Explica Garth que la fusión de lenguaje y mitología fue la fuente y el sello de la vida creativa de Tolkien; que para él era evidente que las leyendas dependen del idioma al que pertenecen y que un idioma depende de las leyendas que transmite por tradición.

La tesis básica del libro es que si en 1914 Tolkien, «tenía un puñado de extrañas estampas visionarias, algunos fragmentos de poesía lírica, una versión propia de una leyenda finlandesa, y una serie de experimentos sobre la creación de idiomas», a finales de 1916 tenía ya una completa estructura mítica muy deudora de sus experiencias en esos años. En concreto, su legendarium adquirió «la dimensión de un conflicto entre el bien y el mal inmediatamente después del Somme. ¿Podría ser esto parcialmente el resultado de un deseo de comunicar esta singular experiencia de una manera que fuera mucho más allá de una expresión literaria convencional? Sea cual fuere la respuesta, la aplicación de la visión moral de Tolkien es marcadamente diferente de la del soldado y la del propagandista». Es evidente que, para él, «los orcos y los elfos no equivalen a alemanes y británicos; al contrario, sintetizan la crueldad y el coraje que Tolkien vio en ambos lados durante la guerra, al igual que las cualidades más generales de barbarie y civilización».

John Garth. Tolkien y la Gran Guerra. El origen de la Tierra Media (Tolkien and the Great War. The Threshold of Middle-Earth, 2003). Barcelona: Minotauro, 2014; 505 pp; trad. de Eduardo Segura y Martin Simonson; ISBN: 978-84-450-0207-0. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 14 de mayo de 2016

El otro día cité un libro, editado por William Zinsser, con ensayos de varios autores de libros infantiles. Una de las firmantes es Rosemary Wells y, en su contribución, habla de cómo comprende los álbumes ilustrados. Dice que, como en los sonetos, en los álbumes la estructura es crucial y cualquier error de medida se nota; que, como son cortos, los personajes deben «llegarle» al lector en la página uno; que, aunque no tienen por qué ser divertidos, lo cierto es que los mejores lo son; que, como han de poder ser leídos centenares de veces, hay que quitarles cualquier nota de blandura o de histerismo que tengan; que no deben estar basados en personajes televisivos y que, atención, nunca deben ser escritos por un psicólogo…

En su ensayo da también un interesante apunte histórico. Cuenta cómo, un día de 1979, escuchando a su hija Victoria, de cinco años, intentar enseñarle palabras y modales a Marguerite, la pequeña, se le ocurrió transformar eso en un álbum. Convirtió a Victoria en Ruby y a Marguerite en Max, y preparó Max’s First Word, un álbum de dieciséis páginas. Lo llevó a su editora, Phyllis Fogelman Baker, que, al verlo, le dijo: esto es una completa innovación. Todos los libros para pequeños tienen una palabra por página y aburridas imágenes de objetos. Incluso un bebé de 18 meses se aburre con un libro aburrido. Pero este es divertido y es una historia real. Vete a casa, escribe tres más, y haremos algo que nadie ha hecho antes en la edición». La ilustradora preparó entonces Max’s Ride, Max’s New Suit, Max’s Toys, y así nacieron los libros para prelectores que hoy conocemos como board books.

Rosemary Wells, «The Well-Tempered Children's Book», en el libro editado por William Zinsser, Worlds of Childhood. The Art and Craft of Writing for Children (1990). Contiene textos de Jean Fritz, Jill Krementz, Katherine Paterson, Jack Prelutsky, Maurice Sendak, Rosemary Wells. Boston: Mariner Books- Hougthon Mifflin, 1998; 216 pp.; ISBN: 0-395-90151-0. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 13 de mayo de 2016

J. R. Moehringer, un periodista norteamericano que obtuvo un Premio Pulitzer en el año 2000 y que dio forma literaria a Open, de André Agassi, es el autor de El bar de las grandes esperanzas, un relato autobiográfico que, aunque podría ser más corto, tiene muchos aciertos. Su narración empieza, en 1972, cuando el pequeño JR (sic) tiene unos siete años. Vive con su madre y sus tíos, en casa de sus abuelos, en Manhasset, Nueva York. Su padre es un conocido locutor musical de radio a quien nunca vio pero cuya voz aprende a buscar y reconocer en los aparatos de radio: «la vida consiste en escoger qué voces sintonizar y qué voces no, lección que yo aprendí mucho antes que la mayoría de la gente, pero que me costó más que a muchos otros aplicar correctamente».

