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Notas de abril de 2017 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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domingo, 23 de abril de 2017

Un punto de los que se trata Imperiofobia y leyenda negra es el de que la defensa de los indígenas de América no la hicieron ni los humanistas ni los ilustrados, por más que fueran los últimos los propagadores del mito del Edén indígena aplastado por el malvado hombre blanco. «Ni Las Casas ni Rousseau sintieron nunca, no ya respeto, sino mera curiosidad por los indios. Para ambos todos los indios son el mismo indio».

Se supone que, hoy en día, sigue la autora, «nadie con un mínimo de cultura niega ya el papel pionero que tuvieron los legisladores y la maquinaria imperial española en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. Hay que colocar en su contexto y en su tiempo las ideas revolucionarias expresadas primero por los dominicos, y luego por otras órdenes. La justicia exige que se mencione a los dominicos en primer lugar, esas bestias negras de la intolerancia y la barbarie, según la imagen habitual que de ellos ha transmitido el protestantismo primero y, más tarde, la Ilustración. Muchos intelectuales y hombres de gobierno, incluidos los propios reyes, asumieron sus ideas en España. Hasta entonces nadie se había planteado que los pueblos conquistados pudieran tener derechos o que los individuos de una civilización salvaje, considerada universalmente no cristiana e inferior, fuesen también seres humanos que merecían respeto. Y esto, que ha cambiando nuestra noción de lo humano a nivel planetario es, nos guste o no, un trabajo de la Iglesia romana. En general, las iglesias protestantes no sintieron por los indios interés ni cultural ni religioso con algunas excepciones dignas de admiración».

Es decir: «fueron misioneros los que protestaron contra los abusos de los conquistadores; fueron teólogos eclesiásticos, y no humanistas, los que discutieron la justificación de la conquista española, defendieron los derechos de los Indios y sentaron la base de un nuevo Derecho Internacional. (…) El humanista español o europeo no se interesa por América y los graves problemas que este descubrimiento plantea a la conciencia cristiana, porque el Humanismo es refractario a todo cuanto no sea su propio mundo». Ni tampoco es verdadero ese croquis mental de nuestros conocimientos e ideales como sociedad que dibujó una Ilustración que, «cuando llegó a la cumbre, le dio una patada a la escalera y se negó a reconocer deuda alguna ni en conocimiento ni en pensamiento con el mundo anterior a ella, especialmente el hispano-católico».

María Elvira Roca Barea. Imperiofobia y leyenda negra (2017). Madrid: Siruela, 2017; 482 pp.; col. Biblioteca de ensayo; prólogo de Arcadi Espada; ISBN: 978-84-16854-23-3. [Vista del libro en amazon.es]

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DavidsonKolima.jpg
viernes, 21 de abril de 2017

Lo he pasado bien leyendo Bajo los montes de Kolima, un thriller de Lionel Davidson con un elogiosísimo prólogo de Philip Pullman que, al menos en mi opinión, mejor es leerlo al final pues, en caso contrario, el lector esperará más de lo que la novela ofrece.

El héroe es un científico de origen indio-canadiense llamado Johnny Porter con un talento excepcional para los idiomas y para muchas otras cosas. Debe ir a un ultrasecreto instituto científico de Siberia donde su anciano director, que le conoció hace años, desea transmitirle algo antes de fallecer. Para eso ha de llegar hasta el pueblo más cercano e instalarse allí sin despertar sospechas. A lo largo del viaje hasta su meta ha de cambiar de identidad varias veces y ha de desempeñar distintos trabajos para borrar su rastro. Una vez en el pueblo, ha de buscarse la vida para poder entrar en las instalaciones y charlar con la persona que le ha llamado. También ha de preparar las cosas para poder huir llegado el momento.

Lo importante de la novela, la clave de su atractivo, es que se cuenta muy bien todo el proceso de acercamiento de Porter al pueblo, todos los pasos que da para trabajar allí como camionero y ganarse la confianza de las personas clave. Por supuesto, Porter tiene unas habilidades técnicas y una inventiva más que sobresalientes; no le faltan prudencia y previsión; cae muy bien a las mujeres que se cruzan en su camino; y no se inmuta si es necesario llevar las cosas al extremo. A muchos lectores no les importará que sea un héroe tan poco convincente como es habitual en el género; en cambio valorarán lo bien que se describen todos los pormenores de ambiente —como, por ejemplo, su trabajo con los bobik, unos fantásticos coches todoterreno para el hielo—, y cómo todas las piezas van encajando perfectamente.

Tienen poco interés, sin embargo, los secretos científicos (más bien de ciencia-ficción y no muy claros); es muy fácil el tramo que se supondría más difícil (la entrada en la base científica y el contacto con su director). Pero estos dos aspectos más flojos argumentalmente llegan cuando el lector está metido de lleno en el relato que, además, termina con una persecución muy tensa en la que, por fin, Porter tiene un rival a su altura. Las cualidades del relato, su estructura clásica de búsqueda tan bien organizada, explican que Pullman lo califique como «el mejor thriller que he leído en mi vida»..., a lo que habría que añadir un «si te gustan esta clase de novelas» con un héroe a lo James Bond.

Lionel Davidson. Bajo los Montes de Kolima (Kolymsky Heights, 1994). Barcelona: Salamandra, 2016; 539 pp.; col. Salamandra Black; trad. de Cristina Martín Sanz; ISBN: 978-84-16237-17-3. [Vista del libro en amazon.es]

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NilssonPiratas.jpg
jueves, 20 de abril de 2017

Piratas del Mar Helado, de Frida Nilsson, viene precedido de premios notables y buenas críticas. Sin duda merece los elogios aunque no sea una obra lograda del todo. Se ambienta en un mundo nórdico lejano. La protagonista y narradora es una niña muy responsable llamada Siri, de unos diez años. Cuando el pirata Cabeza Blanca secuestra a su hermana pequeña Miki, para hacerla trabajar como esclava en una mina de diamantes, Siri sale a rescatarla pues su padre no puede. Los lugareños no le hacen mucho caso hasta que el cocinero de un barco, llamado Fredrik, toma partido por ella, la protege y se muestra dispuesto a ayudarla: también a su hermana pequeña la secuestró Cabeza Blanca porque él no supo cuidarla como debía.

