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Notas de febrero de 2017 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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lunes, 20 de febrero de 2017

Había una TRIBU, de Lane Smith, es un álbum de los que gusta contemplar aunque no tenga trama ninguna. Vemos una sucesión de sugerentes imágenes con textos parecidos que comienza con «Había un…»: rebaño de cabritos, colonia de pingüinos, resplandor de medusas, comunidad de ballenas, formación de rocas, desfile de elefantes, tropa de monos, etc. Y, en medio de todas ellas, un niño que se adapta como puede a los seres que tiene alrededor hasta que, al final, lo encontramos en medio de la tribu que anuncia el título original en inglés (pero no el título castellano).

El álbum tiene, sobre todo, unas escenas bien compuestas, que avivan la imaginación del lector. Las imágenes están elaboradas de modo que se sugieren las texturas apropiadas en cada caso. Son variadas las posturas y gestos de las figuras, del niño y de los animales, para mostrar momentos más o menos divertidos o serios. También es un pequeño ejercicio de vocabulario, pues están bien elegidos los variados nombres de cada grupo de seres con los que se relaciona el niño. Tal vez apunta demasiado lejos decir que la historia trata sobre la búsqueda de la identidad, como indican los textos de presentación...

Lane Smith. Había una TRIBU (There is a Tribe of Kids, 2015 ). Mexico D.F.: Océano Travesía, 2016; 40 pp.; trad. de Sandra Sepúlveda Martín; ISBN: 978-607-735-919-7. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 18 de febrero de 2017

La lectura de Seis grandes escritores rusos me animó a buscar algunos relatos cortos de Alexander Pushkin que no había leído: La dama de pique (1833), o La dama de picas en otras ediciones, una historia que abre camino a la novela psicológica, y los Cuentos del difunto Iván Petróvich Belkin (1831), cinco narraciones con una introducción en la que Pushkin finge ser el editor de los cuentos del tal Belkin, a quien, a su vez, se los contaron distintos narradores.

La excelente introducción explica que son relatos ceñidos al incidente que se narra, sin digresiones innecesarias y con una exposición sobria en la que no hay adornos ni didactismo alguno; que Pushkin suele caracterizar a sus personajes mostrando sus comportamientos y conduciendo los relatos al momento en el que se revela el carácter; que se podrían comparar con dibujos a pluma frente a los cuadros con más profundidad que lograría Gógol más tarde.

La dama de pique trata sobre un joven oficial de origen alemán que siempre observa jugar pero nunca juega, aunque un día le contaron las hazañas en la mesa de juego de una anciana condesa y se obsesiona con averiguar cómo lo hizo. Además, se enamora de la joven pupila de la condesa. Así que un día decide ir a ver a la anciana para pedirle que, antes de morir, le revele su secreto. Pero las cosas evolucionan de un modo inesperado.

Los Cuentos de Belkin son, después de la introductoria «Nota del editor», El disparo, La nevasca, El sepulturero, El maestro de postas, La señorita campesina. El disparo está centrado en un singular personaje llamado Silvio, jugador de cartas y extraordinario tirador, que acaba reclamando un duelo a un antiguo rival. La nevasca trata de una boda secreta, aparentemente frustrada por una gran nevada, y de cómo, pasado el tiempo, la novia vuelve a enamorarse y entonces sale a la luz lo que de verdad ocurrió entonces. El sepulturero es un tipo sombrío al que sus vecinos invitan a una cena, pero allí se siente ofendido y habla de organizar una cena con sus clientes…, que resultan ser los cadáveres que ha enterrado, nada satisfechos por cierto. En El maestro de postas el narrador habla de la hija del encargado de una casa de postas, a quien conoció en un viaje y de la que más adelante averiguó que se había ido de su casa y abandonado a su padre. La señorita campesina es una chica noble que, haciéndose pasar por aldeana, se tropieza con un vecino noble y ambos se van enamorando en encuentros sucesivos, pero ella no ve la manera de deshacer el enredo.

