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Notas de abril de 2011 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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sábado, 30 de abril de 2011

Chesterton
:
 «Detrás de nuestras vidas hay un abismo de luz, más cegador e insondable que cualquier abismo de oscuridad: es el abismo de la actualidad, de la existencia, del hecho de que las cosas son verdaderas y de que nosotros somos increíblemente, y a veces incrédulamente, reales. Es el hecho fundamental del ser contra el no ser: es inimaginable, pero no podemos dejar de imaginárnoslo, aunque algunas veces no lo imaginemos ni, muy especialmente, lo agradezcamos. Quien haya comprendido esta realidad sabrá que prepondera hasta el infinito sobre toda recusación de la negación, y que, debajo de todo cuanto pudiera negarse, existe una subconsciente realidad de gratitud. Esa luz de lo positivo es la que atañe a los poetas, porque bajo esa luz ven todas las cosas más que los demás hombres. Chaucer fue hijo de la luz, no hijo del crepúsculo, de ese crepúsculo rojo del que pasa por el amanecer de una revolución, o de ese crepúsculo gris del que pasa por la agonía de una decadencia social. Fue el heredero directo de algo que los católicos llaman Revelación, ese resplandor del mundo que se nos otorgó cuando Dios vio que el mundo era bueno. Y en tanto los artistas nos deslumbren con resplandores así, nada importa que sean fragmentarios o triviales, que resulten del propio hecho de que un poeta de corte medieval aprecie una margarita, o de que describa como en relámpago de radiante claridad de luna al enamorado “que no durmió más de lo que duerme el ruiseñor”. Estas cosas pertenecen al mismo mundo de maravilla en que se dio la maravilla fundamental al propio principio del universo». (Chaucer)

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viernes, 29 de abril de 2011

Maravillas del crepúsculo
es un nuevo libro del islandés Sjón, que no tiene la contundente concisión y la claridad narrativa de El zorro ártico, pero que sí es una historia poco habitual y contada con un lenguaje rico. Su protagonista y, en bastantes tramos, narrador es Jónas Pálmason el Erudito, un personaje inspirado en la figura real del islandés Jón Guðmundsson el Erudito (1574-1658). Acusado de brujería, debido a sus actuaciones como curandero, exorcista y naturalista, es desterrado a la isla de Björn el del Oro en 1635. Allí reflexiona, recuerda sus actividades pasadas, y emprende un viaje a Copenhague, para conocer al sabio danés Ole Worm, y luego vuelve a Islandia con la esperanza de ser rehabilitado. Además, el libro tiene una Obertura, que narra de forma chocante la rebelión de Lucifer contra Dios, y, en medio de la narración, se intercalan voces como de diccionario, de plantas y animales, redactadas por el mismo Jónas.

Seguir la historia no es fácil. Tal vez parte de las dificultades se deban a cuestiones de lenguaje, como la imposibilidad de trasladar la belleza poética de muchos sonidos onomatopéyicos de animales y pájaros que aparecen en el texto. Otras se deben a que los vaivenes atrás y adelante no siempre son claros, a que son poco comunes muchas expresiones e imágenes, y, al menos para ciertos lectores, a que no son pocas las descripciones repugnantes, por más que muchas sean excelentes («apestaba como el eructo de la tráquea de un muerto»). Pero, sobre todo, es difícil conectar con el relato cuando no se comprenden bien la cultura y, en particular, la religiosidad de un protagonista luterano que conserva creencias católicas entremezcladas con un gran bagaje de relatos paganos anteriores. Al leer el libro he recordado que Christopher Dawson decía que «las sagas nórdicas son productos de la Cristiandad medieval en la misma medida que lo son las canciones de gesta, y que estamos en deuda con los clérigos y escuelas de la Islandia cristiana por haber conservado la rica tradición nórdica de mitología, poesía y sagas».

Con todo, aunque el libro sea un tanto extraño y no fácil de leer, lo cierto es que Jónas Pálmason es un personaje difícil de olvidar, que la narración tiene intensidad, y que algunos episodios son extraordinarios, como el del enfrentamiento del protagonista con un aparecido al que persigue y exorciza, o el de la presencia, y luego el fin trágico, de los balleneros vascuences que acudían anualmente a Islandia.

Sjón. Maravillas del crepúsculo (Rökkurbýsnir, 2008). Madrid: Nórdica, 2011; 213 pp.; col. Letrasnórdicas; trad. de Enrique Bernárdez; ISBN: 978-84-92683-38-3. [Vista del libro en amazon.es]
Christopher Dawson. «La segunda “Edad Oscura” y la conversión del Norte», en La religión y el origen de la cultura occidental (Religion and the Rise of the Western Culture, 1950). Madrid: Encuentro, 1995; 228 pp.; col. Ensayos; trad. de Elena Vela; ISBN: 84-7490-374-2. Nueva edición el año 2010; 256 pp.; prólogo de José Andrés Gallego; ISBN: 978-84-9920-026-2. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 28 de abril de 2011

Después de citar a Forester es necesario dejar constancia de la serie que comenzó Patrick O'Brian con Capitán de mar y guerra. Ya sé que no es juvenil en sus pretensiones, pero eso no impide que la lea un lector joven a quien el tema le guste. Yo sólo leí los primeros volúmenes y ya tuve suficiente: no me atrajo tanto como para continuar con ella, no soy experto en cuestiones marineras, y también pienso que la excesiva sofisticación es un lastre para cualquier novela de aventuras...