La novela merece aplausos, primero, por su ambición de ser una buena y larga narración de aventuras. Los merece porque todo está bien contado y bien escrito; porque tiene una protagonista que atrae y algunos secundarios con personalidad; y porque se describen con viveza el archipiélago y las distintas islas de los ambientes helados y fríos en el que todo sucede. También los mensajes que se filtran tienen interés, sobre todo el de la  responsabilidad de los hermanos mayores hacia los pequeños, pero también el del cuidado de la naturaleza —«Papá ponía mucho cuidado en tomar de la naturaleza solo lo necesario. Decía que quien no actuaba así era un avaricioso», cuenta Siri—...

Los problemas constructivos que le veo están en que el planteamiento inicial y el largo desarrollo, propios de una novela seria, contrastan mucho con el tramo final más bien caricaturesco. Cuando se nos muestra una niña audaz en un mundo de adultos hoscos, el lector espera que haya pasos poco creíbles, como así es...; pero —dejando aparte un episodio en el que Siri se encuentra a un niño-sirena y a su madre, que sería más propio de un relato de fantasía—, sorprende que, después de anunciar una y otra vez a un malvado malísimo que tiene atemorizado a todo el mundo, todo se resuelva con un desenlace como de comedia. Al menos en mi concepto del género de aventuras, en el que la novela se sitúa desde un comienzo, esto es un problema. Con todo, lo anterior no creo que preocupe mucho a buena parte de los lectores naturales del relato.

Frida Nilsson. Piratas del Mar Helado (Ishavpirater, 2015). Barcelona: Thule, 2017; 325 pp.; ilust. de Alexander Jansson; trad. de Carlos del Valle; ISBN: 978-84-16817-09-02. [Vista del libro en amazon.es]

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RodchenkoAnimales.jpg
miércoles, 19 de abril de 2017

Una de las pequeñas mejoras en las nuevas ediciones de los «apuntes para unas clases de álbumes ilustrados» son las referencias a un libro ilustrado al que se suele llamar precursor de otros y que se ha publicado hace muy poco en castellano: Animales animados, preparado con fotografías de Aleksandr Ródchenko y Várvara Stepánova para ilustrar unos poemas de Serguëi Tretiakov. En realidad, no fue precursor de nada pues el libro como tal no se publicó y ni siquiera lo hicieron las imágenes en la revista en la que se anunció (El nuevo frente de izquierda de las artes, se llamaba). Su edición como libro tuvo lugar, por primera vez, en Alemania en 1980.

Sin embargo, tiene mucho interés (al menos para gente como yo), el hecho de que fuera un primer intento de preparar ilustraciones con fotografías; la forma en la que se construyeron unas figuras de animales en papel a partir de figuras geométricas —círculos, conos, rectángulos…—, y en cómo se dispusieron esas figuras en una especie de teatrillos; el talento del fotógrafo para, con pocos medios, buscar iluminaciones que provocaran fuertes sombras y aumentar así los efectos dramáticos.

Llama la atención que Ródchenko, que nunca volvió a intentar nada semejante, viera tan claras las posibilidades que, para contar historias en libros ilustrados, abría la fotografía; y para ver, también, que con poquísimos medios —como los niños, por otra parte—, era posible construir un poderoso edificio imaginativo. Los poemas de Tretiakov, pensados al ver jugar a su hija, tratan sobre dos niños que se imaginan ser distintos animales; no sé cómo suenan los originales, pero las versiones en castellano no tienen demasiado tirón.

Un buen apéndice, maquetado conforme a un estilo vanguardista propio de los años treinta, da mucha e interesante información sobre los autores y el proceso de confección de las ilustraciones por parte de Ródchenko y Stepánova.

Aleksandr Ródchenko y Várvara Stepánova (fotografías), y Serguëi Tretiakov (poemas). Animales animados (Samozveri, 1926; Animaux à mimer, 2010). Barcelona: Gustavo Gili, 2012; 42 pp.; col. Los cuentos de la cometa; trad. de Marta Rebón y Ferran Mateo; ISBN: 978-84-252-2566-6. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 18 de abril de 2017

Otro álbum con un protagonista que es y se siente pequeño frente al mundo y a los demás: Pequeña en la jungla, de Marta Altés. Pequeña es una monita a la que gusta vivir en la jungla pero a la que se le hace un problema ser tan pequeña en una selva tan grande. Hasta que «un día tomó una GRAN decisión. Una decisión muy valiente»: trepar hasta la copa del árbol más alto.

Las figuras son simpáticas y los escenarios tienen la exuberancia que cualquiera imagina de la selva. Pero el álbum es claro y legible al presentar la vegetación y los personajes sobre fondo blanco, al colocar adecuadamente los párrafos de texto, y al poner el foco en la heroína. Además, la narración tiene una estructura, semejante a la de El paseo de Rosalía, que comunica tensión al relato: un tigre amenaza continuamente a la inconsciente Pequeña hasta una resolución bienhumorada y triunfante.

