
Me alegra la nueva edición de un relato que William Faulkner escribió para niños, El árbol de los deseos —que no es genial pero está bien y es un ejemplo más de la conclusión de Apostar seguro—, así que cuelgo su reseña y la de su obra póstuma Los rateros, otro más de los relatos norteamericanos deudores de Huck Finn, pero de los mejores.
21 mayo, 2008