Menos los dos últimos los demás pueden calificarse de relatos de fantasía, bien porque contienen algún elemento de tipo más o menos sobrenatural, o bien porque sucede una casualidad asombrosa. Da idea del estilo directo de Pushkin, por ejemplo, el momento en el que, en La señorita campesina, el narrador indica que «por mi deseo, no dudaría en describir con todo detalle los encuentros de los dos jóvenes, la creciente inclinación mutua y confianza, sus ocupaciones y conversaciones; pero sé que la mayor parte de mis lectores no compartiría mi deleite. Estos pormenores por lo general resultan empalagosos, por tanto voy a omitirlos». Y, al final, termina del siguiente modo: «los lectores me excusarán de la innecesaria obligación de describir el desenlace».

Y un ejemplo de las muchas observaciones bienhumoradas que salpican las historias está en El maestro de postas, cuando el narrador habla de que se ha acostumbrado ya a que haya funcionarios o trabajadores que no lo atiendan a él, aunque tenga derecho, y siempre prefieran atender primero a la gente de clase alta: «En realidad, ¿qué sería de nosotros si en lugar de la regla comúnmente aceptada: las jerarquías deben respetarse, se introdujera otra, por ejemplo: la inteligencia debe respetarse? ¡Qué discusiones surgirían entonces! ¿Y a quién empezarían a servir los criados?»

Alexander Pushkin. Relatos contenidos en Narraciones completas. Barcelona: Alba, 2015; 568 pp.; col. Alba Minus; trad. e introducción de Amaya Lacasa; ISBN: 978-84-90651179. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 17 de febrero de 2017

He leído con interés La brigada de Anne Capestan, una novela policiaca de la periodista francesa Sophie Hénaff: aquí está una reseña completa. Lo mejor es, como se indica en ese comentario, la constitución de un grupo tan improbable de policías: el lector está siempre a la espera de qué podrán aportar a la investigación gente tan distinta y con tantas cualidades como limitaciones. El relato avanza con buen ritmo en distintas direcciones: la del desarrollo de las investigaciones y las explicaciones acerca de los errores que cometieron en el pasado los policías de la brigada.

Atrae también el planteamiento que imprime a su grupo la protagonista. En una reunión, cuando comienzan las quejas, se dirige así su brigada: «en las películas de guerra, el que dice “la vamos a palmar” nunca ayuda a nadie. Así que vamos a dejarlo ahora mismo y a olvidarnos de una vez para siempre del “antes, antes”. Antes de aterrizar aquí, ya éramos unos apestados. Todos nosotros». Además, les hará notar en otro momento que, aunque no les hayan proporcionado medios (técnicos y económicos) para su trabajo, lo cierto es que les han dado libertad: «Investigamos sin presiones, sin rutinas, sin tenerle que rendir cuentas a nadie. Así que vamos a aprovecharlo en lugar de quejarnos como unos niñatos a los que no les dejan ir a una fiesta. (…) Una oportunidad como esta no se presenta dos veces».

Sophie Hénaff. La brigada de Anne Capestan (Poulets Grillés, 2015). Madrid: Alfaguara, 2016; 304 pp.; trad. de María Teresa Gallego y Amaya García Gallego; ISBN: 978-8420419466. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 16 de febrero de 2017

Con la misma estructura y planteamiento que Animalium, la ilustradora Katie Scott y la profesora y conservadora de los Kew Gardens Kathy Willis, han preparado Botanicum. Organizan la información, al modo de un museo, en siete «salas», cada una de las cuales ocupa varias dobles páginas: «Las primeras plantas» (Algas, Briófitas, Hongos y líquenes, etc.); «Árboles» (Coníferas, La secuoya gigante, El Gingko biloba, etc.); «Palmas y cícadas», «Plantas herbáceas», «Gramíneas, espadañas, ciperáceas y juncos», «Orquídeas y bromelias», y «Adaptarse al entorno». Al final hay una Bibliografía, un Glosario, y un apartado «Para saber más». Las ilustraciones, con pluma y tinta, y coloreadas digitalmente, confiesan estar inspiradas en los dibujos de Ernst Haeckel, y, aunque en el libro no se indica, supongo que también en los de Albertus Seba.

