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domingo, 3 de noviembre de 2013

Las emociones ficcionales y la vida real (1)


Habla Eva Illouz en Por qué duele el amor de la fantasía institucionalizada de las relaciones amorosas que hay hoy en nuestra sociedad, es decir, de todas esas fantasías guionadas o prefabricadas por la cultura de masas que imaginan el amor como un relato, un suceso y una emoción, y que hacen del anhelo fantasioso su condición perpetua.

Con esa fantasía institucionalizada, dice, se incitan y promueven activamente, como nunca se había hecho antes, representaciones visuales de relatos acerca de cuál es la vida deseable, y se activa de modo poderoso la imaginación utópica en el ámbito de la vida privada. Ese amor, o esos anhelos fantasiosos de amor, bien conocidos por los novelistas ya desde Flaubert, se estructuraban antes por medio del lenguaje, de tramas y secuencias narrativas, y de «ciertas imágenes mentales como la luz de la luna, el paisaje bucólico o los encuentros apasionados»: se puede decir que «la característica eminentemente moderna de este tipo de amor es su naturaleza anticipativa».

Pero todo eso se ha visto alterado con el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación, pues «el cine perfecciona las técnicas de identificación con el personaje, las imágenes de una vida cotidiana organizada en marcos estéticos, la exploración de escenas visuales y conductas desconocidas», con lo que se ha producido una gran «ampliación de las imaginaciones sobre las propias aspiraciones» y de cómo poder llegar a darles forma. Es decir, «las emociones anticipativas y ficcionales vinculan la vida emocional con la vida real de ciertos modos específicos», en primer lugar porque dan una forma propia a la vida emocional personal y porque afectan a las percepciones individuales sobre la vida cotidiana.

Eva Illouz. Por qué duele el amor. Una explicación sociológica (Why Love Hurts. A Sociological Explanation, 2011). Madrid: Katz, 2012; 364 pp.; serie Ensayos; trad. de María Victoria Rodil; ISBN: 978-84-92946-47-1.

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