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viernes, 13 de febrero de 2015

La primera novela policiaco-política


No recordaba bien Un asunto tenebroso, de Honoré de Balzac, pero, como tropecé con una buena edición con un prólogo de Carlos Pujol, he vuelto a leerla de nuevo. Es sabido, como recuerda el prologuista, que tiene fama de ser la primera novela policiaca. Mientras Los asesinatos de la calle Morgue, de Poe, que se publicó a la vez, fijó la forma propia del relato policial breve y la figura del investigador que resuelve un caso, la novela de Balzac es extensa y tiene carácter de novela política —en la que «el enigma llega a adquirir secretas resonancias casi inconfesables»—, e histórica —la narración «invade la Historia con mayúscula para servirse de ella, pero también para explicarla»—.

Entre 1804 y 1806, cuando Napoleón pasa de ser cónsul a ser emperador, a cuatro jóvenes primos aristócratas, los Simeuse y los Hauteserre, se los busca por conspiración. Detrás de la persecución está el temible Fouché por medio de un joven policía muy sagaz: Corentin. Se le oponen una joven prima de los perseguidos, una chica enérgica llamada Laurence, y el hábil guarda del lugar, Michu, que, al principio, logran burlar el acoso al que les someten.

La narración, inspirada en un caso real, tiene tensión, tanto en las acciones de persecución física, como en las de tipo judicial y en las gestiones políticas que siguen. Detrás hay una descripción de asuntos turbios de la vida política. Como corresponde a la época, los nombres de los protagonistas suelen contener algún simbolismo, se describen con precisión portes e indumentarias, y se hacen consideraciones de tipo general que a veces son excesivas —se presenta un personaje mezquino y se afirma que «semejante carácter suele ser corriente entre los campesinos»—, pero que también tienen interés —como la de que el policía «siente las mismas emociones que el cazador»—.

O, por ejemplo, digresiones como esta: «El espía, sustantivo enérgico bajo el cual se confunden todos los matices que distinguen a los policías, (…) tiene eso de magnífico y curioso: que jamás se enfada; posee la humildad cristiana de los sacerdotes, los ojos acostumbrados al desprecio, que él utiliza como una barrera contra el vulgo imbécil que no le comprende; tiene la frente de bronce para las injurias, se dirige hacia su fin como un animal de cuyo sólido caparazón sólo puede dar cuenta el cañón; pero también, como ese animal, se vuelve tanto más furioso al ser alcanzado, cuando creía que su coraza era impenetrable».

Honoré de Balzac. Un asunto tenebroso (Une ténébreuse affaire, 1841). Barcelona: Planeta, 2008; 277 pp.; col. Backlist Clásicos; trad. de Pedro Darnell; prólogo de Carlos Pujol; ISBN: 978-84-08-08190-6. [Vista del libro en amazon.es]

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