Su madre, una mujer con la que su hijo se siente siempre muy en deuda, tiene una gran capacidad de fabulación: no mentía, dice JR, lo que «hacía, simplemente, era bajarle el volumen a la verdad». Una de sus mejores anécdotas tiene lugar cuando cuando lleva al pequeño JR a ver un psiquiatra y este le dice que «el niño sufre una crisis de identidad»: entonces su madre le dice al niño que se levante, mira al psiquiatra y, «con voz serena, le informó de que los niños de siete años no sufren crisis de identidad».

Su tío Charlie trabaja en un bar que, al principio, se llama Dickens y luego Publicans. Siendo niño, JR conoce también a otros empleados del bar. Pasa un tiempo en Arizona pero, los veranos, vuelve a su barrio neoyorquino. Más adelante acaba yendo a Yale y licenciándose allí, pero el bar sigue siendo su referencia. Luego trabaja como asistente, o «chico de las fotocopias», en The New York Times. Acaba su relato cuando, después de un año, deja ese empleo para irse a trabajar a otro lugar. Ata cabos, en un último capítulo, justo después del atentado contra las Torres Gemelas.

El lector asiste a los sucesivos descubrimientos de la vida del narrador, a sus éxitos y a sus decepciones. Lo mejor son las descripciones de los personajes que poblaban el bar. Sin duda, el autor oculta o suaviza, e incluso idealiza, lo peor de aquellas situaciones —abunda la bebida, no faltan algunas peleas, también hay algo de sexo, curiosamente no hay nada de drogas—, pero logra capturar el encanto de muchos momentos memorables.

Como El gran Gatsby —novela que se ambienta en la misma zona de Nueva York—, el narrador también siente como inalcanzable llegar a «entrar ahí dentro», en las grandes mansiones de la alta sociedad. Sin embargo, su relación turbulenta con una guapa y promiscua chica de clase adinerada, durante su estancia en Yale, le hace refugiarse más aún en sus compañías del bar.

Uno de sus mentores, un extraño librero de Arizona que le «podía hablar sin fin de la esperanza de los libros, de la promesa de los libros», y que «decía que no era casualidad que un libro se abriera igual que una puerta», le da un día un consejo: «el miedo será el combustible de todos tus éxitos, y la raíz de todos tus fracasos (…) ¿Y cuál es la única posibilidad que tienes de vencer el miedo? Ir con él. Pilotar a su lado. No pienses en el miedo como en el malo de la película. Piensa en el miedo como en tu guía, en tu explorador de caminos… En tu Natty Bumppo».

Pueden dar idea de lo mejor del libro, dos párrafos.

Uno, cuando explica su amistad infantil y adolescente con los empleados del bar, y dice lo siguiente: «Me enseñaron a atrapar una bola lanzada con efecto, a sujetar un hierro del nueve, a lanzar la pelota de fútbol en espiral, a jugar al Stud de siete cartas. Me enseñaron a encogerme de hombros, a fruncir el ceño, a aguantar como un hombre. Me enseñaron a estar, y me juraban que la postura de un hombre es su filosofía. Me enseñaron a decir [tacos], me hicieron entrega de aquellas palabras como si fueran una navaja de bolsillo o un buen traje, algo que todo niño debía tener. Me enseñaron sus muchas utilidades, porque aquellas palabras servían para liberar la ira, para ahuyentar a los enemigos, para convocar a los aliados, para lograr que la gente se riera aunque no quisiera. Me enseñaron a pronunciarlas con violencia, guturalmente, incluso con elegancia, para sacarle todo el jugo. ¿Por qué preguntar mansamente qué pasa, decían, cuando podías preguntar qué coño pasa?»

