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viernes, 1 de septiembre de 2017

Un fabuloso menú


De noche, bajo el puente de piedra, de Leo Perutz, tiene lugar en Praga, en el siglo XVI, cuando es rey de Bohemia el loco Rodolfo II. En quince capítulos sucesivos, que al principio parecen relatos independientes, vamos conociendo a distintos personajes: unos tienen relación con la corte del rey, otros la tienen con el prestamista judío Mordejái Meisl. Este, según sabremos en «El pintor Brabanzio», fue tío tatarabuelo del padre del estudiante de medicina Jakob Meisl y este, según se dirá en «La mesa del emperador» y en otros capítulos, es quien se los cuenta al narrador, uno de sus alumnos.

Hay un ambiente de fantasía con sueños y apariciones misteriosas del que se nos avisa en el capítulo titulado «Enrique, el del infierno»: «en la corte de Praga, escribió en una ocasión el embajador de España a su rey, lo extraordinario es cotidiano y a nadie sorprende». No faltan personajes propios de los relatos cómicos y picarescos de la tradición judía: por ejemplo, «El coloquio de los perros» está protagonizado por Berl Landfahrer, de quien «sus vecinos solían decir que, cuando Berl se dedicara al comercio de velas, el sol dejaría de ponerse. Cuando llueven ducados, decían, está en su casa, y cuando llueven piedras le pillan en la calle; no hay estaca con la que no tropiece; si tiene pan le falta el cuchillo, y si tiene ambos, le falta la sal»..

Otras historias encierran una lección al modo de los cuentos jasídicos de Martin Buber pero, eso sí, con una riqueza descriptiva extraordinaria. Así, en la sensacional «La mesa del emperador», a Peter Zaruba, un hombre que se sabe destinado a restaurar la libertad de la nación bohemia y cuya tradición familiar le impone que nunca coma de la mesa del emperador, un mesonero le ofrece una comida de doce platos: primero, «una fina sopa de venado o potage chasseur. Tras la sopa le sirvió dos tipos de tortilla. Una preparada al modo aldeano, la otra con perifollo y cebolleta. Después le presentaron dos entradas más: leche de carpa trufada y un chaudfroid de pollo picado. Tras una pequeña pausa el mesonero le sirvió con gran pompa el primero de los cuatro platos principales: un lucio relleno y mechado. Y a continuación tajadas de riñones à la broche, espárragos en salsa de caldo, guisantes tiernos y un plato frío: lengüitas de ternera y una mano de cerdo rellena. Peter Zaruba pensó con cierta lástima en sus dos compañeros, que debían conformarse con el bofe y los buñuelos de ciruela. Ya no lamentaba que Kapliř no le hubiera invitado a su posada, pues no habría comido tan bien como en aquel lugar. Solo pudo probar un bocado del guiso de faisán con salsa picante que el mesonero le ofreció a continuación. Y entonces llegó el ansiado plato sorpresa: codornices sobre tostadas untadas de tuétano de buey. Para terminar les dieron bolitas de mazapán con baño de azúcar, uvas italianas y queso picante de búfala de Hungría».

Leo Perutz. De noche, bajo el puente de piedra (Nachts unter der steinernen Brücke, 1952). Barcelona: Libros del Asteroide, 2016; 288 pp.; trad. de Cristina García Ohlrich; ISBN: 978-8416213863. [Vista del libro en amazon.es]

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