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jueves, 14 de julio de 2011

Agresión y defensa


Dentro de poco se estrenará la película de Spielberg basada en Caballo de batalla, de Michael Morpurgo

En la novela, Joey, un caballo de granja de buena presencia, es el narrador. Al principio, como caballo de trabajo, le cuida un chico joven, Albert, con quien hace buenas migas. Luego es comprado por el ejército para ser montura de caballería. El capitán Nicholls, experto en caballos, se hace cargo de él. Más tarde lo llevan a Europa para participar en las últimas batallas de la primera Guerra Mundial donde intervinieron caballos. Es capturado por los alemanes, pasa un tiempo con unos granjeros franceses, y al fin acaba reencontrándose con Albert.

Como novela es eficaz: Morpurgo es un autor experto, que cuenta bien, que consigue transmitir sentimientos de afecto a los caballos y de rechazo profundo a la guerra, y termina su relato de forma satisfactoria para la mayoría de los lectores. Su novela sigue la tradición de las autobiografías de caballos: Belleza Negra, el gran clásico inglés, y Smoky, el modelo norteamericano (de un caballo en el Oeste). Se le podría reprochar que los acentos con los que se dirige Albert a Joey son algo cursis —«te daría un beso, tontuelo»—, más bien impropios de un granjero inglés de principios del siglo XX, creo yo. Los interesados en la cuestón deberían conocer también Horses in Battle. Y ahora, dos añadidos completamente distintos uno del otro.

Uno. En un contexto más amplio que el de esta novela vale la pena señalar que los relatos infantiles acentúan, con razón, el rechazo a la guerra, pero nunca deberían olvidar que no todas las guerras son iguales, pues no es lo mismo atacar que resistir, no es lo mismo agredir que defenderse, no es lo mismo luchar para expandir un imperio que luchar para proteger la propia casa. Tener esto presente puede orientar un poco en medio de tantos libros que se dirigen hoy a los niños y que propugnan un pacifismo simplista que, al mismo tiempo que reclama para sí una especie de superioridad espiritual, prácticamente parece decir que si ves a un hombre pegarle a una mujer de ninguna manera debes golpearle para evitarlo. En cualquier caso, tanto la vida cotidiana de los niños como sus preferencias literarias históricas por determinados relatos de aventuras (y no por otros) demuestran su pasión instintiva por la justicia y por la lucha de los héroes que salen en defensa de los débiles. En ese sentido, Caballo de batalla es un ejemplo más.

Otro. El capitán Nicholls dice a Joey que lo va a pintar y añade: «No será un Stubbs: será mejor porque Stubbs nunca tuvo un caballo tan bello como tú de modelo». Pues bien, de George Stubbs dice Robert Hughes lo siguiente: «Como todos los grandes artistas, Stubbs era muy poco sentimental, y su trabajo nos recuerda cuán reciente es en realidad la idea de que “los animales también son humanos”. Sus animales están siempre presentados en su total calidad de “ser otro” de su naturaleza animal. Se mantiene fiel a este principio incluso cuando pinta el foco tradicional de la emoción sensiblera: el perro».

Michael Morpurgo. Caballo de batalla (War Horse, 1982). Barcelona: Noguer, 2011; 188 pp.; trad. de Isabel Murillo; ISBN: 978-84-279-0126-1.
La cita de Robert Hughes está en A toda crítica. Ensayos sobre arte y artistas (Nothing If Not Critical, 1990). Barcelona: Anagrama, 2002; 497 pp.; col. Argumentos; trad. de Alberto Coscarelli; ISBN: 84-339-1360-3.

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