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sábado, 20 de agosto de 2011

La humildad de los gordos


Uno de los temas frecuentes en los dos volúmenes que reúnen los seis primeros años con las colaboraciones de Chesterton en el The Illustrated London News, fue lo que podría titularse «la despedida del siglo XIX y de la época victoriana». La muerte de algunos hombres ilustres le va dando la oportunidad de comentar las virtudes y los defectos de aquella época que había vivido en su juventud: «cada figura pública es como una pequeña isleta que es sólo el pico de una montaña sumergida» (27 de noviembre de 1909).

Otro tema que siempre tratará, pero que abunda mucho en estos años, es el de las sufragistas, pero como se ve que le abrumaban mucho con sus protestas, en un artículo llegó a decir que «no voy a tratar la cuestión femenina más en esta columna» (10 de julio de 1909), promesa que no cumplirá. Aunque más adelante discutirá extensamente con todos los teóricos del pacifismo, ya en estos textos se refiere a ellos con frecuencia: «los humanitaristas tienen corazones duros y cabezas blandas» (30 de enero de 1909).

Son muchas las ideas brillantes formuladas como de paso, como la de que «un niño no es un modelo de ética práctica pero es un oráculo de ética teórica» (14 de noviembre de 1908), o la del «científico que conscientemente descubrió que los hombres no tenemos conciencia» (20 de febrero de 1909). Son muchos los ejercicios de lógica, como cuando habla de la gente capaz de descubrir los hechos más variados pero incapaz de ver el hilo de la razón que los une, por ejemplo cuando aceptan el testimonio de una anciana en el caso de un asesinato pero no en el caso de que haya visto un milagro; es decir, que su ignorancia en un caso se toma como argumento a favor y en el otro se toma como argumento en contra (17 de abril de 1909).

Por supuesto, se reirá de sí mismo una y otra vez: «La gordura es una cualidad valiosa pues atrae admiración de los espectadores y provoca humildad en quien la tiene. Los monjes delgados pueden ser santos pero los gordos seguro que son humildes. Falstaff decía que ser gordo significa no ser odiado; ciertamente significa que se ríen de ti, y eso es una experiencia saludable para el alma humana» (8 de mayo de 1909).

Y, puestos a extraer un consejo para nuestra situación, aquí va uno, con una versión mía muy libre: si nuestra sociedad es un laberinto de chollos y chanchullos, ¿por qué no pagar también a los poetas? A fin de cuentas, un poeta que no ha hecho nada en particular mientras está paseando por el jardín toda la mañana, puede merecer su sueldo: su trabajo es el único en el que la pereza tiene alguna utilidad para la gente. Esto tiene sentido si pensamos en que un funcionario haciendo nada durante toda la mañana en su oficina cobra pero no se puede decir que esté almacenando ideas de inspiración patriótica (22 de mayo de 1909).

G. K. Chesterton. Collected Works, volume XXVII, The Illustrated London News 1905-1907. San Francisco: Ignatius Press, 1986; 622 pp.; edited by Lawrence J. Clipper; ISBN: 0-89870-119-7.
G. K. Chesterton. Collected Works, volume XXVIII, The Illustrated London News 1908-1910. San Francisco: Ignatius Press, 1986; 668 pp.; edited by Lawrence J. Clipper; ISBN: 0-89870-138-4.

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