Marta Altés. Pequeña en la jungla (Little Monkey, 2016). Barcelona: Blackie Books, 2017; 28 pp.; ISBN: 978-84-16290-86-4. [
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lunes, 17 de abril de 2017

Otro ejemplo de cómo sacarle partido a un filón: el nuevo álbum de Emily Gravett titulado ¡Mío! y protagonizado por el oso y la liebre. Esta última encuenta una flor y no quiere compartirla con el oso, «pero al oso no le importó»; y lo mismo con otras cosas hasta que, cuando el oso no está presente, la liebre se abalanza sobre la miel de una colmena… La autora sabe dar la lección con talento gráfico y con simpatía, que es lo que hay que pedir a este tipo de minirelatos para que los lectores pequeños piensen en su comportamiento.

Emily Gravett. ¡Mío! (Bear and Hare – Mine!, 2014). Barcelona: Picarona, 2017; 28 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-84-16648-80-1. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 16 de abril de 2017

En Imperiofobia y leyenda negra, cuando explica la realidad de la Inquisición en España y cómo, con el tiempo, se ha convertido en un mito capaz de evocar un mundo que nunca existió, María Elvira Roca dedica un apartado titulado «Los ojos del señor Inquisidor» a comentar el duradero impacto que han tenido algunas representaciones literarias de esa figura. Es un punto en el que se ve cómo algunos aspectos de la leyenda negra han sido asumidos por todos, incluidos los españoles, y que la autora redimensiona con datos y comparaciones ilustrativas.

El tenebroso Inquisidor apareció por primera vez en Don Carlos, de Schiller, de quien lo tomó luego Dostoievski para su relato El Gran Inquisidor, incluido en Los hermanos Karamázov; a partir de esos modelos, Umberto Eco fabricó el pavoroso Jaime de Burgos para El nombre de la Rosa, y Arturo Pérez Reverte el no menos espantoso dominico Emilio Bocanegra en El capitán Alatriste. (Se aclara, por cierto, que durante los sucesos que se cuentan en El capitán Alatriste, el año 1623, había un presidente del Santo Oficio, llamado don Andrés Pacheco de Cárdenas, franciscano, doctor en Teología, que murió con fama de santo y que, por supuesto, no firmó una sola sentencia de muerte).

Al final del apartado la autora dice que sí, que el arte es libre para inventarse las historias que desee, pero también señala que «la Inquisición como tema literario universal se distingue radicalmente de otros en que se supone que lo que a ella se refiere es verdad», lo que no sucede por ejemplo con temas como los vampiros en Transilvania. En cambio, «estos personajes inquisitoriales que forman parte de la historia de la literatura viven en la mente de los occidentales como si lo fuesen de la historia verdadera, alimentando sine fine el mundo de los mitos denigrantes que la propaganda creó en torno a esta institución, y por extensión, perpetuando la hispanofobia». O, viene a decir también, no deja de ser una pena que tantos españoles, que se tienen a sí mismos por cultos e ilustrados, hagan eco y den crédito a clichés que falsean tanto nuestra historia.

María Elvira Roca Barea. Imperiofobia y leyenda negra (2017). Madrid: Siruela, 2017; 482 pp.; col. Biblioteca de ensayo; prólogo de Arcadi Espada; ISBN: 978-84-16854-23-3. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 15 de abril de 2017

En un capítulo de Bresson por Bresson que se titula «familiaridad con una sobrenaturalidad palpable» se reproduce una larga conversación de Robert Bresson con Jean Guitton acerca de su película El proceso de Juana de Arco. Dice Bresson al principio:

«Voy a decirle lo que más me llamó la atención cuando releí, con miras a la película, las actas del proceso de condena de Juana de Arco.

Su juventud, su magnífica insolencia ante los príncipes de la Iglesia y los sabios dispuestos a enviarla a la hoguera (“¡Siguiente pregunta!”; “Esto no concierne a vuestro proceso”; etc.). A lo largo de aquellos interminables interrogatorios, de los cuales ella salía menos agotada que sus inquisidores, me la imagino lanzando sus réplicas obstinadas desde ese nivel superior que representaban en sus lienzos algunos pintores del siglo XV: el nivel de los asuntos espirituales con respecto al nivel inferior de las realidades materiales. Juana dista de sospechar la irritación que provoca en sus jueces. Pero poco importa: la suerte está echada.

Su falta de prudencia y esta réplica: “Tuve la voluntad de creerlo”, me parece más desconcertante que todas las réplicas famosas, pues es la más imprudente, aquella que corre el peligro de ser incomprendida tanto por los jueces más o menos de buena fe como por una posteridad fácilmente detractora.

Su pureza, ese estado de limpieza, de asepsia que se reclamaba tanto a sí misma como a los capitanes y soldados a sus órdenes, ese estado más allá del cual ella sabía que nada grande, nada glorioso podía darse.

Su fracaso (captura, hoguera), aquella ley general de gana el que pierde. Para ganar hay que perder. Peor aún: ¿murió con la duda que intentaron insuflarle el obispo y sus asesores sobre su vocación, sobre su misión, un crimen incluso más atroz que el de quemarla?

La analogía de su pasión con la pasión de Cristo.

Me impresionaron muchas otras cosas, como puede imaginar, entre las cuales tengo que mencionar la elegancia de la lengua que ella emplea. Sin coger una pluma, al responder a sus jueces, Juana creó una obra literaria. Escribió un libro, una pura obra maestra de la literatura. Aquel libro es un retrato, el único retrato que nos queda de ella».

Y, en otra entrevista, después de confesar que ve a Juana de Arco «con ojos de creyente», que cree «en ese mundo misterioso al que abre la puerta y la cierra tras ella», señala: «aprecio mucho (especialmente viniendo de ella) el título que Régine Pernoud dio a mi película después de haberla visto: "Juana por ella misma"».