Katie Scott y Kathy Willis. Botanicum (Welcome to the Museum Botanicum, 2016). Madrid: Impedimenta, 2016; 112 pp.; col. El chico amarillo; trad. de Miguel Ros González; ISBN: 978-8416542-43-7. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 15 de febrero de 2017

Dédalo y Perdiz,
de Lemniscates, es, como Filemón y Baucis, otra historia tomada de la Metamorfosis de Ovidio que ha sido transformada en un álbum. Como aquel está compuesto por medio de ilustraciones como antiguos grabados. Es un buen primer acercamiento a la historia de Dédalo, inventor del minotauro y del laberinto para encerrarlo, de las alas para volar que su hijo Ícaro usó de modo imprudente; y de su sobrino Perdiz, un muchacho capaz de hacer inventos sencillos y prácticos —la sierra, el compás, el torno de alfarero— cuya importancia Dédalo no ve.

Lemniscates. Dédalo y Perdiz (2016). Barcelona: Ekaré, 2016; 32 pp.; ISBN: 978-84-944988-2-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 14 de febrero de 2017

No son pocos los álbumes cuyas protagonistas son vacas. Que se me ocurran ahora, Clic, Clac, Muu: vacas escritoras, La vaca que se subió a un árbol, Mamá Muu...

Ahora llega Marta y la bicicleta, de Albertine y Germano Zullo, un álbum divertido sobre una vaca naranja, distinta de sus compañeras pintas de la granja del señor Pincho también por su afición a las bicicletas: mientras sus compañeras contemplan los trenes ella mira con admiración a los ciclistas. Hasta que decide construirse una bicicleta, aprender a montarla, y competir en una gran carrera.

La simpatía del álbum está en la tenacidad del personaje, que entrena y entrena; en lo bien que se presentan los ambientes, de carreteras, pueblos, ciclistas… Está también en las figuras estilizadas, en las posiciones increíbles e imposibles de Marta, y en la buena composición de las ilustraciones. El relato termina dejando abierta la puerta a una continuación de sus aventuras.

Albertine. Marta y la bicicleta (Marta et la bicyclette, 1999). Texto de Germano Zullo. Madrid: Siruela, 2016; 28 pp.; col. Siruela Ilustrada; trad. de Julio Guerrero; ISBN: 978-84-16854-18-9. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 13 de febrero de 2017

Los niños son siempre seres que se ven a sí mismos como pequeños frente al mundo pues físicamente lo son. Por eso conectan bien con los relatos cuyos héroes son bajitos y en los que lo que parecía un inconveniente acaba revelándose como una ventaja. Sobre eso trata también Guisante, de Sébastien Mourrain y Davide Cali, un álbum que, aunque no sea genial, es eficaz pues tiene un texto amable y unas imágenes graciosas. A su diminuto héroe, Guisante, lo vemos en escenas sucesivas, que lo presentan haciendo todo tipo de cosas con las que nos damos cuenta de su verdadero tamaño. Se ve que lo pasa mal…, pues se nos dice que no jugaba con otros niños y se pasaba el tiempo dibujando, hasta una conclusión satisfactoria y una moraleja: el tamaño no dice nada de las cualidades y el talento.

Sébastien Mourrain. Guisante (Petit pois, 2016). Texto de Davide Cali. Zaragoza: Edelvives, 2016; 36 pp.; trad. de Elena Gallo Krahe; ISBN: 978-84-140-0575-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 12 de febrero de 2017

He puesto datos de nuevas ediciones de Industrias y andanzas de Alfanhuí, Frankie y la boda, Nicholas Nickleby.

