Máquinas mortales 2: El oro del depredador

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Máquinas mortales 2: El oro del depredador

Como ya dije, en su momento leí Máquinas mortales, la primera entrega de una serie de cuatro novelas de ciencia-ficción de Philip Reeve. Como durante 2018 se estrenará la primera película de la serie, producida por Peter Jackson, se han vuelto a editar en castellano esa novela y la siguiente, El oro del depredador, que yo he leído ahora. Para disfrutarlas es necesario tener una conexión particular con el género, que tiene algo de steampunk pero que es más de aventuras vernianas o wellsianas más sofisticadas. Sea como sea, no hay duda de que las posibilidades cinematográficas de hacer unas películas vistosas son muchas.

Ambas tienen tramas con multitud de personajes y de incidentes, se desarrollan en el siglo 30, cuando las cosas funcionan de otra manera debido a una terrible guerra del pasado que lo cambió todo. Las dos son también típicamente posmodernas, tanto en la multitud de guiños a relatos y sucesos del pasado como en los resortes que se pulsan para buscar conexiones con los lectores de ahora. Lo característico es que las ciudades se desplazan de un lugar a otro y, para sobrevivir, según la doctrina del Darwinismo Municipal, se comen unas a otras.

El principal protagonista es un joven aprendiz de tercera clase del Gremio de Historiadores, Tom Natsworthy que, después de salvar la vida al famoso historiador y explorador Thaddeus Valentine y ganarse así la admiración de su hija Katherine, sin embargo tendrá que acabar huyendo con quien intentó asesinar a Thaddeus, una chica con la cara desfigurada llamada Hester Shaw. Antes, a lo largo de la historia Tom había ido comprendiendo mejor la situación y las razones de la Liga Anti-Tracción para oponerse al poder establecido; también, ocultamente, con la colaboración del Gremio de Ingenieros, el alcalde de Londres tenía malvados planes de conquista de otras ciudades.

El oro del depredador comienza cuando, después de que Londres ha sido destruida, Tom Natsworthy y Hester Shaw, ahora más que amigos, están viajando por el mundo y se dedican a comerciar con su nave. Son engatusados por un famoso escritor bocazas, llamado Pennyroyal, que dice ser historiador alternativo, y acaban en Anchorage, una ciudad gobernada por la joven margravina Freya Rasmussen. Cuando Hester se pone celosa por la amistad entre Tom y Freya, provoca que la gran ciudad depredadora de Arkangel comience a perseguir Anchorage, que se dirige hacia el continente muerto de América. Entran en acción nuevas facciones y, entre ellas, son importantes unos piratas jóvenes, los Muchachos Perdidos, dirigidos por un personaje al que llaman el Tío (como los ladronzuelos dirigidos por Fagin en Oliver Twist).

Los personajes pasan por situaciones emocionalmente inimaginables, como suele ocurrir en estas novelas. No faltan escenas de violencia y muerte, junto con otras propias de comedieta (como las que protagonizan Pennyroyal y un confidente un tanto patético), y, aunque el héroe principal se caracteriza por ser bondadoso y amable, lo cierto es que se dan por buenas algunas acciones más que discutibles de los héroes y sus amigos: el fin parece justificar los medios. La narración tiene calidad: es clara —las explicaciones de lo imposible, como es lógico, no se dan—; es sugerente —podemos imaginarnos el curioso funcionamiento de las ciudades que se desplazan de un lugar a otro—; aprovecha las imaginaciones ya cargadas de los lectores —después de tantas películas de ciencia-ficción a nadie le sorprende un mundo de naves aéreas o submarinas que van y vienen—; y abundan las sorpresas argumentales —personajes que no son lo que parecen, traiciones y arrepentimientos, motivos mezclados de unos y otros—.

Philip Reeve. Máquinas mortales (Mortal Engines, 2001). Madrid: Espasa, 2005; 320 pp.; trad. de Federico Eguiluz; ISBN: 84-670-1830-5. Nueva edición en Alfaguara, 2017; 368 pp.; ISBN: 978-8420486284. [Vista del libro en amazon.es]
Philip Reeve. El oro del depredador (Gold’s Predator, 2007). Madrid: Espasa, 2005; 345 pp.; trad. de Federico Eguíluz; ISBN: 846701959X. Nueva edición en Alfaguara, 2017; 336 pp.; ISBN: 978-8420486390. [Vista del libro en amazon.es]

18 enero, 2018
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