Bresson por Bresson: entrevistas, 1943-1983 (Bresson par Bresson, entretiens 1943-1983, 2013). Reunidas por Mylène Bresson. Barcelona: Intermedio Libros, 2015; 395 pp.; presentación de Santos Zunzunegui; trad. de Vanesa García Cazorla y León García Jordán; ISBN 13: 978-84-608-3012-2. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 14 de abril de 2017

En las últimas semanas he releído, rápido, Archipiélago Gulag, de Alexander Solzhenitsyn. He comprobado que, a estas alturas, por sus continuas referencias a personas y hechos de la historia de la represión en la Unión Soviética, puede ser un libro difícil para quien no tenga un particular interés en la cuestión, y desagradable a más no poder para cualquier heredero mental de Lenin y sus sucesores. He vuelto a recordar su tono ágil y sus ramalazos de humor negro: «El jefe de la escolta estaba intrigado: “¿Y a ti por qué te han echado veinticinco años?”. “Pues, por nada”. “¡Mentira. Por nada, lo que te cae son diez!”». Un buen resumen de su contenido, para quien no lo conozca, está en la correspondiente voz de Wikipedia.

Dos citas de interés:

«¡La ideología! He aquí lo que proporciona al malvado la justificación anhelada y la firmeza prolongada que necesita. La ideología es una teoría social que le permite blanquear sus actos ante sí mismo y ante los demás y oír, en lugar de reproches y maldiciones, loas y honores. Así, los inquisidores se apoyaron en el cristianismo; los conquistadores, en la mayor gloria de la patria; los colonizadores, en la civilización; los nazis, en la raza; los jacobinos y los bolcheviques, en la igualdad, la fraternidad y la felicidad de las generaciones futuras. Gracias a la ideología, el siglo XX ha conocido la práctica de la maldad contra millones de seres. Y esto es algo que no se puede refutar, ni esquivar, ni silenciar. ¿Y cómo después de esto podríamos atrevernos a seguir afirmando que no existen los malvados? ¿Quién, pues, exterminó a esos millones? Sin malvados no hubiera habido Archipiélago».

«El poder es un veneno conocido desde hace milenios. ¡Ojalá nadie pudiera jamás tener poder material sobre los demás! Sin embargo, para el hombre que cree en algo superior a todos nosotros y que tiene por tanto conciencia de sus propias limitaciones, el poder no resulta mortífero. Por el contrario, para las personas sin esfera superior es un veneno letal. No pueden escapar a su contagio. ¿Recuerdan lo que dijo Tolstói sobre el poder? En razón de su cargo al servicio del Estado, Iván Ilich tenía la posibilidad ¡de causar la perdición de todo hombre que quisiera! Todos sin excepción estaban en sus manos. A cualquiera, aunque fuera la persona más importante, podían traerlo a su presencia en calidad de acusado. (¡Pero si es igual que nuestros azules! ¡Ya está todo dicho!) La conciencia de este poder («y la posibilidad de mostrarse clemente», precisa Tolstói, aunque esto ya no tiene nada que ver con nuestros bravos mozos) constituía para él el principal interés y el atractivo de su trabajo. Atractivo es poco: ¡Embriaguez!»

Alexander Solzhenitsyn. Archipiélago Gulag (1973). Barcelona: Círculo de lectores, 1977, 12ª ed.; 544 pp.; trad. de L. R. Martínez; ISBN: 978-84-226-0579-9. Nueva edición, en tres volúmenes, en Barcelona: Tusquets, 2015; trad. de Josep María Güell y Enrique Fernández Vernet; ISBN: 978-8490661697. [Vista de una edición para kindle en amazon.es]

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jueves, 13 de abril de 2017

En una de las entradas recogidas en Un largo etcétera, titulada «Ritmos», se habla de que tanto el comienzo del curso académico como el comienzo del año natural «juegan juntos a crear los ritmos de los años, como en un poema el ritmo del verso y el de la frase, distintos y entrecruzados gracias a los encabalgamientos. Otros ritmos de la vida que encuentran correspondencias con los del poema son los ritos (el puente de la Inmaculada, la Navidad, el Miércoles de Ceniza, la salida procesional de todos los años, Pentecostés, la operación salida, etc.), que harían las veces de rima. Y los aniversarios íntimos, rimas internas. Los cumpleaños funcionan de un modo parecido a la cesura y ya sabemos que “sin cesura ni censura / no hay buena literatura”. Todos los hitos, todos, sirven para darle ritmo a este poema que es la vida, ninguno está de más, que la rutina es resistente y las arritmias vienen solas».

Pues bien: buena parte de los ritos y ritmos básicos de la tierra en la que vivo vienen dados por la Semana Santa. Es un tiempo para pensar, entre otras cosas, esta, tomada de La articulación ética de la vida social: «en general, religión, piedad, veneración son virtudes que se alimentan de la conciencia de deudas imposibles de pagar según justicia. En diversos lugares Platón se hace eco de la naturaleza peculiar de los deberes religiosos, y concretamente del valor simbólico de lo ritual, con el que expresamos la insuficiencia de nuestros esfuerzos éticos, por necesarios que estos sean. (…) Reconocer esa clase de deudas es una forma de reconocer la precariedad de nuestra naturaleza, una forma de religarnos, vincularnos con nuestro origen, una forma de reconocernos necesitados de sentido. Todo ello enriquece nuestra vida personal y social, en modos imposibles de suplir por otros medios».

Enrique García-Máiguez. Un largo etcétera [Rayos y truenos, 2011-2016] (2017). Sevilla: Númenor, 2017; 174 pp.; col. Cuadernos de poesía; ISBN: 978-84-944305-2-7. [Vista del libro en amazon.es]
Ana Marta González. La articulación ética de la vida social (2016). Granada: Comares, 2016; 83 pp.; ISBN: 978-84-9045387-2. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 12 de abril de 2017

Hace años, una temporada en la que leí muchos álbumes en pocos días, vi por encima Los últimos gigantes, de François Place. Tal vez por verlo junto con otros no lo aprecié todo lo que merecía: aunque pensé que los dibujos eran extraordinarios no me interesó la historia. Pero he vuelto a leerlo y verlo ahora con más calma, en una nueva edición conmemorativa, y tengo más claros mis motivos para la impresión que me causó entonces.

