Amor entre los padres

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«Mi padre tenía una maravillosa confianza en la vida, una inquebrantable alegría de vivir y una consoladora certeza de una continuación de la existencia en el Más Allá, por lo que ni siquiera la muerte de [mi madre] Hanna le pudo quebrantar.

Continuó amándola, y no cesaba de hablar de ella y ensalzar sus virtudes. Aún lo hacía cuando contaba noventa y cuatro años y yacía animoso y contento y en su lecho del hogar para ancianos que fue su postrera morada en el mundo.

—¡Qué madre tuviste tú, hija mía! —me dijo la última vez que le visité.

Desde luego, estaba en lo cierto. ¡Y qué padre me tocó en suerte, además! Un padre con un corazón maravillosamente fiel y que no dejó de amar hasta su propia muerte».

Astrid Lindgren. Mi mundo perdido.

9 diciembre, 2007
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