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domingo, 17 de enero de 2016

Una mística de los caballos


En Seabiscuit: una leyenda americana, Laura Hillenbrand cuenta la historia de un famoso caballo de competición y hace una gran reconstrucción de la vida en los ambientes de las carreras de caballos en los Estados Unidos de los años treinta.

La autora se centra en los tres hombres que hicieron posibles los triunfos de Seabiscuit, un caballo menos elegante que otros y no tan joven como se suponía que debía ser, pero que fue descubierto por dos hombres que apreciaron su potencial en cuanto lo vieron. Uno fue su propietario, Charles Howard, y otro su entrenador, Tom Smith: «Smith era el último hombre auténtico del viejo Oeste, y Howard estaba asfaltando el oeste de Smith bajo las presurosas ruedas de sus automóviles. Howard se movía por la buena imagen» y Smith era, y no le importaba ser, antipático y huraño, algo que compensaba con su capacidad, según se cuenta, de una comunicación casi mística con los caballos. Un tercero decisivo fue el jockey, Red Pollard, un hombre a quien le gustaba citar a Ralph Waldo Emerson, aunque, debido a varias lesiones, tuvo que ser sustituido algunas veces por otros jockeys.

El relato cuenta que nadie había gozado de una fama y popularidad tan intensas como la que tuvo Seabiscuit a finales de los años 30. «Un estudio de los medios de comunicación reveló que en 1938 este caballito recibió más cobertura informativa que Roosevelt, que aparecía en segunda posición, Hitler (en tercera), Mussolini (cuarta) o ningún otro personaje público». Su carrera contra el que muchos consideraban el mejor caballo del momemto, War Admiral, «fue, casi con toda seguridad, el principal tema periodístico del año, además de uno de los acontecimientos deportivos más grandiosos del siglo». A ese momento cumbre se suma otro posterior: después de aquella carrera tanto Seabiscuit como Pollard tuvieron graves lesiones y, cuando nadie lo esperaba, fueron capaces de volver y protagonizar uno de los comeback más extraordinarios del deporte.

La narración es emocionante y contiene multitud de detalles bien documentados que, para un lector como yo, no harían falta, pero que cualquier aficionado valora muchísimo. Es magnífica la descripción del contexto socioeconómico: la dureza de las condiciones de vida de los jockeys sobre todo. De los tres personajes principales, dejando aparte a Seabiscuit, el que acaba ocupando más el centro de la narración es Tom Smith, un hombre al que la prensa odiaba, porque casi nunca les respondía lo que deseaban oír y siempre estaba intentando burlarles, pero también admiraba, por los mismos motivos y, naturalmente, porque solía tener razón en sus decisiones.

Laura Hillenbrand. Seabiscuit: una leyenda americana (Seabiscuit: An America Legend, 2001). Barcelona: Debate, 2003; 485 pp.; trad. de Isabel Payno; ISBN: 84-8306-926-1. [Vista del libro en amazon.es]

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