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Nota: 'Nubes que ocultan los truenos' :: bienvenidosalafiesta ::    
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sábado, 7 de marzo de 2009

Nubes que ocultan los truenos


En Cuentos del Arco Largo se reúnen varios relatos, que habían sido ya publicados, pero que Chesterton entreteje para presentar unos personajes excéntricos (lo cual obviamente quiere decir que tienen un centro), que viven unas singulares historias de amor y que propugnan un modo de vivir que confunde a intelectuales, políticos, hombres de negocios y demás. Todos tienen como telón de fondo las ideas del autor acerca de la necesidad de cambios sociales que condujesen a una distribución diferente de la propiedad. Y, de hecho, poco más de un año después de este libro Chesterton fundó la Liga distributista, basada en el principio que ya formulara Bacon de que la propiedad es como el estiércol y sólo es buena cuando está bien extendida.

El título responde a una expresión típica, pues un «long-bow man» es un personaje que cuenta historias imposibles, y se refiere a que cada relato gira en torno a un dicho inglés conocido. Así, El impresentable aspecto del coronel Crane habla de un tipo que se come su sombrero; El éxito improbable de Mr. Owen Hood, de otro que hace arder el Támesis; El discreto contrabando del capitán Pierce, va de un aviador que hace volar a los cerdos; El huidizo compañero del reverendo White es un elusivo elefante; El lujo exclusivo de Enoch Oates está protagonizado por un curioso millonario norteamericano; La inconcebible teoría del profesor Green es la de un astrónomo que ve a una vaca saltar sobre la luna; La arquitectura sin precedentes del comandante Blair son, nada más y nada menos, que castillos en el aire; El último ultimátum de la liga del Arco Largo es una especie de choque de los protagonistas anteriores con el gobierno inglés.

En común, las historias son un ataque a esa clase de hombres que «primero emponzoñan el agua, por mero afán de lucro, y luego ofrecen a la gente el remedio para librarse de esa ponzoña, también por afán de lucro» (El éxito improbable de Mr. Owen Hood); y son también una reivindicación del poder transformador de algunas conductas: «La gente dice a menudo, despectivamente, que el poeta está siempre en las nubes» olvidando que «también ahí se ocultan los truenos» (La arquitectura sin precedentes del comandante Blair).

Entre todas ellas, personalmente destacaría la historia de amor del coronel Crane pero, más aún, la del millonario Enoch Oates, un hombre de negocios sólido y serio, es decir, se nos dice, un imbécil homogéneo; un individuo sencillo, afable y fiel a sus creencias, un tanto oscuras y confusas desde luego, pero en realidad un estafador y un ladrón aunque él no lo sabe y se cree un hombre honesto y abierto. De todos modos, en su honor hay que decir que Oates logra realizar lo que para muchos es un sueño: vender muy bien un producto sin necesidad de comprar antes nada, convertir los desperdicios en género y convencer a todas las señoras del mundo de que deben comprarse bolsos de seda de cerdo (eso sí, en un tiempo y en un país en el que las orejas de cerdo se consideraban desperdicios, algo chocante para quienes, como yo, frecuentaron desde pequeños el Bar Orejas).

G. K. Chesterton. Cuentos del Arco Largo (Tales of the Long Bow, 1925). Madrid: Valdemar, 2002; 378 pp.; col. El Club Diógenes; trad., prólogo y notas de José Luis Moreno-Ruiz; ISBN 10: 84-7702-403-0.

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