La mente parasitaria, de Gad Saad, es un libro que un amigo me llevaba recomendando vivamente desde hace tiempo y que al fin he leído. El autor, judío de origen libanés, es un profesor en universidades canadienses, muy conocido por ser un gran polemista en defensa de la libertad intelectual y de la libertad de opinión. En su libro expone, con muchos ejemplos, cómo «desde hace décadas, un conjunto de ideas patógenas, en gran parte procedentes de las universidades, ha atacado sin tregua la ciencia, la razón, la lógica, las libertades de pensamiento y expresión y la libertad y la dignidad del individuo. Si queremos que nuestros hijos y nietos crezcan en sociedades libres como hemos hecho nosotros, debemos estar seguros de nuestros principios y estar preparados para defenderlos».
Dice: «los ideales motrices de mi vida son la libertad y la verdad, y cualquier ataque hacia ellos representa una amenaza existencial a lo que más aprecio». «Mi vida ha sido moldeada por el compromiso con dos ideales fundamentales: la libertad y la verdad. El afán por estos dos ideales no me lo impusieron mis padres, sino que es una manifestación de mi persona tal como está escrita en mis genes». Otro de sus puntos de apoyo es la ciencia: «No hay una “mente negra” o una “mente blanca”; no hay una “forma de saber blanca” o una “forma de saber indígena”: sólo hay una verdad, y la hallamos a través del método científico».
Los patógenos parasitarios de la mente que nos amenazan, dice Saad, «se componen de patrones de pensamiento, sistemas de creencias, actitudes y modos de pensar que parasitan la capacidad de razonar con propiedad y rigor». Entre esos virus parasitarios «que trato aquí figuran el posmodernismo, el feminismo radical y el constructivismo social, que prosperan sobre todo dentro de un ecosistema infectado: la universidad».
«Aunque cada virus de la mente constituye una cepa distinta de locura, todos se rigen por el rechazo total de la realidad y el sentido común: el posmodernismo niega la existencia de verdades objetivas; el feminismo radical se burla de la idea de las diferencias innatas de los sexos basadas en la biología, y el constructivismo social postula que la mente humana es en su origen una tabula rasa sin improntas biológicas». Son virus que provocan «diversas formas de pensamiento desordenado que llevan a los individuos afectados a rechazar verdades y realidades fundamentales que son tan evidentes como la fuerza de la gravedad».
Más adelante se pregunta: «¿Cuál es el origen de estas malas ideas infecciosas? ¿Cómo se propagan? ¿En qué ecosistemas prosperan? ¿Cómo vacunamos a la gente contra sus devastadores efectos? Ése es el cometido de este libro. Es una exploración de la epidemiología de los patógenos mentales y las estrategias de intervención que nos permitirán luchar para rescatar la razón de los enemigos de la verdad». Y dirá también que «millones de personas han sacrificado su vida para que tus hijos y los míos puedan vivir en sociedades libres. Y, sin embargo, hoy en día la mayoría de la gente no está dispuesta a decir lo que piensa, por si un conocido deja de ser su amigo en Facebook. Habría que añadir la cobardía a la lista de los siete pecados capitales. No hay forma de participar en la gran batalla de las ideas por el alma de Occidente sin enfrentarse a ninguna amenaza».
Pondré más párrafos del libro en días sucesivos.
Gal Saad. La mente parasitaria: Cómo las ideas infecciosas están matando el sentido común (Parasitic Mind: How Infectious Ideas Are Killing Common Sense, 2020). Barcelona: Deusto, 2022; 272 pp.; trad. de Verónica Puertollano López; ISBN: 978-8423433285. [Vista del libro en amazon.es]




