Un antropólogo llamado Archibald Leopold Ruthmore que ha encontrado un mapa o algo así en un diente de gigante, decide viajar en busca de los gigantes y sale de Inglaterra el año 1849. La primera parte del relato es su arduo viaje hasta dar con los gigantes, la segunda es su vida con ellos y sus descubrimientos sobre sus peculiaridades, la tercera es el regreso a su mundo y la publicación de sus investigaciones, y la cuarta…

El argumento del relato conecta con la idea ilustrada del «buen salvaje» y con la idea de cómo los occidentales destruimos los mundos inocentes que descubrimos incluso aunque nos mueva la buena voluntad, como a Ruthmore. No vale la pena entrar a discutir este tipo de cosas con ocasión de la crítica de un libro infantil, sólo dejar constancia de cómo se propagan algunas ideas simples al ser transmitidas en libros infantiles.

El valor del libro está en las magníficas ilustraciones, que reflejan al héroe como un nuevo Gulliver afanoso y entusiasmado entre los amables gigantes, y que juegan acertadamente con las perspectivas para convencer al lector de la verosimilitud de lo que se le cuenta. Lo que las ilustraciones no pueden transmitir —y ahí es donde creo que falla el argumento— son los elementos de tipo fantástico de los gigantes: sus cuerpos están recubiertos de tatuajes que se van dibujando solos de acuerdo con las vivencias que van teniendo. Al menos en mi opinión, no hubiera hecho falta embellecer más el relato —que por sí mismo recuerda, por ejemplo, Las minas del rey Salomón o El mundo perdido—, con maravillas más asombrosas todavía que la misma existencia de los gigantes en un lugar desconocido.

François Place. Los últimos gigantes (Les Derniers Géants, 1992). Barcelona: Ekaré, 2016; 78 pp.; trad. de Leopoldo Iribarren; ISBN 84-89396-50-7. [Vista del libro en amazon.es]

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RubioLucianiAves.jpg
martes, 11 de abril de 2017

Las ALAS del AVECEDARIO es un rico poemario de Antonio Rubio con vistosas ilustraciones de Rebeca Luciani. Son poemas con diferentes estructuras, ritmos y tonos, cada uno de los cuales está dedicado a un ave siguiendo el abecedario. Por ejemplo, el comienzo del primer poema es este: «Empieza avestruz con ave. / Eso cualquiera lo sabe. / ¿Pero es ave? / Si no vuela, / aunque sus alas extienda. / Tiene patas de escalera / para dar grandes carreras». Luego siguen el Búho, el Cuco, el Dodo…, el Herrerillo, «acróbata amarillo», el Mirlo «mirlibustero», hasta llegar al Zorzal un «ave cabal». Muchos van acompañados, en la página opuesta, de una magnífica y exuberante ilustración. En esta entrevista el escritor y la ilustradora cuentan más cosas de su trabajo.

Antonio Rubio. Las ALAS del AVECEDARIO (2017). Pontevedra Faktoría K de Libros, 2017; 48 pp.; ilust. de Rebeca Luciani; ISBN: 978-84-16721-07-8. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 10 de abril de 2017

Si en una nota previa elegía textos de Un largo etcétera que ponen de manifiesto la creatividad lingüística de los niños, en esta pondré otras relacionadas con la costumbre del autor de contarles historias a sus hijos. Se podrían llamar «lecciones para, o reflexiones de padres cuentacuentos»:

El reproche: cuando uno intenta contar cuentos a veces surgen problemas...;

La vaca solidaria: en esta entrada, casi mi favorita de Un largo etcétera, se ve un choque entre dos estilos a la hora de contar cuentos...;

Y se cayó: cuando un niño experimenta por primera vez los poderes curativos de las narraciones;

Vivo en conversación: reflexión de adulto sobre el mundo interior del niño;

Cuatro trazos: reflexión de adulto: ¿por qué en tantos cuentos tradicionales los padres eran unos calzonazos?

Amazing: reflexión de adulto sobre los poderes y las enseñanzas de los superhéroes...

Enrique García-Máiguez. Un largo etcétera [Rayos y truenos, 2011-2016] (2017). Sevilla: Númenor, 2017; 174 pp.; col. Cuadernos de poesía; ISBN: 978-84-944305-2-7. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 9 de abril de 2017

Indico a continuación varias ideas-guía que se repiten, y que se contrastan con los hechos, una y otra vez, en Imperiofobia y leyenda negra.

Una, la de que «es importante, cuando se trata de opiniones y prejuicios, deslindar con el mayor cuidado causas y consecuencias. El prejuicio precede a las causas, las busca y las fabrica. No al revés. De otro modo dejaría de ser un prejuicio. No quiere decirse que invente sus justificaciones. Procede desenfocando los contextos, y mezclando verdad y mentira».

Otra, la necesidad de usar el lenguaje con precisión y saber de qué estamos hablando. Por ejemplo, la autora explica que la historiografía académica no distingue mucho entre colonialismo e imperio cuando son movimientos de expansión totalmente distintos. Aclara que no se puede hablar de América como una colonia española puesto que nunca lo fue: sus habitantes indígenas fueron tan súbditos de la Corona como los españoles peninsulares; el estilo imperial español fue completamente distinto al de los países europeos durante su etapa colonial, como se prueba en la construcción de hospitales en Hispanoamérica o en que hubo veinte centros de educación superior en América de los que, hasta la independencia, salieron 150.000 licenciados. «Ni portugueses ni holandeses abrieron una sola universidad en sus imperios. Hay que sumar la totalidad de las universidades creadas por Bélgica, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia en la expansión colonial de los siglos XIX y XX para acercarse a la cifra de las universidades hispanoamericanas durante la época imperial».

