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Nota: 'Un sentido esencial del arte literario' :: bienvenidosalafiesta ::    
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viernes, 27 de abril de 2018

Un sentido esencial del arte literario


En su momento, como comenté aquí, pensé que debía empezar a leer a Jan Patočka. El primero de sus libros que he leído (no muy bien, tengo que volver a leer algunos textos en momentos de más calma), ha sido Libertad y sacrificio, una colección de ensayos. En uno de ellos se refiere al discurso de aceptación del premio Nobel de Solzhenitsyn, dice que es «un logro extraordinario, más incluso que sus novelas», lo califica como una de «las cumbres del pensamiento y la expresión mundiales», y lo comenta del siguiente modo:

El discurso de Solzhenitsyn «trata del arte como órgano de la verdad. (…) Solzhenitsyn sostiene que el hombre es en la experiencia, que la experiencia es la marca de su finitud, la cual se manifiesta en que todo lo que no sea nuestra experiencia se nos presenta atenuado y alejado, carente de significado para nosotros. Es a partir de esto como Solzhenitsyn interpreta nuestra indiferencia respecto a todo dolor y gozo que no nos toquen directamente. El hecho de que en nuestro mundo puedan llevarse a cabo las cosas más espantosas sin que haya quien tome noticia, es el sello de nuestra finitud, es nuestro pecado original, si queremos expresarlo en términos teológicos. Su pensamiento sobre el arte, la literatura y la poesía consiste en que el arte realmente alberga la cualidad de transmitir la experiencia. El arte es capaz de lograr lo que nada más logra, esto es, hacer nuestra la experiencia ajena y, en consecuencia, salvar el espantoso abismo que existe entre un hombre y otro. Lo que importa entonces es preguntarse cuándo es el arte verdaderamente arte, cuándo logra salvar el abismo, cuáles son las condiciones para que el arte alcance uno de sus sentidos esenciales. Sobre esto no dice nada Solzhenitsyn en su discurso. Sin embargo, queda completamente claro que el arte puede cumplir su función cuando no evita el camino hasta el mismo límite extremo de la experiencia posible. El artista ha de ir hasta el límite, donde el rayo golpea y donde solo uno de cada mil sobrevive. Ésta es la razón por la que Solzhenitsyn, en su discurso, no habla en su nombre, sino en el de que todos aquellos que han ido hasta este límite de la experiencia y se quedaron en el camino» (en «El problema de Europa», 1988).

Jan Patocka. Libertad y sacrificio (varios ensayos y entrevistas, 1934-1988). Salamanca: Sígueme, 2007; 398 pp.; trad. de Iván Ortega Rodríguez; ISBN: 978-84-301-1650-8. [Vista del libro en  amazon.es]

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