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BROWNE, Anthony

La trayectoria de Browne como autor de álbumes ilustrados tiene gran coherencia. De todos sus álbumes puede decirse que tienen calidad gráfica y argumental aunque, a veces, tiende a poner demasiadas alusiones con lo que sus relatos adquieren un carácter posmoderno que resulta excesivo para el lector pequeño.

Cuenta sus historias con unas ilustraciones figurativas, todas con mucho colorido, unas más realistas como las de Gorila y otras algo más caricaturescas como las de Osito. En el conjunto de su producción ha desarrollado una querencia grande hacia unos característicos protagonistas simios, como su popular Willy y Voces en el parque, aunque también tiene álbumes con personajes humanos como El libro de los cerdos, El túnel, Cambios o Ramón preocupón. Es admirador del pintor surrealista belga René Magritte, por lo que suele sumar a sus imágenes detalles irreales para conseguir efectos paradójicos que crean un aire «mágico». También las «carga» de referencias cultas, que añaden sabor a quien las reconoce pero que, normalmente, no dificultan seguir la historia: la habitación de José Kaf, por ejemplo, es la misma de un famoso cuadro de Van Gogh; en el recorrido del osito se descubren elementos de cuentos tradicionales…

Además de sorprender con las ilustraciones, Browne tiene un fondo irónico de distinto calado. Puede ser suave y bromista, como en los dos de Osito, donde anula la supuesta agresividad que se atribuye a ciertos animales, o también en Cambios, donde juega con la desorientación del protagonista. Puede ser feroz, como en El libro de los Cerdos, aunque aquí resuelve positivamente la historia, igual que hace al terminar amablemente las tensiones de El túnel; o muy incisivo y dejar abierto el desenlace, como en Voces en el parque, un álbum magnífico de crítica social.

De El túnel se puede apuntar cómo, con las guardas del comienzo y del final se condensa la evolución feliz de los personajes y uno de los núcleos emocionales del relato: el cambio interior del chico; también que, con las imágenes de portada y contraportada, se subraya un mensaje que, como tal, la narración con palabras no menciona explícitamente: al ver el libro abierto que parece iluminar a la protagonista cuando se adentra en el túnel, y contraponerlo a la misma imagen pero del libro cerrado en el suelo de la entrada oscura y amenazadora del túnel, podemos suponer que de su condición de lectora es de dónde proviene la capacidad de la chica para sobreponerse a sus temores. Además, son interesantes los paralelismos de la historia con la de Donde viven los monstruos [1]: que a la madre se la menciona pero no se la muestra, que la acción comienza con una riña suya a los dos hermanos protagonistas y termina cuando les pone de comer una vez que se han reconciliado.

De Voces en el parque hay que subrayar la brillantez y originalidad del planteamiento de contar cuatro veces el mismo incidente: la tipografía refleja el distinto tono de los relatos (el carácter aplastante, inseguro, tímido, alegre de quien en cada caso cuenta), el modo de narrar también muestra sus actitudes ante la vida (la señora habla de su perra de raza labrador Victoria, el hombre sólo habla de su perro, el niño habla de la perra y no le da nombre, la niña sí nos dice que su perro se llama Alberto), y las luces y las perspectivas de las ilustraciones también revelan los distintos estados de ánimo y las diferencias de cada visión de lo sucedido: por ejemplo, basta ver la sombra dominante de la madre sobre su hijo para entender la personalidad encogida del chico.

En cuanto a los contenidos, Browne presenta con sutileza gráfica y argumental distintas posibilidades de relaciones familiares, como ya se ha indicado en Gorila, El libro de los cerdos, El túnel, Cambios, Voces en el parque. También tiene una sobresaliente capacidad para entrar en el mundo interior de ilusiones y temores de un niño, como demuestran Gorila, la serie protagonizada por Willy y un álbum más sencillo que otros, pero eficaz, como Ramón preocupón, basado en una costumbre popular guatemalteca.

Otros álbumes

Por razones de calidad gráfica y de interés argumental se podrían mencionar más álbumes de Browne, como En el bosque [2], comentado hace tiempo en una nota.

Además, otros son:

—su versión particular del cuento de los hermanos Grimm [3] Hansel y Gretel (1989); León: Everest, 1982; 31 pp.; col. Libélula; trad. de Begoña Mateos Rodríguez; ISBN: 84-241-5364-2.

Mi papá (My Dad, 2001) y Mi mamá (My Mum, 2005), en los que presenta la visión entusiasta e imaginativa que un pequeño narrador tiene de su padre y de su madre; México: Fondo de Cultura Económica, 2002, 2005; 26 pp.; col. Los especiales de A la orilla del viento; trad. de Carmen Esteva; ISBN: 968-16-6443-4, 968-16-7375-1.

Los tres osos [4].

¿Cómo te sientes?

Zoológico [5].

Los cuentos de Willy [6].

Ernesto, el elefante [7].

Bibliografía:
—Entrevista de Maite Ricart a Anthony Browne. Revista CLIJ, n. 141, IX-2001.
—Douglas Martin. The Telling Line – Essays on fifteen contemporary Book illustrators. Londres: Julia MacRae Books, 1989; 320 pp.; ISBN: 0-86203-333-0.
—Anthony y Joe Browne. Jugar el juego de las formas: una retrospectiva de la vida y obra del laureado creador de Willy [8] (Playing the Shape Game, 2011). México: Fondo de Cultura Económica, 2011; 240 pp.; trad. de María Vinós; ISBN: 978-956-289-089-2.