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PRESSLER, Mirjam

Relato donde brillan las mejores cualidades de la escritora alemana y quedan minimizados los aspectos menos atractivos de otras novelas suyas sobre problemas juveniles, que tienen tonos desasosegantes, pues no hay humor como válvula de escape y las salidas humanas que se ven son muy pobres y se anuncian como insuficientes en el futuro. Pero si se podría decir que en novelas con protagonistas de ahora, el hecho de acentuar mucho las dificultades de los adolescentes y la incapacidad de los adultos de su entorno para darles respuestas válidas a lo que les preocupa, puede magnificarlas e incluso agravarlas, no es el caso de un relato como Malka Mai.

La escritora pone aquí su dominio narrativo y su talento literario al servicio de una historia convincente, tensa y emotiva. Basada en una historia real a la que se añaden episodios imaginados, y manejando elementos habituales en este tipo de relatos —apego de Malka a su muñeca Liesel, vida en solitario en los escondrijos del gueto…—, se dibujan bien los dos principales conflictos por medio de una narración en bloques alternos: unos centrados en Hanna y otros en Malka. Se describen magníficamente los conflictos interiores de Hanna: sus dudas de conciencia sobre si hace o no lo correcto y sobre si las decisiones vitales que tomó en el pasado fueron acertadas. Logra conmover al mostrar el desvalimiento de Malka, sus modos de reaccionar ante las dificultades y cómo se va produciendo su deterioro interior.

Otra subtrama de interés es el choque de Hanna con su hija Minna, un personaje áspero y sombrío parecido al de otras novelas suyas que protagonizan chicas adolescentes. Y no es un logro menor el equilibrio nada maniqueo con el que se ve cómo unas personas ayudan y la mayoría se desentienden de los problemas de los demás. Siendo legítimo, el desenlace quizá sea innecesariamente más doloroso y desasosegante de lo que podría ser, aunque sea comprensible pensar que a la narradora le cueste dejar la puerta un poco más abierta.

Seguir y seguir sin saber hacia dónde…

Una de las características de otros relatos de Pressler es un feminismo combativo. En este caso asoma en los planteamientos vitales de Hanna: «No pertenecía a esas mujeres cuya única razón de vivir era el cuidado de sus maridos e hijos. A ella le daban arcadas sólo de pensar en ser ama de casa, se regía por otro tipo de leyes y se había liberado de ese modo humillante de pensar, y la verdad era que siempre había mirado a esa clase de mujeres por encima del hombro». Ahora bien, el comportamiento egoísta de su hija Minna y el desgarro que sufre al ver que puede perder a Malka y que, en cualquier caso, su hija pequeña quedará marcada irremediablemente, abren grietas en las ideas que siempre ha mantenido, y piensa: «Así soy yo, siempre en movimiento, siempre hacia delante, como si estuviera poseída por algo, los días transcurren y yo no tengo ningún objetivo. Esa es la explicación de todos mis errores: la falta de objetivos, la locura de seguir y seguir, sin saber hacia dónde. De esa manera realicé mis estudios, me enamoré, me casé y tuve hijos, así me convertí en médico y así sacrifiqué a mi hija, todo por avanzar hacia ninguna parte».

Otro libro: Natán y sus hijos [1].