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viernes, 27 de mayo de 2016

En qué dirección vamos (1)


En Ceguera moral, un diálogo entre Zygmunt Bauman y el sociólogo Leonidas Donskis, subtitulado «La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida», se habla de cómo las redes sociales son una fruta madura caída del cielo para cualquier dictador y sus servicios secretos pues la vigilancia a través de las redes es muy eficaz gracias a la cooperación de las víctimas. Para explicar este aspecto de nuestra sociedad, una sociedad que se somete a una vigilancia voluntaria y autoinflingida, los autores hacen muchas referencias a las novelas Un mundo feliz, 1984 y Nosotros. Más adelante también se remiten a novelas de Houllebecq como Sumisión o La posibilidad de una isla que, por lo que yo sé, no habría que colocar al mismo nivel.

Dice Bauman: «Podría decirse que la visión de Orwell estuvo inspirada menos por la experiencia histórica occidental que por la del Este. Esa visión constituía una anticipación de la forma de Occidente después de ser inundado, conquistado, sojuzgado y esclavizado por el despotismo típico del Este; su imagen central era la bota de un soldado aplastando un rostro humano contra el suelo. La visión de Huxley, por el contrario, era una respuesta preventiva a la inminente llegada de la sociedad consumista, creación eminentemente occidental. Su tema principal era también la servidumbre de los seres humanos despojados de derechos, pero en este caso se trataba de una “servidumbre voluntaria” (término acuñado tres siglos antes por Étienne de la Boeétie, si creemos a Michel de Montaigne) que recurre más a la zanahoria que al palo y que despliega la tentación y la seducción como forma fundamental de proceder, en lugar de la violencia, el dominio manifiesto y la coerción brutal. Hay que recordar, no obstante, que ambas utopías fueron precedidas por Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, en la que ya se había contemplado una mezcla y despliegue simultáneo y complementario de ambas “metodologías de esclavitud”, más tarde elaboradas de forma independiente tanto por Orwell como por Huxley».

Apostilla luego Donskis que «fue Nosotros, de Zamiatin, quien habló de la muerte de lo clásico y de la muerte del pasado. En el sistema educativo del Estado único, los estudios clásicos ya no existen, y las humanidades en general desaparecen. (…) En la distopía de Zamiatin, el pasado se asocia a los bárbaros, cuyos libros primitivos, que amenazan el progreso y la racionalidad, no pueden ser estudiados, mientras que la peor enfermedad en el Estado único es lo que los antiguos griegos denominan alma». Por eso, al preguntarse cuál es la dirección en la que va nuestra sociedad, al lamentar el aislamiento individual y la fragmentación creciente de la sociedad, Donskis teme que «pronto Dante o Shakespeare no significarán nada para nosotros porque ya no experimentaremos los sentimientos y los dramas humanos que dieron origen a sus obras inmortales». (Con otra perspectiva lo mismo decía Allan Bloom: Otra razón más).

Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis. Ceguera moral (Moral Blindness, 2013). Barcelona: Paidos, 2015; 271 pp.; trad. de Antonio Francisco Rodríguez Esteban; ISBN: 978-84-493-3103-9. [Vista del libro en amazon.es]

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