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sábado, 11 de febrero de 2017

Un libro antiguo que por fin he leído: La historia de Rasselas, príncipe de Abisinia, de Samuel Johnson. Es un apólogo sobre la felicidad escrito por el autor cuando existía la moda de los relatos de viajes a países exóticos.

En él se habla de que Rasselas, príncipe de Abisinia, y su hermana Nekaya, deciden abandonar el Valle de la Dicha en el que viven y emprender un viaje para intentar averiguar si los hombres pueden o no alcanzar la felicidad. Se suceden encuentros e incidentes, a veces con un tono algo humorístico, y en boca de unos u otros van formulándose afirmaciones aventuradas o prudentes para considerar con calma.

El libro como tal puede hacerse arduo, pero eso puede hacer pensar en algo que Chesterton decía: que una de las superioridades del siglo XVIII sobre nuestro tiempo era su capacidad para seguir discursos y razonamientos largos. Sea como sea, son muchos los párrafos felices, perfectamente articulados. Al repasar las notas que tomé según iba leyéndolo vi que una mayoría de las mejores se correspondían a los comentarios o descubrimientos de la princesa Nekaya. Como estas:

—«Este mundo nunca ofrecerá la oportunidad de decidir si la felicidad perfecta puede ser brindada por la bondad perfecta. Pero al menos podemos afirmar esto: que no siempre encontramos la felicidad visible en proporción a la virtud visible»;

—«Todo lo que la virtud puede otorgar es tranquilidad de conciencia y la firme perspectiva de una condición más feliz; esto puede capacitarnos para soportar la calamidad con paciencia; pero recuerda que la paciencia presupone dolor»;

—Nekaya «descubrió que ningún mal es insoportable, salvo el que es acompañado por la conciencia de haber obrado de mala manera»;

—Y, al final, la princesa concluye: «para mí la elección de vida se ha vuelto menos importante (...). De aquí en adelante espero pensar sólo en la elección de eternidad».

Samuel Johnson. La historia de Rasselas, príncipe de Abisinia (The History of Rasselas, Prince of Abissinia, 1759). Córdoba: Berenice, 2007; 204 pp.; trad. e introducción de María Luisa Pascual; ISBN: 978-8496756120. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 10 de febrero de 2017

Al hablar de relatos que tratan bien sobre la muerte una referencia inevitable es Los muertos, la última y más larga narración de las quince que componen Dublineses, de James Joyce. En este libro, como muchos saben, todos los relatos son realistas y tienen lugar en el Dublín de primeros años del siglo XX. Los protagonistas de los primeros son niños, los de los siguientes son adolescentes y los de los últimos son personas maduras. El tono es sobrio pero, por debajo de la superficie, hay multitud de referencias y de guiños. Los muertos está considerado uno de los mejores relatos cortos escritos en lengua inglesa.

Se ambienta en Navidad y casi todo él tiene lugar en la casa de las hermanas Kate y Julia Morkan, dos mujeres mayores que dan una fiesta y un baile tradicional en su casa. Se suceden las conversaciones, con las que se presentan a los personajes, en especial al sobrino de las Morkan, Gabriel Conroy, y a su esposa Gretta. Todo está centrado en el mundo interior de preocupaciones y pensamientos de Gabriel, un profesor y crítico literario, que no sale bien parado de unos choques dialécticos y que está preocupado por el pequeño discurso que ha de pronunciar. Todo conduce al momento en el que, al regresar al hotel, el dolido comportamiento de su mujer, que con motivo de una canción ha recordado a un antiguo novio que tuvo y que falleció, le hace reflexionar sobre los vivos y los muertos.