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miércoles, 27 de abril de 2011

A un artículo de Stevenson en el que decía que todos los niños han buscado siempre tesoros enterrados, Henry James le replicó que él nunca había buscado ninguno, y Stevenson le volvió a contestar diciéndole que, en ese caso, es que él nunca había sido niño.

He pensado eso al leer La cueva de los Doblones, de Julio César Romano, un relato corto ambientado en Mohedas de la Jara, Toledo, en la que tres chicos y una chica encuentran un extraño medallón que les termina conduciéndoles a un antiguo tesoro inca.

Todo suena conocido pero este tipo de historias siempre captan el interés si, como es el caso, resultan cercanas, están bien escritas, y los toques de fantasía son los justos. Además, los protagonistas, un chico del pueblo y tres veraneantes, se perfilan lo suficiente para que sus choques añadan la tensión necesaria para desencadenar los acontecimientos.

Julio César Romano. La cueva de los Doblones (2010). Valencia: Brief, 2011; 117 pp.; ilust. de Marta Gil Colomina; ISBN 13: 978-84-15204-03-9.
Henry James – Robert Louis Stevenson. Crónica de una amistad. Correspondencia y otros escritos. Madrid: Hiperión, 2009; 217 pp.; col. Libros Hiperión; trad. de María Condor; ISBN: 978-84-7517-902-5.

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martes, 26 de abril de 2011

Quien haya disfrutado con Up seguramente agradecerá conocer un antecedente literario como Los 21 globos, de William Pène Du Bois. Es un relato simpático, con magníficas ilustraciones, que me parece que ahora mismo no está disponible en las librerías españolas.

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lunes, 25 de abril de 2011

El pájaro negro
es un nuevo álbum (en España) de Suzy Lee con su niña protagonista de siempre. A la izquierda de la primera doble página la vemos mirando, hacia la derecha, a unos adultos que hablan solos, al fondo, en una habitación, y el texto dice «Estoy triste». En la segunda doble página la niña baja escaleras mientras un pájaro la sobrevuela y va pensando «nadie me dice nada. Nadie me cuenta nada»… Poco a poco, el pájaro gana presencia y la niña encuentra una forma de lidiar con el sentimiento que la desosiega.
El álbum, todo él en blanco y negro, recoge bien un momento del paisaje interior de su protagonista: el de cuando se da cuenta de que cada uno tiene su propia vida y, con ella, sus secretos propios. Se podría comparar, en ese sentido, a Espejo, aunque no tenga su perfección formal como álbum, pues lo que aquí se cuenta no puede secuenciarse fácilmente.

Suzy Lee. El pájaro negro (2007). Granada: Barbara Fiore, 2010; 32 pp.; trad. de Albert Vitó Godina; ISBN: 978-84-937506-6-4.

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domingo, 24 de abril de 2011

Perfecto Hombre


«Jesucristo asumió nuestra naturaleza
entera, hasta el extremo:
murió,
antes pasó hambre, sed, perdió un amigo,
otro le traicionó dándole un beso,
lloró, sintió cansancio, miedo, melancolía…
Una vez escribió, y lo hizo como todos,
sobre la arena».

Enrique García-Máiquez. Con el tiempo (2010). Sevilla: Renacimiento, 2010; 72 pp.; ISBN: 978-84-8472-591-6.

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sábado, 23 de abril de 2011

Cuando un clérigo anglicano usó la palabra «magia» para referirse a las creencias religiosas ajenas, Chesterton le respondió indicándole que «hablar de los misterios más altos o milagros como formas de magia, o como procedentes de la magia, es contar al revés toda la historia. Es como decir que la Misa Negra evolucionó hacia la Misa». Apuntaba luego en ese texto que la distinción estaba clara mucho antes de que la Cristiandad la clarificara del todo: hay siempre un sentido de la magia que significa un enemigo que nos esclaviza, como vemos en que la palabra «encantamiento» encierra la idea de cautividad. Mientras la magia buena, igual que un milagro que devuelve la pierna al cojo, restaura la normalidad, la magia mala disfraza y transforma y altera la normalidad: basta ver que Medea promete la juventud a un anciano, es decir, transformarle en otro hombre..., y luego miente.