Otro, cuando habla de cómo el bar era un sistema intrincado de gestos y rituales, y dice: «En el bar todos tenían una manera única y exclusiva de pedir una copa. Joey D: ¿podrías aportar algo más a este concepto? Goose: ¿te importaría refrescarme el Martini una vez más antes de que vuelva a casa a ejercer mi triste papel de marido? Un hombre pedía una copa simplemente parpadeando con la vista puesta en la copa vacía, como quien mira un instante el cuentakilómetros durante un trayecto de autopista. Otro alargaba la mano, extendía el índice y tocaba el del tío Charlie, reproduciendo la Creación de Adán, de Miguel Ángel. A mí me parecía que no podía haber muchos bares en el mundo en los que un hombre recreara una escena de la Capilla Sixtina cada vez que quería tomarse una Amstel Light».

J. R. Moehringer. El bar de las grandes esperanzas (The Tender Bar, 2005). Barcelona: Duomo Nefelibata, 2015; 461 pp.; trad. de Juanjo Estrella; ISBN: 978-84-162161-01-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 12 de mayo de 2016

Marcelín, de Jean Jacques Sempé, es una narración que se cuenta con dibujos sucesivos en los que los personajes niños y, en general, humanos, aparecen en un tamaño muy pequeño, y con unos textos, muy breves, que figuran en la parte inferior de las páginas. Su protagonista principal es Marcelín Cerezo, un niño que se pone colorado con mucha facilidad, cuyo mejor amigo es Renato Piqueras, otro chico que, cada poco, estornuda fuertemente. Algunos diálogos de los personajes aparecen en globos al modo de los cómics.

Es excepcional la capacidad del autor para que sus mínimos personajes, individuales o en grupos, resulten expresivos, y para conseguir, con escasísimas líneas, sugerir los escenarios urbanos donde se mueven sus héroes. Esta forma de representación resulta muy apropiada para mostrar cómo se ven los niños en un mundo adulto que les resulta tan grande…, y también para indicarle al adulto lector su propia pequeñez, tan semejante a la del niño. Por otro lado, también es útil para presentar los conflictos o los complejos personales con buen humor y sin magnificarlos, con sus dimensiones reales.

Jean Jacques Sempé. Marcelín (Marcellin Caillou, 1969 y 1994). Barcelona: Blackie Books, 2016; 127 pp.; trad. de Miguel Azaola; ISBN: 978-84-16290-74-1. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 11 de mayo de 2016

Conocí a un dinosaurio, de Chris Sheban, me ha recordado Mi dinosaurio, de Mark Alan Weatherby, por la historia, por el estilo de las ilustraciones, e incluso por el detalle de que la habitación de la protagonista está empapelada de modo similar. Pero, en este caso, estamos ante un álbum que también es de conocimientos.

La niña narradora, que cuenta en verso lo que le ocurre (con muy buena traducción al castellano), empieza diciendo que conoció a un dinosaurio en el Museo. A partir de ahí, en situaciones en las que sus padres ven otros seres, ella ve dinosaurios ocultos.

Las imágenes son realistas y vistosas. En la parte inferior de cada página izquierda se indica que tipo de dinosaurio está viendo la niña en cada caso (triceratops, alosaurio, apatosaurio, etc.) y, al final, hay una breve relación de todos los que han aparecido.

Chris Sheban. Conocí a un dinosaurio (I Met A Dinosaur, 2015). Texto de Jan Wahl. Barcelona: Ekaré, 2016; 32 pp.; trad. de Miguel Azaola; ISBN: 978-84-944291-8-7. [Vista en amazon.es]

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martes, 10 de mayo de 2016

El Museo de Tronquito, de la noruega Ashild Kanstad Johnsen, es un álbum con personajes simpáticos e imágenes atractivas. Su protagonista principal es Tronquito, un ser que, gráficamente, responde por completo a su nombre, y cuyo mejor amigo es un abetito llamado Abeto. Al héroe le gusta recoger, reunir y clasificar las cosas sueltas que encuentra: no discrimina mucho. Cuando acumula demasiadas y su abuela le aconseja montar un Museo con todas ellas, lo hace, para encontrarse, poco después, con que su capacidad de almacenamiento es insuficiente.

Las ilustraciones, tan ordenaditas, y a la vez caóticas, como corresponde al voluntarioso Tronquito, están muy bien compuestas. El trabajo de Tronquito es abrumador: para muchos de sus lectores será admirable pero no imitable. En cambio será todo un estímulo para quien tenga la pasión del coleccionista e incluso (pensaba que) puede despertar vocaciones de archiveros, documentalistas y profesiones parecidas.

