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viernes, 16 de noviembre de 2018

Educación judía


En notas pasadas hablé de Destellos en el abismo, de Soma Morgenstern (y las publiqué unidas en médium tiempo después), novelas que me parecieron magníficas. He leído hace poco En otro tiempo, unas memorias de infancia y adolescencia del autor en las que trabajó hasta su muerte, en 1976, pero que no terminó. Este libro recoge los capítulos que tenía, la mayoría de los cuales parece ser que los escribió en las décadas de los cincuenta y sesenta.

Es mucho más sabrosa la primera parte, la de sus años de infancia en su pueblo, y menos atractiva la segunda, sobre sus años de bachillerato en la ciudad, que terminan el año 1912. Esto se debe a la misma gracia de las situaciones, más vivas y variadas los primeros años, y al gran protagonismo que tiene entonces el padre, un hombre íntegro, respetadísimo por sus conciudanos, judíos y no judíos, y muy querido por toda su familia.

He tomado algunas notas que se refieren a la educación que recibió el pequeño protagonista y narrador.

Unos son párrafos explicativos del modo de hacer que tenía su familia, tal como los podría recordar un hombre mayor que desea, también, elogiar aspectos de aquel tipo de educación: «cuando a un niño judío se le dice que hay que lavarse las manos antes de comer, porque antes de comer se bendicen los alimentos y es imposible pronunciar la bendición sin haberse lavado las manos, eso le parecerá obvio hasta a un pequeño de tres años, y desde luego también a uno de cinco. Y se convertirá en una costumbre que conservará toda la vida. Yo, por ejemplo, que tantos preceptos y prohibiciones he olvidado por completo, puedo afirmar con toda certeza que hasta ahora jamás me he sentado a la mesa sin cumplirlo».

En otros momentos, sin embargo, las cosas se narran tal como el niño pudo vivirlas. Así, cuando tiene cuatro o cinco años y va con su padre a una hacienda de la cual es administrador, ve pavos reales por primera vez en su vida y se queda maravillado:

«—¿Cómo saben —pregunté a mi padre— abrir sus colas de esa forma tan bonita?

—¿No te has aprendido la bendición que decimos los judíos por la mañana, cuando oímos cantar al gallo?

Recité la bendición:

—Alabado seas, Dios, Señor de las Eternidades, que has dado al gallo el entendimiento para distinguir la luz de la oscuridad.

—¿Ves?, si un gallo común y corriente tiene tal entendimiento, ¿por qué no habría de saber un ave tan hermosa lo que hacer para extender las plumas de su cola?

Me pareció obvio. Qué bien que tuviésemos aquellos dichos.

—¿Pero por qué un ave tan bonita chilla de un modo tan desagradable? —quise saber.

—Lo que a nosotros nos parece desagradable, no tiene por qué serlo. Probablemente a los pavos reales les guste su grito. Pero ahora basta.»

Soma Morgenstern. En otro tiempo (In einer andern Zeit. Jugendjahre in Ostgalizien). Barcelona: Minúscula, 2005; 598 pp.; edición, notas y posfacio de Ingolf Schulte; trad. de Teresa Ruiz Rosas; ISBN: 84-95587-25-4.

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