Y —después de comentar algunas obras de fantasía de autores como Wilkie Collins, Thornton Wilder, Walter de la Mare y Henry James—, termina volviendo al principio y señalando que sí existe un vínculo entre el Mago y la Misa: el mismo que hay entre el No y el Sí, entre la oscuridad y la luz. «El Mago es un hombre que busca ser Dios y, siendo un usurpador, a duras penas evita ser un tirano. Al no ser el hacedor, sino solo el distorsionador, cambia las formas originales de las cosas y las aprisiona en el interior de formas antinaturales. Pero la Misa es exactamente lo opuesto a un hombre haciéndose Dios. Es Dios haciéndose hombre, es Dios dando su vida creativa a la humanidad y restaurando el modelo original de su humanidad; no haciendo dioses, ni bestias, ni ángeles; sino, por la milagrosa explosión original que hace nuevas todas las cosas, convirtiendo en hombres a los hombres». («Magic and Fantasy in Fiction», Sidelights on London and Newer York)

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viernes, 22 de abril de 2011

Conjeturas sobre Barrabás


«Qué fue de Barrabás Pregunté nadie lo sabe
liberado de sus cadenas salió a una calle blanca
pudo torcer a la derecha seguir recto torcer a la izquierda
andar en círculo cacarear de alegría como un gallo
Él Emperador de sus propias cabezas y manos
Él Virrey de su propio hálito

Pregunto pues en cierto modo tomé parte en el asunto
arrastrado por la turba frente al palacio de Pilatos grité
como los demás libera a Barrabás a Barrabás
Todos gritaron aunque sólo yo hubiese callado
igualmente habría sucedido tal como tenía que suceder

Y Barrabás quizá volvió con su banda
En las montañas asesina con presteza hace los debidos pillajes
O abrió un taller de alfarería
Y sus manos manchadas por el delito
Limpia en la arcilla de la creación
es aguador arriero de mulos usurero
propietario de naves —en una de ellas navegó Pablo hasta los corintios—
o —lo que no puede excluirse—
se convirtió en un apreciado delator a sueldo de los romanos

Mirad y asombraos del pasmoso juego del azar
por los poderes de la posibilidad por las sonrisas de la fortuna

Y el Nazareno
quedó solo
sin alternativa
con un abrupto
sendero
de sangre».

Zbigniew Herbert. «Conjeturas sobre Barrabás» (Domysly na temat Barabasza, 1990), Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas (1993). Madrid: Hiperión, 2008, 2ª ed.; 115 pp.; trad. y presentación de Xaverio Ballester; ISBN: 978-84-7517-388-7.

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jueves, 21 de abril de 2011

Al leer Lo que piensan los ingleses de los españoles caí en la cuenta de que todavía no había puesto aquí a Cecil Forester y sus obras sobre Hornblower cuando fue guardiamarina y teniente de navío, para mi gusto (que no soy nada experto en cuestiones marineras) las mejores de la mejor serie del género, aún cuando sea tan deudora de Marryat y de Kingston. Y en semanas sucesivas pondré a sus sucesores.

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miércoles, 20 de abril de 2011

Como los relatos anteriores de Kate DiCamillo, La Elefanta del Mago se caracteriza por tener un narrador envolvente y cercano, que seguramente suene muy bien en inglés y en voz alta.

Ciudad centroeuropea llamada Baltese, hace dos o tres siglos. A un huérfano de diez años, Peter Augustus Duchene, una adivina le dice que su hermana pequeña vive y que la encontrará si sigue a una elefanta. El consejo es absurdo, pues no hay ninguna elefanta por los alrededores, pero resulta que un mago, en la cercana Ópera Bliffendorg, hace un truco y una elefanta cae del cielo…

La calidad y la cercanía del narrador hacen aceptable esta historia de nonsense donde se van encadenando los sucesos de modo arbitrario desde un triste punto de partida hasta un desenlace feliz gracias a la bondad de algunos personajes. Algunas observaciones y diálogos son muy certeros: «“¿Y si?” es una pregunta que pertenece al mundo de la magia» afirma el mago; «al mundo de la magia y también al mundo en el que vivimos día tras día» le replica el policía.

Sin embargo, tengo mis reparos hacia un narrador tan omnisciente que puede decirnos también los pensamientos de la elefanta. Esos reparos son mayores debido a que no siempre usa los adjetivos de modo apropiado, como cuando habla de «un mundo arropado por la mano dulce e indulgente de la nieve». ¿Dulce? ¿Indulgente? ¿Para quién? Con todo, lo que menos me gusta es su poca ecuanimidad: cuando Peter descubre algunas cosas del soldado que le cuida, concluye de modo contundente que «por primera vez, hacer de soldado no le pareció, en modo alguno, el trabajo de un hombre. En lugar de eso, le pareció una estupidez, una horrible, espantosa y espeluznante estupidez». O no. Según.

Kate DiCamillo. La Elefanta del Mago (The Magician’s Elephant, 2009). Barcelona: Noguer, 2010; 165 pp.; ilust. de Yoko Tanaka; trad. de Víctor Aldea Lorente: ISBN: 978-84-279-0113-1.

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martes, 19 de abril de 2011

A todos los interesados en la poesía infantil seguro que les gustará conocer el espectacular disco Leave your sleep, de Natalie Merchant, y leer este artículo sobre él. Es un caso más de algo muchas veces comentado: cómo un artista es capaz de dar lo mejor de sí mismo cuando se propone preparar un trabajo pensando en sus hijos pequeños...

