Mejor educados (1)

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Mejor educados (1)

Unos textos de un libro de Gregorio Luri de hace unos años, titulado Mejor educados, que tratan de algo que, con frecuencia, ha salido en mis comentarios a libros infantiles sobre animales:

«No hay que salvar a las ballenas porque sean buenas. No, porque las ballenas no son buenas. Ni lo son los lobos, los leones o los osos. Hay que salvarlos porque queremos preservar la complejidad y la riqueza biológica de nuestro planeta. No es inusual que los medios de comunicación recojan noticias de ciudadanos ingenuos —y especialmente de niños— que se han acercado a animales salvajes creyendo que todos los animales reaccionan como los de los cuentos infantiles. Las consecuencias suelen ser terribles. En la década de 1990, unos chicos jugaban cerca del estanque de los osos blancos en el Jardín Zoológico de Central Park, en Nueva York. Uno de ellos animó a los demás a darse un baño alrededor de los animales. Les ahorraré los detalles de lo ocurrido. Basta con decir que murieron despedazados. Pongo este ejemplo porque Umberto Eco escribió un artículo sobre el mismo que yo suelo glosar en algunas conferencias. Eco se pregunta si los niños, en última instancia, no fueron víctimas de la imagen infantilmente bucólica que les ofrecemos de la naturaleza y de los animales salvajes. Para hacerles amar la naturaleza hemos aniñado a las bestias hasta presentarlas como compañeras filantrópicas de los humanos. A nuestros hijos se los educa mediante osos parlantes y leones vegetarianos. “Sospecho —concluye Eco— que los pobres niños del Central Park murieron no por defecto, sino por exceso de educación. Son víctimas de nuestra conciencia infeliz. Para hacerles olvidar lo malos que son los hombres, les han explicado demasiadas veces que los osos son buenos. En lugar de decirles lealmente qué son los hombres y qué son los osos”».

El autor recuerda entonces la fábula del oso y del jardinero (una versión más del cuento que abre La amistad de un oso y otros cuentos persas). «Se cuenta que, tras muchos años de vida solitaria en lo más profundo del bosque, un oso salvaje comenzó a sentirse melancólico. Echaba en falta la compañía de un amigo. Pero como daba miedo a todos los animales, le era imposible tener trato con ninguno. Este mismo deseo era experimentado al mismo tiempo por un jardinero que vivía solitario cuidando de sus plantas. Quiso la casualidad que cuando ambos salieron de sus reductos en busca de amistad, se encontraran en una vuelta de un camino e hicieran inmediatamente buenas migas. A partir de aquel día, se acompañaban y cuidaban mutuamente. Pero en una ocasión en que el jardinero dormía a la sombra de un árbol, una mosca se le posó en la cara. El oso, con las mejores intenciones, quiso matarla para que su amigo pudiera dormir en paz. Así que cogió una enorme piedra y la lanzó con toda su fuerza contra la mosca. Evidentemente, el oso, que tenía mucha más fuerza que sentido común, le destrozó la cabeza al pobre jardinero. La moraleja de esta historia es sencilla: es preferible un enemigo sabio a un amigo ignorante. El oso es un mal amigo porque le falta sentido común. Todo lo subordina a un único fin, sin darse cuenta de que en una conducta verdaderamente inteligente siempre hay una pluralidad de fines por conjugar. Pues bien, percatarse de la complejidad de la acción humana es lo propio de los humanos y lo impropio de los animales. Nota: Sí, ya lo sé. No le contaréis este cuento a vuestro hijo. Intentad explicaros a vosotros mismos las razones de ello. Pero hacedlo de manera convincente».

Gregorio Luri. Mejor educados (2015). Barcelona: Booket, 2015; ‎240 pp.; ISBN: 978-8408135791. [Vista del libro en amazon.es]

 

15 octubre, 2021
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