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Lo que tiene alas (2)

Uno de los libros que Eduardo Jordá comenta bien en Lo que tiene alas [1] es El Gran Gatsby [2], del que hace notar cuántas deudas tiene con El corazón de las tinieblas [3]. Algunos párrafos son estos:

—«Si la novela hubiera sido narrada en primera persona por el propio Gatsby, su personaje no lograría despertar nada más que desconfianza y desdén. Y si hubiera sido narrada en tercera persona por un narrador omnisciente —como el narrador que cuenta la vida de Ivan Ilich [4]—, habría sido casi imposible crear la aureola de fascinación que en la primera parte de la novela envuelve a los millonarios de West Egg».

—«Scott Fitzgerald se inspiró en la técnica que usó Joseph Conrad [5] en El corazón de las tinieblas [3] (1898) para crear la aureola de misterio que envuelve al agente Kurtz, ya que el malvado y enigmático Kurtz sólo existe en la medida en que es evocado por el hombre que lo trató en el corazón de África, ese capitán Marlow que quedó fascinado y horrorizado por lo que allí vio». Y «la forma gradual en que va apareciendo Gatsby está inspirada por la forma tortuosa en que va apareciendo Kurtz en la novela de Conrad»,

—«En 1928, tres años después de publicar El gran Gatsby, Fitzgerald le escribió una carta a Maxwell Perkins [6] en la que confesaba esta deuda: «Después de todo, Conrad ha sido una influencia saludable en la técnica de la novela». «Por supuesto que esta influencia no disminuye los méritos de Fitzgerald ni lo convierte en un vulgar imitador. Para nada. Gatsby es una gran creación de Fitzgerald en la misma medida en que Kurtz es una gran creación de Conrad. Pero los paralelismos entre El corazón de las tinieblas y El gran Gatsby son incuestionables».

—«En El corazón de las tinieblas se nombra 40 veces a Kurtz antes de que el Kurtz real haga su aparición ante los ojos de Marlow, lo cual crea un efecto magnificador en la mente del narrador de la historia. Gracias a esta técnica, Kurtz cobra unas dimensiones sobrehumanas. Pero cuando Kurtz aparece de verdad ante los ojos de Marlow, no es más que una sombra borrosa tendida en unas angarillas que el capitán Marlow ve a través de unos prismáticos».

—Cuatro méritos de la confección de El Gran Gatsby: uno, que la «técnica de la presentación diferida de Gatsby exige un meticuloso trabajo de construcción narrativa»; otro, que «sabe contar una historia que en su momento era muy reciente como si fuera un asunto muy lejano y ya perdido para siempre en el olvido»; un tercero, que deja en el lector una «sensación de relato inacabado o incompleto»; y un cuarto, que nos habla de una «doble trasformación emocional», la del protagonista, Gatsby, y la del narrador, Nick.

—«El escritor es un hombre que observa lo que ocurre desde la ventana y al mismo tiempo desde la calle: es a la vez quien ve desde la ventana a los paseantes que caminan muchos pisos más abajo, y también quien está en la calle y levanta la vista y se pregunta qué ocurre tras aquella ventana iluminada a la que se ha asomado alguien. Eso es un escritor: el que mira desde arriba y el que mira desde abajo. O dicho de otro modo, Gatsby y Nick, Nick y Gatsby».

Eduardo Jordá. Lo que tiene alas (2014). Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2014; 224 pp.; ISBN: ‎ 978-8496824546. [Vista del libro en amazon.es [7]]