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sábado, 9 de septiembre de 2017

La Fantasía como género según Tolkien (5): la fantasía y lo fantasioso


Para seguir explicando que el valor de los cuentos de hadas ha de medirse por el arte literario con el que han sido escritos, en Sobre los cuentos de hadas Tolkien precisa primero que llamamos «imaginación» a la capacidad de concebir imágenes; que llamamos «fantasía» al uso de la imaginación con la intención de crear un Mundo Secundario, en el que los hechos son distintos a los que observamos en el Mundo Primario; que llamamos «arte» a la actividad humana que da origen al Mundo Secundario.

«Fantasía», como género literario, es el término con el que, a la vez, intentamos abarcar el arte subcreador y las cualidades de sorpresa y asombro que nos provocan las características y los hechos del mundo subcreado. Esa Fantasía es difícil de alcanzar, pues «la consistencia interna» es más difícil cuanto más ajenas a las del Mundo Primario sean las imágenes y la estructuración del material original. Digamos que con elementos constructivos más sobrios es más fácil lograr un mayor efecto de «realismos».

Es importante no confundir Fantasía con Sueños, un terreno en el que el Arte no existe, ni con los desórdenes mentales o con las visiones y alucinaciones, situaciones donde no se da control alguno. Si la Fantasía se usa con ligereza, como simple decorado, se queda en lo fantasioso, una forma reducida y peyorativa de la Fantasía. Cualquiera puede decir el «verde sol» y muchos pueden figurárselo. Pero eso no es un logro. Crear un mundo en el que sol verde resulte admisible exige una destreza especial. Y cuando alguien lo logra nos encontramos ante un auténtico arte narrativo, ante una verdadera fabulación en su estadio primario y más puro.

Por tanto, una obra de Fantasía aspira a realizar una especie de Encantamiento: generar un Mundo Secundario accesible tanto al creador como al espectador. Cuando lo logra, ese trabajo del escritor es la manifestación más alta del arte humano: precisamente porque creamos a nuestra medida y en forma delegada, porque hemos sido creados; pero no sólo creamos, sino que lo hacemos a imagen y semejanza de un Creador.

J. R. R. Tolkien. Árbol y Hoja (Tree and Leaf: incluye el cuento Hoja de Niggle y el poema “Mythopoeia”, 1988); Barcelona: Planeta-Agostini, 2002; 152 pp.; prólogo de Christopher Tolkien; trad. de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech; ISBN: 84-395-9786-X.

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