El hombre que salvó los cerezos
Me hablaron bien de, y leí hace unas semanas, El hombre que salvó los cerezos, de la japonesa Naoko Abe, un libro atractivo por su singularidad. Por un lado, es una biografía de Collingwood Ingram, un botánico y ornitólogo inglés, con el telón de fondo de las historias de la Inglaterra en la que vivió, a finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, y de la del Japón de los últimos siglos. Es, también una explicación pormenorizada de los distintos tipos de cerezos que hay, los frutales y los ornamentales, y de cómo la mayor parte de las variedades de cerezo ya conocidas y otras nuevas hibridadas por Ingram, acabaron en su finca inglesa The Grange. Y es, además, una explicación cómo la flor del cerezo llegó a ser la favorita del pueblo japonés y una especie de emblema de su carácter y de su patriotismo; un proverbio del siglo XVII que figura en la muy popular Los cuarenta y siete samuráis dice que «la flor del cerezo es la primera de las flores como el samurái es el primero de los hombres»; en Japón se celebran anualmente los hanami, fiestas de contemplación del cerezo florido.
Cuenta la autora que, «a finales de la década de 1880, más del 30 por ciento de todos los cerezos de Tokio eran de la variedad Somei-yoshino. Millones de ejemplares más se plantaron por todo el país tras la victoria nipona en la guerra contra Rusia de 1905 y para celebrar el ascenso al trono del emperador Taisho en 1912 y del emperador Showa (Hirohito) en 1926. Las demás variedades fueron olvidadas y algunas desaparecieron». Cuando Ingram se dio cuenta de esta situación, se dedicó a conseguir esquejes de todas las variedades de cerezos que pudo, las llevó a Inglaterra y las plantó en The Grange de modo que, a principios de la década de los treinta, su finca se convirtió en «una especie de oficina de correos donde (…) se recibían y enviaban semillas y esquejes a un creciente número de horticultores de Japón y Estados Unidos». Ingram tuvo éxito también en la creación de nuevos híbridos que se difundieron por todo el mundo.
Ingram, «como muchos colegas jardineros de Reino Unido», estaba influido por William Robinson, un irlandés autodidacta cuyos dos superventas The Wild Garden (1870) y The English Flower Garden (1883) eran un canto al esplendor y la supremacía de la naturaleza. También lo estaba, como muchos en Occidente, «por las vivísimas descripciones de las flores del cerezo que hizo el periodista Lafcadio Hearn (…) que realmente cautivaron la imaginación del público occidental y contribuyeron a borrar los prejuicios relativos a la necesidad de que el árbol diese frutos comestibles». Hacia el final de su vida, Ingram publicó «una monografía de 295 páginas titulada Ornamental Cherries, que recogía los artículos que había publicado para la Real Sociedad de Horticultura en 1925, 1929 y 1945, más otros apuntes. Nada más publicarse, en 1948, se convirtió en la guía definitiva sobre el tema en lengua inglesa».
La narración explica que «las flores de cerezo han representado ideas encontradas a lo largo de la historia de Japón. Primero fueron símbolos de vida, alegría, vigor y paz, pero la literatura japonesa también las asociaba con la fugacidad de la belleza y la transitoriedad de la existencia, a causa de su corta vida. Esta percepción de brevedad evocaba imágenes de muerte. Sin embargo, al mismo tiempo, los cerezos simbolizaban el renacimiento, porque florecían año tras año. Como todas estas imágenes coexistían en la mente de los japoneses, estos no advirtieron que el acento pasaba de la vida a la muerte». Esto llegó a su culmen cuando, durante la segunda Guerra Mundial, a los soldados japoneses se les decía que debían estar dispuestos a caer y morir como caen y mueren los pétalos de los cerezos… Ingram nunca manifestó lo que pensaba de esa «ideología del cerezo» que fomentaba el culto al emperador y había llevado al país a la Guerra del Pacífico.
Naoko Abe. El hombre que salvó los cerezos (Cherry Ingram: The Englishman who saved Japan’s Blossoms, 2019). Barcelona: Anagrama, 2021; 722 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de Juan Manuel Salmerón Arjona; ISBN: 978-8433942876. [Vista del libro en amazon.es]
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