Máximas, de La Rochefoucauld

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Máximas, de La Rochefoucauld

Me ha gustado leer las Máximas de La Rochefoucauld, no sé si a pesar de o debido a su cinismo. Tal vez también por ver que, a fin de cuentas, el ingenio de salón y las sonrisillas de superioridad al final acaban en nada, pura espuma. He situado, eso sí, el origen de frases como «la hipocresía es un homenaje que el vicio tributa a la virtud», o la de que «es una gran inteligencia saber ocultar la inteligencia», y he reparado, como dice Carlos Pujol, en cuál es la condición «sine qua non» de la elegancia irónica: que el primer blanco ha de ser uno mismo.

También he visto la enorme diferencia del francés con Gracián, que Carlos Pujol explica del siguiente modo: «La Rochefoucauld es más imprevisible, más acicalado y elegante. Gracián es más original, más fuerte y más profundo. Es la archisabida distinción entre el gusto y el genio». Y, en el remate, las instrucciones de ambos se oponen de modo radical: «no hay virtud, ha repetido incansablemente el duque, “la virtud es cosa de veras, lo demás de burlas”, nos dice Gracián en el último aforismo, el que lleva el número trescientos. Las Máximas concluyen con una reflexión sobre la muerte, como punto final, y Gracián termina cifrando en la santidad todas las perfecciones dichas: “En una palabra, santo, que es decirlo todo de una vez”».

François de la Rochefoucauld. Máximas (1678, 1693). Barcelona: Edhasa, 1994; 166 pp.; introd., trad. y notas de Carlos Pujol; epílogo de Giovanni Maccia; ISBN: 84-350-9132-5.
Baltasar Gracián. El arte de la prudencia – Oráculo manual (1647). Madrid: Temas de Hoy, 1994, 3ª ed.; 184 pp.; col. Clásicos; ed. de José Ignacio Diez Fernández; ISBN: 84-7880-346-7.

 

7 septiembre, 2008
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