KHADRA, Yasmina

Autores
 

Seudónimo del escritor argelino Mohamed Moulessehoul. 1955-. Nació en Kenasda. Fue comandante del ejército argelino. Después de publicar, con seudónimo de mujer, varias novelas sobre la corrupción y la guerra civil que asola su país, se dio a conocer con su verdadero nombre cuando publicó El escritor.


El escritor
Madrid: Alianza, 2008; 264 pp.; col. Alianza Literaria; trad. de Santiago Martín Bermúdez; ISBN: 978-84-206-4473-8.

En 1964, el pequeño Mohamed es llevado por su padre al cuartel escuela de El Mechuar. Salvo esporádicas incursiones hacia el futuro, el narrador contará paso a paso su propia historia durante trece años: primeros años en El Mechuar, sufrimiento por el divorcio de sus padres y por las vejaciones que sufre su madre, crecimiento de una irreprimible vocación literaria, traslado posterior a la escuela superior de Kolea, enfrentamientos con compañeros y superiores, decisión final de continuar en el ejército cuando terminan los años de academia.



Al poner en orden los recuerdos de su vida, el autor reflexiona sobre los ambientes en los que nace y crece. Quizá suenan excesivos algunos desbordamientos poéticos y el énfasis en el poder de la literatura, de la que se habla como «esa sublime caridad humana», «el último reducto de nuestra salvación»… Pero en cualquier caso, tanto desde una perspectiva personal como desde un punto de vista de retrato social, el relato tiene fuerza y transmite dolor, desgarro, e idealismo juvenil.

Un hilo argumental es la historia familiar. Sufrimiento ante la separación de los padres, opción por la madre y endurecimiento ante su padre, perdón final a su padre después de una magnífica exhortación de su tío en la que le pide que no sea rencoroso: «Si Dios creó al hombre a su imagen fue para que aprendiera a perdonar».

Otro lo forman los incidentes de la vida colegial-militar. Hay algunos magníficos retratos y parlamentos, como los del sargento jefe Okkacha, y vívidas escenas de peleas físicas con compañeros y dialécticas con profesores: «Tienes una cabeza para llenar el casco, no para dártelas de ingenioso», le dirá uno de sus jefes.

Pero el más importante sin duda es el proceso de maduración del protagonista. A lo largo del relato asistimos a las decisiones que va tomando para su comportamiento futuro y, sobre todo, al crecimiento de una vocación literaria que se afianza en la soledad y con la lectura incansable de todos los libros a su alcance —«cada título me proporcionaba una grieta a través de la cual me escapaba» dirá—, que le hacen soñar con llegar a ser como Mouloud FERAOUN y Taha HUSEIN, entre otros.


3 agosto, 2012
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