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Nota: 'Amigos imaginarios (3)' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 9 de marzo de 2017

Amigos imaginarios (3)


Otro libro sobre un amigo invisible: Crenshaw, de Katherine Applegate. Su narrador es un chico llamado Jackson que tiene unos diez años. Pronto sabemos que tiene un amigo imaginario llamado Crenshaw que es un gato muy grande y un tanto sardónico; que quiere ser científico de animales —«no sé bien de qué clase. Ahora mismo me encantan los murciélagos»…—; que tiene una hermana de cinco años llamada Robin; que tienen una perra llamada Aretha; y, sobre todo, que sus padres tienen trabajos ocasionales y económicamente lo pasan muy mal por más que intenten poner buena cara. Y, como dije ayer, también en este relato hay un momento en el que se habla del antiguo amigo invisible del padre, un perro llamado Finian; y, naturalmente, la amiga de Jackson, Marisol, también tiene uno.

La narración es excelente y tiene un sentido del humor que, con alguna frecuencia, se apoya en el libro preferido de Jackson cuando era un niño: Un hoyo es para escarbar (traducido en el libro como Un agujero es para cavar). Otras se basa en cosas de la vida cotidiana: cuando Robin le dice «Bsst de brrms» Jackson explica que «quería decir “basta de bromas” en idioma golosina».

Como suele ocurrir, a veces Jackson hace consideraciones que van más allá de lo normal a su edad. Así, en un pequeño capítulo habla de sus recuerdos y explica: «cuando intento recordar toda mi vida, me parece un proyecto de Lego al que le faltan algunas piezas importantes, como un muñeco robot o una rueda de monster truck. Haces lo que puedes para que todo encaje, pero sabes que no va a quedar como la foto de la caja».

Desde un punto de vista constructivo el fallo principal es que Crenshaw, como un ser que le sirve a Jackson para lidiar con sus preocupaciones, no es un personaje conseguido. Por más que su presencia y sus peculiaridades den lugar a momentos graciosos, es fácil ver que la historia funcionaría prácticamente igual sin él: las cosas sabias que dice, como que «la vida no siempre es justa», las podría decir cualquier otro personaje.

El propósito del relato es avivar la empatía de los lectores ante situaciones como la de la familia de Jackson, que tiene que cambiar de casa varias veces e incluso vivir un tiempo en la furgoneta. Uno de los motivos de enfado de Jackson es precisamente que «a veces yo solo quería que me trataran como a un adulto. Quería oir la verdad, aunque no fuera una verdad agradable. Entendía las cosas. Sabía mucho más de lo que ellos creían».

Por otro lado, estamos en una historia en la cual, ante los problemas, a nadie se le ocurre pedir ayuda a otros (familiares, amigos), ni tampoco rezar. Más aún, el padre de Jackson se niega a usar la tan norteamericana expresión «Dios les bendiga», pues dice que no tiene ni idea de lo que pretende Dios. Y esto me hace preguntarme también si no será que los amigos imaginarios proliferan entre chicos a los que no se les ha enseñado de pequeños que tienen ángel de la guarda... Aunque debo decir que, de todas las personas a quienes pregunté si habían tenido amigo imaginario en la infancia hubo uno que me dijo que tuvo los dos: amigo imaginario y ángel de la guarda (aunque con el paso del tiempo, añadió, sólo ha sobrevivido el segundo).

Katherine Applegate. Crenshaw (2015). Barcelona: La Galera, 2016; 260 pp.; trad. de Marcelo E. Mazzanti; ISBN: 978-84-246-5835-9. [Vista del libro en amazon.es]

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