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TELLEGEN, Toon

Mi padre plantea cómo un niño vence sus temores y adquiere seguridad en sí mismo si percibe a su padre como un apoyo inconmovible. Mientras la realidad va imponiéndose, esa necesidad adquiere unas dimensiones colosales en el mundo interior del niño. El autor reproduce, con un estilo cortado y sencillo, el hilo de las fantasías e ideas de un niño sobre su padre. Cada ilustración encabeza una situación posible, imaginaria o real, que suelen comenzar de un modo semejante. Un ejemplo:

«Mi padre y yo fuimos de viaje con una tienda de campaña» […]. «Cada vez nos metíamos más en la selva. Vimos gorilas, cebras, jirafas y leones.

—¡Hola león! —gritó mi padre al león.

El león contestó algo con un rugido.

Eso significa:

—Hola padre de Jozef —dijo mi padre».

De vez en cuando, el narrador puede dejarse llevar por sus propias ideas, y hacernos notar, por ejemplo, que «los pensamientos son las cosas más raras que existen, de eso estoy seguro. Pueden estarse quietos, irse corriendo, pueden saltar estupendamente y enroscarse. Y tú puedes simplemente hundirte en ellos como si fueran de barro. Y también están hechos de eso a veces. Y otras son duros como una piedra, o son de aire».

Tienen otro tono los relatos de Cartas de todos para todos, que se basan en alguna carta que un animal escribe a otro, u otros, y que recogen momentos de reflexión y de convivencia, con simpatía y un buen humor que tiene también esos toques propios de una posmodernidad que se ríe de sí misma y de su propia confusión.

Un ejemplo es «Querida carta». En él se dice que la ardilla quiere escribir una carta pero no sabe a quién hasta que «frunció las cejas y se preguntó de pronto: “¿Y no podría escribirle una carta a la carta?”

Era un pensamiento un poco raro. Como tocarse el hombro durmiendo y decir: “Ardilla, ardilla, no duermas…”

Sus pensamientos rechinaban y tropezaban entre sí».

Otro ejemplo es «Las cartas del topo». Este está quejoso porque no recibe cartas:

«“Solo hay una persona que quiera escribirme —pensó—. Y ése soy yo mismo”.

Y así, en la oscuridad profunda de la tierra, se escribió a sí mismo una carta tras otra.

Apreciado topo:

Te echo de menos.

El topo.»

Otro más es «Las memorias de la hormiga»:

«“Ser hormiga, en el fondo, es algo contradictorio”, pensó. No estaba segura si era verdad, pero le resultó un pensamiento bonito y, meditabunda, se recostó en la silla frente a la ventana».

Las imágenes, que recuerdan a Babar [1] ya desde la cubierta, encajan muy bien con el tono amable de las historias.

Cuando un padre se enfada

Es ilustrativo leer los comentarios de Jozef cuando percibe situaciones conflictivas:

«Mi padre estaba enfadado.

Le salían chispas por los ojos y la mesa y las sillas se incendiaron.

Mi madre corría de un lado a otro con cubos de agua para apagar el fuego.

Entonces se le pasó el enfado. Pero ya no quedaba nada de las sillas […].

Mi padre lloraba.

—Sí, sí —dijo mi madre—: Lágrimas de cocodrilo.

Eran lágrimas enormes.

Yo estaba sentado en el poyete de la ventana y las lágrimas que rodaban por sus mejillas eran cada vez más grandes. Había una lágrima en la que podrías haber hundido la cabeza, una lágrima en la que podrías haber viajado con una barca de remos, una lágrima sobre la que habrías podido navegar con un barco de vela y en la que el sol se escondía como una bola roja.

Ahora estoy exagerando, lo sé perfectamente […].

También puede estar muy triste y apenado.

Cuando está así nos salimos de puntillas de la habitación.

—Chist —dice mi madre en voz baja—. Está apenado.

Entonces toda la casa está triste. Las sillas se marchitan. Lo que quiero decir es que todas las cosas se ponen tristes también: los tenedores, los cuchillos. Si abres el grifo cae agua triste en el fregadero.

Y si mi padre está contento, los cuadros se tronchan de risa en las paredes, y a veces se caen.

Entonces la mesa aplaude con sus patas.

Bueno, bien. Yo sólo quería dejar claro que mi padre lo puede todo: estar enfadado, estar apenado, estar contento y también ser muy normal a veces».

Otro libro: ¿No hay nadie enfafado? [2], con ilustraciones de Marc BOUTAVANT [3].