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domingo, 1 de noviembre de 2015

El poder de los sin poder


En su momento me impresionó la lectura de El poder de los sin poder, de Václav Havel. Me dejó un recuerdo vivo de la valentía con la que Havel formulaba su oposición al sistema totalitario en el que vivía y cómo denunciaba un mundo basado en la mentira y proponía vivir en la verdad. Leído ahora de nuevo, he visto su valor testimonial, tanto por ser una descripción excelente de lo que ocurría entonces en su patria, como por ser un ejemplo admirable de valor cívico, visto el momento en el que se publicó su libro. Pero, también, me han parecido de actualidad permanente sus consideraciones de fondo: porque muchos se mueven aquí y ahora con los mismos planteamientos ideológicos que denunciaba, porque los poderes políticos que conocemos maniobran de un modo parecido a los del sistema postotalitario al que se refiere, y porque su propuesta de «vivir en la verdad» como modo de regenerar la sociedad es la que necesitamos.

En relación a lo primero, al pensamiento ideologizado que a nuestro alrededor tienen tantos (sobre todo tantos deudores, conscientes e inconscientes, del marxismo-leninismo), dice Hável que las ideologías actúan como puentes entre la vida social y el hombre pues son, a la vez, principios internos de cohesión e interpretaciones de la realidad. La ideología, como modo de relacionarse con el mundo, «da al individuo la ilusión de ser una persona con una identidad digna y moral y así le hace más fácil no serlo»; se presenta como «algo “metapersonal” y “desinteresado”» que le permite al individuo engañar la propia conciencia; y acaba siendo como una coartada para todos, desde «el tendero que puede ocultar su miedo de perder el puesto tras un presunto interés por la unión de los proletarios del mundo, hasta el funcionario más alto que puede disfrazar su interés por conservar la poltrona con las frases sobre el servicio a la clase obrera».

Pero, en general, el problema del poder (ideologizado o no), es que teje a su alrededor una red de falsedades en la que acaba prisionero: «Falsedades sobre el pasado. Falsedades sobre el presente y sobre el futuro. (…) Miente cuando dice que respeta los derechos humanos. Miente cuando dice que no persigue a nadie. Miente cuando dice que no tiene miedo. Miente cuando dice que no miente». Lo malo, dice Hável, es que el ciudadano normal vive en la mentira con tal que «haya aceptado la vida con ella y en ella. Ya con esto ratifica el sistema, lo consolida, lo hace, lo es». Sin duda, «la posición en la jerarquía del poder diferencia a los individuos en relación con su responsabilidad y culpa: pero a ninguno le confiere una responsabilidad y una culpa incondicional y, por otra parte, no exime totalmente a nadie de responsabilidad y de culpa». Si todos nos adaptamos a las circunstancias, somos la base de esas circunstancias.

Luego, «la profunda crisis de identidad provocada por la “vida en la mentira”, y que a su vez hace posible esta vida, tiene indudablemente una dimensión moral propia: se manifiesta, entre otras cosas, como una profunda crisis moral de la sociedad. El hombre que ha elegido la escala consumista de valores, “disperso” en el marasmo de la masa y sin hacer pie en el orden del ser, aun sabiendo que su responsabilidad no se limita solo a su supervivencia, es un hombre desmoralizado; en esta desmoralización se basa el sistema, profundiza en ella y es su proyección social». Por todo esto, «si el fundamento del sistema es “la vida en la mentira”, no es de extrañar que la “vida en la verdad” sea su principal peligro».

La vida en la verdad, toda una rebelión del individuo contra la situación que se le impone, Havel la describe como «un intento de comprender su propia y peculiar responsabilidad: es, por tanto, una acción abiertamente moral». No es posible hoy un cambio a mejor de las estructuras que sea real, profundo y estable, a partir de cualquier «mala copia de un proyecto político tradicional, y en definitiva sólo externo (es decir, inherente a las estructuras, al sistema), sino que tiene que partir (…) del hombre, de la existencia del hombre, de la reconstrucción sustancial de su posición en el mundo, de su relación consigo mismo, con los hombres y con el universo. El nacimiento de un modelo económico y político mejor debe (…) partir de un cambio existencial y moral más profundo de la sociedad».

O, dicho de otro modo, la crisis en la que vivimos no se puede abarcar con la estrechez de cualquier óptica política tradicional. De forma sintética, dice Hável de pasada, no tenemos necesidad de líneas políticas o de programas sino de cambiar nuestro modo de vivir: primero porque cualquier «buen trabajo es, pues, en realidad, la crítica de una mala política» y, luego, porque «sólo con una vida [personal] mejor se puede construir también un sistema mejor».

Václav Havel. El poder de los sin poder (Moc Bezmocných, 1979). Madrid: Encuentro, 1990; 135 pp.; trad. de Vicente Martín Pindado; ISBN: 84-7490-243-6. Texto contenido también en una edición titulada El poder de los sin poder y otros escritos, en Madrid: Encuentro, 2013; 203 pp.; col. Raíces de Europa; ISBN: 978-8490550120. [Vista del libro en amazon.es]

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