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jueves, 5 de marzo de 2020

Parkour en la selva


Uno de los textos de C. S. Lewis en su libro De este y otros mundos, se titula «El don mitopoético de Rider Haggard». En él habla de que, a pesar de sus defectos estilísticos y constructivos, las novelas de aventuras africanas de Rider Haggard atraen porque tienen la capacidad de poner un mito en pie y emocionar al lector. En eso he pensado al leer El brazalete de piel de mono, una novela que se anuncia como la primera de una trilogía y que, como El mundo perdido, se desarrolla en las selvas amazónicas venezolanas. Pero si los expedicionarios de Conan Doyle iban en busca de dinosaurios a los tepuy, unas altas mesetas, los héroes indígenas de Marta Román llegan al que llaman Gran Tepuy, en busca del nido de una gran águila arpía y de la fabulosa ciudad perdida de Amazon.

Los protagonistas de la novela son Yäi y Suyai, dos hermanos gemelos que pertenecen a un pueblo oculto de la selva. Huérfanos desde los ocho años, crecieron muy unidos entre sí y algo separados de los demás habitantes de su pueblo. Un día Yäi desapareció y Suyai se quedó sola. La acción comienza cuando, pasados unos años, Yäi se presenta de nuevo pero acompañado de Dakota, una chica india norteamericana. Se suceden entonces los conflictos, en los que un acontecimiento central es que los dos hermanos curan a una gran águila, que llaman la Diosa del Viento, herida por el disparo de unos buscadores de oro. La narración sigue luego, por separado, a Yäi, a la cabeza de una expedición de niños y niñas que debe atravesar el temible Abismo de la Niebla en busca de la gran ciudad escondida de Amazon, y a Sukai, que pasa una etapa secuestrada en un campamento minero donde acaba conociendo a un periodista español con quien huye.

La novela tiene cuatro partes, un epílogo y un diccionario breve de términos indígenas. Los capítulos son cortos, lo que facilita la lectura, y la narración es fluida y mantiene vivo el interés. Los defectos —hilos de la trama un poco sueltos, momentos algo enfáticos, personajes estereotipados…—, quedan ocultos por el ímpetu de los acontecimientos que arrastran a los héroes. No son muchas, y normalmente aciertan, las frases sabias que salpican la historia: normalmente las pronuncia Dakota, que recuerda dichos de su pueblo, como un consejo a alguien acerca de que no debe sentirse mal «porque la gente solo se acuerde de ti cuando te necesita; siéntete privilegiado porque tú eres como una vela que viene a su mente cuando hay oscuridad».

El relato atrae por su acción, su ambientación, y también por su originalidad respecto a los libros de aventuras juveniles actuales o, si se quiere, por su apuesta decidida por el tono propio de las aventuras de siempre. La autora, uno de cuyos hijos es Shifer, un conocido practicante de parkour, hace que los protagonistas sean expertos en desplazarse a toda velocidad por las selvas con las técnicas de ese deporte y, sin duda, este también es uno de sus puntos fuertes: dice la narración que tanto Sukai como Yäi «eran capaces de avanzar durante horas, siempre en línea recta, superando todos los obstáculos que se cruzaban en su camino», sin sortear ni rodear nada de lo que se topaban a su paso.

Marta Román. El brazalete de piel de mono (2019). Zaragoza: Edición independiente, 2019; 420 pp.; ISBN: 978-84-09-07679-6. [Vista del libro en Whatparkour]

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