Párrafos de La mente parasitaria [1]. Empiezo por algunos que se refieren al mundo universitario que Gad Saad combate.
—«A medida que progresé en mi educación universitaria, detecté una gran paradoja: las universidades son en la misma medida fuentes de verdades científicas y proveedoras de extravagantes antiverdades». Se podría decir que «el estalinismo ideológico es la realidad cotidiana en los campus universitarios de América del Norte», y que «en Estados Unidos y Canadá las universidades no son ni mucho menos baluartes de la libertad de expresión, sino cámaras de eco para la izquierda». Como consecuencia, esas «universidades son el campo de entrenamiento de la policía del pensamiento políticamente correcto y sus guerreros de la “justicia social”» [Lo que indica esta expresión se explica en Falacias de la justicia social (1) [2] y (2) [3], y en ¿Teorías críticas o cínicas? [4], a cuyos autores cita también Saad].
—Tenemos un problema «cuando los sentimientos secuestran dominios que deberían estar reservados al intelecto. Esto es precisamente lo que está asolando nuestras universidades: los que antes eran centros de desarrollo intelectual se han convertido en refugios para la fragilidad emocional. El lema que mueve a las universidades ya no es buscar la verdad, sino mimar los sentimientos heridos». «La actual generación de estudiantes universitarios (…) se están educando en entornos intelectualmente estériles. No desarrollan el pensamiento crítico, y menos aún la madurez emocional para gestionar los desacuerdos».
—«Todos preferimos hablar con personas que comparten nuestras opiniones: es una parte indeleble de la naturaleza humana. Pero nuestra mente se ennoblece cuando intercambiamos puntos de vista contrarios con respeto. Éste debería ser un enfoque importante en nuestras universidades». Es decir, que «nuestras universidades deberían volver a comprometerse con la búsqueda de la excelencia académica y arrojar las políticas identitarias —y su culto a la «diversidad, inclusión y equidad»— al vertedero de la historia. Nadie debería tener que disculparse por ser blanco, hombre, cristiano o heterosexual, ni sentir “orgullo” por su orientación sexual». «Las universidades deben volver al espíritu meritocrático que una vez tuvieron y resistirse a la mercantilización de la educación y la reducción de los estándares académicos».
—«Las características inmutables no deberían ser motivo de orgullo o vergüenza, y no deberíamos inculcar ni apaciguar el espíritu de la victimización perpetua y la indignación ofendida. Debemos dejar de mimar a los estudiantes y no ceder a las exigencias de alertas de detonante o espacios seguros, ni consentir la estupidez de la “apropiación cultural” o las “microagresiones”. Éstos son conceptos absurdos que sólo incentivan la debilidad y la fragilidad. En su lugar, fomenta un entorno donde se promuevan la fuerza intelectual y emocional».
Gal Saad. La mente parasitaria: Cómo las ideas infecciosas están matando el sentido común (Parasitic Mind: How Infectious Ideas Are Killing Common Sense, 2020). Barcelona: Deusto, 2022; 272 pp.; trad. de Verónica Puertollano López; ISBN: 978-8423433285. [Vista del libro en amazon.es [5]]