FOLE, Ánxel

Autores
 

Escritor español. 1903-1986. Nació y falleció en Lugo. En 1927 inició Derecho y Filosofía y Letras, carreras que no llegó a terminar. Colaboró en revistas y periódicos. Pasó la guerra escondido. Al terminar, vivió en las comarcas de La terra chá, O Incio y O Caurel, que serán el escenario de la mayoría de sus relatos posteriores.


De cómo me encontré con el demonio en Vigo y otros cuentos
Madrid: Trama, 1997; 180 pp.; col. Largo recorrido; trad. de Miguel Hernández Sola; ISBN: 84-89239-05-3.

Veinticuatro cuentos de miedo, donde hay apariciones y destinos trágicos, bailes de fantasmas y brujas que siempre aciertan, misterios y premoniciones, borrachines folclóricos y bromas fúnebres… Están extraídos de A lus do candil (1953) y Terra Brava (1955), las primeras selecciones de cuentos del autor que van en la línea de sus admirados Conan DOYLE y POE, y de otras publicadas más tarde que se titularon Cuentos de la niebla (Contos da Néboa, 1973) e Historias que nadie cree (Historias que ninguén cre, 1981), donde abundan misterios parapsicológicos y relatos urbanos.



Ánxel Fole, seguidor de los cuentistas rusos del XIX, habla de su estilo en el breve «umbral» que precede a esta selección: oralidad —«a mí, los cuentos que más se me acomodan para escribir son los que siguen guardando mucho de cuento contado, cuando se van sucediendo los párrafos»—, sabor local —«siempre me obstiné en escribir en gallego que fuese hablado. Y conservar su fonética, no alterarla en la escritura»—, paisaje —«la literatura debe tener, como la vida misma, meteorología»—… El humor socarrón del autor lucense asoma de continuo al describir sucesos, ambientes y personas, o al hacer comentarios interpretativos, con los que quiere desbordar lo real con lo fantástico y subrayar los efectos benéficos del miedo: véanse los crímenes de Xes de Restrepo, «el inventor del asesinato psicológico fulminante» en Una muerte sin rastro; o el comentario del Cacharulo de Campos de Vila que, cuando le hablan de lo salutífero que es el vino, apostilla que «y también el miedo: el miedo, a veces, da salud» (¡Caronte!).


26 octubre, 2011

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