Nuestra mirada ciega ante la luz (1)
De los libros de Gustave Thibon que conozco, tal vez sea Nuestra mirada ciega ante la luz el más rico y sugerente: tenía ese recuerdo de cuando leí varios libros suyos, hace años, y lo he confirmado ahora, cuando ha salido una nueva edición. En él se desgranan reflexiones filosóficas normalmente cortas sobre distintas cuestiones: el amor, la fe, la libertad, el tiempo y la eternidad, la muerte… A veces son como aforismos, a veces son simples párrafos, otras son más largas; en ellas son muchas las referencias a escritores franceses, bastantes contemporáneos suyos.
El autor afirma que su «deseo no es tanto aportar una enseñanza como suscitar un diálogo». Dice que «de ambicionar como maestro algún tipo de autoridad, sería la de hacer pensar. Y no necesariamente en la misma dirección en que yo pienso. Prefiero una viva oposición a una aprobación muerta». El título tiene que ver con que, afirma Thibon, «se puede clarificar siempre lo que es oscuro: solo la luz guarda su propio misterio, solo la transparencia es impenetrable. Los místicos no se equivocan: la verdadera noche es la luz». Y con que, dice también, «hemos de evitar la confusión idolátrica de los objetos iluminados con la luz que los inunda, porque, al término de nuestras decepciones, llegaríamos a la negación de la luz misma».
Pondré más citas en los próximos días. Ahora, dos párrafos que indican un poco el talante del autor: sus deseos de comprender y de llegar al fondo de autores a los que, con frecuencia, muchos descalifican.
—«”¿Nietzsche…? Es un enemigo de Dios, un apologista de la fuerza bruta”, me decía cierto respetable crítico, volviendo a esgrimir, uno tras otro, todos los clichés antinietzscheanos. Y cuando yo le presenté algunos textos que aportan datos en sentido contrario, me dijo triunfalmente: “Relea su obra entera, y verá cuántos textos ‘impíos’ predominan sobre los otros en número y extensión”. Esta manera de juzgar a un filósofo “al peso” muestra una tosquedad de criterios que me desconcierta; como si determinadas frases —¿qué digo?, una simple reticencia, una concesión, algo que se da por sobreentendido— no fueran a menudo mucho más reveladoras del pensamiento secreto de un hombre, que una larga exposición coherente y dogmática».
—«Un solo pensamiento de La Rochefoucauld: “Si hay un amor puro y exento de la mezcla de nuestras restantes pasiones, es el que se oculta en el fondo de nuestro corazón y que nosotros mismos ignoramos”, nos hace entrever, bajo la máscara del pesimismo, el verdadero rostro del autor de las Máximas».
Gustave Thibon. Nuestra mirada ciega ante la luz (Notre regard qui manque à la lumière, 1955). Madrid: Rialp, 2026; 264 pp.; col. Pensamiento actual; trad. de Julián Urbistondo; ISBN: 978-8432175305. [Vista del libro en amazon.es]
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