Unas pinceladas más de la biografía de Edith Stein [1]:
—Un comentario sobre su infancia que ya mencioné al hablar de Estrellas amarillas [2]: «Toda la familia me definió desde la más tierna infancia por dos cualidades, se me reprochaba (con toda razón) el ser ambiciosa y también se me llamaba la “lista” Edith. Ambas cosas me dolían mucho. La segunda porque yo interpretaba que lo decían pensando que yo me lo creía y, además, me parecía que se indicaba que solamente era lista. Desde los primeros años de mi vida yo sabía, por otra parte, que era más importante ser bueno que listo».
—Otro comentario que hace, a propósito de que un colega, cuando se despide de ella, le dice: «Bien, le deseo que encuentre en Gotinga gente que le satisfaga. Aquí ha sido usted demasiado exigente y crítica», es el siguiente: «Cuando se está entusiasmado por el bien, cree uno que es bueno. Yo había considerado siempre como justo derecho mío el señalar despiadadamente con el dedo todo lo negativo de cuanto advertía; las debilidades, errores y faltas de otras personas; a menudo en tono irónico y despectivo. Había quienes me encontraban “encantadoramente maliciosa”».
—Son muy interesantes los consejos que da en sus cartas. A una de sus estudiantes, que le había enviado un regalo, le aclara: «A mí al menos siempre me resulta un poco doloroso el que una obra de caridad sea pagada con un don material. El cristiano dice: que Dios se lo pague. Y si lo dice de corazón, esto vale más que cualquier otro agradecimiento». A otra le aconseja «poner “a dieta” a su intelecto: “Rezar más y leer menos, así como discutir lo menos posible con otras personas”». A otra, un tanto acomplejada, le pregunta: «¿Tienes entre tus libros de infancia los cuentos de Andersen [3]? Vuelve a leer de nuevo la historia del patito feo [4]. Creo en tu futuro de cisne. No tomes a mal a los otros, si por ahora no son capaces de descubrir nada, y no te amargues la vida por ello».
—«No es necesario que al final de nuestra vida lleguemos a una prueba convincente de la experiencia religiosa. Pero sí es necesario que tomemos una decisión a favor o contra Dios. Esto es lo que se nos exige: decidirnos sin una prueba de garantía. Ese es el gran desafío de la fe. El camino va de la fe a la visión, no al revés. […] Donde falta la propia experiencia, uno debe apoyarse en testimonios de homines religiosi. De esto no hay escasez. Según mi modo de entender, los más impresionantes son los místicos españoles Teresa de Jesús y Juan de la Cruz».
—«Estoy convencida —no solo desde el punto de vista religioso, sino también filosófico— de que hay cosas que están más allá de los límites de las posibilidades naturales del conocimiento. La filosofía, entendida como ciencia del conocimiento puramente natural, (…) justamente por ello puede reconocer estos límites. En consecuencia, respetar los límites es filosóficamente consecuente, y querer averiguar algo que está más allá de esos límites con medios puramente filosóficos es contradictorio».
Irene Chikiar Bauer. Edith Stein: judía, filósofa, santa (2024), Madrid: Taurus, 2025; 768 pp.; ISBN: 978-8430628001. [Vista del libro en amazon.es [5]]