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GALLICO, Paul

Es lógico que La gansa blanca, un relato corto pero emocionalmente intenso, sea el más conocido del autor. Están bien presentados tanto el marco como los protagonistas, está bien narrada la evolución de las relaciones que mantienen entre sí, y tiene un final magnífico, a la vez triste y apoteósico, acerca de una leyenda que corrió entre los soldados que intentaban huir de las playas de Dunkirk: la de un ganso salvaje cuya presencia en medio de los bombardeos era una garantía de salvación…

El ratón Manx tiene otros rasgos. Es una narración amena que precede unos años a obras como El ratón y su hijo [1], de Russell HOBAN [2] o al álbum Cómo el ratón descubre el mundo al caerle una piedra en la cabeza [3], de Etienne DELESSERT [4], que también están protagonizadas por ratones y, a distinto nivel, tratan de los mismos temas: el descubrimiento de la vida, la búsqueda de la propia identidad, el reconocimiento de la diferencia de los demás, la afirmación de la propia personalidad, etc. Lógicamente, la historia también podría colocarse junto a las de los juguetes o muñecos que cobran vida, empezando por Pinocho [5]. Su principal atractivo es que su protagonista tiene un gran encanto: es bondadoso a más no poder pero, según se suceden los distintos episodios, sin perder su bondad, va cayendo en la cuenta de las cosas. Un pequeño ejemplo del buen humor que atraviesa todo el relato está en la escena de un tigre, que se ha escapado del circo y quiere volver a su jaula, y que confiesa lo siguiente al ratón Manx: «¿Sabes cómo estaría si viviese en la selva? Seguramente muerto; al menos llevaría muerto cinco años. Comida para los buitres, eso habría sido ya. Sé muy bien lo que es la jungla. Hambre, charcos sin agua que beber, y cazadores que buscan alfombras. Antes de que nadie pueda darse cuenta te encuentras herido y allí nadie cuida de ti. Te mueres. Mi domador, en cambio, me cuida más que a sus hijos. Me frota la cabeza y me rasca el estómago y me mima. Y cuando estoy enfermo me da medicinas y hasta, si es necesario, me vela de noche. Ningún otro tigre haría eso por mí, puedes estar seguro».

Otro libro: Flores para la señora Harris [6].