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lunes, 18 de abril de 2011

Si de los álbumes ilustrados por Sonja Bougaeva que conocía —El gran bostezo y Malena Ballena— se podía deducir que tenía chispa para las ilustraciones, pues los argumentos ya la tenían, de Dos hermanas reciben visita se puede concluir que también puede preparar una historia y un texto graciosos.

Dos hermanas mayores viven en una isla y un día reciben visita de un primo joven. Este les organiza la vida: les arregla cosas, ordena su casa, la pinta, etc. Y las hermanas, que al principio estaban contentas, al final agradecen que su primo las deje y al fin puedan vivir como quieren.

La secuencia de imágenes es buena, los personajes están bien caracterizados, la combinación de texto e ilustraciones es correcta, los tonos y el colorido se corresponden con el tipo de relato, abundan los detalles simpáticos en segundo plano, y la historia tiene calidez.

Argumentalmente responde a la tendencia, que se nota en cada vez más álbumes, de contar relatos con protagonistas adultos que tienen problemas de adultos... En este caso, sin embargo, las subtramas de los animales que sufren el ímpetu ordenador del primo son claramente infantiles y la historia en sí misma es asequible a todos.

Sonja Bougaeva. Dos hermanas reciben visita (Zwei Schwestern bekommen Besuch, 2006). Barcelona: Takatuka, 2010; 32 pp.; trad. de Carme Gala; ISBN: 978-84-92696-45-1.

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domingo, 17 de abril de 2011

Comentando el libro de Wayne Booth titulado Las compañías que elegimos, al que volveré, dice Martha Nussbaum: la metáfora fundamental que usa Booth en su libro es que «una obra literaria es como un amigo», y, por tanto, podemos valorar nuestras relaciones literarias igual que valoramos nuestras relaciones de amistad, «dándonos cuenta de que se nos juzga por las compañías que mantenemos. Su análisis de la amistad [de Booth] tiene su origen en Aristóteles, al sostener que se trata de una relación de amistad la que se basa en la confianza y el afecto, en la que perseguimos nuestros fines de un modo social, compartiendo, en buena medida, las actividades, los deseos y los valores del amigo. Así, evidentemente, los amigos que elegimos tienen una gran importancia para la calidad de nuestras vidas. Aristóteles sostiene que existen tres fundamentos o motivos diferentes para la amistad: el placer, la utilidad y el buen carácter. Booth sostiene que estos tres elementos, en diferentes combinaciones, informan nuestras elecciones de lectura. Y sostiene que a duras penas se explicaría por qué elegiríamos pasar el tiempo en dicha intimidad con la mente de un autor (implícito) a menos que fuera a causa de uno o más de estos tres elementos. Como Aristóteles, sostiene que una amistad fundada en el carácter y en las aspiraciones es la mejor amistad y la más enriquecedora, aunque los tres elementos tienen cabida en una vida buena. Esta clasificación de la amistad, sostiene, es un buen punto de partida para la evaluación de las experiencias literarias, consideradas como partes constitutivas de la vida. Las experiencias en las que nos hacemos acompañar por un autor implícito con mal carácter, que forma deseos y proyectos sádicos, brutales, injustos o meramente displicentes y sensibleros, son particularmente negativas. No obstante, las relaciones que sólo proporcionan, digamos, cierta información útil o cierto alivio momentáneo son menos valiosas que aquellas que enriquecen nuestras vidas de un modo algo más sustancial».

Martha Nussbaum. «Leer para vivir», en El conocimiento del amor. Ensayos sobre filosofía y literatura (Love’s Knowledge, 1990-1992). Madrid: Antonio Machado Libros, 2005; 694 pp.; col. Teoría y Crítica; trad. de Rocío Orsi Portalo y Juana María Inarejos Ortiz; ISBN: 84-7774-769-5.
Wayne Booth. Las compañías que elegimos. Una ética de la ficción (The Company We Keep, 1988). México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2005; 556 pp.; col. Lengua y Estudios Literarios; trad. de Ariel Dilon; ISBN: 968-16-7478-2.

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sábado, 16 de abril de 2011

Chesterton
:
«Deberíamos darnos cuenta de una curiosa diferencia que el instinto de las leyendas populares ha conservado en casi todos los casos. Los trabajos maravillosos hechos por la gente buena, santos y amigos de los hombres, son casi siempre representados en la forma de restaurar las cosas o las personas a sus formas propias. San Nicolás, el santo patrón de los niños, encuentra una olla hirviendo en la que dos niños han sido reducidos a una especie de guiso irlandés. Él los devuelve milagrosamente a la vida, porque deberían ser niños y no estofado irlandés. Pero no los convierte en ángeles, y no puedo recordar ningún caso en toda la hagiografía de una promoción semejante. Si una mujer era ciega, los hacedores de maravillas le devolvían sus ojos; si un hombre estaba inmóvil, le devolvían su pierna. Pero no le dijeron al hombre, creo yo, “eres tan bueno que deberías ser una mujer”; o a la mujer: “estás tan aburrida que ya es hora de que tengas unas vacaciones como hombre”. No digo que no haya excepciones, pero ese es el tono general de los cuentos acerca de la magia buena.