Ashild Kanstad Johnsen. El Museo De Tronquito (Kubbe Lager Museum, 2010). Madrid: Nórdica, 2016; 60 pp.; col Nórdica infantil; trad. de Cristina Gómez-Baggethum; ISBN: 978-84-16440-66-5. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 9 de mayo de 2016

Los libros que aplauden y difunden el uso de las bibliotecas, y además lo hacen de modo simpático, tienen asegurada una gran difusión. Es el caso del gracioso ¡Se busca! Lili la liebre, ladrona de libros, primer álbum de la escocesa Emily Mackenzie.

Por su argumento se podría comparar con El Trincalibros. La liebre protagonista está tan obsesionada con los libros que los roba continuamente. Hasta que, un día, desaparece un libro de Arturo, que lo denuncia y, cuando la policía detiene a Lili, Arturo ha de acudir a una rueda de reconocimiento de sospechosos…

La historia está bien llevada, las figuras son graciosas, las composiciones de páginas son acertadas, hay guiños bien pensados —que no siempre se pueden trasladar bien: un libro con los Bunniver's Travels, por ejemplo—.

Emily Mackenzie. ¡Se busca! Lili la liebre, ladrona de libros (Wanted! Ralfy Rabbit, Book Burglar, 2015). Barcelona: Combel, 2016; 32 pp.; trad. de Bel Olid; ISBN: 978-8491010449. [
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domingo, 8 de mayo de 2016

Por qué fracasan los países, de Daron Acemoglu y James A. Robinson, otra recomendación de mi amigo economista, me ha parecido un gran libro acerca de, como apunta el subtítulo, «Los orígenes del poder, la prosperidad y la riqueza». O, dicho de otra manera, ¿por qué algunos países son ricos y otros pobres? No son extraños los muchos elogios que ha recibido el libro pues, por un lado, la exposición es clara y ordenada, y los argumentos resultan convincentes al estar bien apoyados en ejemplos de todos los ambientes y épocas.

Los autores detallan, al principio, cómo la prosperidad no se explica ni por cuestiones geográficas, como si el clima o la situación del país la condicionaran; ni culturales, como si dependiera del nivel cultural o el tipo de creencias del pueblo y los gobernantes; ni por la razón de que los gobernantes tienen más o menos conocimientos de economía. Aunque todos esos factores puedan tener algún peso, ellos los descartan y centran sus argumentos en las instituciones políticas y económicas que ha llegado a tener cada país. Las diferencian en extractivas e inclusivas: las primeras «tienen como objetivo extraer rentas y riqueza de un subconjunto de la sociedad para beneficiar a un subconjunto distinto»; las segundas son aquellas que dan libertad a las personas «para ejercer la profesión que mejor se adapte a su talento» y que les «proporcionan igualdad de condiciones» para tener la oportunidad de desarrollarlo; y que, por otro lado, «allanan el camino para otros dos motores de prosperidad: la tecnología y la educación».

La exposición muestra cómo han surgido unas instituciones y no otras, cómo unas instituciones han propiciado el progreso social y otras no, cómo la historia también ha marcado la trayectoria institucional de los países. Se ven qué pasos fueron decisivos hacia las instituciones inclusivas y, luego, de qué modo se han producido círculos virtuosos que las han reforzado; y también se ponen de manifiesto los círculos viciosos que han afianzado en otros lugares las instituciones extractivas.

Los autores sostienen, al fin, que el éxito y el fracaso de un país se debe principalmente a su historia institucional. El éxito, a que han logrado pasar de instituciones extractivas a inclusivas debido al acierto con el que, en determinados momentos históricos, sus gobernantes y sus gentes han aprovechado coyunturas críticas para romper moldes anteriores y reformar sus instituciones. El fracaso, por el contrario, se acumula debido a que «quienes tienen el poder toman decisiones que crean pobreza. No lo hacen bien, no porque se equivoquen o por su ignorancia, sino a propósito». Es decir: no se proponen crear los incentivos necesarios para que la gente ahorre, invierta e innove; temen, y por tanto impiden o dificultan, aquellas instituciones que pueden destruir sus privilegios y su poder político: en especial un sistema jurídico imparcial, unos medios de comunicación y un sistema educativo libres.