Una tercera, que «la imperiofobia es una forma de racismo» pues «el racismo tiene siempre una connotación de inferioridad moral e intelectual. Los griegos ya encontraban a los romanos poco dotados intelectualmente, y la misma opinión tuvieron los italianos de los españoles, y los polacos y checos de los rusos. Ahora mismo, una parte grande de la humanidad, sobre todo europea, está convencida de que los estadounidenses, además de medio tontos, son unos ignorantes». Además, que la imperiofobia nace de un complejo de inferioridad y es administrada por una élite intelectual que «es la que le da forma y prestigio». Lo curioso es que la imperiofobia es un «prejuicio de buen tono» y da una especie de «inmunidad intelectual» a quien lo posee y lo manifiesta.

Una cuarta, que durante siglos, e incluso actualmente, ha imperado la «ley del silencio». En el relato de los hechos históricos es patente: por ejemplo, «la versión canónica de la rebelión del pueblo holandés contra la tiranía española es una narración nacionalista inspirada en la propaganda más que en los hechos»; las guerras protestantes fueron verdaderas guerras civiles que no se presentan así «según esa ley del silencio que tapa aquello que no conviene a la versión triunfadora». Esa ley del silencio se nota, en especial, en el intento de «hacer invisible cualquier logro cultural, científico y social que se produce en el mundo católico al mismo tiempo que se resaltan y se destacan continuamente los que se producen en el mundo protestante, de tal manera que los primeros parecen un hecho excepcional y los segundos una constante. Esta operación de borrado y subrayado va acompañada de su contraria: todo problema o dificultad sucedida en el mundo católico es repetida y destacada hasta la saciedad, de tal forma que parece que las sociedades católicas siempre funcionan mal. Al mismo tiempo los problemas o hechos poco edificantes que tienen lugar en el mundo protestante son presentados como excepción en una trayectoria perfecta, y rápidamente olvidados». Lo asombroso es que «el católico ha asumido ese paisaje social y habita mentalmente en la cosmovisión que el protestante ha dibujado». El ninguneo sistemático de los mejores logros intelectuales españoles ha sido ignorado también en España: el mismo Ortega y Gasset «asumió la historiografía europea triunfante desde el siglo XIX sin poner en duda sus presupuestos»

María Elvira Roca Barea. Imperiofobia y leyenda negra (2017). Madrid: Siruela, 2017; 482 pp.; col. Biblioteca de ensayo; prólogo de Arcadi Espada; ISBN: 978-84-16854-23-3. [Vista del libro en amazon.es]

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BressonJuana.jpg
sábado, 8 de abril de 2017

En una entrevista del libro citado hace unos días, Robert Bresson habla de su película El proceso de Juana de Arco y, al explicar que hizo un trabajo de resumen y adaptación de las actas de su proceso, pues para él un diálogo cinematográfico no es un diálogo teatral ni un diálogo novelesco, dice:

«La palabra debe ser comprimida al máximo, de tal suerte que la imagen que la acompaña no provoque un pleonasmo. Suprimí los arcaísmos, no todos, conservé algunos para no empobrecer la característica tan particular de las réplicas de Juana. No expliqué nada. Dediqué mucho tiempo al trabajo preparatorio de concepción. Lo hice poco a poco, por miedo a traicionar algo. Me aparté, como de costumbre, de toda psicología teatral o novelesca (la imagen ya se encarga de ello), (…) una psicología que habría falseado el tono y sobrecargado la película.

Lo repito: evité el estilo histórico, que no es creíble. Una película no es una obra de teatro. Necesita ser creíble. En resumen, lo hice de modo que Juana resultara tan posible y tan verosímil —o imposible e inverosímil— como lo era entonces».

Explica también Bresson: deseaba «servirme de la monotonía como si fuera un fondo uniforme sobre el que se dibujarían claramente los matices. Temía más la lentitud, la gravedad del proceso. También ataco la película y la continúo con un ritmo muy rápido. Se puede escribir una película con corcheas y dobles corcheas, porque es música. El cinematógrafo —las películas— no está para copiar la vida, sino para arrastrarnos en un ritmo cuyo autor ha de ser siempre el compositor. No conviene buscar la verdad en los hechos, en los seres y en las cosas (el realismo no existe, al menos tal y como se concibe), sino más bien en la emoción que éstos provocan. Es la verdad de la emoción la que nos indica el camino y nos guía».

Bresson por Bresson: entrevistas, 1943-1983 (Bresson par Bresson, entretiens 1943-1983, 2013). Reunidas por Mylène Bresson. Barcelona: Intermedio Libros, 2015; 395 pp.; presentación de Santos Zunzunegui; trad. de Vanesa García Cazorla y León García Jordán; ISBN 13: 978-84-608-3012-2. [Vista del libro en amazon.es]

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Una breve historia twtfb.jpg
viernes, 7 de abril de 2017

Con motivo de las clases dadas estas últimas semanas en el Master en Álbum infantil ilustrado, he preparado unas segundas ediciones (o nuevas versiones), revisadas y ampliadas, de Una breve historia, Una posible definición y Funciones y tipos.

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jueves, 6 de abril de 2017

Los principales protagonistas de El barco escuela Tobermory, de Alexander McCall Smith, son los gemelos Ben y Fee MacTavish, de doce años. Después de haber acompañado a sus padres oceanógrafos en su pequeño submarino durante años, les ha llegado el momento de ir al colegio que, en su caso, será el barco escuela Tobermory. Allí son bien recibidos por profesores y compañeros, que les explican muchas cosas de la terminología marinera y del funcionamiento del barco. Enseguida conocen también a quienes serán sus rivales, el presuntuoso Hardtack y sus amigos. El conflicto concreto de este relato es que, antes de comenzar el curso, algunos alumnos son contratados dos días como extras de una película de piratas y allí se dan cuenta de que algo no encaja.