Por otro lado, los cuentos populares acerca de la magia mala están especialmente llenos de la idea de que el mal altera y destruye la personalidad. La bruja negra convierte a un niño en un gato o un perro; el mago malo convierte al príncipe en un loro, o a la princesa en una cierva; en los jardines de los espíritus malvados los seres humanos son congelados como estatuas o atados a la tierra como árboles. En esta literatura instintiva la negación de la identidad es la verdadera marca de Satán. En este sentido es verdad que el verdadero Dios es el Dios de las cosas tal como son, o, al menos, tal como están destinadas a ser». («Wishes», The Uses of Diversity)

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viernes, 15 de abril de 2011

De una carta de Chéjov a su hermano mayor, el 2 de enero de 1889, reprochándole su comportamiento zafio y brusco con su mujer y sus hijos:

«Los niños son sagrados y puros. Hasta los ladrones y los cocodrilos los sitúan entre las filas de los ángeles (…). No puedes emplear impunemente un lenguaje grosero en su presencia (…). No debes convertirlos en juguetes de tu estado de ánimo, besarlos con ternura un momento y al siguiente patalear de forma frenética. (…) No deberías pronunciar los nombres de tus hijos en vano, y sin embargo te has acostumbrado a decir que cada kopek que das o quieres dar a alguien “es dinero que le quitas a los niños”. (…) Realmente hay que tener muy poco respeto por los hijos o por su santidad para ser capaz de decir —cuando estás bien alimentado, bien vestido y te embriagas todos los días— que te gastas todo el salario en los niños. Basta.

Permíteme que te recuerde que el despotismo y la mentira arruinaron la juventud de tu madre. El despotismo y la mentira mutilaron de tal modo nuestra infancia que sólo de pensarlo siento miedo y asco. (…) Ya no hay modo de que nuestro padre se haga perdonar todo eso (…)».

Janet Malcolm. Leyendo a Chéjov: un viaje crítico (Reading Chekhov. A Critical Journey, 2001). Barcelona: Alba, 2004; 187 pp.; col. Trayectos; trad. de Victor Gallego Ballestero; ISBN: 84-8428-218-X.

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jueves, 14 de abril de 2011

Un autor inevitable, a la hora de hablar de relatos de miedo y terror, es Howard Philips Lovecraft. En su momento leí varias novelas suyas que, debo decir, no me atrajeron nada. La que hace años seleccioné para incluir en Bienvenidos a la fiesta (libro) y dejar constancia de su influencia y de sus rasgos propios, estilísticos y de contenidos, fue El horror de Dunwich.

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miércoles, 13 de abril de 2011

He visto una nueva edición de Bolas locas, una historia de Betsy Byars de hace años. Pienso si habrá película cerca, pues ni el título ni la ambientación del relato encajan con el presente: tampoco he comprobado si hay muchos o pocos cambios en la edición actual respecto a la de hace años. Es un relato sobre tres chicos con graves problemas familiares que coinciden en una casa de acogida y tienen varios enfrentamientos antes de asentarse humanamente y vencer sus reticencias. Los diálogos son incisivos y la historia se desarrolla bien, aunque algunos personajes, como los adultos que los cuidan —tan importantes en un caso así—, no están casi perfilados. Un relato mucho mejor con la misma idea es La gran Gilly Hopkins, de Katherine Paterson. En cualquier caso, la escritora tiene oficio: cuenta bien, es aguda, sabe tocar el corazón.

Betsy Byars. Bolas locas (The Pinballs, 1976). Madrid: Noguer, 1986; 121 pp.; col. Cuatro Vientos; ilust. de Javier Lobato; trad. de Álvaro Forqué; ISBN: 84-279-3168-9. Nueva edición en 2011; 124 pp.; ISBN: 978-84-279-0116-2.

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martes, 12 de abril de 2011

Los seis libros mencionados ayer tienen una extensión parecida. De los tres que faltan, aún sin titular, uno contendrá los artículos ya publicados sobre los autores a los que, por distintas razones, he dedicado más tiempo en el pasado. Y otro, en dos partes, será un resumen de la mejor narrativa infantil y juvenil agrupada según géneros, el que dije aquí que sería el primero.

Con ellos, aparte de «limpiar la mesa» para dejar atrás una etapa, pretendo responder a quienes me han pedido este trabajo expresamente y, lógicamente, ponerlo también a disposición de quienes trabajan en la LIJ —bibliotecarios, educadores, alumnos, etc.—, y de todos los que tienen interés en ella o aprecian los contenidos de esta página. Junto con Una magia profunda y Cruces de caminos por un lado, y con algún material más aún no publicado —que ojalá pueda transformar en libros en 2012—, componen unos posibles, y personales, «apuntes para un extenso curso sobre LIJ».

