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domingo, 1 de septiembre de 2013

Qué cosas merecen ser deseadas


Samuel Johnson:
«Los deseos desordenados, sean de la clase que sean, deben estudiarse con sumo cuidado, porque muy bien pueden no solamente ser enemigos de la felicidad sino también de la virtud. Hay hombres, a los que generalmente se les admira por su erudición y sabiduría, que no se pararían en barras a la hora de eliminar a un competidor en la subasta de cualquier obra de arte, y a los que no sería muy recomendable dejar solos en una biblioteca o ante una vitrina de objetos artísticos. A este tipo de faltas no suele concedérseles importancia en aras de una supuesta fraternidad, excusándolas como simples bromas. Pero yo siempre he creído que quien se habitúa a cometer fraudes en las pequeñas cosas sólo espera la oportunidad para poder cometerlas en otras más importantes. Decía Pitágoras que “quien se acostumbra a matar corderos, no tendrá muchos escrúpulos a la hora de derramar la sangre de un hombre”.

Conceder a las cosas su auténtico valor, según el uso que de ellas se haga, debiera ser el justo propósito de todo ser racional. Pocas cosas son las que pueden llevarnos a la felicidad y que, por tanto, merecen ser deseadas ardientemente. El que observa el ajetreo generado por las tentaciones de los negocios mundanos con la mirada filosófica con la que Sócrates observaba las mercancías expuestas en el mercado de Atenas, repetirá sus mismas sabias palabras: “Cuántas cosas hay aquí que yo no necesito”».

Samuel Johnson. «Sobre la virtud, la felicidad y la templanza», artículo del 25 de diciembre de 1753, The Adventurer, en El patriota y otros ensayos (The Patriot y artículos escogidos). Madrid: El Buey Mudo, 2010; 238 pp.; trad. de Ana María Nuño y Mariano José Vázquez Alonso; selección de Carlos Segade; ISBN: 978-84-937417-7-8.

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