Después de haberme leído sus chispeantes novelas sobre Precious Ramotswe, esperaba mucho más del autor. En esta historia todo es muy previsible: los malos son malos y los buenos son buenos a simple vista y a la primera frase; el narrador no hace muchos esfuerzos de precisión o sutileza: «se alejó con esos andares que suele tener la gente desagradable», dice de Hardtack después de un incidente. Las ilustraciones, en blanco y negro, tienen un aire de hace décadas y son más bien propias de cómic. De todos modos, como el tono es amable, los personajes caen bien, y los escenarios son singulares, el relato se lee con gusto; aparte del interés que puede tener para los entusiastas de los barcos y del mar.

Alexander McCall Smith. El barco escuela Tobermory (School Ship Tobermory, 2015). Madrid: Siruela, 2016; 188 pp.; col. Las Tres Edades; ilust. de Ian McIntosh; trad. de Julio Hermoso; ISBN: 978-84-166338-90-1. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 5 de abril de 2017

El debut de André François en la literatura infantil tuvo lugar en 1949 cuando puso imágenes en todas las páginas impares de El pequeño Brown, también el primer relato de la norteamericana Isobel Harris. Es una recuperación editorial que merece ser aplaudida.

Por su comienzo, que no por el estilo de vida de los protagonistas ni por las ilustraciones, se podría poner en paralelo con Eloise, un relato de la misma época, pues su protagonista, el pequeño Brown, vive en un hotel de Nueva York con sus padres y, como a ellos, le gustan los ascensores, los túneles, el metro y demás. Hasta que un día, Hilda, la encargada de la limpieza, se lo lleva con ella junto a su familia, en el campo, lo que significa un montón de descubrimientos para él.

El libro es ameno y tiene varios aspectos de interés. Uno, la situación propia de algunos niños que viven encerrados en un mundo propio y necesitan abrirse y conocer a gentes de otras clases sociales e incluso, si se quiere, aprender que hay modos de vivir más humanos. Otro, apreciar el gran talento de un ilustrador que sabe cómo enriquecer mucho la narración que le dan y añadirle nuevas capas de significados. Un tercero, el descubrimiento de algunos aspectos de un antiguo Nueva York tal como lo veía François.

Isobel Harris. El pequeño Brown (Little Boy Brown, 1949). Barcelona: Niño editor, 2016; 46 pp.; ilust. de André François; trad. de Rafael Spregelburd; ISBN: 978-9569569012. [Vista del libro en amazon.es]

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SozapatoMatilde.jpg
martes, 4 de abril de 2017

Matilde, de Sozapato (firma de la ilustradora ecuatoriana Sofía Zapata Ochoa), es una excelente narración gráfica sin palabras compuesta con unas ilustraciones basadas en dibujos de gran calidad y secuenciadas con gran destreza. La protagonista es una niña que se asoma, desde la calle, a la ventana del estudio de un pintor y le roba un pincel mágico con el que huye y dibuja un dragón al que no logra controlar.

Si en un álbum de hace días, un niño descubría el poder de su imaginación, en este Matilde da un paso más pues averigua el poder del arte para poner en pie la imaginación y para enriquecer la vida. La narración avanza estimulando al lector a que se pregunte qué hay más allá de cada imagen y con eficaces juegos plano-contraplano. Se contrastan la monotonía de los paisajes urbanos y de la gente que se mueve por ellos, en tonos grises, con el color rojo tanto de la falda de Matilde como del interior del estudio del pintor. Vale la pena leer esta entrevista con la autora sobre sus ideas acerca del álbum y sobre algunos pormenores de su realización.

Sozapato. Matilde (2017). Pontevedra: Kalandraka, 2017; 44 pp.; col. Libros para soñar; ISBN: 978-84-8464-295-4. [
Vista del álbum en amazon.es]

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GarciaMLargoEtc.jpg
lunes, 3 de abril de 2017

Soy lector habitual de Rayos y Truenos por lo que no me suenan a nuevo los textos publicados por Enrique García-Máiquez en Un largo etcétera [Rayos y truenos, 2011-2016]. Hay que decir, sin embargo, que muchas entradas del libro no son exactamente iguales a las originales: algunas están más pulidas aún. Quien desee leer buenos comentarios al libro los tiene aquí y aquí. Lo que sí voy a recopilar, en dos notas, son algunos comentarios que sé que interesarán a quienes siguen la LIJ.

Los de hoy son los que se refieren a la creatividad lingüística de los niños: en uno el autor dice que los niños son un espectáculo linguístico..., cosa cierta cuando tienen espectadores atentos, algo que pocas veces pasa. La suerte para todos es que, en este caso, sí lo tienen. Al respecto pueden leerse:

Se lloraban durmiendo: un mágico cruce de verbos y una inspiración poética;

Tengo boca: ¿pensamos con la boca?;

¡Voy a proder!: las palabras-baúl no las inventaron Edward Lear y Lewis Carroll aunque tal vez fueran quienes las observaron primero;

Levante rabioso: ¿por qué está enfadado el viento?;

Hacaranda y otros jitos: o el valor literario de los sonidos y la pronunciación;

Cementerio: ¿dónde se hace el cemento?, ¿dónde están nuestros cimientos?

Enrique García-Máiguez. Un largo etcétera [Rayos y truenos, 2011-2016] (2017). Sevilla: Númenor, 2017; 174 pp.; col. Cuadernos de poesía; ISBN: 978-84-944305-2-7. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 2 de abril de 2017

Me ha parecido un gran libro Imperiofobia y leyenda negra, de María Elvira Roca Barea. En él se da mucha información de un modo ameno, polémico, convincente y accesible. Está dividido en tres grandes partes.

