Bendecir y no maldecir

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Los libros de memorias que respiran rencor o rechazo hacia la sociedad en la que vivieron sus autores, o hacia personas que, supuestamente, son culpables de tantos problemas como tuvo, e incluso tiene ahora, el escritor, cada vez más me dejan la impresión de falta de madurez, de personas que no han sabido crecer. He pensado en esto, no por primera vez pero sí con nuevos matices, al leer este comentario del Papa Francisco cuando era cardenal de Buenos Aires:

«Nos hace falta decirnos bien las cosas que nos dieron nuestros mayores: bendecir nuestro pasado, no maldecirlo. Lo que fue pecado e injusticia también necesita ser bendecido con el perdón, el arrepentimiento y la reparación. Y lo que fue bueno, necesita ser bendecido con el reconocimiento y la acción de gracias que sabe valorar la vida que se nos dio, la tierra que recibimos. Bendecir el pasado es hablar bien de Dios, de nuestros padres y de nuestros abuelos. Agradecer lo que nos dieron aun con sus imperfecciones y pecados es ser bien nacidos. Pero es mucho lo recibido. El que maldice para atrás es porque seguramente está planeando sacar una ventaja en el presente o en el futuro, una ventaja que no será bendición para otros».

Jorge Bergoglio. El verdadero poder es el servicio. Madrid: Publicaciones claretianas, 2013; 368 pp.; ISBN: 978-8479664343.

 

15 diciembre, 2013
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