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lunes, 11 de abril de 2011

Como se ve, a la derecha de la página han aparecido las portadas y los datos de tres libros que acabo de publicar en amazon: Lujo y necesidad, Un juego de paradojas e Hilos para laberintos. A ellos se les añadirán otros tres, dentro de pocos meses. No cuento con que se publiquen en papel pues, salvo que algún editor se lo plantee y me lo plantee, las ventajas del formato electrónico son muchas.

En los seis pretendo reunir los textos que, durante los últimos años, he publicado como artículos o he usado en clases y conferencias para profesores, padres o estudiantes. Aparte de que han sido un poco más pulidos, la novedad principal (para quien ya los haya leído u oído) es que llevan observaciones y notas que, o bien estaban debajo de algunas afirmaciones, o bien usé para explicaciones adicionales en algunas sesiones, o bien surgieron en ellas a raíz de los comentarios. Y he añadido más en la revisión. En algún caso, como en Lujo y necesidad, muchas más, debido a que las sesiones ante determinados públicos piden un aparato bibliográfico mayor.

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domingo, 10 de abril de 2011

Borges:
 «Pienso que hay eternidad en la belleza; y esto, por supuesto, es lo que Keats tenía en mente cuando escribió “A thing of beauty is a joy forever” (“Lo bello es gozo para siempre”). Aceptamos este verso, y lo aceptamos como una especie de verdad, como una especie de fórmula. Alguna vez tengo el coraje y la esperanza suficientes para pensar que puede ser verdad: que, aunque todos los hombres escriben en el tiempo, envueltos en circunstancias y frustraciones temporales, es posible alcanzar, de algún modo, un poco de belleza eterna».

Jorge Luis Borges. «Credo de poeta», en Arte poética. Seis conferencias (This Craft or verse, conferencias pronunciadas en 1967). Barcelona: Crítica, 2005; 181 pp.; col. Biblioteca de bolsillo; trad. de Justo Navarro; prólogo de Pere Gimferrer; edición, notas y epílogo de Calin-Andrei Mihailescu; ISBN: 84-8432-603-9.

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sábado, 9 de abril de 2011

Otra cita más de Chesterton acerca del nonsense como una literatura más apreciada por los adultos que por los niños:

«Hemos de evitar, por encima de todo, confundir esos aspectos de la infancia que son gratos para los niños con esos otros aspectos que son gratos para nosotros». (...) «La gran literatura del Sinsentido posee un enorme valor, pero sería cuando menos razonable señalar que este valor es efectivo principalmente para los adultos». (...) «Fuimos nosotros, las personas adultas, con nuestro gusto por todo lo transgresor, quienes inventamos el Sinsentido. Nos dejamos enredar (...) en él, como en otras cosas (...), por nuestra eterna impaciencia ante la monotonía del mundo. El niño, sin embargo, se halla en una posición más ventajosa. Para él el mundo no es monotonía; por eso no necesita los libros. (...) Para despertar en un niño el sentido de lo extraño y lo humorístico no hace falta ponerle a nadie una nariz luminosa. Para el niño (que pertenece a la clase aún no nacida de los auténticos filósofos), es ya suficientemente extraño y humorístico tener una nariz. (...) Para el niño no hay necesidad del Sinsentido, pues el universo entero es un sinsentido para él en el más noble sentido de esa noble palabra. Un árbol es algo inmenso y fantástico; un burro, tan emocionante como un dragón. (...) El niño se halla en inferioridad de condiciones con respecto a nosotros en muchísimos aspectos: no posee el sentido de la experiencia, le falta el dominio de sí y, sobre todo, el conocimiento de las emociones profundas, esos grandes tormentos que hacen que merezca la pena vivir. Sin embargo, hay un único aspecto en el que se muestra claramente superior. Nosotros hemos ido continuamente en busca de nuevos mundos estéticos, y la última de todas nuestras conquistas ha sido el descubrimiento de este mundo del sinsentido; pero él ha logrado advertir ese mundo de un solo vistazo, y el primer vistazo es siempre el mejor». («La biblioteca del cuarto de los niños», Lectura y locura)

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viernes, 8 de abril de 2011

Por su singularidad y por la fecha de su publicación, me ha interesado El barranco, de Nivaria Tejera, escritora nacida en Cuba en 1930, que pasó su infancia en Tenerife y que, años más tarde volvió a Cuba, para luego exiliarse en París en 1965. En su relato narra sus recuerdos de infancia durante la guerra civil española, marcados por el encarcelamiento de su padre, las visitas que ella y su familia le hicieron a la cárcel, su posterior liberación y su regreso a prisión.

No es una novela más de las que se han apuntado a una moda reciente pues se publicó en francés en 1958. Tampoco, aunque resulte dolorosa, tiene acentos revanchistas: el principal interés de la narradora es dejar constancia de su sufrimiento y su desorientación cuando su mundo se derrumbó. Lo mejor son los tramos puramente narrativos, que avanzan por medio de frases cortas y tajantes, y algunos tramos poéticos que responden a momentos de fiebre de la niña o que intentan recoger su desconcierto confuso. Suenan excesivos algunos barroquismos y no encajan del todo algunas consideraciones discursivas que, precisamente por ser presentadas como cosas que la protagonista no entiende del todo, tendrían más verosimilitud si únicamente fueran alusiones al paso.

