Bartolomé de las Casas, crónica de un sueño

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Bartolomé de las Casas, crónica de un sueño

Bartolomé de las Casas, crónica de un sueño atrae menos que las novelas que José Luis Olaizola, dedica a Cortés y a Pizarro: la vida y la personalidad de Las Casas (1474-1566) no son tan vistosas; además, la narración en primera persona contiene muchas disquisiciones, necesarias para comprender al personaje, pero que ralentizan el relato. Este habla de su juventud y sus andanzas primeras en América, de los hechos que le condujeron a combatir algunas injusticias que se cometían contra los indígenas, y termina cuando se produce la que llamaba su segunda conversión, poco después de la cual tomará el hábito de dominico: tenía entonces 38 años y aún viviría 44 más.

El empleo de la primera persona sirve para evitar deslizamientos hacia modos de razonar y expresarnos de hoy. Además, esto es especialmente interesante debido a que se muestra muy bien con qué facilidad los hombres utilizamos buenas razones para malos fines, como las de algunos conquistadores, y malas razones para buenos fines, como las de algunos predicadores. El relato deja claro que si Las Casas era valiente para opinar —y dice mucho de aquella sociedad que se le permitiera hacerlo con tanta libertad—, también era fácilmente irritable (aunque motivos para la irritación había de sobra). Vistas las cosas ahora, y, como es lógico, a esta cuestión no entra el relato, también parece claro que no es justo ni descalificar a Las Casas por su comportamiento de juventud, ni hacerle culpable del aprovechamiento que otros hicieron en el futuro de sus publicaciones.

José Luis Olaizola. Bartolomé de las Casas, crónica de un sueño (1991). Barcelona: Planeta, 1992, 3ª ed.; 205 pp.; col. Memoria de la historia; ISBN: 84-320-4546-2.

28 septiembre, 2018
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