Sensatez contra enloquecimiento

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Entre las manifestaciones de independencia intelectual de Hannah Arendt, aparte de que fumaba puros en público, vaya escándalo, estuvo también su rechazo a ser alineada dentro de los movimientos feministas de su época.

Así, escribía en una carta de 1970: «En junio regreso a Nueva York, donde he de perder tiempo en doctorados honoris causa, de los cuales he recibido cinco este año —una inflación debida al movimiento feminista totalmente enloquecido. El año que viene probablemente les tocará a los homosexuales».

Y, en otra ocasión, respecto al diálogo con sus estudiantes, decía: «estas chicas talentosas lo tienen difícil, tanto más cuanto menos se muestran dispuestas a reflexionar en serio sobre las cuestiones de la mujer, que han sido bastante desordenadas entre otras cosas por el movimiento feminista. Aquí toda esta tontería vuelve a ponerse en marcha en relación con los movimientos de liberación, y las estudiantes te preguntan cómo se hace para seguir siendo queridas por los hombres. Entonces, cuando les dices que cocinando bien, que el trabajo no deshonra, etcétera, se quedan pasmadas».

En fin, siempre hay cosas de sentido común que, cuando las dice alguien no sospechoso, suenan mejor.

Teresa Gutiérrez de Cabiedes. El hechizo de la comprensión: vida y obra de Hannah Arendt (2009). Madrid: Encuentro, 2009; 454 pp.; prólogo de Alejandro Llano; ISBN: 978-84-9920-002-6.

 

27 febrero, 2011
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