Nivaria Tejera. El barranco (1958). Córdoba: El Olivo azul, 2010; 125 pp.; col. Narrativas; ISBN: 978-84-92698-11-0.

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jueves, 7 de abril de 2011

Una robinsonada creíble: El hacha, de Gary Paulsen.

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miércoles, 6 de abril de 2011

Un libro, del que no conozco traducción al castellano, y que dio comienzo al subgénero de los relatos sobre chicos y chicas que se inician en el mundo del teatro y del ballet: Ballet Shoes, de Noel Streatfeild. A su mérito principal, ser el primero de los libros infantiles con ese tema, se suma que es un relato simpático y fresco, aunque hoy suene algo dulzón. Se puede comparar, por ejemplo, con el libro posterior de Rumer Godden  titulado Hijos del jueves.

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martes, 5 de abril de 2011

José Luis Garfer
y Concha Fernández, autores de recopilaciones extensas de adivinanzas y acertijos sobre distintos temas y procedentes de diversas regiones, han publicado hace poco un Acertijero antológico español donde agrupan una selección de acertijos, o chistes en muchos casos, en distintos bloques: «Preguntas lógicas», «Definiciones jocosas», «Colmos», «Definiciones sofisticadas», «Tantanes», «Queledijos», «Problemas de ingenio», «Parecidos», «Leperadas», «Telones», «Cuentos de acertijos», «Juegos de acertijos». Se pasa un buen y largo rato leyéndolos. Tal vez, en futuras ediciones, se podría añadir un capítulo de preguntas sin respuesta tales como «¿por qué “todo junto” se escribe separado y “separado” se escribe todo junto?»

José Luis Garfer y Concha Fernández. Acertijero antológico español (2010). Madrid: Anaya, 2010; 229 pp.; ilust. de Pablo Auladell; ISBN: 978-84-667-7691-2.

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lunes, 4 de abril de 2011

Splat el gato,
de Rob Scotton, es un álbum de los que atrapan el interés de los lectores de cualquier edad por la simpatía de los personajes y por la cantidad de detalles y guiños humorísticos.

Splat no quiere ir a la escuela, el primer día, y se resiste todo lo que puede, pero su madre consigue al fin llevarlo. Allí sus compañeros le reciben muy bien pero a Splat le sorprende oír a la señorita Dulcesmofletes que los gatos cazan ratones: no sabe por qué ha de ser así y más cuando su mejor amigo es el ratón Seymour, al que ha llevado en una caja con él. En fin, cuando Seymour aparece se monta un gran escándalo en la clase.

Las ilustraciones, a veces con uso de collages, se apoyan mucho en el contraste de la negrura de Splat con el gris y el blanco de sus compañeros y su profesora. Todos los personajes son muy expresivos: ojos grandes, dentaduras magníficas, colas y pelos erizados… Además, abundan los detalles decorativos bromistas: papeles pintados alusivos, referencias a otros libros del autor, etc.

La historia pertenece al abundante grupo de los relatos infantiles de los que podemos creernos la moraleja sin creernos la fábula. Y es que los intereses educativos a veces ciegan: el deseo de contarles a los niños relatos que les ayuden a superar antipatías sin sentido debe hacernos pensar si los ejemplos que se les ponen son los más adecuados. Cualquier chico puede comprender que debe tener amigos de cualquier clase, pero seguro que algunos no tendrán un concepto alto de la inteligencia de su profesor si, para ilustrárselo, les pone como ejemplo el de un gato y un ratón que se llevan bien. Vale, ya sé que un chico acostumbrado al mundo Disney se lo cree todo..., pero justo ahí está el problema. Pero, dicho esto, insisto en que el álbum merece ser conocido y disfrutado.

Rob Scotton. Splat el gato (Splat the Cat, 2008). Madrid: Jaguar, 2010; 32 pp.; trad. de Pilar Almagro López; ISBN: 978-84-96423-95-4.

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domingo, 3 de abril de 2011

Algunas ideas de la nota de ayer conectan con estas frases de Borges: durante muchos siglos las historias de Troya, de Ulises y de Jesucristo han bastado a la humanidad: «la gente las ha contado y las ha vuelto a contar una y otra vez; les ha puesto música, las ha pintado. (...)  Y, aunque sobre todo a partir del XIX aumentó tanto el número y la variedad de relatos —por ejemplo cuando Poe escribió que un relato debe ser escrito atendiendo a la última frase, y un poema atendiendo al último verso, y así florecieron los relatos con truco—, relatos «en donde el interés no radica en la trama sino en la variación, en el cambio, de múltiples tramas (La isla del tesoro, Orlando furioso, la idea de un tesoro que trae males a quien lo encuentra, como en Beowulf), se sigue pudiendo sostener «la idea de que sólo existe un número reducido de tramas», la idea de que «quizá todas las tramas correspondan sólo a unos pocos modelos. Hoy, por supuesto, la gente inventa tantas tramas que nos ciegan. Pero quizá flaquee el ataque de ingenio y descubramos que todas esas tramas sólo son apariencias de un reducido número de tramas esenciales. Y esto, para mí, está fuera de discusión».

