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viernes, 5 de junio de 2020

Trafalgar


Primera novela de los Episodios Nacionales.

1805. Gabriel de Araceli terminará participando en la batalla de Trafalgar pues se alista como criado de un viejo oficial. De acuerdo con lo que vio y oyó, y echando mano también de lo que ya sabe, cuenta los preparativos de la flota española, critica las decisiones de su jefe, el almirante francés Villeneuve, narra después algunas acciones bélicas decisivas en las que participó, y alaba el valor, junto «la previsión, la serenidad, la inquebrantable firmeza», de figuras como «D. Cosme Damián Churruca y D. Dionisio Alcalá Galiano». Como hará en otras ocasiones y a propósito de más personajes, el narrador se lamentará de que tales hombres «no hayan tenido un jefe digno de su valor» y no se les encargase del mando de la escuadra, igual que más adelante también dirá que «parece mentira que el Rey trate tan mal a los que le sirven».

El narrador, un tipo simpático, y pícaro si hace falta, habla con metáforas populares bien integradas en los escenarios. Por ejemplo, después de haber desobedecido a su patrona, esta le abronca, «furiosa, y sin previo aviso me descargó en la popa la andanada de su mano derecha con tan buena puntería que me hizo ver las estrellas», y además siguió vapuleándole: «la zurra continuó en la forma siguiente: yo caminando a la cocina, lloroso y avergonzado, después de arriada la bandera de mi dignidad, y sin pensar en defenderme contra tan superior enemigo; Doña Francisca detrás dándome caza y poniendo a prueba mi pescuezo con los repetidos golpes de su mano. En la cocina eché el ancla, lloroso, considerando cuán mal había concluido mi combate naval». Esta conciencia de su orfandad, de verse a sí mismo solo y abandonado, irá desapareciendo con el paso del tiempo: Gabriel irá dejando atrás los lamentos por su situación personal y sus quejas sobre la imposibilidad de aspirar a mejorar su posición social, e irá madurando.

En cada novela de la serie aparecen personajes de todo tipo, algunos descritos con detalle y extraordinaria viveza. En esta, son buenos ejemplos el matrimonio que adoptó a Gabriel, la citada doña Francisca y su marido, el capitán de navío retirado don Alonso, y un viejo marinero amigo de quien se dice lo siguiente: «Marcial (nunca supe su apellido), llamado entre los marineros Medio-hombre, había sido contramaestre en barcos de guerra durante cuarenta años. En la época de mi narración, la facha de este héroe de los mares era de lo más singular que puede imaginarse. Figúrense ustedes, señores míos, un hombre viejo, más bien alto que bajo, con una pierna de palo, el brazo izquierdo cortado a cercén más abajo del codo, un ojo menos, la cara garabateada por multitud de chirlos en todas direcciones y con desorden trazados por armas enemigas de diferentes clases, con la tez morena y curtida como la de todos los marinos viejos, con una voz ronca, hueca y perezosa que no se parecía a la de ningún habitante racional de tierra firme, y podrán formarse idea de este personaje, cuyo recuerdo me hace deplorar la sequedad de mi paleta, pues a fe que merece ser pintado por un diestro retratista. No puedo decir si su aspecto hacía reír o imponía respeto: creo que ambas cosas a la vez, y según como se le mirase».

Además de las descripciones más extensas de algunos personajes, Galdós irá mostrando comportamientos de toda clase a lo largo de la serie, muchos mezquinos o fatuos o egoístas, pero en esta novela tienen más fuerza sus elogios a los héroes. Así, de Churruca se comenta que «expiró con la tranquilidad de los justos y la entereza de los héroes, sin la satisfacción de la victoria, pero también sin el resentimiento del vencido; asociando el deber a la dignidad, y haciendo de la disciplina una religión; firme como militar, sereno como hombre, sin pronunciar una queja, ni acusar a nadie, con tanta dignidad en la muerte como en la vida». Del «más valiente brigadier de la armada» se cuenta que «tenía el genio fuerte y no consentía la más pequeña falta; pero su mucho rigor nos obligaba a quererle más, porque el capitán que se hace temer por severo, si a la severidad acompaña la justicia, infunde respeto, y, por último, se conquista el cariño de la gente. También puede decirse que otro más caballero y más generoso que D. Dionisio Alcalá Galiano no ha nacido en el mundo».

[Vista del libro en la Biblioteca Virtual Cervantes y en amazon.es]

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