El relato está muy contenido. Es admirable la forma en que se conduce al lector a la última e intensa escena, y a reflexionar, con Gabriel, en su «vergonzante conciencia de sí mismo», en la fugacidad de la vida, en muertos que vivieron intensamente, y por eso siguen vivos en el alma de algunos, en vivos cuyas vidas son anodinas y se van convirtiendo en sombras. Personalmente no puedo dejar de pensar en que el relato sería mejor todavía si fuera más abierto y un punto esperanzador: si en él quedaran vibrando no sólo sentimientos de nostalgia y pesar sino algún quizá que dejara, mínimamente siquiera, entornada la puerta...

James Joyce. Dublineses (Dubliners, 1914). Madrid: Alianza, 2005; 232 pp.; col. El Libro de bolsillo; trad. de Guillermo Cabrera Infante; ISBN: 978-8420639178. [
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jueves, 9 de febrero de 2017

Un relato de supervivencia en el mar que no había puesto aquí todavía y que es una extraordinaria narración: Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez.

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miércoles, 8 de febrero de 2017

Kate Seredy fue una escritora norteamericana de origen húngaro que se hizo muy popular en los años treinta del pasado siglo. Sus premiados libros The Good Master y The Singing Tree, publicados en los años treinta, no han sido traducidos al castellano nunca, vamos a suponer que por buenos motivos comerciales: libros antiguos, ambientes lejanos, etc.

Sin embargo, son buenos ejemplos de un tipo de libros infantiles y juveniles duraderos, que se leen ahora y se leerán mañana con gusto (cosa que no sucederá con la gran mayoría de los que se publican hoy), porque respetan reglas básicas: están bien escritos, los relatos son lineales y no tienen ninguna sofisticación constructiva, tienen personajes humanamente atractivos, son amables a la hora de plantear los procesos de maduración de los héroes, no se fuerza de modo antinatural ningún mensaje, explican con amenidad cosas de las formas de vida y de la historia de un país y una época poco conocidos entre muchos lectores... Y las ilustraciones son magníficas.

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martes, 7 de febrero de 2017

Tiempo libre, de Lizi Boyd, es un álbum sin palabras, inteligentemente construido, con muchos detalles para observar. En él vemos a un niño, o niña, con aires orientales, moverse y hacer cosas en algunas habitaciones de su casa y en el jardín. Los escenarios, tanto en el exterior y en el interior de casa, se repiten y, por medio de algunas ventanas troqueladas van descubriéndose cada vez nuevas cosas, a veces del interior de la casa y a veces del exterior. El tiempo atmosférico cambia y el protagonista, fuera o dentro de casa, está siempre activo: prepara un lugar en su casa para la tortuga, dibuja cosas, construye un pequeño barco, planta semillas, lee cuentos… Y, a su alrededor, le secundan o hacen cosas el perro, el gato, un ratón, aves variadas… Eso sí, si nos guiamos por lo que se nos muestra en el libro, el chico es totalmente autosuficiente pues no tiene cerca a ningún otro ser humano: ni padres, ni hermanos, ni amigos... 

Lizi Boyd. Tiempo libre (Inside Outside, 2013). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2016; 36 pp.; ISBN: 978-84-945123-7-7. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 6 de febrero de 2017

Esperando, de Kevin Henkes, es un premiado álbum cuyos protagonistas son cinco juguetes instalados junto a una ventana: una lechuza jaspeada, una cerdita con un paraguas, un osito con una cometa, un cachorrito en un trineo y un conejo encima de un fuelle. Se nos cuenta qué cosa espera cada uno, cómo reaccionan ante lo que ven —las nubes, la lluvia…—, que a veces dormían, que a veces aparecían regalos, que un visitante que tuvieron se fue y ya no volvió (y vemos a un elefante primero en la ventana y luego en el suelo, roto)…

El autor es un maestro de los álbumes para prelectores y primeros lectores pues, aparte del talento que tiene para la creación de personajillos atractivos y para la confección de los álbumes, sabe presentar los conflictos interiores con acierto. En este, como en otros álbumes suyos, sus figuras tienen encanto, su narración poética es acertada, las secuencias de imágenes, las de dentro de la doble página y la de las dobles páginas, son perfectas, el uso del fondo blanco y del espacio en blanco en torno a las figuras le da claridad narrativa.

