Eduardo Jordá comenta también en Lo que tiene alas dos cuentos cortitos excepcionales de Chéjov que había leído hace tiempo, pero recordaba poco, y he vuelto ahora a releer: El violín de Rothschild y El obispo.
Sobre los relatos de Chéjov:
—«Hablando de los relatos de Chéjov, Nabokov habló de “la magia de las minucias”. Y en esas minucias que muchas veces no notamos está uno de los mayores secretos del arte de Chéjov».
—«Chéjov aconsejaba siempre suprimir atributos y adverbios innecesarios, para que el lector pudiera retener lo que leía. “La literatura debe entrar de golpe, en un instante”, decía».
—«Los héroes de Chéjov no intentan cambiar un estado de cosas que saben imposible de cambiar. Sospechan que no van a mejorar la sociedad, así que tan sólo intentan —cuando lo intentan— salvarse a sí mismos o a los que tienen cerca. Y sin conseguirlo, por supuesto».
Sobre El violín de Rothschild:
—Yakov Ivanov es un fabricante de ataúdes en un pequeño pueblo y toca el violín en una orquesta judía donde también toca la flauta un judío llamado Rothschild. Cuando su esposa enferma, Yakov se arrepiente de haberla tratado mal…, y cuando es el mismo Yakov quien enferma, regala su violín a Rothschild antes de morir.
—El arte superlativo de Chéjov en El violín de Rothschild se aprecia en que «el cambio de actitud de Yákov —su peregrinación, su viaje de descubrimiento espiritual, su redención final— se produce con arreglo a varias fases, desde el egoísmo y la mezquindad inicial hasta la compasión final y el último rasgo de generosidad al legar su violín a un judío al que antes despreciaba».
—En relación a las moralejas que a menudo destruyen algunos relatos: «La moraleja ocurre cuando la voz del autor real suplanta a la voz narrativa de la historia; es decir, cuando las opiniones y las ideas del autor se entrometen en la historia que cuenta. Pero en El violín de Rotschild no ocurre esto porque las conclusiones a las que llega Yakov, cuando está en la orilla del rio y cambia por completo su idea de las pérdidas, pertenecen a Yakov y no a Chéjov; o mejor dicho, el lector las percibe de forma natural como reflexiones a las que ha llegado Yakov a través del curso de la acción, y que por tanto responden a una lógica interna de la historia. No son imposiciones externas a la historia que el autor se saca de la manga porque le apetece soltarnos un sermón, sino que proceden del propio interior del personaje. Es Yakov el que piensa eso, no el autor. Aunque por supuesto Chéjov también piense del mismo modo, su talento ha sabido introducir esas reflexiones en el pensamiento del personaje Yakov. Las ha fundido igual que ha fundido su punto de vista narrativo con el de Yakov. Y esto hace que El violín de Rotschild sea un relato tan bueno que uno desearía oír ese violín durante siglos».
Sobre El obispo (Arkhiyerei, 1902):
—El obispo es un relato lineal de, por un lado, los hechos que, entre el sábado de pasión y el sábado santo, protagoniza el protagonista: asistencia a los oficios, regreso al monasterio, visita de su madre, unas friegas que le otro monje, el rápido proceso de su enfermedad y su muerte; y, por otro, los recuerdos del pasado que va teniendo el obispo y, en especial, algunos incidentes de infancia que le causaron alegría.
—«El obispo es uno de los últimos relatos que escribió Chéjov, cuando ya estaba muy enfermo, lo que hace que tenga esta hondura y esta paradójica frescura al captar los detalles ínfimos de una vida y esta fe exaltada en el estallido de la vida, ya que Chéjov se estaba despidiendo de la vida, como aquel que dice. Casi todo lo que ocurre en el relato sucede en la mente del protagonista, lo que hace que a veces no sepamos muy bien si lo que ocurre es real o si se trata de un delirio o una imaginación. (…) El obispo empieza bendiciendo palmas y termina muriendo en la víspera de la resurrección de Jesús (todo eso es de una gran riqueza simbólica).
—Un esquema de este relato «sería una especie de línea sinuosa que sube y baja, desde el plano real al mental, y desde la narración lineal a la retrospectiva —con una leve incursión en el futuro—, hasta disolverse en el olvido final del obispo, ya que cuando su madre habla de él con sus vecinas, tras su muerte, lo hace tímidamente, “como si temiese que no se la creyeran… Y de hecho no todas se lo creen”».
Eduardo Jordá. Lo que tiene alas (2014). Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2014; 224 pp.; ISBN: 978-8496824546. [Vista del libro en amazon.es]
Antón Chéjov. El violín de Rothschild y otros relatos (Skripka Rotshilda, 1894). Madrid: Alianza, 2017; 224 pp.; trad. y nota preliminar de Juan López-Morillas; ISBN: 978-8491047001. [Vista del libro en amazon.es]




