Daron Acemoglu y James A. Robinson. Por qué fracasan los países (Why Nations Fail, 2012). Bilbao: Deusto, 2014, 8ª ed.; 589 pp.; trad. de Marta García Madera; ISBN: 978-84-234-1266-2. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 7 de mayo de 2016

La editorial Kalandraka sigue publicando, en buenas ediciones, los libros de Maurice Sendak. Recientemente le ha tocado el turno a El letrero secreto de Rosie, brevemente comentado en la voz de Sendak: la protagonista, Rosie, es una chica fabuladora que se viste como Alinda, la bella cantante, que da conciertos para sus amigos Kathy, Dolly, Pudgy y Sal en el patio de su casa.

Sendak contó cómo, en este relato, recreó el ambiente de su casa y barrio de Brooklyn en 1948. La imaginativa Rosie, de ocho años, era una vecina, que vivía enfrente de su casa, a la que él veía desde su ventana mientras alegraba la vida de otros niños inventando juegos. Incluso, decía Sendak, en una ocasión, la oyó y vio encandilar a su público diciéndoles cómo había muerto su abuela esa noche y ella había sido la que había encontrado el cadáver y llamado al hospital, algo desmentido en seguida cuando todos vieron llegar a su abuela.

En el mismo artículo en el que cuenta lo anterior, Sendak habla de su aprendizaje como escritor —gracias también a tener que trabajar con y para escritores tan buenos como Randall Jarrell, Else Minarik, Ruth Krauss, Isaac Bashevis Singer…—, y dice algo que yo traduzco con toda libertad y que vale la pena recordar:

«Para mí, todo empieza con la escritura. No empiezo nunca con dibujos o imágenes. Es mejor dejar fuera la Polaroid, para no ser seducido por las imágenes y empezar a escribir según ellas. Las imágenes vienen con lenguaje, lenguaje, lenguaje: en frases, en construcciones verbales, en poesía, en lo que sea. Nunca he invertido menos de dos años en el texto de cada uno de mis álbumes ilustrados, incluso aunque cada uno contiene, aproximadamente, 380 palabras. Sólo cuando el texto está terminado, cuando mi editor piensa que está terminado, empiezo con las imágenes. Entonces ya tengo como una película en mi cabeza».

El texto de Sendak está tomado de «Visitors of My Boyhood», incluido en el libro editado por William Zinsser, Worlds of Childhood. The Art and Craft of Writing for Children (1990). Contiene textos de Jean Fritz, Jill Krementz, Katherine Paterson, Jack Prelutsky, Maurice Sendak, Rosemary Wells. Boston: Mariner Books- Hougthon Mifflin, 1998; 216 pp.; ISBN: 0-395-90151-0. [Vista del libro en amazon.es]

Maurice Sendak. El letrero secreto de Rosie (The Sign on Rosie´s Door, 1960). Pontevedra: Kalandraka, 2016; 48 pp.; trad. de Eduardo Lago; ISBN: 978-84-8464-970-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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viernes, 6 de mayo de 2016

La tierra que pisamos es la segunda novela de Jesús Carrasco. Con una construcción cuidada y una prosa rica como eran las de Intemperie, aquí el autor presenta una historia que ambienta en unos pasajes desolados, en las primeras décadas del siglo XX, cuando todo está controlado y gobernado por un Imperio totalitario y lejano. La narradora es Eva Holmann, una mujer mayor que cuida de su marido, un militar inválido y enfermo, con un largo historial de crueldades. Viven en una finca, a las afueras de un pueblo extremeño, con la única compañía de un perro y una yegua. La historia comienza cuando llega un extraño, llamado Leva, a su huerta. Poco a poco, por medio de las reflexiones y suposiciones de la narradora, conocemos su pasado en campos de concentración.

Se hace notar la violencia inhumana de algunas acciones con párrafos de una enorme intensidad: «Ven arder la pira a cierta distancia, sin saber que ese olor quedará para siempre tatuado en sus mentes. El fuego envolviendo crepitante la masa descoyuntada, caramelizando pieles y ropas hasta fundirlas». El relato se centra en el mundo de sentimientos que se levantan en la protagonista cuando rememora lo sucedido y se siente invadida por el dolor y el arrepentimiento: «No había más misterio que la culpa: la de saber que había levantado mi casa sobre la sangre de los suyos. La de haberme envuelto en la bandera de la tradición, el Imperio y la religión para participar de este expolio».

