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viernes, 26 de julio de 2019

Viejas verdades universales


He leído varias novelas y relatos de William Faulkner pero no la mayoría de sus obras, así que no puedo decir que lo conozco a fondo. Para dar un paso más he leído sus Ensayos y discursos, que me han interesado por lo que dicen del personaje —por ejemplo acerca de su sentido de responsabilidad hacia su gente y su país—, por los comentarios que hace sobre su forma de comprender la literatura, y por algunas críticas de libros que me han parecido brillantes.

Así, en el Discurso con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura, el 10 de diciembre de 1950, dice que un escritor no ha de «dejar sitio en su taller para nada salvo para las viejas certezas y verdades del corazón, las viejas verdades universales sin las cuales cualquier historia es efimera y está condenada —amor y honor y piedad y orgullo y compasión y sacrificio—».

En un prólogo a una antología suya, en 1954, recuerda que en una obra de Sienkiewicz había leído que el autor polaco decía que su libro lo había escrito para «elevar el corazón del hombre» y subraya que esa idea vale para todos: «para los que están intentando ser artistas, los que están intentando escribir simple entretenimiento, los que escriben para chocar y los que simplemente están escapando de sí mismos y de sus propias angustias privadas. Algunos de nosotros no sabemos que esto es por lo que estamos escribiendo. Algunos lo sabremos y lo negaremos, por miedo a ser acusados y auto-recluidos y condenados por sentimentalismo. (…) Pero todos escribimos con este único propósito».

Y, en particular, me ha encantado esta breve y espectacular reseña que hizo de El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, en el otoño de 1952:

«Lo mejor que ha hecho. El tiempo ha de mostrar que ésta es la mejor composición de cualquiera de nosotros, quiero decir de sus y de mis contemporáneos. Esta vez él descubrió a Dios, a un Creador. Hasta ahora, sus hombres y mujeres se habían hecho a sí mismos, dado forma a sí mismos a partir de su propio barro; sus victorias y sus derrotas eran a manos de unos a otros, sólo para probarse a sí mismos o los unos o los otros lo duros que podían ser. Pero esta vez él escribió acerca de la piedad: acerca de algo en alguna parte que los hizo a todos ellos: el viejo que tenía que capturar al pez y perderlo, el pez que tenía que ser capturado y después perdido, los tiburones que tenían que robar al viejo su pez; los hizo a todos y los amó a todos y se apiadó de todos. Está bien. Alabado sea Dios por lo que sea que hizo y por amar y compadecerse de Hemingway y de mí evitando que lo retocase».

William Faulkner. Ensayos & discursos. Madrid: Capitan Swing, 2012; 380 pp.; trad. de David Sánchez Usanos; introducción de David Sánchez Usanos y prólogo de James B. Meriwether; ISBN: 978-84-940279-4-9. [Vista del libro en amazon.es]

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