En El jardinero y la muerte, el autor búlgaro Gueorgui Gospodínov habla de la muerte de su padre debido a un cáncer: de su vida con él los últimos meses, que ocupa la primera parte, y, de sucesos del pasado una segunda. Es un libro cálido, amable y triste a la vez: dice su autor que «no es un libro sobre la muerte, sino sobre la tristeza por la vida que se va». El título se refiere a que la ocupación principal de su padre era cuidar de su huerto: «Mi padre era jardinero. Ahora es jardín». En capítulos cortos se desgranan incidentes y observaciones de todo tipo.
Así, el narrador se hace reflexiones y preguntas sobre la vida, suya y de su padre: «Lo miro y pienso: no nos han enseñado a envejecer. ¿Qué se hace al final de la vida? Cómo bajas el ritmo, cómo te acostumbras a que tu trabajo ahora consiste en descansar (¿qué clase de trabajo es descansar?)».
Como en otros libros del autor, se señalan las que considera peculiaridades del modo de ser búlgaro: «No existe una gran tradición de diarios íntimos, novelas epistolares y demás en la vida búlgara, ni en el siglo pasado ni en los anteriores. Y esto forma parte de nuestro mutismo innato en cuanto a lo personal. Lo personal siempre ha sido un secreto bien guardado, mejor guardado incluso que el tonel de vino en el sótano o la rakía destilada a escondidas para evitar los impuestos».
Abundan las observaciones sugerentes: «La infancia es vertical. Creces hacia arriba, eres tan alto como las rosas del jardín, todo el mundo te dice un año tras otro lo mucho que has crecido, tu padre te levanta por encima de su cabeza, te pones de puntillas, todo bulle de vida y movimiento, no quieres irte a la cama, tienen que llevarte a la fuerza. La vejez es horizontal. Vamos a descansar un poco, vamos a tumbarnos por la tarde, me echaré un rato en el sofá porque la espalda… La vejez es ir acostumbrándote a una horizontalidad prolongada, tal vez eterna».
Hay momentos en los que aflora con fuerza la nostalgia de su padre: «Mi padre era aquel Atlas que sostenía en sus hombros toneladas de pasado. Y ahora que se ha ido, siento todo ese pasado resquebrajándose, derrumbándose en silencio sobre mí y sepultándome bajo todas sus tardes. Las tardes de la infancia que se derrumban en silencio. Y no tengo a quien pedir ayuda».
Gueorgui Gospodinov. El jardinero y la muerte (Grandinaryat i smurtta, 2024). Madrid: Impedimenta, 2025; 224 pp.; trad. de María Vútova; ISBN: 979-1387641030. [Vista del libro en amazon]
