En la primera, titulada «Imperios y leyendas negras: la inseparable pareja», se comentan similitudes y paralelismos entre los imperios de Roma, España, Estados Unidos y Rusia, y entre sus respectivas leyendas negras. La autora explica y ejemplifica que «no suele haber causas objetivas en el nacimiento de las leyendas negras imperiales. Estas buscan sus motivos o los generan, y es imposible que no encuentren algo a lo que agarrarse»; que «todas las leyendas negras nacen en el subsuelo de la frustración» y «brotan entre los pueblos que han de vivir en la órbita de otro pueblo más poderoso (…) hacia el que proyectan complejos y resentimientos».

En la segunda parte, «La hispanofobia en la época imperial: orígenes y fisonomía», habla de sus comienzos en Italia, de su continuación en los Países Bajos, Inglaterra, y Alemania. Explica la importancia de la propaganda organizada contra el Imperio español en los Países Bajos, del nacimiento del mito de la Inquisición, y de los rasgos propios del estilo español de imperio en América. Dice la autora que «la soberbia intelectual del Humanismo fue un fenómeno sin precedentes en la Europa cristiana y no tendrá parangón hasta la Ilustración»; y habla de que resulta ridícula la idea que impusieron los humanistas de que «el Renacimiento se produjo a pesar de que España estaba al mando en la Europa Occidental, y no porque España mandaba. Esta aberrante idea ha vivido y vive con holgura en la historiografía y el ensayo, como si una revolución en las costumbres, en la cultura, en la manera de ver del mundo de tal envergadura como el Renacimiento, pudiera producirse no ya contra el grupo dirigente, sino al margen de este». Pero si los italianos buscaban rebajar la eminencia, oscurecer el brillo del imperio para poner de manifiesto su superioridad (o al menos su no inferioridad), los protestantes colocaron a los españoles al nivel del Demonio y del Anticristo: la identidad colectiva de los pueblos protestantes se levantó sobre la denigración de los católicos y, entre ellos, España ocupaba el lugar de honor.

La tercera parte, sobre «La leyenda negra desde la Ilustración a nuestros días», explica el nacimiento de la hispanofobia particular que difunden los ilustrados franceses: los españoles son ignorantes, atrasados, decadentes, intolerantes… Pero es que las tres grandes imperiofobias del Occidente moderno —la rusofobia, la hispanofobia y el antiamericanismo— se unen en la Francia del siglo XVIII. Conforme las ilusiones imperiales francesas se van desvaneciendo, los intelectuales franceses buscan la forma de reducir cualquier forma de eminencia histórica: «todos los imperios, viejos o en ciernes, que conviven con Francia son una desgracia. Son bárbaros, atrasados o degenerados. Rusia, España y Estados Unidos ofrecen un lamentable espectáculo». Explica también cómo la palabra Latinoamérica se impone frente a Hispanoamérica e Iberoamérica en la Francia del XIX pues cualquiera de las dos últimas «dejaba fuera la importantísima labor de Francia en aquellos lares: Haití, Guadalupe, La Martinica, La Guyana… Tráfico de esclavos a gran escala y penales básicamente. (…) Lo latino es una unidad superior de pueblos a cuya cabeza está Francia».

La autora concluye haciendo notar lo curioso de que tantos intelectuales del XIX y del XX miren hacia el pasado para echar la culpa del hundimiento del imperio precisamente a quienes lo levantaron y no se miren a sí mismos como los responsables de haberlo llevado a la decadencia: «es un argumento disparatado». «Lo que hay que preguntarse no es por qué el Imperio español se vino abajo en la primera mitad del siglo XIX, sino cómo consiguió mantenerse en pie tres siglos, porque ningún fenómeno de expansión nacido desde la Europa Occidental (y nunca dentro de ella) ha conseguido producir un periodo más largo de expansión con estabilidad y prosperidad». Es necesario levantar todo el trampantojo de la leyenda negra y de tantas verdades a medias y estudiar en serio el Imperio español porque hay en él muchísimo que aprender.

María Elvira Roca Barea. Imperiofobia y leyenda negra (2017). Madrid: Siruela, 2017; 482 pp.; col. Biblioteca de ensayo; prólogo de Arcadi Espada; ISBN: 978-84-16854-23-3. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 1 de abril de 2017

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de marzo.

Este mes hay libros destacables en casi todos los apartados por uno u otro motivo: 

—varios álbumes: Mi amor, La increíblemente alucinante historia de Marcial, Tú y yo, yo y tú, Última parada de la calle Market;

—libros infantiles: El señor Zorro y el hilo rojo y Los imaginarios;

—un álbum informativo que no hay que perderse Peregrinar a Compostela en la Edad Media;

—una sorprendente novela primeriza: Será porque te amo;

—novelas magníficas publicadas en los años veinte del siglo XX, una que ha sido una novedad para mí y otra que ha sido una gran relectura: Dulce Hogar y El puente de san Luis Rey;

—un libro imprescindible para todos los que disfrutamos con las novelas y películas del Oeste norteamericano: El corazón de todo lo existente.

Además, dos extraordinarias lecturas del mes de las que saldrán notas en abril: 

—he comenzado a poner, con Elegir y suprimir, algunos magníficos textos tomados de Bresson por Bresson;

—en breve pondré notas sobre un libro que me ha tenido absorbido las últimas semanas: Imperiofobia y leyenda negra.

Estoy contento de haber podido anunciar en el mes una nueva edición revisada de Formas de la felicidad.

En Medium publiqué Novelas históricas (2), Novelas históricas (1), Novelas de aventuras con animales como protagonistas, Primeras novelas de aventuras y acción y Primeras novelas y relatos cortos de ciencia ficción.

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