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Nota: 'Ciertas cosas trascendentes' :: bienvenidosalafiesta ::    
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viernes, 23 de agosto de 2019

Ciertas cosas trascendentes


De Henry James he leído varias novelas y algunos cuentos, por lo que no estoy en condiciones de apreciar del todo un libro como Cuaderno de notas, donde se recopilan apuntes de ideas y posibles desarrollos argumentales para sus futuras obras. Él mismo dice que con sus notas desea guardar una especie de «registro de las impresiones pasajeras» que le sirva para «apresar y conservar algo de la vida» que luego desea trasladar a sus novelas.

Me han interesado, sobre todo, algunas observaciones que hace sobre su forma de comprender el arte y la literatura. Como esta: «Oh, arte, arte, «qué dificultades hay como las tuyas? Pero al mismo tiempo, ¿qué consuelos como los tuyos existen? La verdad, sin ti el mundo me parecería un melancólico desierto». O esta otra: «Trabajamos en la oscuridad; hacemos lo que podemos; damos lo que tenemos. Nuestra duda es nuestra pasión, y nuestra pasión es nuestra tarea. El resto es la locura del arte».

Y, en especial, me han gustado mucho los párrafos en los que habla del funeral de su madre y recuerda sus cualidades. En ellos dice lo siguiente:

«Me es imposible expresar —empezar a expresar— todo lo que se ha ido a la tumba con ella. Ella era nuestra vida, era la casa, era la piedra angular del arco. Ella nos mantenía unidos, y ahora que no está somos cañas dispersas. Era la paciencia, la sabiduría, la exquisita maternidad. Su dulzura, su calidez, su inmensa bondad natural eran indecibles, y me resulta infinitamente desconsolador escribir aquí sobre ella como sobre alguien que era. Cuando pienso en todo lo que había representado durante años —cuando pienso en su incesante dedicación a cada uno de nosotros—, y que en diciembre pasado, cuando fui a Washington, le di el último beso, oí su voz por última vez, parece como si mi ser no albergase suficiente ternura para registrar la extinción de una vida semejante».

Más adelante continúa: «puedo discernir, con perfecta alegría, que había culminado su trabajo —que su larga paciencia había llegado al extremo. Había sobrellevado arduas preocupaciones y pesares, que soportó sin un lamento, y la había invadido la fatiga de la vejez. Prefiero haberla perdido para siempre que contemplarla internarse en un sufrimiento al cual probablemente se habría visto condenada, y con una suerte de bienaventuranza sagrada me permito pensar que ya no pesarán sobre ella angustias ni dolores. Su muerte ha alentado en mí una apasionada creencia en ciertas cosas trascendentes —la inmanencia de un ser tan noblemente creado como el suyo, la inmortalidad de tan inmensa virtud, la reunión de los espíritus en condiciones mejores que éstas. No es que hoy ella tenga de ángel más de lo que siempre había tenido; pero me niego a creer que baste el accidente de la muerte para que toda su inefable ternura se haya perdido para los seres que tan entrañablemente amaba. Ella está con nosotros, nos pertenece —el silencio eterno no es sino una forma de su amor. En medio de ese silencio uno puede oír su voz —sentir por siempre la inextinguible vibración de su fervor. Me es imposible no pensar que en esas últimas semanas no fui con ella lo bastante afectuoso —que fui ciego a su dulzura y su benevolencia. Me resulta inevitable no desear haber estado advertido de lo que sucedería, y así haberla cobijado en el cariño más reconfortante».

Y hace, al final, este balance: «La suya fue la vida de una madre perfecta —de una perfecta esposa. Traer hijos al mundo; brindarse, durante años, en pro de su felicidad y su bienestar; y luego, una vez ellos habían alcanzado la plena madurez, y tanto el mundo como sus propios intereses los habían absorbido, recostarse en unas fuerzas menguantes y entregar el alma pura al poder celestial que le había encomendado esa misión divina. Gracias a Dios, sólo una vez vivimos esta pérdida; ¡y, gracias a Dios, ciertos recuerdos supremos perduran!»

Henry James. Cuadernos de notas (1878-1911). Barcelona: Destino, 2009; 469 pp.; col. Destino Clásicos; trad. de Marcelo Cohen; ISBN: 978-8423341979. [Vista del libro en amazon.es]

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