Ahora bien, el álbum es de los de tipo melancólico y, por tanto, de los que atrapan el interés, sobre todo, de muchos adultos —pues presenta sentimientos más bien adultos: la idea de estar esperando no se sabe qué, la idea de que se pasa la vida y se trata de disfrutar de lo que se te ofrece sin más…—. No está tan claro su atractivo para una mayoría de niños —muchos lectores pequeños pensarán, y con razón, que vaya vida más aburrida llevan los juguetes…—, aunque algunos disfruten con la historia y su imaginación pueda encenderse con otras posibilidades.

Kevin Henkes. Esperando (Waiting, 2015). Barcelona: Juventud, 2016; 32 pp.; trad. de Teresa Mlawer; ISBN: 978-84-261-4398-3. [
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domingo, 5 de febrero de 2017

He puesto datos de nuevas ediciones de El prisionero de Zenda, El regalo de los Reyes Magos, y, con un nuevo título y nueva traducción, de Leocadio, un león de armas tomar.

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sábado, 4 de febrero de 2017

Algunos consejos de Borges a jóvenes poetas, durante una charla en Norteamérica:

—«Mi consejo a los poetas jóvenes es el de empezar por las formas clásicas del verso y solo después de eso ensayar posibles innovaciones».

—«Para romper las reglas, uno debe conocer las reglas antes. Ahora, todo esto es muy evidente, pero a pesar de su obviedad, no parece haber sido comprendido por la mayoría de los jóvenes, para no mencionar a los adultos, como es mi caso».

—«Si usted escribe en inglés, usted sigue una tradición. El lenguaje mismo es una tradición. ¿Por qué no seguir esa larga e ilustre tradición de sonetistas, por ejemplo? Yo encuentro muy extraña la ignorancia de la forma. Después de todo, no hay muchos poetas que escriban en buen verso libre, pero son muchos los escritores que han dominado las otras formas. (…) Yo no creo que sea posible descartar todo el pasado. Si lo hiciera, usted correría el riesgo de descubrir cosas que ya han sido descubiertas. Yo creo que eso se debe a la falta de curiosidad. ¿No siente usted curiosidad por el pasado? ¿No siente curiosidad por sus compañeros poetas de este siglo? ¿Y del último siglo? ¿Y del siglo dieciocho?»

—«Todo joven poeta se siente un Adán que nombra las cosas. Pero lo cierto es que un poeta no es Adán y que tiene una larga tradición detrás de él. Esa tradición es el lenguaje en el que escribe y la literatura que ha leído. Yo creo que es más prudente para un joven escritor demorar la invención y la irreverencia por un tiempo y tratar meramente de escribir como algún buen escritor a quien admire. Stevenson dijo que él empezó encarnando un “sedulous ape” (un remedo diligente) de Hazlitt. Desde luego, la frase «sedulous ape» ya es prueba de la originalidad de Stevenson. Yo no creo que Hazlitt hubiera usado la expresión “sedulous ape”».

Jorge Luis Borges. El aprendizaje del escritor (1971-2015). Barcelona: Debolsillo, 2015; 176 pp.; col. Contemporánea; edición de Thomas di Giovanni, Daniel Halpern y Frank MacShane; trad. de Julián E. Ezquerra; ISBN: 978-8490625569. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 3 de febrero de 2017

La más que viva, de Christian Bobin, es un relato en primera persona cuyo narrador recuerda la figura de una mujer llamada Ghislaine, que ha muerto repentinamente con 44 años. Evoca su modo de ser alegre y expansivo, que estuvo enamorado de ella, y cuenta pequeñas anécdotas que le sirven para enhebrar variadas reflexiones sobre la vida y la muerte.

