Seguridades elegantes

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En la biografía de Roy Campbell de la que hablé, se menciona una carta de Virginia Woolf descalificando a T. S. Eliot cuando tuvo noticia de su conversión, a la que también se refiere Jiménez Lozano en un apunte de sus diarios. Habla de que Virginia Woolf tuvo una entrevista con Canetti en la que le decía: «“Pobre y querido Tom, de quien bien puede decirse que, de ahora en adelante, ha muerto para nosotros”, y explicó a Vanessa Bell: “Quiero decir que hay algo obsceno en que una persona viva se siente junto al fuego y crea en Dios”. Y —sigue Jiménez Lozano— hoy esto es algo incontrovertible, y forma parte del ideario progresista cosmopolita. Pero un cristiano, decía Kierkegaard, se pone a la puerta de su casa a fumar su pipa y a ver pasar el mundo con todas estas historias. Y Kierkegaard, desde luego, admiraba la honestidad intelectual y moral de un ateo serio en un ámbito de cristiandad más bien fácil. Los agnosticismos y otras seguridades elegantes como las de “los Bloomsbury” son mucho más fáciles y no precisan seriedad alguna». Esto de las seguridades elegantes, por cierto, es también una idea del diálogo que mantienen Negro y Blanco.

José Jiménez Lozano. Los cuadernos de Rembrandt (2010). Valencia: Pre-Textos, 2010; 233 pp.; ISBN: 978-84-92913-52-7.

 

27 abril, 2012

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