Jueves santo

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En el prólogo a la Obra crítica del escritor dominicano Pedro Hernández Ureña (Fondo de Cultura Económica, 1981), Borges hacía dos comentarios interesantes. Uno, que, a diferencia de otros libros religiosos o de pensamientos, en los Evangelios no hay frases oscuras o triviales de las que, leídas al pasar el tiempo, nos parecen incompatibles con la fama y el peso del libro. Otro, una mini-anécdota, histórica o simbólica, «del judío que fue al pueblo de Mezeritz no para escuchar al predicador sino para ver de qué modo éste se ataba los zapatos. Evidentemente, todo era ejemplar en aquel maestro, hasta los actos cotidianos. Martin Buber, a quien debemos esta anécdota singular, habla de maestros que no sólo exponían la Ley sino que eran la Ley».

24 marzo, 2005

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