La novela no sorprende como lo hizo Intemperie. No sólo porque ya no son una novedad la categoría de la escritura del autor, ni porque se parezcan algo los escenarios de ambas novelas, sino también porque la inhumanidad de las guerras del siglo XX ha sido retratada ya muchas veces. Por otro lado, en Intemperie la esperanza se abría camino al final, cosa que aquí se propone con un sí pero no: «Y por primera vez en tu vida, a pesar de haber estado en muchos velatorios, sientes que aquello que el cura decía sobre la resurrección y el encuentro tiene que ser cierto. (…) Te entregas al misterio de creer lo que los sentidos no admiten: que habrá un encuentro con los otros, que la muerte no es sino una puerta por la que se entra y no se sale, pero un paso, a fin de cuentas, que presupone una estancia ulterior ya que, de lo contrario, ¿qué sentido tiene el umbral?»

Jesús Carrasco. La tierra que pisamos (2016). Barcelona: Seix Barral, 2016; 270 pp.; col. Biblioteca Breve; ISBN: 978-84-322-2733-2. [
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jueves, 5 de mayo de 2016

El cuarto libro de Spirit Animals, titulado Fuego y hielo, está escrito por Shannon Hale y centrado en Rollan: en su relación con el halcón Essix —menos fluida que la que tienen sus compañeros con sus espíritus animales—, y en que descubre, aún confusamente, que su pasado es más complicado de lo que sabía. En esta ocasión todos viajan a Ártica con la intención de conseguir el talismán de Suka, la Osa de Cristal, que está congelada bajo tierra. Algunos capítulos sueltos insinúan ya la gran amenaza que supondrá la gran serpiente Gerathon.

A la espera de ver cómo los autores resuelven los conflictos que asolan Erdas, resumo así mi juicio provisional: las narraciones están construidas y escritas de modo más que competente; todo se alarga demasiado y algunos lectores (como yo) pensarán que lo mismo se podría contar con menos Grandes Bestias, menos páginas y menos libros; por escrito son confusos muchos enfrentamientos pero, supongo, estas escenas deberán ser juzgadas por su tirón en otros medios narrativos; desde un punto vista constructivo todo sigue unas pautas bien probadas en las que caben pocas sorpresas.

Para comprender este tipo de libros vale la pena recordar un comentario de Chesterton en Herejes: «La buena literatura puede hablarnos de la mente de un hombre, pero la mala literatura puede hablarnos de la mente de muchos hombres. Una buena novela nos dice la verdad acerca de su héroe, pero una mala novela nos dice la verdad acerca de su autor. Hace mucho más aún: nos dice la verdad acerca de sus lectores; y, cosa muy curiosa, nos dice todo esto mejor y más claramente cuanto más cínico e inmoral es el motivo de su fabricación. (...) La novela sincera presenta la simplicidad de una persona particular; la novela insincera presenta la simplicidad de la humanidad».

Shannon Hale. Fuego y hielo (Fire and Ice, 2014). Madrid: SM, 2015; 213 pp.; col. Spirit Animals 4; trad. de Xohana Bastida; ISBN: 978-84-675-8249-9. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 4 de mayo de 2016

La tercera entrega de Spirit Animals es Lazos de sangre, novela escrita por Garth Nix y Sean Williams. El argumento sigue dos hilos. En uno, los protagonistas van en busca del elefante Dinesh y, para llegar hasta él, deben lidiar con los Tergesh, unos feroces guerreros que montan en rinocerontes. En otro, el relato sigue a Meilin en su regreso a Zhong. En los dos casos aparecerán en su camino Capas verdes que les ayudarán. Entretanto se ve que los Conquistadores van ganando terreno y que, por otro lado, los héroes van superando sus recelos mutuos y se afianzan los lazos entre ellos, entre Meilin y Rollan en especial.

Está bien pensada la combinación de cualidades de los héroes para cubrir todos los intereses posibles de los lectores: la chica guapa guerrera, Meilin —a la que interesa su aspecto y su vestuario pero cuyo «pasatiempo favorito» son las peleas—; la chica cazadora despreocupada de sus apariencias, Abeke; el chico pastor sencillo y sensato, Cónor; el chico independiente y rebelde, Rollan —que «no era especialmente conocido por su tacto»—. Luego, las historias se construyen de forma que cada uno añade siempre algo: sea por la forma de afrontar los problemas, sea por sus distintas habilidades físicas, propias o de su espíritu animal (algo que, supongo, importa mucho para el videojuego).