Podría comenzar este comentario igual que hice cuando hablé de otro libro de Bobin: no me ha parecido un libro logrado. Incluso diría que buena parte de los sentimientos que se traslucen pierden frescura y autenticidad al ponerlos por escrito (por más literariamente que se haga). Esto me parece claro si el libro tiene algo de autobiográfico, pero incluso si no lo tiene no me acaba de convencer una exposición que, por momentos, incluso suena un poco enfática.

Con todo, Bobin siempre tiene párrafos y comentarios de interés, como estos:

—que «nosotros, los vivos, somos ante la muerte pésimos alumnos, pasan los días, las semanas y los meses, pero está siempre la misma lección en la pizarra»;

—que a los muertos deberíamos «hablarles menos y escucharlos más»;

—que «en las cosas que queremos hay siempre mucho más que las cosas mismas»;

—que un libro como Reencuentro, de Fred Uhlman, «no solo habla de la Alemania de los años treinta. Muestra el mal en el momento de nacer. El mal no resulta ostentoso en sus inicios. El mal comienza siempre amablemente, modestamente, se podría decir: humildemente».

Christian Bobin. La más que viva (La Plus que vive, 1996). Cádiz: Canto y cuento, 2015; 138 pp.; trad. de Cristóbal Gutiérrez Carrera; ISBN: 978-84944898-1-5. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 2 de febrero de 2017

Como anuncié, hago algunos comentarios generales sobre los tres últimos libros de Diana Wynne Jones acerca de Los mundos de Chrestomanci.

El orden cronológico de todos los relatos de la serie es: Christopher Chant tiene 12 años en Las vidas de Christopher Chant y tiene quince en Conrad’s Fate; está en su madurez, unos veinticinco años después, ejerciendo como Chrestomanci, en Una vida mágica —cuando su sobrino Eric Chant, Cat, tiene ocho o diez años—, y en The Pinhoe Egg —cuando Cat tiene quince—. En el tiempo que pasa entre estas dos últimas novelas tienen lugar Warlock at the Wheel, Los magos de Caprona, Stealer of Souls, Carol Oneir's Hundredth Dream. Además, suceden en otros mundos, y Christopher Chant figura en ellos siendo un Chrestomanci joven, The Sage of Theare y Semana Bruja.

Estos últimos libros de Chrestomanci me han confirmado lo ya sabido, y que ya comenté a propósito de La Trilogía de Howl: la autora tiene un enorme talento para la creación y el desarrollo coherente de mundos fantásticos; su forma de narrar es siempre amena y en muchos momentos brillante; sus personajes no son simples y atraen. Se aprecia el interés de Wynne Jones en mostrar una realidad transformada en un mundo mágico donde se nos muestran y dicen muchas cosas sensatas sobre la vida cotidiana —temores interiores, celos o rivalidades, necesidad de madurar…—. Con todo, una observación de tipo general, que también he dicho a propósito de Neil Gaiman, es que tanto dominio del género y tanto talento narrativo a veces me parece que van en detrimento de la autenticidad (pero tal vez el fallo esté en la clase de lector que soy...).

Hay que estar dentro del mundo creado por la autora para seguir bien estos tres últimos libros. El hecho de que la magia funcione selectivamente de modos inesperados, narrativamente parece facilitar las cosas al autor pues así se pueden resolver determinados pasos. He tenido la impresión de que las dos novelas largas —Conrad’s Fate y Pinhoe’s Egg— son más complicadas y tienen muchos más personajes que las novelas primeras de la serie. Pero no sé si es verdad: tal vez, si las hubiera leído a continuación de aquellas, y no después de tanto tiempo, igual que si las hubiera leído en castellano, pensaría otra cosa. Por otro lado, los relatos más cortos de Mixed Magics —si uno sabe ya las cosas básicas de la serie— llegan muy bien al lector pues en ellos todo discurre linealmente y los conflictos son más abarcables.

