Misterio y fe (1)

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Misterio y fe (1)

En su momento leí varias novelas de Jon Fosse y escribí un artículo sobre él. En esta entrada y en la siguiente, algo largas pero más que jugosas, comentaré Misterio y fe, una conversación de Fosse con el teólogo noruego Eskil Skjeldal en la que se tratan distintos temas entrelazados: el entrevistador deseaba preguntarle al escritor qué había visto en el catolicismo para convertirse y darle espacio para explicarse, pero luego, al hilo de las respuestas, el escritor habla de su trayectoria intelectual y de sus pensamientos acerca del arte y la literatura. Esta primera nota, en la que pretendo reflejar lo que dice, se podría titular

JON FOSSE Y LA IGLESIA CATÓLICA

La entrevista es del año 2014, un año después de la conversión de Fosse, y se publicó en 2015, por lo que no trata de sus obras posteriores ni de la concesión del Nobel del año 2023. En ella el escritor noruego indica los motivos que tuvo para entrar en la Iglesia católica y, guiado por las preguntas, señala qué puntos de la doctrina católica no entiende bien. Pero, al leer hoy el libro, es importante atender a lo que dice al final, cuando, a la pregunta de si le gustaría decir algo más, aclara lo siguiente: «todo lo que digo está dicho por un novicio, por alguien que intenta entrar en la fe cristiana católica, y asumirla, a partir de los presupuestos que al fin y al cabo tengo. Así que por aquí y por allá, en todo lo que digo o escribo, habrá que añadir y quitar cosas. Por aquí y por allá se notará también cierta ignorancia. Y por último me gustaría decir que siempre estoy en movimiento, que escribo, que leo, de manera que dentro de dos meses esta conversación habría sido distinta, solo que en algún lugar hay que poner el punto final».

Providencia y conversión

Fosse dejó la iglesia luterana de sus padres siendo adolescente y se declaró ateo; fue un joven universitario de izquierdas y guitarrista de rock; empezó a escribir muy joven también porque encontraba serenidad en la escritura; bebía mucho y tuvo problemas personales, con épocas de angustia y depresión; tuvo dos experiencias espirituales y místicas que le dejaron una fuerte impresión; se casó y divorció dos veces y, después de casarse con Ana, eslovaca y católica, en 2011, entró en la Iglesia católica en 2013. Dio este paso, que le ayudó a dejar de beber, alrededor de san Juan, después de hacer la confirmación en la iglesia de Santo Domingo de Oslo. Explica que «la Iglesia católica surgió como un quizá, como algo que tal vez pudiera ir conmigo»; que los motivos por los que se convirtió fueron diversos y compuestos, pero que llegó a la fe a partir del sufrimiento y la desesperación, de la depresión y la angustia, después una gran lucha para dejar el alcohol. Señala que, aunque no sea capaz de entenderlo ni explicarlo bien, sabe que no fue él mismo quien dirigió su vida sino «una especie de providencia» por más que, al mismo tiempo, su voluntad fuera libre.

Rebeldía y piedad

Dice que convertirse en católico es lo más rebelde que ha hecho nunca: «cuando yo era joven, en el ambiente en que yo me movía, declararse de izquierda radical era darse de baja de la sociedad, más que inscribirse en ella. Y hasta cierto punto tengo la sensación de estar haciendo lo mismo al convertirme al catolicismo». Vive su pertenencia a la Iglesia como un don recibe con agradecimiento: «Un canalla como yo, sentado en la última fila. Pero agradezco que me dejen formar parte de la comunidad católica, y poder acercarme al altar para participar en la comunión, desde la última fila». Afirma que no tiene problemas con la teología y los dogmas en la mayoría de los temas y que ha leído el Catecismo de la Iglesia Católica. No le avergüenza manifestar su piedad: dice que lo que busca «en el rezo es el sosiego, un respiro en el tiempo, y en la vida»; que se santigua con frecuencia, sobre todo cuando está solo y siente que necesita apoyo, algo que le ayuda pues, afirma, «hay fuerza en el signo de la cruz»; dice que, «como católico, también yo recurro a los viejos símbolos, a la cruz, y rezo las viejas oraciones. Pronuncio el credo, rezo el padrenuestro. Se trata de sonidos que, al ser repetidos, se vacían de su significado normal y se llenan de un significado nuevo, como la avemaría del rosario. Yo rezo una y otra vez las mismas viejas oraciones que los católicos han rezado durante siglos antes que yo. Unas veces las rezo en latín, otras en mi propia traducción al neonoruego». Al final, ser cristiano es llegar a «formar parte del misterio en la fe del modo más verdadero y completo posible, es fundirte con ese misterio. Y una vez que lo haces, el resto viene como quien dice solo». En otro momento añade que «la grandeza de la Iglesia católica reside en que, a pesar de todo, ha sabido preservar y transmitir este misterio».

