Cosas que sólo se alcanzan con la sencillez

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A propósito de las descripciones de la naturaleza explica Chéjov que «deben dejarse a un lado lugares comunes del tipo: “El sol poniente, sumergiéndose en las olas ya oscuras del mar, inundaba de un oro purpúreo, etc., etc.”, “las golondrinas, volando sobre la superficie del agua, piaban alegremente”». Un suceso de efecto fuerte, como un destello de relámpagos lejanos, basta «con recordarlo una sola vez, como de pasada, sin subrayarlo, de otro modo la impresión se debilita y se destruye el estado de ánimo del lector».

El autor ruso dice también que «hay que fijarse en los pequeños detalles y reagruparlos de tal manera que el lector, cerrando los ojos, vea el cuadro delante de él. Por ejemplo, podré comunicar la impresión de una noche de luna si escribo que en el dique del molino un casco de botella centelleaba como una radiante estrella y la sombra de un perro o de un lobo rodaba como una peonza, etc. La naturaleza aparece animada siempre que no se recurra a comparaciones entre sus manifestaciones y las acciones humanas».

En otro momento indica que se ha de evitar el antropomorfismo, asimilar la naturaleza al hombre, como cuando se afirma que «el mar respira, susurra, habla, está desconsolado, etc.; esas asimilaciones hacen las descripciones bastante monótonas, unas veces empalagosas y otras oscuras; en las descripciones de la naturaleza el color y la expresión se alcanzan sólo con la sencillez, con frases sencillas del tipo “el sol se puso”, “empezaba a oscurecer”, “llovía” y otras por el estilo».

Antón Chéjov. Sin trama y sin final: 99 consejos para escritores.

 

14 abril, 2007
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