El sentido común de la narradora asoma en toques argumentales: por ejemplo, cuando la madre de Conrad, una escritora preocupada por sus batallas feministas, se lamenta de que su familia se ha alejado de ella, Chrestomanci le hace ver que eso es lo que suele ocurrir a quien no se preocupa por la gente real. Se nota también en la presentación de los distintos tipos de magia —suele ocurrir que cada uno tiene la suya...—: en el caso de Irene Pinhoe se nos dice que es una «dwimmer» (no sé como traducirlo), una persona en contacto con lo vivo, incluso aunque esté oculto, de modo que, cuando limpia unos azulejos, no es sólo que les quite la suciedad que hay en ellos, sino que es como si los hiciera otra vez nuevos (una versión menor de la idea detrás del modo de actuar de los elfos que se narra en El Señor de los anillos de que «en todo lo que hacemos ponemos el pensamiento de todo lo que amamos»).

Diana Wynne Jones. Conrad's Fate (2005). HarperCollins Children's Books, 2008; 352 pp.; ISBN: 978-0007278190. [Vista del libro en amazon.es]
Diana Wynne Jones. Pinhoe Egg (2006). HarperCollins Children's Books, 2007; 416 pp.; ISBN: 978-0007228553. [
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Diana Wynne Jones. Mixed Magics (2000). HarperCollins Children's Books, 2008; 176 pp.; ISBN: 978-0006755296. [
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miércoles, 1 de febrero de 2017

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de enero.

Los álbumes reseñados en el mes tienen todos buen nivel. Si hubiera que destacar algunos mi elección serían los minilibros Rey Rollo.

Del resto de los libros se pueden recomendar especialmente: la nueva edición de Heidi, la edición en castellano de Más allá del Viento del Norte, un libro ilustrado asombroso como Trazados, Seis grandes escritores rusos y Se llamaba Carolina.

Un texto al que vale la pena volver es el que resumí en Un telón irónico.

En Medium he seguido poniendo selecciones: de relatos para lectores de unos diecisiete años; de relatos para lectores de unos dieciséis años; de relatos para lectores de unos quince años.

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miércoles, 1 de febrero de 2017

Un relato de hace tiempo que tenía en listas y he leído hace poco: El mundo encantado de Ela, de Gail Carson Levine. Tuvo premios en su momento, se basó en él una película muy popular, y viene a ser una versión enriquecida de la Cenicienta.

A la protagonista, Ela de Frell, el hada Lucinda la hechizó nada más nacer con «el don de la obediencia»: tiene que obedecer estrictamente los mandatos directos que reciba. La protege Mandy, su hada madrina y cocinera de la familia, aunque sus poderes no son suficientes para contrarrestar el hechizo de Lucinda. Ela busca escapatorias intentando transformar el hechizo en una especie de juego. Cuando muere su madre y su padre se hace amigo de Madame Olga, comienzan los sufrimientos para Ela: tiene que ir al colegio con las odiosas hijas de Madame Olga, Hattie y Olive. La mayor Hattie, se da cuenta del hechizo de Ela y la obliga a ser casi su esclava. Más adelante, además, el padre de Ela decide casarse con Madame Olga, con lo que las cosas empeoran más todavía.

La narración es amena y corre a cargo de la misma Ela. Los elfos y ogros y seres de distinto tipo que van apareciendo resultan graciosos. Está bien desarrollado cómo la heroína va madurando al intentar librarse de las ataduras que tiene. La segunda mitad de la historia se parece ya mucho al modelo Cenicienta, pulsa iguales resortes, y hace ver el atractivo permamente de una trama tan conocida.

Gail Carson Levine. El mundo encantado de Ela (Ella Enchanted, 1997). Barcelona: Ediciones B, 2002; 272 pp.; col. La escritura desatada; trad. de Victoria Pradilla Canet; ISBN: 978-84-666-0217-4. [
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