Este y los otros libros de la serie ejemplifican bien por qué la expresión «Literatura infantil y juvenil» es inapropiada tantas veces: estamos ante libros preparados de modo comercial —lo cual no es un desdoro, máxime cuando están bien hechos, como es el caso—; y ante autores que se han propuesto hacer artesanalmente bien el trabajo que les han encomendado. Esto implica el abandono de cualquier pretensión artístico-literaria, o, si se quiere, cualquier pretensión que vaya más allá de contar bien su parte correspondiente de la historia; e incluso se podría decir que son precisamente ese tipo de pretensiones las que hacen ridículas no pocas obras de ese tipo.

Garth Nix y Sean Williams. Lazos de sangre (Blood Ties, 2014). Madrid: SM, 2015; 213 pp.; col. Spirit Animals 3; trad. de Xohana Bastida; ISBN: 978-84-675-8248-2. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 3 de mayo de 2016

Dentro de la línea, tan frecuente hoy, de intentar enseñar a los niños a ser menos brutos y más sensibles, o la de intentar dejarles claro que uno puede ser muy fuerte y no tener miedo a mostrar sus sentimientos, está el álbum de Keith Negley titulado Tipos duros.

En él vemos, en cada doble página, cómo lo ejemplifican algún o algunos personajes robustos: un tipo musculoso de un gimnasio, un astronauta, unos ninjas, un superhéroe, un cowboy, un pirata, un caballero medieval, un piloto de carreras, un marino, un robot, un tipo tatuado en moto, etc. Las palabras son escasas y dejan todo el peso del álbum a las ilustraciones en colores vivos muy contrastados, que están bien compuestas y presentan figuras contundentes y amables.

Keith Negley. Tipos duros (también tienen sentimientos) (Tough Guys (Have Feelings Too), 2015). Madrid: Impedimenta, 2016; 26 pp.; trad. de Susana Rodríguez Álvarez; ISBN: 978-84-16542-27-7. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 2 de mayo de 2016

Ñac-Ñac, El Monstruo Comelibros, de Emma Yarlett, es un álbum de argumento mínimo y bromista que me ha recordado a Al señor zorro le gustan los libros. Su protagonista es un monstruo regordete llamado Ñac-Ñac al que le encanta comer libros. Vemos cómo da mordiscos a Ricitos de oro, a Caperucita roja, a Jack y las habichuelas mágicas… Al final, el narrador consigue atraparlo y encerrarlo. El libro se caracteriza porque cada cuento que muerde Ñac-Ñac está confeccionado de modo diferente —incluso con hojas de tamaños y formas distintas— y por estar confeccionado con abundancia de troquelados, la mayoría con forma de mordisco.

Emma Yarlett. Ñac-Ñac, El Monstruo Comelibros (Nibbles, The Book Monster, 2016). Madrid: Bruño, 2016; 20 pp.; col. Cubilete; trad. de Virtudes Tardón Sánchez; ISBN: 978-8469604915. [Vista del ábum en amazon.es]

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domingo, 1 de mayo de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de abril. De los libros del mes, entre los álbumes elegiría Otto, el perro cartero para primeros lectores y Animalium para futuros zoólogos; entre los libros juveniles el más destacable tal vez sea Charlotte tiene la palabra; y entre los libros de todo tipo mis mejores lecturas han sido, en este caso sin dudas, Los señores de las finanzas e Impresiones provinciales.

En medium: cuatro notas más con selecciones de libros, 17 libros para lectores de unos diecisiete años, 16 libros para lectores de unos dieciséis años, 15 libros para lectores de unos quince años, 14 libros para lectores de unos catorce años.

En Primer Cuaderno: notas de abril. Es valioso este Artículo shakespeariano sobre don Quijote. Son estimulantes los enlaces con motivo de los 100 años de Beverly Cleary.

En Segundo Cuaderno: notas de abril. Esta entrevista insultante ha sido muy leída. También los nuevos enlaces reunidos en Masculino y femenino (3) y esta razonada Defensa del pecado.

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