La doctrina y la fe

Fosse declara también en qué puntos está en desacuerdo con la Iglesia: por ejemplo, no le parece bien «que a los homosexuales activos, que tienen relaciones estables dentro del marco del amor, se les niegue la comunión»; piensa que «el bautizo no es un acto tan obviamente correcto como se pretende» pues «los niños pequeños ya están con Dios, no necesitan llegar a él»; se plantea si no sería mejor que las mujeres fueran ordenadas sacerdotes… Indica que le ha costado admitir y «entender que Dios se hizo hombre para dejarse matar por los hombres con el fin de abrir una senda entre él y los hombres», pero sabe que, «con frecuencia, aquello que resulta increíble en la literatura, por ser demasiado improbable, ocurre en la vida real. Y entonces pienso que es ahí donde tiene que entrar la fe». Dice que «con respecto a la labor de redención de Jesucristo no puedo sino hacer una elección (…) y escoger creerlo. Y lo curioso es que cuando por fin opté por creerlo, sentí que era verdad. Crees que algo ha sucedido y entonces sucede, digamos. Se suele decir que la fe es un regalo, una gracia. Y casi da la impresión de que es verdad». A ciertas críticas responde que «puedes considerarte católico liberal o socialista liberal aunque se hayan hecho, y se hagan, muchas cosas malas en nombre del catolicismo y del socialismo. Hay algo hermoso en el ideal “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”, demasiado hermoso para simplemente descartarlo a causa de los crímenes cometidos en nombre del socialismo. Y hay algo demasiado hermoso en la idea de que Dios se hace hombre y el hombre se hace Dios, y así vence a la muerte, para descartarlo por este o aquel crimen cometido en nombre del cristianismo».

El dogma y la conciencia

En fin, afirma que, «aunque en algunas cosas diga algo distinto de lo que dice la Iglesia, en lo fundamental estoy de acuerdo», y que «la fuerza de la Iglesia reside en haberse resistido a todo tipo de cambios marcados por los tiempos». Asegura que «el dogma es necesario, igual que lo es tener una orientación ética clara e inequívoca, y veo mucha sabiduría y sensatez en la ética católica tradicional —también en lo referente al aborto y al suicidio—, aunque siempre hay que tener claro, con los ojos de la conciencia, que (…) la vida no puede dirigirse dogmáticamente», pues, «en el encuentro con el individuo hay que escuchar más a la conciencia, a lo que implica ser un prójimo, que a lo que diga la doctrina». También asegura que «parte de la grandeza de la tradición católica reside en que uno se puede confesar y recibir perdón por sus pecados» y, por supuesto, «en cualquier caso se puede decir que el mundo no sería un lugar mejor sin la Iglesia católica, eso seguro».

Jon Fosse. Misterio y fe: Una conversación con el teólogo Eskil Skjeldal (Mysteriet i trua. Ein Samtale mellom Jon Fosse og Eskil Skjeldal, 2015). Barcelona: Debate, 2025; 168 pp.; Col. ENDEBATE; trad. de Kirsti Baggethun y Cristina Gómez-Baggethun; ISBN: 978-8410433045. [Vista del libro en amazon.es]

 

26 enero, 2026
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