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sábado, 3 de mayo de 2014

El concepto de cultura (2): clientes a los que seducir


A diferencia de lo que se comprendía por cultura en el pasado, dice Zygmunt Bauman que «hoy la insignia de pertenencia a una elite cultural es la máxima tolerancia y la mínima quisquillosidad. El esnobismo cultural consiste en negar ostentosamente el esnobismo. El principio del elitismo cultural es la cualidad omnívora: sentirse como en casa en todo entorno cultural, sin considerar ninguno como el propio, y mucho menos el único propio». Para sintetizar, continúa, «la cultura de la modernidad líquida ya no tiene un “populacho” que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir. En contraste con la ilustración y el ennoblecimiento, la seducción no es una tarea única, que se lleva a cabo de una vez y para siempre, sino una actividad que se prolonga de forma indefinida. La función de la cultura no consiste en satisfacer necesidades existentes sino en crear necesidades nuevas, mientras se mantienen aquellas que ya están afianzadas o permanentemente insatisfechas. El objetivo principal de la cultura es evitar el sentimiento de satisfacción en sus exsúbditos y pupilos, hoy transformados en clientes, y en particular contrarrestar su perfecta, completa y definitiva gratificación, que no dejaría espacio para nuevos antojos y necesidades que satisfacer».

Zygmunt Bauman. La cultura en el mundo de la modernidad líquida (Culture in a Liquid Modern World, 2011). Madrid: FCE, 2013; 101 pp.; trad. de Lilia Mosconi; ISBN: 978-84-375-0697-5.

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