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viernes, 22 de enero de 2016

Matemáticamente invisible


Los protagonistas de La luz que no puedes ver, de Anthony Doerr, son una chica francesa ciega, Marie-Laure, y un chico alemán, Werner. La narración está dividida en partes que se titulan con la fecha. La primera, cuando ambos tienen poco más de 16 años, es el 7 de agosto de 1944. Luego el relato va y vuelve varias veces entre 1934 y 1974. Los capítulos son cortitos y alternan lo que les va sucediendo a Marie-Laure y Werner, aunque hay algunos centrados en otros personajes. En especial varios están dedicados al sargento mayor Reinhold von Rumpel, un oficial alemán experto en cristalografía, empeñado en encontrar el famoso diamante El Mar de Llamas.

Cuando, a los seis años, Marie-Laure pierde la vista del todo, su padre, cerrajero mayor del Museo de Historia natural de París, le construye una maqueta del barrio en el que viven de forma que, poco a poco, logra que sepa orientarse sola por las calles. Marie-Laure aprende la historia de El Mar de Llamas, cuidadosamente guardado en el Museo, del que se dice que hace inmortal a su propietario pero que atrae desgracias a quienes tiene alrededor. Cuando tiene doce años y los nazis invaden París, su padre huye a Saint-Malo, a casa de su tío Etienne, un hombre algo enfermo: está enclaustrado en su casa, es experto en cuestiones científicas, y vive atendido por la sabia y audaz madame Manec. Además, las autoridades del museo han entregado al padre de Marie-Laure una de las cuatro copias del diamante para, si es el caso, desorientar a quien lo busque: los portadores de las copias no saben si la suya es o no la joya verdadera. De nuevo, el padre de Marie-Laure, fabrica para ella una maqueta detallada de Saint-Malo.

Werner vive, con su hermana pequeña Jutta, en un orfanato de una ciudad minera del oeste de Alemania. Aficionado a la ciencia, siendo ya un niño se convierte en un gran experto en radios. Un jerarca nazi que comprueba sus habilidades lo envía a una escuela de formación profesional para chicos del partido. Allí destaca mucho y, también, presencia muchas crueldades, en especial las que sufre su mejor amigo Frederick. Cuando tiene unos 16 años es asignado a un equipo que tiene la misión de descubrir emisoras clandestinas de la resistencia y destruirlas. Esto lo acaba llevando a Saint-Malo.

El argumento tiene tensión y la novela se lee muy bien. Todo está contado con frases cortas y directas pero también las hay poéticas, como algunas descripciones de lo que siente Marie-Laure. La trama se apoya sobre todo en las intrigas que afectan a los protagonistas: qué les deparará la guerra, cómo evolucionarán sus mundos interiores, cómo llegarán a entretejerse sus vidas, qué ocurrirá con El Mar de Llamas… Pero se sostiene también sobre secundarios cuyas historias atraen: Jutta, Etienne, Frederick, madame Manec, Von Rumpel. Están bien descritos los aprendizajes de los dos héroes y los logros técnicos de Werner, y están bien urdidos los paralelismos entre lo que pasa en la novela y las lecturas de Marie-Laure, Veinte mil leguas de viaje submarino en especial. Hay algunas escenas de guerra brutales, contadas sin morbo.

Todo está bien pensado para reforzar las ideas de fondo. Por un lado, con la historia de los héroes:  la forma en que Werner lucha una y otra vez con la estática de la radio para poder oír; cómo Marie-Laure sufre hasta que sabe orientarse en las calles y cómo más adelante descubre que «lo que está más allá de la maqueta es lo más emocionante del mundo». Por otro, con intervenciones del narrador: inserta un capítulo, en el que se detiene la acción, para subrayar la increíble «Simultaneidad de los instantes»; interrumpe el relato, justo después de un momento decisivo, para decir lo siguiente: «Todos llegamos a la existencia como una simple célula más pequeña que una mota de polvo, mucho más pequeña. Se divide, multiplica, añade y sustrae. La materia sufre cambios, los átomos salen y entran, las moléculas pivotan, las proteínas se unen, la mitocondria envía sus órdenes. Comenzamos siendo apenas un enjambre de conexiones eléctricas microscópicas. Los pulmones, el cerebro, el corazón. Cuarenta semanas después, seis billones de células se amontonan en el canal de nacimiento de nuestras madres y aullamos. Y entonces el mundo comienza en nosotros». O, dicho de otra manera, es cierto que, «matemáticamente hablando, toda luz es en realidad invisible», pero también lo es que gracias a la luz vemos y que hay quienes saben ver las cosas que la mayoría no ve.

Anthony Doerr. La luz que no puedes ver (All the Light We Cannot See, 2014). Barcelona: Suma de Letras, 2015; 658 pp.; trad. de Carmen Cáceres y Andrés Barba; ISBN: 978-84-8365-761-4. [Vista del libro en amazon.es]

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