Jorge Luis Borges. «El arte de contar historias», en Arte poética. Seis conferencias (This Craft or verse, conferencias pronunciadas en 1967). Barcelona: Crítica, 2005; 181 pp.; col. Biblioteca de bolsillo; trad. de Justo Navarro; prólogo de Pere Gimferrer; edición, notas y epílogo de Calin-Andrei Mihailescu; ISBN: 84-8432-603-9.

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sábado, 2 de abril de 2011

En The Victorian Age of Literature, y en más sitios, Chesterton señaló que una de las grandes aportaciones literarias de la época victoriana fue el nacimiento de la literatura del nonsense. Dedicó no pocos artículos a esa cuestión: en la nota El mejor autor de obras de nonsense se decía por qué sentía preferencia por Edward Lear frente a Lewis Carroll; en la de Alicia, maestra de escuela indicaba lo ridículo de convertir en lectura escolar los libros de Carroll; en la titulada La fe y el absurdo apuntaba cómo el nonsense nos familiariza con la idea de que todo en la realidad tiene un lado oculto. Y en el texto que sigue figura por qué, igual que su amigo Belloc, conectaba tan bien con ese tipo de poemas y de relatos:

«Toda gran literatura ha sido siempre alegórica, y alegórica de una visión del universo en su conjunto. La Ilíada es grande porque toda vida es una batalla, La Odisea lo es porque toda vida es un viaje, el Libro de Job porque toda vida es un enigma. Hay una actitud que nos lleva a pensar que la existencia se resume en la palabra “fantasmas”; otra, algo mejor, nos hace pensar en que se resume en las palabras “Sueño de una noche de verano”. Incluso el melodrama o la novela detectivesca más vulgares pueden ser buenos si expresan algo del deleite de las posibilidades más siniestras, el saludable deseo de oscuridad y terror que nos invade cualquier noche al caminar por un callejón oscuro. Por tanto, si la literatura del absurdo va a ser de verdad la literatura del futuro, debe tener su propia versión del cosmos que ofrecer; el mundo no debe ser sólo trágico, romántico o religioso, también debe ser absurdo. Y aquí imagino que la literatura del absurdo acudirá, inesperadamente, en ayuda de la visión espiritual de las cosas». («Defensa del absurdo», The Defendant, Correr tras el propio sombrero)

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viernes, 1 de abril de 2011

El punto de partida para el análisis que hace Eva Illouz en El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo es una sugerente observación del recientemente fallecido Daniel Bell, ya en 1976, «que no ha perdido validez: la cultura del capitalismo se contradice, en tanto exige que las personas sean laboriosas durante el día y hedonistas por la noche. La contradicción cultural entre la esfera del consumo y de la producción se encuentra en el “corazón” de las definiciones actuales del amor romántico; las prácticas amorosas se alimentan al mismo tiempo de dos lenguajes culturales tan generalizados como opuestos: el del hedonismo y el de la disciplina laboral». El objetivo de Illouz es analizar cómo surge dicha contradicción y cómo se refleja en las prácticas románticas de la actualidad.

No pretendo reseñar aquí el libro sino sólo señalar un aspecto que surge del estudio de la autora. Ella explica bien que vivimos en un mundo posmoderno en el cual «el universo transitorio y desechable de los bienes de consumo son cultura, las prácticas repetibles y fragmentarias son cultura»; un mundo donde se anulan «las distancias tradicionales entre la mercancía y la estética, entre los signos y la realidad, entre los sentimientos y su exhibición»; un mundo donde «predomina la imagen frente la oralidad y la palabra impresa que predominaban en el pasado. En esta sociedad «nuestra experiencia cultural y nuestras relaciones sociales se han ido entrelazando cada vez más con los productos y los sentidos de la esfera del consumo» hasta el punto de que «los momentos románticos propiamente dichos se basan en el consumo de bienes de lujo y productos culturales, un proceso de mercantilización que se ha extendido a la esfera del hogar. Y, aunque «el posmodernismo ha adoptado la idea de que los textos narrativos constituyen los cimientos de nuestra identidad, dicha corriente rechaza por completo la noción de que el yo se basa en los grandes relatos (de amor u otros), que le aportan unidad al ofrecerle una dirección y una continuidad»: para el pensamiento posmoderno de muchos, nuestra vida no posee «“centro” alguno de acción o decisión, sino que se compone de una intersección de distintas capas textuales que fragmentan constantemente la “unidad narrativa de la búsqueda humana” y, por lo tanto, la unidad narrativa de la búsqueda romántica».

Eva Illouz. El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo (Consuming the romantic utopía. Love and the cultural contradictions of capitalism, 1992). Madrid: Katz, 2009; 429 pp.; col. Conocimiento; trad. de María Victoria Rodil; ISBN: 978-84-96859-53-1.

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