Las tempestálidas (1)

Las tempestálidas (1)

Las tempestálidas, de Gueorgui Gospodínov, una narración con aires de distopía, tiene como personajes principales al narrador y al enigmático flâneur llamado Gaustín, ya mencionado en Física de la tristeza. El que podríamos llamar argumento cuenta que Gaustin inaugura en Zúrich una clínica para enfermos de alzhéimer: en ella se reproducen ambientes propios de distintas décadas del siglo XX con la intención de facilitar a los enfermos «una especie de terapia de reminiscencia» que les permitan volver a sus mejores años.

El libro se parece a Física de la tristeza por más que tenga un cierto hilo argumental. Por ejemplo, un rasgo que comparten es el de la nostalgia: «Se avecinan tiempos en los que cada vez más personas desearán cobijarse en la cueva del pasado, volver atrás. Y no por buenas razones, precisamente. Debemos tener preparados los refugios antiaéreos del pasado. Llámalos “cronorrefugios”, si lo prefieres, o “refugios históricos”».

Otro parecido es el de las singularidades del modo de ser búlgaro: «La eterna fatalidad que entraña ser búlgaro, tema este capaz de llenar cualquier pausa incómoda en la conversación. Para un búlgaro, quejarse es como hablar del tiempo en la borrascosa Albión: siempre procede». En otro momento abre un paréntesis para decir que «por lo normal, «apacible» y «búlgaro» no casan del todo bien».

Como allí, abundan las observaciones sugerentes. Así, cuando pasa una nube de insectos «Gaustin los siguió con la mirada y dijo que para nosotros no era más que otra puesta de sol, pero para aquellas efímeras, también llamadas «cachipollas», era el ocaso de sus vidas. O algo por el estilo. Tontamente solté que aquello, bueno, no era más que una metáfora algo gastada. Me miró asombrado, pero no dijo nada. Solo al cabo de unos minutos dijo: Para las moscas no existen las metáforas».

Tampoco faltan numerosos comentarios de tipo literario. Mañana pondré algunos más pero ahora dejo aquí algo que, al final, dice el narrador: «Las novelas y relatos nos brindan una falsa pero reconfortante sensación de orden y forma. Es como si alguien moviera todos los hilos de la acción, conociera el orden y el desenlace, qué escena viene después de qué otra. El libro verdaderamente audaz, tan audaz como desolador, sería aquel en que todas las historias, las que sucedieron y las que no, flotaran en el caos primigenio a nuestro alrededor, donde aullarían y susurrarían, implorarían y reirían, se encontrarían y se perderían en la oscuridad. El final de una novela es como el final del mundo, conviene retrasarlo».

Esta es una reseña que da más pistas.

Gueorgui Gospodinov. Las tempestálidas (Времеубежище, 2020). Logroño: Fulgencio Pimentel, 2022; 408 pp.; trad. de María Vútova y César Sánchez Rodríguez; ISBN: 978-8417617349. [Vista del libro en amazon.es]